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	<title>Al voleo &#187; Políticas Públicas</title>
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	<description>Al voleo. Dícese de la forma de siembra campesina en la que se arrojan puñados de semillas al aire. Hablaremos de las que ya están germinando. Y de los obstáculos que mantienen a otras aletargadas. Un espacio para pensar en ingredientes que nos faciliten construir alternativas sostenibles y vidas vivibles.</description>
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		<title>Las elecciones no nos dejan ver el bosque</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 08:03:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Teresa Sancho Ortega]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>
		<category><![CDATA[Soberanía alimentaria]]></category>

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		<description><![CDATA[Llegó el día D. Me toca ponerme a escribir y estoy en blanco, qué terrible! Bueno, a decir verdad en blanco, en blanco no estoy. Hay un montón de planteamientos que me motivan pero, dado el barullo que se está formando con las elecciones…No sé, me da que cualquier cosa que escriba sobre soberanía alimentaria va a pasar desapercibida. Al fin y al cabo es un tema que se considera muy específico y sólo apto para minorías. Una de mis posibles ideas era haber escrito sobre los acuerdos alcanzados en la ansiada Cumbre del Clima en Paris. Tanto las organizaciones y movimientos sociales, como la comunidad científica especializada, han alzado la voz en contra de los mismos y no es de extrañar. Me encantaría denunciar el paripé que presenciamos. Representantes institucionales de todo tipo celebrando que, una vez más, se ha postergado el problema para más adelante. Tampoco se han asumido responsabilidades legales. Por supuesto, se han ignorado las alternativas que propone la sociedad civil, entre ellas la agroecología. Es alucinante su capacidad para, como viene siendo costumbre, transformar una catástrofe en un negocio, mercantilizándolo todo. Menos aún deja de asombrarme como consiguen que buena parte de la sociedad quede convencida de que, el hecho de que asimilen sin rubor la destrucción de miles de tesoros naturales y el sufrimiento de cientos de millones de personas en los próximos años, es todo un triunfo porque “se han puesto de acuerdo” en que “voluntariamente” intentarán solucionarlo en un futuro próximo. Otra propuesta que se me ocurría y que pegaba con estas fechas era hablar de dorado y purpurina. Eso es, lo habéis pillado, Freixenet. Espero que ya hayáis visto el anuncio, porque por muy hortera que os parezca, lo hemos pagado con nuestros impuestos. Resulta que Freixenet es una de las grandes empresas de la industria alimentaria que tiene el honor de quedarse con una parte importante de las subvenciones de la PAC (Política Agraria Comunitaria). En concreto este año ha recibido 2 millones de euros, nada que no se gaste en un buen anuncio navideño. Y es que las subvenciones para la agricultura no se dan a quien vive de la tierra o a quien más lo necesita, no, que insensatez. La lógica de las instituciones europeas es que, ya que el pequeño campesinado va a desaparecer puesto que el futuro está en la producción industrial y la importación a terceros, ni ayudas ni monas, y ya repartimos el dinero entre amiguetes. Freixenet no es la única. Mercadona por ejemplo, fue subvencionada con 2,5 millones, a pesar de tener unos beneficios en 2014 de la friolera de 543 millones; también 4 de las 7 mayores fortunas de Andalucía recibieron su millonada correspondiente, no importa si las tierras que poseen no son cosechadas, tampoco si las personas que contratan reciben un jornal digno o no. Seguí rebuscando en las noticias recientes y encontré dos que me llamaron la atención. En una, hablaba de que el gasto de estas navidades se iba a incrementar un 5% a consecuencia del aumento de la confianza de la gente en la recuperación económica. En la otra, resulta que 2015 ha sido el año en el que mayor riesgo de pobreza infantil ha habido, un 35,4% de quienes son menores de 16 años según el INE. Parece que, según entidades como UNICEF o SESPAS, uno de los principales inconvenientes que se derivan de esto son los problemas para la salud y discriminación que acarrea la malnutrición que sufren. Para muchas familias resulta realmente complicado cubrir las necesidades nutricionales de sus criaturas en casa, y más en épocas en las que no pueden apoyarse en los comedores escolares, como las próximas vacaciones navideñas. Peor aún, deben recurrir a pedir limosna a organizaciones de caridad para cubrir una necesidad que es un derecho supuestamente garantizado por la constitución, al menos hasta que se aprobó el artículo 135 dichoso. Resulta cuanto menos curioso que haya gente que no pueda cubrir una necesidad básica como es la comida mientras que incrementa el consumo total, y todo apunta a que la causa es la creciente desigualdad. Hay otro tema que me chifló y del que tenía muchísimas ganas de darle una vuelta. Hace algunos días la revista Pikara publicó un reportaje magnífico. Trataba sobre las estrategias colectivas que utilizan las mujeres en algunas comunidades indígenas guatemaltecas para acabar con la violencia machista. Se basan en el apoyo emocional y el empoderamiento de las víctimas mediante la creación de redes de apoyo mutuo, el aprovechamiento de saberes ancestrales y el reconocimiento de que la violencia es un asunto público y prioritario. Van 52 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas a nivel estatal, alrededor del centenar si lo que contamos son feminicidios. Sabemos que un tercio de las mujeres europeas ha sufrido alguna vez en su vida violencia física o sexual, y más de la mitad acoso sexual. Parece que son datos lo suficientemente alarmantes como para que acabar con esta lacra esté en la mente de cualquiera. La violencia machista es la expresión más brutal de una ideología y unos valores que están profundamente arraigados en nuestra sociedad y no se frenará mientras no cambie nuestro sistema de creencias y ordenación social. Por ello, conocer experiencias integrales como las propuestas por estas mujeres me pareció todo un lujo que debería exprimirse al máximo. En definitiva, para resumir tenemos: decisiones políticas que se juegan el futuro del planeta y de la próxima generación (ya no hablo de próximas en plural, que está al caer); la desaparición o no de la producción campesina en Europa; el uso de recursos públicos para beneficiar intereses privados al puro estilo Rato-2.0; la falta de garantía del derecho universal a una alimentación saludable por parte del Estado; y propuestas colectivas para acabar realmente con la violencia machista. En fin, son ámbitos muy dispares pero al menos no parece que sean tan complejos de entender ni que sólo afecten a minorías. Además de esto, hay un par de cosas que tienen en común. Dado el grado de interés que se muestra y la simplicidad con la que los tratan, ninguno es una prioridad para los partidos neoliberales ni para los grandes medios de comunicación. No es de extrañar dado que ambos bailan al son de lo que dicen los mercados y trasnacionales. Quien paga manda, así de simple. Hay otra coincidencia. Son los movimientos y las organizaciones sociales quienes han estado durante años denunciando, dando voz, creando espacios de participación y proponiendo alternativas para que asuntos como estos y otros muchos que se centran en las personas y no en el capital, sean abordados. Así como los árboles no nos dejan ver el bosque a veces, parece que la actualidad política diaria no nos deja visualizar las verdaderas prioridades requeridas como sociedad. Dentro de nada, las elecciones. Y, por muy bien que se dé la cosa, lo cierto es que tres de los cuatro partidos que aspiran a gobernar están del lado del Ibex 35. A nivel institucional, parece que seguirá soplando el viento en contra. No sé qué opinaréis el resto, yo desde luego no pienso dedicarme a llorar en una esquina y esperar otros cuatro años a ver qué pasa. No es tiempo de achantarse, sino de analizar los avances y retos que tenemos por delante como ciudadanía organizada y continuar con la acción. Es momento de recordar que vamos lento porque vamos lejos.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Llegó el día D. Me toca ponerme a escribir y estoy en blanco, qué terrible! Bueno, a decir verdad en blanco, en blanco no estoy. Hay un montón de planteamientos que me motivan pero, dado el barullo que se está formando con las elecciones…No sé, me da que cualquier cosa que escriba sobre <strong>soberanía alimentaria</strong> va a pasar desapercibida. Al fin y al cabo es un tema que se considera muy específico y sólo apto para minorías.</p>
<p>Una de mis posibles ideas era haber escrito sobre los acuerdos alcanzados en la ansiada <a href="https://www.diagonalperiodico.net/global/28691-acuerdo-paris-pantomima-historica.html">Cumbre del Clima</a> en Paris. <strong>Tanto las organizaciones y movimientos sociales, como la comunidad científica especializada, han alzado la voz en contra de los mismos</strong> y no es de extrañar. Me encantaría denunciar el paripé que presenciamos. Representantes institucionales de todo tipo celebrando que, una vez más, se ha postergado el problema para más adelante. Tampoco se han asumido responsabilidades legales. Por supuesto, se han ignorado las alternativas que propone la sociedad civil, entre ellas la agroecología. Es alucinante su capacidad para, como viene siendo costumbre, transformar una catástrofe en un negocio, mercantilizándolo todo. Menos aún deja de asombrarme como consiguen que buena parte de la sociedad quede convencida de que, el hecho de que asimilen sin rubor la destrucción de miles de tesoros naturales y el sufrimiento de cientos de millones de personas en los próximos años, es todo un triunfo porque “se han puesto de acuerdo” en que “voluntariamente” intentarán solucionarlo en un futuro próximo.</p>
<p>Otra propuesta que se me ocurría y que pegaba con estas fechas era hablar de dorado y purpurina. Eso es, lo habéis pillado, Freixenet. Espero que ya hayáis visto el anuncio, porque por muy hortera que os parezca, lo hemos pagado con nuestros impuestos. Resulta que <strong>Freixenet es una de las grandes empresas de la industria alimentaria que tiene el honor de quedarse con una parte importante de las subvenciones de la PA</strong>C (Política Agraria Comunitaria). En concreto este año ha recibido <a href="http://vsf.org.es/actualidad/quien-ha-recibido-mas-subvencion-de-dinero-publico-traves-de-la-pac-en-2015">2 millones de euros</a>, nada que no se gaste en un buen anuncio navideño. Y es que las subvenciones para la agricultura no se dan a quien vive de la tierra o a quien más lo necesita, no, que insensatez. La lógica de las instituciones europeas es que, ya que el pequeño campesinado va a desaparecer puesto que el futuro está en la producción industrial y la importación a terceros, ni ayudas ni monas, y ya repartimos el dinero entre amiguetes. Freixenet no es la única. <strong>Mercadona</strong> por ejemplo, fue subvencionada con 2,5 millones, a pesar de tener unos beneficios en 2014 de la friolera de 543 millones; también 4 de las 7 mayores fortunas de Andalucía recibieron su millonada correspondiente, no importa si las tierras que poseen no son cosechadas, tampoco si las personas que contratan reciben un jornal digno o no.</p>
<p>Seguí rebuscando en las noticias recientes y encontré dos que me llamaron la atención. En una, hablaba de que el gasto de estas navidades se iba a incrementar un 5% a consecuencia del aumento de la confianza de la gente en la recuperación económica. En la otra, resulta que 2015 ha sido el año en el que <strong>mayor riesgo de pobreza infantil ha habido, un 35,4% de quienes son menores de 16 años</strong> según el INE. Parece que, según entidades como UNICEF o SESPAS, uno de los principales inconvenientes que se derivan de esto son los problemas para la salud y discriminación que acarrea <a href="http://lab.eldiario.es/pobrezainfantil/efectos">la malnutrición que sufren</a>. Para muchas familias resulta realmente complicado cubrir las necesidades nutricionales de sus criaturas en casa, y más en épocas en las que no pueden apoyarse en los comedores escolares, como las próximas vacaciones navideñas. Peor aún, deben recurrir a pedir limosna a organizaciones de caridad para cubrir una necesidad que es un <strong>derecho</strong> supuestamente garantizado por la constitución, al menos hasta que se aprobó el <a href="http://www.huffingtonpost.es/2014/11/25/135-claves_n_6219930.html">artículo 135</a> dichoso. Resulta cuanto menos curioso que haya gente que no pueda cubrir una necesidad básica como es la comida mientras que incrementa el consumo total, y todo apunta a que la causa es la creciente desigualdad.</p>
<p>Hay otro tema que me chifló y del que tenía muchísimas ganas de darle una vuelta. Hace algunos días la revista Pikara publicó un <a href="http://www.pikaramagazine.com/2015/11/de-victimas-a-lideresas-contra-la-violencia">reportaje magnífico</a>. Trataba sobre las <strong>estrategias colectivas</strong> que utilizan las mujeres en algunas comunidades indígenas guatemaltecas para acabar con la violencia machista. Se basan en el apoyo emocional y el empoderamiento de las víctimas mediante la creación de redes de apoyo mutuo, el aprovechamiento de saberes ancestrales y el reconocimiento de que la violencia es un asunto público y prioritario. Van 52 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas a nivel estatal, alrededor del <strong>centenar</strong> si lo que contamos son <a href="http://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2015-11-24/las-victimas-invisibles-de-la-violencia-machista_753261">feminicidios</a>. Sabemos que <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/millones-europeas-sufrido-violencia-machista_0_235177241.html">un tercio</a> de las mujeres europeas ha sufrido alguna vez en su vida violencia física o sexual, y más de la mitad acoso sexual. Parece que son datos lo suficientemente alarmantes como para que acabar con esta lacra esté en la mente de cualquiera. <strong>La violencia machista es la expresión más brutal de una ideología y unos valores que están profundamente arraigados en nuestra sociedad</strong> y no se frenará mientras no cambie nuestro sistema de creencias y ordenación social. Por ello, conocer experiencias integrales como las propuestas por estas mujeres me pareció todo un lujo que debería exprimirse al máximo.</p>
<p>En definitiva, <strong>para resumir</strong> tenemos: decisiones políticas que se juegan el futuro del planeta y de la próxima generación (ya no hablo de próximas en plural, que está al caer); la desaparición o no de la producción campesina en Europa; el uso de recursos públicos para beneficiar intereses privados al puro estilo Rato-2.0; la falta de garantía del derecho universal a una alimentación saludable por parte del Estado; y propuestas colectivas para acabar realmente con la violencia machista. En fin, son ámbitos muy dispares pero al menos no parece que sean tan complejos de entender ni que sólo afecten a minorías. Además de esto, hay un par de cosas que tienen en común.</p>
<p>Dado el grado de interés que se muestra y la simplicidad con la que los tratan, <strong>ninguno es una prioridad para los partidos neoliberales</strong> ni para los grandes medios de comunicación. No es de extrañar dado que ambos bailan al son de lo que dicen los mercados y trasnacionales. Quien paga manda, así de simple. Hay otra coincidencia. Son los movimientos y las organizaciones sociales quienes han estado durante años denunciando, dando voz, creando espacios de participación y proponiendo alternativas para que asuntos como estos y otros muchos que se centran en las personas y no en el capital, sean abordados.</p>
<p><strong>Así como los árboles no nos dejan ver el bosque a veces, parece que la actualidad política diaria no nos deja visualizar las verdaderas prioridades requeridas como sociedad</strong>. Dentro de nada, las elecciones. Y, por muy bien que se dé la cosa, lo cierto es que tres de los cuatro partidos que aspiran a gobernar están del lado del Ibex 35. A nivel institucional, parece que seguirá soplando el viento en contra. No sé qué opinaréis el resto, yo desde luego no pienso dedicarme a llorar en una esquina y esperar otros cuatro años a ver qué pasa. No es tiempo de achantarse, sino de analizar los avances y retos que tenemos por delante como ciudadanía organizada y continuar con la acción. <strong>Es momento de recordar que <em>vamos lento porque vamos lejos</em></strong>.</p>
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		<title>Grandes pequeñas resistencias</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/alvoleo/2015/11/26/grandes-pequenas-resistencias/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Nov 2015 10:01:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Teresa Sancho Ortega]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ecologías]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>
		<category><![CDATA[Soberanía alimentaria]]></category>

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		<description><![CDATA[“Como cada Septiembre desde que ella no está subiré a nuestro valle…si me quieren llevar. Junto a la casa hundida,-por ella y por tantos más-, ¡le escupiré al pantano!,…y lo haré sin llorar”. Fragmento de la canción Mermelada de Moras, La Ronda de Boltaña &#160; El pasado domingo, 1 de noviembre, se produjo un hecho fuera de lo común en televisión. Se emitió un programa en prime time sobre… ¡un pueblo! El espacio no fue otro que el de Salvados, con un programa titulado «Jánovas, el pantano fantasma». El contenido, como viene siendo habitual, tenía una pizquita de caso flagrante, empresas que sólo miran por su interés, un sobre allí y otro allá… Lo único inusual pues, era que el foco estuviese puesto en el medio rural. Jánovas no es más que uno de tantos pueblos expropiados para la construcción de pantanos. La peculiaridad que radica en su historia y del resto de pueblos del valle es que en su caso la obra nunca tuvo lugar, mientras el desplazamiento de sus gentes sí. Nada menos que 33 años le costó a Iberduero expulsar a toda la comunidad mediante extorsión, engaños y dinamita. Casi otras tres décadas tuvieron que esperar, ya lejos de su tierra y hogares, a que se reconociese que aquella construcción era técnicamente inviable y que podía comenzar el proceso de reversión. Actualmente sólo cinco familias han conseguido recuperar sus propiedades. Eso sí, pagando previamente una cantidad exorbitante por las mismas a la empresa que previamente las destruyó, y comenzando la reconstrucción del pueblo con sus propios ahorros. Durante todo este tiempo, ningún gobierno, democrático o no, socialista o popular, se ha puesto de su lado. Ni qué decir tiene, nadie se ha disculpado. Salvados se ha convertido en un programa que tiene éxito e impacto en otros medios. Ya es frecuente en los días posteriores, leer artículos o noticas sobre exclusivas presentadas en el mismo. No fue así en este caso. Supongo que el hecho de que hiciese una crítica al lobby energético ayudó a que los medios, financiados por el mismo, se callasen la boca. Sin embargo, me pregunto si la reducida repercusión también fue debida a que el tema no es de gran interés para la mayor parte de la población. Al fin y al cabo,  cualquiera ha escuchado eso de…“oye, que Franco también hizo bien algunas cosas, fíjate en los pantanos”. En nuestro imaginario colectivo permanece la idea de que las presas trajeron riqueza y progreso al reino de España, significaban energía barata y control del agua para mejorar la productividad agraria desarrollando regadíos. Que unas pocas gentes perdieran su hogar, su tierra y sus raíces hace 50 años fue terrible, pero era un mal menor en pos del bien común. Desde luego si los pantanos eran símbolo de progreso, vaya si progresamos. Aunque no sea tan conocido como el honor de tener en nuestro estado 52 aeropuertos (de los cuales sólo ocho de ellos no son deficitarios). También podemos presumir de, con sus 1.200 grandes presas, tener el mayor número de obras hidráulicas por habitante y kilómetro cuadrado del mundo mundial.  Vaya, que somos un territorio pionero, adelantado a su época, ya que parece que nadie más consigue seguir nuestros pasos a ese ritmo. Es curioso eso sí, que la mayoría de pantanos se construyeran durante las dictaduras de Primo de Rivera primero, y de Franco después, cuando era imposible alzar la voz sin que hubiese consecuencias y no había informes absurdos que cumplimentar para demostrar su  viabilidad. Hoy, Huesca es la provincia con más pueblos deshabitados del estado, 320. La mayoría abandonados entre 1930 y 1960. No es de extrañar dado que desde mediados del siglo XIX, los Pirineos fueron vistos por el gobierno central sólo como una reserva de factores productivos de donde obtener energía, agua y madera para favorecer el avance de la industrialización. Su población era un daño colateral, simplemente estaba abocada a emigrar a zonas agrarias más rentables o a convertirse en mano de obra en las ciudades. Sin embargo, el Pirineo Central contenía mucho más que recursos que explotar. Esta región acogía lo que se ha denominado sistema local campesino de montaña.  Un modelo de sociedad que, a pesar de encontrarse en un hábitat hostil, había sabido organizarse durante siglos y demostraba una enorme vitalidad hasta ese momento sin regirse por las normas de la economía de mercado. Se basaba en el pastoreo, la lana, la agricultura diversificada. Se caracterizaba por la dinamización colectiva del territorio,  la tremenda cohesión social, la gestión comunitaria de recursos, o el desarrollo de una cultura y saberes propios que garantizaban el auto abastecimiento de las necesidades básicas de toda la población y hacían su presencia sostenible con el entorno. Este sistema local campesino, no se desvaneció naturalmente porque fuese anticuado o desequilibrado. Fueron las instituciones y las políticas que éstas aplicaron, las que lo condenaron a desaparecer. Una de las brillantes medidas para el desarrollo fue la de expulsar a la población para construir los famosos pantanos. A quien tenía suerte y era favorable al régimen, se le enviaba a colonizar nuevas tierras en la rivera del Ebro, quien no, emigraba a Cataluña en busca de trabajo en la industria. Ésta no fue la única medida. Se acabó con la Mesta, que regulaba la trashumancia, base del pastoreo tradicional, mientras se privatizaban forzosamente las tierras comunales. También se reforestaron grandes zonas de pasto para la obtención de madera, aunque con ello se aislasen decenas de poblaciones. Por supuesto, los servicios mínimos en sanidad o educación no llegaban, para qué, si la montaña no tenía futuro. La poca población que quedaba pasó de un sistema local basado en el trueque, a entrar en el mercado vendiendo sus pequeñas producciones y artesanías, y fue lentamente asfixiada por la competencia intensificada. Finalmente, la poca valorización social de la población campesina, vista como atrasada, ignorante y falta de ambición, hizo el resto. Así, tras siglos de digna existencia, el sistema local campesino se desmoronó. Actualmente, los últimos proyectos de pantanos en el Pirineo llevan años paralizados, parece que las hidroeléctricas para eso apuestan por otros territorios del planeta con administraciones más favorables a sus intereses. No obstante, aquí el discurso no ha cambiado, más bien las estrategias. La urbanización de suelos agrarios para construir casas vacías; las macro-infraestructuras para turistas y no para la población; el nuevo invento de las petroleras, el fracking; o las políticas europeas pro-Mercadona y anti-campesinado. Todos son ejemplos de cómo se continúa viendo la naturaleza como una propiedad a explotar al antojo de unos pocos, y a la agricultura tradicional como una actividad subsidiaria condenada a desaparecer. Este pasado verano en Jánovas, habitantes de la zona y descendientes recogieron comunalmente la primera cosecha después de cuatro largas décadas. Y es que por suerte, hay algo que tampoco cambia, y es la resistencia de las comunidades campesinas a los atropellos a los que se ven sometidas, aquí y en todo el planeta. Es posible que la próxima vez que aparezcan por la tele las volvamos a olvidar al minuto o puede que nos paremos a pensar en porqué no claudican. Ya que, si no es sólo para mantener sus medios de vida, si lo hacen para defender modos de hacer, de pensar y de organizarse alternativos al paradigma dominante, formas que sitúan en el centro la vida, entonces ya no será tan fácil creer que el problema es sólo de unas pocas familias que pierden sus hogares o de un sector que está en decadencia. Quizás, en ese momento, nos demos cuenta que sus problemas y propuestas también nos afectan en primera persona. Puede que entonces, merezca la pena sumarse a esas grandes pequeñas resistencias]]></description>
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<p style="text-align: right">“Como cada Septiembre desde que ella no está<br />
subiré a nuestro valle…si me quieren llevar.<br />
Junto a la casa hundida,-por ella y por tantos más-,<br />
¡le escupiré al pantano!,…y lo haré sin llorar”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: right">Fragmento de la canción <a href="http://www.rondadors.com/d3/17/d3_17.php">Mermelada de Moras</a>,</p>
<p style="text-align: right">La Ronda de Boltaña</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left">El pasado domingo, 1 de noviembre, se produjo un hecho fuera de lo común en televisión. Se emitió un programa en prime time sobre… ¡un pueblo! El espacio no fue otro que el de Salvados, con un programa titulado <a href="http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-11/capitulo-4-jnovas-pantano-fantasma_2015103000448.html">«Jánovas, el pantano fantasma»</a>. El contenido, como viene siendo habitual, tenía una pizquita de caso flagrante, empresas que sólo miran por su interés, un sobre allí y otro allá… Lo único inusual pues, era que el foco estuviese puesto en el medio rural.</p>
<p style="text-align: left"><strong>Jánovas no es más que uno de tantos pueblos expropiados para la construcción de pantanos</strong>. La peculiaridad que radica en <a href="http://ibertrola.blogspot.com.es/2013/06/la-triste-historia-de-janovas-el.html">su historia</a> y del resto de pueblos del valle es que en su caso la obra nunca tuvo lugar, mientras el desplazamiento de sus gentes sí. Nada menos que 33 años le costó a Iberduero expulsar a toda la comunidad mediante extorsión, engaños y dinamita. Casi otras tres décadas tuvieron que esperar, ya lejos de su tierra y hogares, a que se reconociese que aquella construcción era técnicamente inviable y que podía comenzar el proceso de reversión. Actualmente sólo cinco familias han conseguido recuperar sus propiedades. Eso sí, pagando previamente una cantidad exorbitante por las mismas a la empresa que previamente las destruyó, y comenzando la reconstrucción del pueblo con sus propios ahorros. Durante todo este tiempo<strong>, ningún gobierno, democrático o no, socialista o popular, se ha puesto de su lado</strong>. Ni qué decir tiene, nadie se ha disculpado.</p>
<p style="text-align: left">Salvados se ha convertido en un programa que tiene éxito e impacto en otros medios. Ya es frecuente en los días posteriores, leer artículos o noticas sobre exclusivas presentadas en el mismo. No fue así en este caso. Supongo que el hecho de que hiciese una crítica al lobby energético ayudó a que los medios, financiados por el mismo, se callasen la boca. Sin embargo, me pregunto si la reducida repercusión también fue debida a que el tema no es de gran interés para la mayor parte de la población. Al fin y al cabo,  cualquiera ha escuchado eso de…“oye, que Franco también hizo bien algunas cosas, fíjate en los pantanos”. <strong>En nuestro imaginario colectivo permanece la idea de que las presas trajeron riqueza y progreso</strong> al reino de España, significaban energía barata y control del agua para mejorar la productividad agraria desarrollando regadíos. Que unas pocas gentes perdieran su hogar, su tierra y sus raíces hace 50 años fue terrible, pero era un mal menor en pos del bien común.</p>
<p style="text-align: left">Desde luego si los pantanos eran símbolo de progreso, vaya si progresamos. Aunque no sea tan conocido como el honor de tener en nuestro estado 52 aeropuertos (de los cuales sólo ocho de ellos no son deficitarios). También podemos presumir de, con sus 1.200 grandes presas, <strong>tener el mayor número de </strong><a href="http://www.revistaentrelineas.es/24/entretemas/los-pueblos-del-agua?page=full"><strong>obras hidráulicas</strong></a><strong> por habitante y kilómetro cuadrado del mundo mundial</strong>.  Vaya, que somos un territorio pionero, adelantado a su época, ya que parece que nadie más consigue seguir nuestros pasos a ese ritmo. Es curioso eso sí, que la mayoría de pantanos se construyeran durante las dictaduras de Primo de Rivera primero, y de Franco después, cuando era imposible alzar la voz sin que hubiese consecuencias y no había informes absurdos que cumplimentar para demostrar su  viabilidad.</p>
<p style="text-align: left">Hoy, Huesca es la provincia con más <a href="http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/temadia/pueblos-terminales_933256.html">pueblos deshabitados</a> del estado, 320. La mayoría abandonados entre 1930 y 1960. No es de extrañar dado que desde mediados del siglo XIX, <strong>los Pirineos fueron vistos por el gobierno central sólo como una reserva de factores productivos</strong> de donde obtener energía, agua y madera para favorecer el avance de la industrialización. Su población era un daño colateral, simplemente estaba abocada a emigrar a zonas agrarias más rentables o a convertirse en mano de obra en las ciudades.</p>
<p style="text-align: left">Sin embargo, el Pirineo Central contenía mucho más que recursos que explotar. Esta región <strong>acogía lo que se ha denominado </strong><a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2387326"><strong>sistema local campesino</strong></a><strong> de montaña</strong>.  Un modelo de sociedad que, a pesar de encontrarse en un hábitat hostil, había sabido organizarse durante siglos y demostraba una enorme vitalidad hasta ese momento sin regirse por las normas de la economía de mercado. Se basaba en el pastoreo, la lana, la agricultura diversificada. Se caracterizaba por la dinamización colectiva del territorio,  la tremenda cohesión social, la gestión comunitaria de recursos, o el desarrollo de una cultura y saberes propios que garantizaban el auto abastecimiento de las necesidades básicas de toda la población y hacían su presencia sostenible con el entorno.</p>
<p style="text-align: left"><strong>Este sistema local campesino, no se desvaneció naturalmente porque fuese anticuado o desequilibrado</strong>. <strong>Fueron las instituciones y las políticas que éstas aplicaron, las que lo condenaron a desaparecer</strong>. Una de las brillantes medidas para el desarrollo fue la de expulsar a la población para construir los famosos pantanos. A quien tenía suerte y era favorable al régimen, se le enviaba a colonizar nuevas tierras en la rivera del Ebro, quien no, emigraba a Cataluña en busca de trabajo en la industria. Ésta no fue la única medida. Se acabó con la Mesta, que regulaba la trashumancia, base del pastoreo tradicional, mientras se privatizaban forzosamente las tierras comunales. También se reforestaron grandes zonas de pasto para la obtención de madera, aunque con ello se aislasen decenas de poblaciones. Por supuesto, los servicios mínimos en sanidad o educación no llegaban, para qué, si la montaña no tenía futuro. La poca población que quedaba pasó de un sistema local basado en el trueque, a entrar en el mercado vendiendo sus pequeñas producciones y artesanías, y fue lentamente asfixiada por la competencia intensificada. Finalmente, la poca valorización social de la población campesina, vista como atrasada, ignorante y falta de ambición, hizo el resto. Así, tras siglos de digna existencia, el sistema local campesino se desmoronó.</p>
<p style="text-align: left">Actualmente, los últimos proyectos de pantanos en el Pirineo llevan años paralizados, parece que las hidroeléctricas para eso apuestan por <a href="http://www.calamar2.com/2015/11/08/la-presencia-de-una-hidroelectrica-espanola-desata-la-represion-en-guatemala">otros territorios</a> del planeta con administraciones más favorables a sus intereses. No obstante, aquí el discurso no ha cambiado, más bien las estrategias. La urbanización de suelos agrarios para construir casas vacías; las macro-infraestructuras para turistas y no para la población; el nuevo invento de las petroleras, el fracking; o las políticas europeas pro-Mercadona y anti-campesinado. Todos son ejemplos de cómo <strong>se continúa viendo la naturaleza como una propiedad a explotar al antojo de unos pocos, y a la agricultura tradicional como una actividad subsidiaria condenada a desaparecer</strong>.</p>
<p style="text-align: left">Este pasado verano en Jánovas, habitantes de la zona y descendientes recogieron comunalmente la <a href="http://www.eldiario.es/aragon/economia/Janovas-sobrevivio-primera-cosecha-decadas_0_414359527.html">primera cosecha</a> después de cuatro largas décadas. Y es que por suerte, hay algo que tampoco cambia, y es la resistencia de las comunidades campesinas a los atropellos a los que se ven sometidas, aquí y en todo el planeta. Es posible que la próxima vez que aparezcan por la tele las volvamos a olvidar al minuto o puede que nos paremos a pensar en porqué no claudican. Ya que, si no es sólo para mantener sus medios de vida, si lo hacen para <strong>defender modos de hacer, de pensar y de organizarse alternativos al paradigma dominante, formas que sitúan en el centro la vida</strong>, entonces ya no será tan fácil creer que el problema es sólo de unas pocas familias que pierden sus hogares o de un sector que está en decadencia. Quizás, en ese momento, nos demos cuenta que sus problemas y propuestas también nos afectan en primera persona. Puede que entonces, merezca la pena sumarse a esas grandes pequeñas resistencias</p>
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