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	<title>Otro mundo está en marcha &#187; Igualdad</title>
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	<description>Blogosfera 2015 y más</description>
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		<title>Cuando no queda más remedio que negar a las vírgenes</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2020 10:08:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
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		<description><![CDATA[Ocho de marzo. La reflexión obliga a hacer algo más que asistir a la marcha. Es emocionante ver a tantas mujeres (y cada vez más hombres) reclamando el fin de todas las brechas injustas, pero a veces me entristece que nos pongamos el pin del FEMINISMO con tanta ligereza. En pocos años, en España, como en otros muchos lugares del mundo, hemos pasado de la denostación del término “feminismo” -que siempre encontró violentos contrincantes en los pliegues del patriarcado- a su utilización por las neoliberales, las monárquicas, las católicas, las empresas que maltratan al medio ambiente o a sus trabajadoras, los partidos políticos liderados por hombres o las asociaciones que defienden la igualdad de oportunidades exclusivamente entre las clases dominantes. Si se trata de vender más, ganar votos o prosélitos, parece que todo el mundo se suma al purple washing sin complejos y sin cuestionar estructuras patriarcales necesitadas de revisiones transformadoras. ¿O es que ahora instituciones como la monarquía, que ha basado su legitimidad histórica en principios antidemocráticos, se va a convertir en feminista paseando a dos niñas? “Uno de los descubrimientos profundos del movimiento feminista- escribió Adrienne Rich- ha sido ver lo diversionista y finalmente destructivo que es el mito de la mujer especial.” Otro ejemplo que circula estos días en los medios de comunicación tiene como protagonistas a un grupo de católicas autodenominadas feministas que bajo el lema “hasta que la igualdad sea una costumbre” están reivindicando el papel de la mujer en la iglesia católica. ¿Pero de veras creen que dejará de ser la institución misógina y machista que siempre ha demostrado ser cambiando el lenguaje no sexista de las homilías, compartiendo el trabajo de limpieza o participando en las actividades litúrgicas? El feminismo vaut bien plus qu´une messe. El feminismo es un terremoto que cuestiona un sistema edificado sobre la negación de oportunidades para las mujeres. Es serio, por lo tanto, que requiera poner fin a los relatos que cimentan la fe machista, de donde emana toda la carga simbólica que otorga a los hombres la llave del poder. Tenemos un dios-padre y un dios-hijo superpoderosos al lado de vírgenes a las que ni siquiera se les concede la prebenda del disfrute sexual. Pero la iglesia católica no es la única institución que ha apuntalado desde sus cimientos al patriarcado. Por eso Nancy Fraser también señala al capitalismo neoliberal y propone cambios acuciantes en nuestra relación con la naturaleza; en las democracias rehenes de las oligarquías y en la relación entre producción y reproducción, trabajo asalariado y vida familiar. Como recuerda Silvia Federici cuando analiza el vínculo entre patriarcado y capitalismo, el relato del movimiento obrero sería muy diferente si se hubiera construido desde lo que acontecía en las cocinas o dormitorios. Invito a que todas reflexionemos sobre el trabajo que día a día erosiona las relaciones de poder asentadas en un sistema que siempre nos perjudicó, utilizándonos como mano de obra gratuita o precaria. Ha sido un relato con demasiados olvidos en la garantía de nuestros derechos en pie de igualdad y no se trata de que ahora banalicemos al feminismo acudiendo a las manifestaciones con pelucas y utensilios fabricados bajo condiciones de explotación laboral o del medio ambiente. No dejemos que nuestra causa, que tantos esfuerzos y sacrificios ha conllevado, sea comercializada o apropiada por un pseudofeminismo descafeinado que refuerza, con su obra u omisión, los marcos del patriarcado. No habrá feminismo hasta que no nos atrevamos a negar a las vírgenes, a las reinas y disentir con un sistema neoliberal que agrede a las mujeres y al Planeta.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Ocho de marzo. La reflexión obliga a hacer algo más que asistir a la marcha. Es emocionante ver a tantas mujeres (y cada vez más hombres) reclamando el fin de todas las brechas injustas, pero a veces me entristece que nos pongamos el pin del FEMINISMO con tanta ligereza.</p>
<p style="text-align: justify">En pocos años, en España, como en otros muchos lugares del mundo, hemos pasado de la denostación del término “feminismo” -que siempre encontró violentos contrincantes en los pliegues del patriarcado- a su utilización por las neoliberales, las monárquicas, las católicas, las empresas que maltratan al medio ambiente o a sus trabajadoras, los partidos políticos liderados por hombres o las asociaciones que defienden la igualdad de oportunidades exclusivamente entre las <em>clases dominantes</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Si se trata de vender más, ganar votos o prosélitos, parece que todo el mundo se suma al <em>purple washing</em> sin complejos y sin cuestionar estructuras patriarcales necesitadas de revisiones transformadoras. ¿O es que ahora instituciones como la monarquía, que ha basado su legitimidad histórica en principios antidemocráticos, se va a convertir en feminista paseando a dos niñas? “Uno de los descubrimientos profundos del movimiento feminista- escribió Adrienne Rich- ha sido ver lo diversionista y finalmente destructivo que es el mito de la mujer especial.”</p>
<p style="text-align: justify">Otro ejemplo que circula estos días en los medios de comunicación tiene como protagonistas a un grupo de católicas autodenominadas feministas que bajo el lema “hasta que la igualdad sea una costumbre” están reivindicando el papel de la mujer en la iglesia católica. ¿Pero de veras creen que dejará de ser la institución misógina y machista que siempre ha demostrado ser cambiando el lenguaje no sexista de las homilías, compartiendo el trabajo de limpieza o participando en las actividades litúrgicas?</p>
<p style="text-align: justify">El feminismo <em>vaut bien plus qu´une messe</em>. El feminismo es un terremoto que cuestiona un sistema edificado sobre la negación de oportunidades para las mujeres. Es serio, por lo tanto, que requiera poner fin a los relatos que cimentan la fe machista, de donde emana toda la carga simbólica que otorga a los hombres la llave del poder. Tenemos un dios-padre y un dios-hijo superpoderosos al lado de vírgenes a las que ni siquiera se les concede la prebenda del disfrute sexual.</p>
<p style="text-align: justify">Pero la iglesia católica no es la única institución que ha apuntalado desde sus cimientos al patriarcado. Por eso Nancy Fraser también señala al capitalismo neoliberal y propone cambios acuciantes en nuestra relación con la naturaleza; en las democracias rehenes de las oligarquías y en la relación entre producción y reproducción, trabajo asalariado y vida familiar. Como recuerda Silvia Federici cuando analiza el vínculo entre patriarcado y capitalismo, el relato del movimiento obrero sería muy diferente si se hubiera construido desde lo que acontecía en las cocinas o dormitorios.</p>
<p style="text-align: justify">Invito a que todas reflexionemos sobre el trabajo que día a día erosiona las relaciones de poder asentadas en un sistema que siempre nos perjudicó, utilizándonos como mano de obra gratuita o precaria. Ha sido un relato con demasiados olvidos en la garantía de nuestros derechos en pie de igualdad y no se trata de que ahora banalicemos al feminismo acudiendo a las manifestaciones con pelucas y utensilios fabricados bajo condiciones de explotación laboral o del medio ambiente.</p>
<p style="text-align: justify">No dejemos que nuestra causa, que tantos esfuerzos y sacrificios ha conllevado, sea comercializada o apropiada por un pseudofeminismo descafeinado que refuerza, con su obra u omisión, los marcos del patriarcado. No habrá feminismo hasta que no nos atrevamos a negar a las vírgenes, a las reinas y disentir con un sistema neoliberal que agrede a las mujeres y al Planeta.</p>
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		<title>Refugiad@s LGTB, una huida constante de la violencia y la persecución</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/orgullo-y-prejuicios/2016/03/03/refugiads-lgtb-una-huida-constante-de-la-violencia-y-la-persecucion/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2016 15:28:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Aguado Dívar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
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		<description><![CDATA[En los últimos meses asistimos con desolación a la creciente demanda de personas desesperadas que llegan a las costas y fronteras europeas huyendo de la violencia, la persecución y la muerte. Desde Siria y Oriente Medio, desde África y Asia Menor. La crisis humanitaria que se desencadenó (al menos en los medios de comunicación) el pasado año no ha hecho más que crecer, al mismo tiempo que ha aumentado la atención mediática y social sobre la situación que viven las y los solicitantes de asilo, la efectividad de las políticas de los países europeos en la materia, y la ausencia de recursos destinados a garantizar el derecho a la protección internacional que se instauró en 1951 en la Convención de Ginebra. Sin embargo, el drama que viven las personas refugiadas se encontraba ahí mucho antes de que lo viéramos en las pantallas: conflictos olvidados y realidades silenciadas han empujado (y siguen haciéndolo) a personas de muy diferentes procedencias en el mundo a buscar la protección a la que tienen derecho en terceros países. Los medios de comunicación, muchas veces orientados a describir la crisis humanitaria en términos de avalancha, otras veces enfocados a describir casos individuales de “víctimas” o “héroes”, muchas veces fallan en ayudarnos a entender la diversidad dentro las personas percibidas y transmitidas como “masa”, y de las diferentes realidades de las personas que huyen de amenazas también cada vez más diversas. Por eso hoy me gustaría abordar la realidad de las personas LGTB demandantes de asilo. La persecución a las personas LGTB en el mundo y su derecho a la protección internacional En muchas partes del mundo hay personas que son víctimas de la persecución y la violencia simplemente por su orientación sexual (real o percibida) o por su identidad de género: según el informe de CEAR El camino hacia una vida digna, al menos 76 países mantienen leyes de criminalización y hostigamiento contra personas con motivo de su orientación sexual e identidad de género, incluidas las que penalizan las relaciones homosexuales consentidas entre adultos. Esta violencia hacia la comunidad LGTB no sólo se produce en contextos de violencia generalizada o conflicto armado: en América Latina, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos informó de 594 asesinatos de personas LGTB entre enero de 2013 y marzo 2014 motivados por prejuicios en los 25 estados miembros de la Organización de Estados Americanos. De acuerdo con el Observatorio sobre el Asesinato de Personas Trans, que está coordinado por el grupo de derechos LGTB Transgender Europe, más de 1.700 personas transexuales han sido asesinadas en 62 países entre 2008 y 2014, lo que es equivalente a un asesinato cada dos días En teoría, las personas que huyen de sus países de origen por estas causas deben siempre tener acceso a protección internacional como refugiadas, o ser consideradas como beneficiarias de otras formas de protección complementaria en los países de asilo. El Articulo 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre estipula que «toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Aunque no existe en este artículo una mención explicita a la orientación sexual o identidad de género, la posterior legislación internacional en materia de protección sí se ha hecho eco en diversos textos legales de la necesidad de contemplar soluciones concretas a amenazas específicas a la seguridad e integridad de las personas LGTB. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de la creciente sensibilidad en esta materia por parte de ciertos países que conceden asilo y del creciente número de medidas internacionales y nacionales contra la discriminación de las personas LGTB solicitantes de asilo, existen aún graves deficiencias y disparidades que vulneran su derecho la protección internacional. ACNUR estima en 42 el número de Estados que han concedido asilo a personas con temores fundados de ser perseguidos por su identidad de género u orientación sexual. Sin embargo, un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicado en 2015 considera que “los Estados de acogida no siempre cumplen las leyes internacionales” en cuanto a la protección de las personas LGTB. En muchas ocasiones, la política de concesión de asilo se basa casi en exclusiva en el papel desempeñado por funcionarios encargados de la valoración de casos, que pueden realizar su labor de forma arbitraria o desigual. Esta situación muchas veces perjudica a las personas LGTB solicitantes de asilo, tal y como sostiene el informe Fleeing homofobia, publicado por la organización holandesa COC. La investigación concluye que las personas LGTB que buscan protección internacional se ven afectadas negativamente por el Acuerdo de Dublín, según el cual solo un estado revisa las solicitudes de asilo: entre los países europeos existe una gran diferencia en cuanto a la legislación sobre los derechos de las personas LGTB. Existe además una gran variedad en los procedimientos aplicados para examinar las solicitudes de asilo, y muchas veces las autoridades encargadas de realizar esta labor desarrollan su cometido en base a estereotipos y prejuicios a la hora de examinar las solicitudes de personas LGTB. La organización concluye que, en muchas ocasiones, el carácter fundamental de los más esenciales derechos humanos de las personas LGTB es a menudo anulado. Una de las argumentaciones más habituales empleadas a la hora de denegar solicitudes de asilo a personas LGTB es la idea de que pueden volver a sus países de origen “porque pueden evitar la persecución escondiendo su identidad” o mudándose a otra región donde nadie conozca su identidad sexual. Otras prácticas disuasorias empleadas para evitar la concesión de protección internacional a personas LGTB es la realización de interrogatorios intrusivos y pruebas médicas supuestamente diseñadas para revelar la orientación sexual del solicitante. Uno de los casos mediáticos más relevantes en este sentido fue el protagonizado por Aderonke Apata, una activista lesbiana de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, que huyó de su país, Nigeria, para solicitar asilo en Reino Unido. Al igual que le sucede a muchas personas LGTB, Aderonke vio cuestionada su orientación sexual con argumentos tan peregrinos como que “no podía ser lesbiana porque había tenido hijos”. Afortunadamente, una resolución del 2 de diciembre de 2014 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ordenó a los Estados que abandonaran estas prácticas intrusivas. &#160; Las personas LGTB que finalmente acceden a protección internacional en países de acogida, muchas veces están lejos de dejar de sufrir la persecución y la violencia. En ocasiones, siguen siendo víctimas de la discriminación en los centros de detención, albergues, o en reasentamientos en comunidades que no les ofrecen la seguridad que buscaban cuando huyeron de sus países, debido a que sufren el acoso de la comunidad receptora, y también de la de pertenencia. Otras veces, son las administraciones públicas las que no previenen la discriminación por motivos de orientación o género en las alternativas habitacionales que ofrecen a refugiadas/os. Casos como los acaecidos en Holanda y el Reino Unido demuestran que el acoso y el abuso que sufren las personas LGTB solicitantes de asilo en centros de detención, albergues y otras medidas de alojamiento es una realidad que hay que considerar a la hora de garantizar la protección que estas personas necesitan. &#160; Afortunadamente, existe una creciente preocupación por parte de la sociedad civil y las administraciones públicas por hacer frente a la necesidad de personas que son doblemente perseguidas. Existen cada vez más recursos específicos para las personas LGTB solicitantes de asilo, entre los que cabe destacar los siguientes: &#160; Guía para refugiad@s queer de la organización alemana LSVD: esta web contiene información legal en cuanto al proceso de solicitud de asilo, adaptada a las necesidades y casos que sufren las personas LGTB que buscan refugio en Alemania. Stronger together: una guía práctica destinada a solicitantes de asilo LGTB en Estados Unidos. &#160; Aparte de estas publicaciones, me gustaría acabar este artículo destacando que la adopción de medidas de protección internacional sensibles a la diversidad es posible y tiene un impacto real en la vida de personas que son víctimas de la persecución y la violencia en múltiples dimensiones: la apertura de un albergue destinado a refugiados/as LGTB en Berlín constituye el perfecto ejemplo de que es posible adaptar los estándares de protección que podemos ofrecer a las necesidades de seguridad que cada solicitante de asilo pueda necesitar. &#160; &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos meses asistimos con desolación a la creciente demanda de personas desesperadas que llegan a las costas y fronteras europeas huyendo de la violencia, la persecución y la muerte. Desde Siria y Oriente Medio, desde África y Asia Menor. La crisis humanitaria que se desencadenó (al menos en los medios de comunicación) el pasado año no ha hecho más que crecer, al mismo tiempo que ha aumentado la atención mediática y social sobre la situación que viven las y los solicitantes de asilo, la efectividad de las políticas de los países europeos en la materia, y la ausencia de recursos destinados a garantizar el derecho a la protección internacional que se instauró en 1951 en la <a href="http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=t3/fileadmin/Documentos/BDL/2001/0005">Convención de Ginebra</a>.</p>
<p>Sin embargo, <strong>el drama que viven las personas refugiadas se encontraba ahí mucho antes de que lo viéramos en las pantallas</strong>: conflictos olvidados y realidades silenciadas han empujado (y siguen haciéndolo) a personas de muy diferentes procedencias en el mundo a buscar la protección a la que tienen derecho en terceros países.</p>
<p>Los medios de comunicación, muchas veces orientados a describir la crisis humanitaria en términos de avalancha, otras veces enfocados a describir casos individuales de “víctimas” o “héroes”, muchas veces fallan en ayudarnos a entender la diversidad dentro las personas percibidas y transmitidas como “masa”, y de las diferentes realidades de las personas que huyen de amenazas también cada vez más diversas. <strong>Por eso hoy me gustaría abordar la realidad de las personas LGTB demandantes de asilo</strong>.</p>
<p><strong>La persecución a las personas LGTB en el mundo y su derecho a la protección internacional </strong></p>
<p>En muchas partes del mundo hay personas que son víctimas de la persecución y la violencia simplemente por su orientación sexual (real o percibida) o por su identidad de género: según el informe de CEAR <a href="http://perseguidoslgtb.org/doc/Dossier_CEAR_WEB.pdf">El camino hacia una vida digna</a>, <strong>al menos 76 países mantienen leyes de criminalización y hostigamiento contra personas con motivo de su orientación sexual e identidad de género</strong>, incluidas las que penalizan las relaciones homosexuales consentidas entre adultos.</p>
<p>Esta violencia hacia la comunidad LGTB no sólo se produce en contextos de violencia generalizada o conflicto armado: en América Latina, la <strong>Comisión Interamericana de Derechos Humanos informó de 594 asesinatos de personas LGTB entre enero de 2013 y marzo 2014 </strong>motivados por prejuicios en los 25 estados miembros de la Organización de Estados Americanos. De acuerdo con el Observatorio sobre el Asesinato de Personas Trans, que está coordinado por el grupo de derechos LGTB Transgender Europe, <strong>más de 1.700 personas transexuales han sido asesinadas en 62 países entre 2008 y 2014</strong>, lo que es equivalente a un asesinato cada dos días</p>
<p>En teoría, las personas que huyen de sus países de origen por estas causas deben siempre tener acceso a protección internacional como refugiadas, o ser consideradas como beneficiarias de otras formas de protección complementaria en los países de asilo. El Articulo 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre estipula que «<em>toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición</em>”. Aunque no existe en este artículo una mención explicita a la orientación sexual o identidad de género, la <a href="http://www.hhri.org/es/thematic/LGBT1.html#%20Derechos%20de%20la%20Comunidad%20LGBT,%20%20Resoluciones%20Internacionales%20y%20Documentos%20Legales">posterior legislación internacional en materia de protección</a> sí se ha hecho eco en diversos textos legales de la necesidad de contemplar soluciones concretas a amenazas específicas a la seguridad e integridad de las personas LGTB. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de la creciente sensibilidad en esta materia por parte de ciertos países que conceden asilo y del creciente número de medidas internacionales y nacionales contra la discriminación de las personas LGTB solicitantes de asilo, <strong>existen aún graves deficiencias y disparidades que vulneran su derecho la protección internacional</strong>.</p>
<p>ACNUR estima en 42 el número de Estados que han concedido asilo a personas con temores fundados de ser perseguidos por su identidad de género u orientación sexual. Sin embargo, un <a href="http://www.un.org/en/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/HRC/29/23&amp;referer=/english/&amp;Lang=S">informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos</a> publicado en 2015 considera que <strong>“los Estados de acogida no siempre cumplen las leyes internacionales” en cuanto a la protección de las personas LGTB</strong>. En muchas ocasiones, la política de concesión de asilo se basa casi en exclusiva en el papel desempeñado por funcionarios encargados de la valoración de casos, que pueden realizar su labor de forma arbitraria o desigual. Esta situación muchas veces perjudica a las personas LGTB solicitantes de asilo, tal y como sostiene el informe <a href="http://www.coc.nl/wp-content/uploads/2013/11/Fleeing-Homophobia-report-EN_tcm22-232205.pdf">Fleeing homofobia</a>, publicado por la organización holandesa COC. La investigación concluye que <strong>las personas LGTB que buscan protección internacional se ven afectadas negativamente por el Acuerdo de Dublín, según el cual solo un estado revisa las solicitudes de asilo</strong>: entre los países europeos existe una gran diferencia en cuanto a la legislación sobre los derechos de las personas LGTB. Existe además una gran variedad en los procedimientos aplicados para examinar las solicitudes de asilo, y muchas veces las autoridades encargadas de realizar esta labor desarrollan su cometido en base a estereotipos y prejuicios a la hora de examinar las solicitudes de personas LGTB. La organización concluye que, en muchas ocasiones, el carácter fundamental de los más esenciales derechos humanos de las personas LGTB es a menudo anulado.</p>
<p>Una de las argumentaciones más habituales empleadas a la hora de denegar solicitudes de asilo a personas LGTB es la idea de que pueden volver a sus países de origen “porque pueden evitar la persecución escondiendo su identidad” o mudándose a otra región donde nadie conozca su identidad sexual. Otras prácticas disuasorias empleadas para evitar la concesión de protección internacional a personas LGTB es la realización de <strong>interrogatorios intrusivos y pruebas médicas supuestamente diseñadas para revelar la orientación sexual del solicitante</strong>. Uno de los casos mediáticos más relevantes en este sentido fue el protagonizado por <a href="http://www.pinknews.co.uk/2015/04/04/nigerian-activists-asylum-appeal-denied-as-judge-doesnt-believe-shes-a-lesbian/">Aderonke Apata</a>, una activista lesbiana de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, que huyó de su país, Nigeria, para solicitar asilo en Reino Unido. Al igual que le sucede a muchas personas LGTB, Aderonke vio cuestionada su orientación sexual con argumentos tan peregrinos como que “no podía ser lesbiana porque había tenido hijos”. Afortunadamente, una resolución del 2 de diciembre de 2014 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ordenó a los Estados que abandonaran estas prácticas intrusivas.</p>
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<p><strong>Las personas LGTB que finalmente acceden a protección internacional en países de acogida, muchas veces están lejos de dejar de sufrir la persecución y la violencia</strong>. En ocasiones, siguen siendo víctimas de la discriminación en los centros de detención, albergues, o en reasentamientos en comunidades que no les ofrecen la seguridad que buscaban cuando huyeron de sus países, debido a que sufren el acoso de la comunidad receptora, y también de la de pertenencia. Otras veces, son las administraciones públicas las que no previenen la discriminación por motivos de orientación o género en las alternativas habitacionales que ofrecen a refugiadas/os. Casos como los acaecidos en <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/08/actualidad/1454950469_021073.html?id_externo_rsoc=TW_CM">Holanda</a> y el <a href="http://www.pinknews.co.uk/2015/03/03/mps-lgbt-asylum-seekers-face-bullying-and-abuse-in-british-detention-centres/">Reino Unido</a> demuestran que <strong>el acoso y el abuso que sufren las personas LGTB solicitantes de asilo en centros de detención</strong>, albergues y otras medidas de alojamiento es una realidad que hay que considerar a la hora de garantizar la protección que estas personas necesitan.</p>
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<p>Afortunadamente, existe una creciente preocupación por parte de la sociedad civil y las administraciones públicas por hacer frente a la necesidad de personas que son doblemente perseguidas. Existen cada vez <strong>más recursos específicos para las personas LGTB solicitantes de asilo</strong>, entre los que cabe destacar los siguientes:</p>
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<li><a href="http://www.queer-refugees.de/">Guía para refugiad@s queer de la organización alemana LSVD</a>: esta web contiene información legal en cuanto al proceso de solicitud de asilo, adaptada a las necesidades y casos que sufren las personas LGTB que buscan refugio en Alemania.</li>
<li><a href="http://hrc-assets.s3-website-us-east-1.amazonaws.com/files/assets/resources/LGBT_Asylum_Seekers_FINAL.pdf">Stronger together</a>: una guía práctica destinada a solicitantes de asilo LGTB en Estados Unidos.</li>
</ul>
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<p>Aparte de estas publicaciones, me gustaría acabar este artículo destacando que <strong>la</strong> <strong>adopción de medidas de protección internacional sensibles a la diversidad es posible</strong> y tiene un impacto real en la vida de personas que son víctimas de la persecución y la violencia en múltiples dimensiones: <a href="http://news.trust.org/item/20160122170752-55ba4/?source=hpOtherNews2">la apertura de un albergue destinado a refugiados/as LGTB en Berlín</a> constituye el perfecto ejemplo de que es posible adaptar los estándares de protección que podemos ofrecer a las necesidades de seguridad que cada solicitante de asilo pueda necesitar.</p>
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		<title>Valeria y su derecho a volar</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2015 21:52:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Se trata de despertar a la serpiente dormida y enroscada tres veces y media en el chakra inferior y dirigirla hasta el chakra superior. Sólo así podrá unirse el cuerpo y el espíritu.   Fui payasa en Nueva York durante quince años después de dejar Buenos Aires siguiendo a Bruno. Actué tan bien durante todo ese tiempo que llegué a creerme que no me gustaba el trapecio. Me equivoqué sobre muchas cosas: que los proyectos de él eran los míos y que cualquier decisión que tomara en mi vida debía de contar con su beneplácito. Pude ser trapecista, pero elegí ser payasa para no hacerle sombra, para no competir con él. Pensé que bastaba tenerlo a mi lado para ser feliz. Sin duda, me equivoqué. Él volaba desafiando las leyes de la gravedad y yo, convertida en payasa, hacía descansar los enormes zapatones en el suelo mientras una gran sonrisa de maquillaje desfiguraba mi rostro, tanto como se deformaba mi cuerpo dentro del traje de colores. Aproveché algunas de sus ausencias para hacer piruetas en el aire, para despegar mis alas, ajadas de falta de uso. El leve aleteo que produjeron albergó una duda. Después, oculté las telas con las que me colgaba en los árboles del parque. Nunca me preguntó sobre mi decisión de dejar el trapecio. Pensé que gracias a ello se acabarían los celos y las presiones, los gritos y los menosprecios, pero la violencia siguió aferrada a otras excusas. Cuando le propuse ser madre, Bruno se negó a compartirme, quería que lo cuidara y, sobre todo, que le ayudara a crecer sobre un trapecio mientras mis suelas desgastada de payasa se hundían más y más en el barro de Central Park. Conocí a Javier después, en un lugar tranquilo al este de Uruguay, al que huí intentando olvidar los gritos, los ninguneos, los insultos y las violaciones que padecí y que, solo tras mucho esfuerzo y ayuda, pude identificar como violencia. En aquella época ya saltaba por las telas como un chimpancé y solo me bajaba de ellas para sumergirme en el océano Atlántico y sentirme pez. Me resistía a tocar al suelo y la tierra con los pies. Javier me reconoció y fue despacio, incluso intentó subir a las telas y permanecer a mi lado, pero era muy difícil para él sostenerse en las alturas y, todavía más, seguirme. Las ansias de libertad me habían transformado en un pájaro imbatible que, sin embargo, se asustaba con la crueldad que podía emanar del paraíso, con la fragilidad de la felicidad malentendida, con el fuego egoísta que confundí con el amor. Sólo me dejaba sentir un cuerpo que ya nunca más se arrastraría. Un día, desde la torre más alta de la laguna Rocha, vi a Javier recogiendo la basura que habían dejado los visitantes del fin de semana en el mismo punto donde el agua dulce se junta con el mar. Me gustó su generosidad con la naturaleza y bajé a ayudarle. La arena, a esa hora de la tarde, todavía estaba cálida. Mis pies se sintieron reconfortados y dejaron que el agua también los acariciara. Javier me explicó que no lo hacía por generosidad, sino por la vergüenza que en ocasiones le causaba su propia especie humana. Yo, que había sido payasa, pero que ahora era pez y pájaro, comprendí muy bien lo que aquella frase significaba. A partir de ese día, compartimos la mirada desde el cielo, desde el agua, desde la arena y pedimos a las personas que vienen a pasar el día en el lago que disfruten del entorno y sus seres sin dañarlos porque, todas y todos, formamos parte de él. * Este relato lo he escrito con motivo de la campaña “Mujeres libres, Mujeres en paz. ACTÚA, las violencias de género no distinguen fronteras”, organizada por la Agencia Española de Cooperación (AECID) y la Coordinadora de ONGD-España. Nos sumamos a los “16 días de Activismo contra la Violencia de Género” impulsada por Naciones Unidas, con el objetivo de sensibilizar a toda la sociedad sobre las causas y consecuencias de las violencias que sufren las mujeres y las niñas en el mundo.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">Se trata de despertar a la serpiente dormida</p>
<p style="text-align: right">y enroscada tres veces y media en el chakra inferior</p>
<p style="text-align: right">y dirigirla hasta el chakra superior.</p>
<p style="text-align: right">Sólo así podrá unirse el cuerpo y el espíritu.</p>
<p><em> </em></p>
<p>Fui payasa en Nueva York durante quince años después de dejar Buenos Aires siguiendo a Bruno. Actué tan bien durante todo ese tiempo que llegué a creerme que no me gustaba el trapecio. Me equivoqué sobre muchas cosas: que los proyectos de él eran los míos y que cualquier decisión que tomara en mi vida debía de contar con su beneplácito. <strong>Pude ser trapecista, pero elegí ser payasa para no hacerle sombra, para no competir con él.</strong> Pensé que bastaba tenerlo a mi lado para ser feliz. Sin duda, me equivoqué.</p>
<p>Él volaba desafiando las leyes de la gravedad y yo, convertida en payasa, hacía descansar los enormes zapatones en el suelo mientras una gran sonrisa de maquillaje desfiguraba mi rostro, tanto como se deformaba mi cuerpo dentro del traje de colores. <strong>Aproveché algunas de sus ausencias para hacer piruetas en el aire, para despegar mis alas, ajadas de falta de uso.</strong> El leve aleteo que produjeron albergó una duda. Después, oculté las telas con las que me colgaba en los árboles del parque.</p>
<p>Nunca me preguntó sobre mi decisión de dejar el trapecio. <strong>Pensé que gracias a ello se acabarían los celos y las presiones, los gritos y los menosprecios, pero la violencia siguió aferrada a otras excusas.</strong> Cuando le propuse ser madre, Bruno se negó a compartirme, quería que lo cuidara y, sobre todo, que le ayudara a crecer sobre un trapecio mientras mis suelas desgastada de payasa se hundían más y más en el barro de Central Park.</p>
<p>Conocí a Javier después, en un lugar tranquilo al este de Uruguay, al que huí intentando olvidar los gritos, los ninguneos, los insultos y las violaciones que padecí y que, solo tras mucho esfuerzo y ayuda, pude identificar como violencia. <strong>En aquella época ya saltaba por las telas como un chimpancé y solo me bajaba de ellas para sumergirme en el océano Atlántico y sentirme pez.</strong> Me resistía a tocar al suelo y la tierra con los pies.</p>
<p>Javier me reconoció y fue despacio, incluso intentó subir a las telas y permanecer a mi lado, pero era muy difícil para él sostenerse en las alturas y, todavía más, seguirme. <strong>Las ansias de libertad me habían transformado en un pájaro imbatible</strong> que, sin embargo, se asustaba con la crueldad que podía emanar del paraíso, con la fragilidad de la felicidad malentendida, con el fuego egoísta que confundí con el amor. Sólo me dejaba sentir un cuerpo que ya nunca más se arrastraría.</p>
<p>Un día, desde la torre más alta de la laguna Rocha, vi a Javier recogiendo la basura que habían dejado los visitantes del fin de semana en el mismo punto donde el agua dulce se junta con el mar. Me gustó su generosidad con la naturaleza y bajé a ayudarle. La arena, a esa hora de la tarde, todavía estaba cálida. Mis pies se sintieron reconfortados y dejaron que el agua también los acariciara. <strong>Javier me explicó que no lo hacía por generosidad, sino por la vergüenza que en ocasiones le causaba su propia especie humana.</strong> Yo, que había sido payasa, pero que ahora era pez y pájaro, comprendí muy bien lo que aquella frase significaba.</p>
<p>A partir de ese día, compartimos la mirada desde el cielo, desde el agua, desde la arena y pedimos a las personas que vienen a pasar el día en el lago que <strong>disfruten del entorno y sus seres sin dañarlos porque, todas y todos, formamos parte de él.</strong></p>
<p>* Este relato lo he escrito con motivo de la <a href="http://mujereslibresyenpaz.com/quienes-somos-2/">campaña “Mujeres libres, Mujeres en paz. ACTÚA, las violencias de género no distinguen fronteras”,</a> organizada por la <a href="http://www.aecid.es/ES">Agencia Española de Cooperación (AECID)</a> y la <a href="http://www.congde.org/">Coordinadora de ONGD-España</a>. Nos sumamos a los “16 días de Activismo contra la Violencia de Género” impulsada por Naciones Unidas, con el objetivo de sensibilizar a toda la sociedad sobre las causas y consecuencias de las violencias que sufren las mujeres y las niñas en el mundo.</p>
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		<title>Poniendo el acento en la B de LGTB</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Nov 2015 09:44:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Aguado Dívar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos Sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Bisexualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos LGTBI]]></category>
		<category><![CDATA[Diversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 23 de septiembre tuvo lugar la celebración del Día de la Visibilidad Bisexual, una fecha en la que celebramos los derechos de aquellas personas que simplemente, son capaces de enamorarse o sentirse atraid@s por una persona sin que su sexo sea un factor determinante. Leo la definición que acabo de teclear (una persona que puede sentirse atraída por otra persona sin importar su sexo), y no me parece estar escribiendo nada extraño, incomprensible o alejado del entendimiento humano. Sin embargo, la realidad nos lleva a constatar que las personas bisexuales son objeto de una gran incompresión, y de un tipo de discriminación muy específica, proveniente tanto de la comunidad LGTB como de la sociedad en general. “Es sólo una fase”, “está confundida”, “está indeciso”, son expresiones muy habituales con las que se suele “absolver” a las personas bisexuales cuando nuestra visión monolítica o binaria del sexo no nos permite encajar unas preferencias sexuales que no encajan en las (pocas) casillas mentales con las que contamos a la hora de clasificar algo tan vasto e “inetiquetable” como es la afectividad y la sexualidad. En este caso, al menos la incomprensión no incluye una intencionalidad perversa por parte de la persona bisexual, una característica que sí caracteriza otros tipos de discriminación: lo ejemplifican perfectamente frase del tipo “lo que pasa es que son más viciosos”, “son personas más crueles”, o mi favorita de todos los tiempos, “en algún momento te será infiel porque siempre va a haber algo que no le vas a poder dar”. Ésta última es maravillosa, porque como es de tod@s sabido, en las relaciones hetero y homosexuales nunca se producen infidelidades ni se acaba el amor, y absolutamente todo lo que te gusta, atrae y necesitas lo puedes encontrar en la otra persona. A pesar de los avances que se han producido en el avance de derechos de la comunidad LGTB, sigue existiendo esta incomprensión, fruto en gran parte de la invisibilidad: a pesar de que según ciertas estadísticas, al menos la mitad de la población gay y lesbiana de los Estados Unidos se autodefine como bisexual, lo cierto es que su visibilidad queda muchas veces oculta por la incomprensión, o simplemente, la visión reduccionista sobre la sexualidad en la que la mayoría de nosotr@s hemos sido educad@s. La prueba es que si vemos una pareja por la calle de dos chicas o dos chicos, o chicos o chicas, pensaremos que son “una pareja homosexual” en los dos primeros casos, o “una pareja heterosexual” en el segundo, satisfaciendo cerebralmente la necesidad de “clasificar” la realidad que nos rodea. Este ejemplo, si bien muy simple seguramente, sirve para ilustrar por qué la bisexualidad no se nos presenta como una posibilidad para percibir a una determinada persona en primer lugar. La falta de visibilidad de las personas bisexuales, a diferencia de lo que sucede con gays, lesbianas y transexuales, es el principal motivo para que aún no se hayan roto los estereotipos que les estigmatizan. Esta situación, lógicamente implica que muchas personas bisexuales se sientan incomprendidas y aisladas tanto de su entorno heterosexual como en su interacción con gays y lesbianas. Y es que para much@s la bisexualidad no está considerada por muchas personas como una orientación “legítima” o “real”. Este hecho conlleva un aislamiento que deriva, muchas veces, en vectores de discriminación y exclusión que les afectan específicamente, o bien aumentan cuando se combinan con otros factores, como el sexo, la edad o la etnia. La relación entre bisexualidad y exclusión, en datos Para poder ejemplificar algunas de estas vertientes de exclusión, y también para aportar mi granito de arena en la visibilidad bi, he recurrido a algunos estudios y encuestas. Reflejo aquí algunos datos que me han parecido interesantes: Las mueres bisexuales están más expuestas a la violencia sexual debido a los estereotipos asignados a su identidad sexual: en Estados Unidos, el 46% de las mujeres bisexuales participantes en un estudio sobre sexualidad y agresiones sexuales revelaron haber sufrido violencia, acoso o violación por parte de su pareja, frente al 17% de las mujeres heterosexuales y el 13% de las lesbianas. Un estudio realizado en Reino Unido reveló que tan sólo el 33% de las personas bisexuales que en él participaron se sentían cómodas dando a conocer a su médico su orientación sexual, y casi la mitad de ellas habían sufrido bifobia en servicios públicos. Esto hace que el porcentaje de mujeres y hombres bisexuales que ocultan su orientación sexual a su médico sea superior a la de mujeres y hombres homosexuales. Esta podría ser la principal razón por la que la población bisexual presenta peores estándares de salud que la población heterosexual, y en algunos casos, que la población homosexual. Según otro estudio realizado por Human Rights Campaign, los y las bisexuales más jóvenes afirmaban en menor medida que lesbianas y gays de su misma edad contar con un referente adulto de apoyo a la que dirigirse cuando se sienten tristes. Sólo el 5% de la juventud bisexual afirmaba sentirse “muy feliz”, en comparación con el 8% de jóvenes gays y lesbianas y el 21% de jóvenes heterosexuales. Las mujeres bisexuales afrontan un menor apoyo social y una peor calidad de vida que las mujeres heterosexuales y lesbianas, así como menores niveles de bienestar emocional, lo que puede tener consecuencias trágicas: los adultos bisexuales refieren haber tenido pensamientos suicidas en una proporción tres veces superior a los adultos heterosexuales. Estos datos son sólo algunos ejemplos de los recogidos en los estudios mencionados, que invito a consultar. Pero son ilustrativos a la hora de mostrar cómo diferentes factores de exclusión pueden confluir, y que la invisibilización e incomprensión de esta realidad puede tener consecuencias dramáticas. La comunidad LGTB no debería dar por sentado que es diversa en sí misma, y el cuestionamiento de la diversidad hacia el exterior debería realizarse también hacia el interior. No podemos permitirnos escribir algunas siglas en minúscula y otras en mayúscula al escribir LGTB.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado <strong>23 de septiembre</strong> tuvo lugar la celebración del <strong>Día de la Visibilidad Bisexual</strong>, una fecha en la que celebramos los derechos de aquellas personas que simplemente, son capaces de enamorarse o sentirse atraid@s por una persona sin que su sexo sea un factor determinante.</p>
<p>Leo la definición que acabo de teclear (una persona que puede sentirse atraída por otra persona sin importar su sexo), y no me parece estar escribiendo nada extraño, incomprensible o alejado del entendimiento humano. Sin embargo, la realidad nos lleva a constatar que <strong>las personas bisexuales son objeto de una gran incompresión, y de un tipo de discriminación muy específica, proveniente tanto de la comunidad LGTB como de la sociedad en general</strong>. “Es sólo una fase”, “está confundida”, “está indeciso”, son expresiones muy habituales con las que se suele “absolver” a las personas bisexuales cuando nuestra visión monolítica o binaria del sexo no nos permite encajar unas preferencias sexuales que no encajan en las (pocas) casillas mentales con las que contamos a la hora de clasificar algo tan vasto e “inetiquetable” como es la afectividad y la sexualidad. En este caso, al menos la incomprensión no incluye una intencionalidad perversa por parte de la persona bisexual, una característica que sí caracteriza otros tipos de discriminación: lo ejemplifican perfectamente frase del tipo “lo que pasa es que son más viciosos”, “son personas más crueles”, o mi favorita de todos los tiempos, “en algún momento te será infiel porque siempre va a haber algo que no le vas a poder dar”. Ésta última es maravillosa, porque como es de tod@s sabido, en las relaciones hetero y homosexuales nunca se producen infidelidades ni se acaba el amor, y absolutamente todo lo que te gusta, atrae y necesitas lo puedes encontrar en la otra persona.</p>
<p>A pesar de los avances que se han producido en el avance de derechos de la comunidad LGTB, sigue existiendo esta incomprensión, fruto en gran parte de la invisibilidad: a pesar de que según ciertas estadísticas, <strong>al menos la mitad de la población gay y lesbiana de los Estados Unidos se autodefine como bisexual</strong>, lo cierto es que su visibilidad queda muchas veces oculta por la incomprensión, o simplemente, la visión reduccionista sobre la sexualidad en la que la mayoría de nosotr@s hemos sido educad@s. La prueba es que si vemos una pareja por la calle de dos chicas o dos chicos, o chicos o chicas, pensaremos que son “una pareja homosexual” en los dos primeros casos, o “una pareja heterosexual” en el segundo, satisfaciendo cerebralmente la necesidad de “clasificar” la realidad que nos rodea. Este ejemplo, si bien muy simple seguramente, sirve para ilustrar por qué la bisexualidad no se nos presenta como una posibilidad para percibir a una determinada persona en primer lugar. La falta de visibilidad de las personas bisexuales, a diferencia de lo que sucede con gays, lesbianas y transexuales, es el principal motivo para que aún no se hayan roto los estereotipos que les estigmatizan.</p>
<p>Esta situación, lógicamente implica que muchas personas bisexuales se sientan incomprendidas y aisladas tanto de su entorno heterosexual como en su interacción con gays y lesbianas. Y es que <strong>para much@s la bisexualidad no está considerada por muchas personas como una orientación “legítima” o “real</strong>”. Este hecho conlleva un aislamiento que deriva, muchas veces, en vectores de discriminación y exclusión que les afectan específicamente, o bien aumentan cuando se combinan con otros factores, como el sexo, la edad o la etnia.</p>
<p><strong>La relación entre bisexualidad y exclusión, en datos</strong></p>
<p>Para poder ejemplificar algunas de estas vertientes de exclusión, y también para aportar mi granito de arena en la visibilidad bi, he recurrido a algunos estudios y encuestas. Reflejo aquí algunos datos que me han parecido interesantes:</p>
<ul>
<li>Las mueres bisexuales están más expuestas a la violencia sexual debido a los estereotipos asignados a su identidad sexual: en Estados Unidos, <strong>el 46% de las mujeres bisexuales</strong> participantes en un <a href="/www.hrc.org/resources/entry/sexual-assault-and-the-lgbt-community">estudio sobre sexualidad y agresiones sexuales</a> <strong>revelaron haber sufrido violencia, acoso o violación por parte de su pareja, frente al 17% de las mujeres heterosexuales y el 13% de las lesbianas. </strong></li>
<li>Un <a href="http://www.equality-network.org/wp-content/uploads/2015/04/Complicated-Bisexual-Report.pdf">estudio realizado en Reino Unido</a> reveló que <strong>tan sólo el 33% de las personas bisexuales que en él participaron se sentían cómodas dando a conocer a su médico su orientación sexual, y casi la mitad de ellas habían sufrido bifobia en servicios públicos</strong>. Esto hace que el porcentaje de mujeres y hombres bisexuales que ocultan su orientación sexual a su médico sea superior a la de mujeres y hombres homosexuales. Esta podría ser la principal razón por la que la población bisexual presenta <a href="http://hrc-assets.s3-website-us-east-1.amazonaws.com/files/assets/resources/HRC-BiHealthBrief.pdf">peores estándares de salud que la población heterosexual</a>, y en algunos casos, que la población homosexual.</li>
<li>Según <a href="http://www.hrc.org/youth-report/supporting-and-caring-for-our-bisexual-youth#.Vk7MZL9Zv3s">otro estudio realizado por Human Rights Campaign</a>, los y las bisexuales más jóvenes afirmaban en menor medida que lesbianas y gays de su misma edad contar con un referente adulto de apoyo a la que dirigirse cuando se sienten tristes<strong>. Sólo el 5% de la juventud bisexual afirmaba sentirse “muy feliz”, en comparación con el 8% de jóvenes gays y lesbianas y el 21% de jóvenes heterosexuales</strong>.</li>
<li>Las mujeres bisexuales afrontan un menor apoyo social y una peor calidad de vida que las mujeres heterosexuales y lesbianas, así como menores niveles de bienestar emocional, lo que puede tener consecuencias trágicas: <strong>los adultos bisexuales refieren haber tenido pensamientos suicidas en una proporción tres veces superior a los adultos heterosexuales</strong>.</li>
</ul>
<p>Estos datos son sólo algunos ejemplos de los recogidos en los estudios mencionados, que invito a consultar. Pero son ilustrativos a la hora de mostrar cómo diferentes factores de exclusión pueden confluir, y que la invisibilización e incomprensión de esta realidad puede tener consecuencias dramáticas.</p>
<p>La comunidad LGTB no debería dar por sentado que es diversa en sí misma, y el cuestionamiento de la diversidad hacia el exterior debería realizarse también hacia el interior. <strong>No podemos permitirnos escribir algunas siglas en minúscula y otras en mayúscula al escribir LGTB</strong>.</p>
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		<title>El origen del odio y los principales instigadores de la homofobia en nuestros días</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Aug 2015 22:20:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando López del Prado]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Derechos]]></category>
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		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuáles son los orígenes de la homofobia? ¿Cómo se generan y alimentan los discursos de odio que posteriormente legitiman políticas y leyes discriminadoras? ¿Por qué en tan diversas culturas y lugares del mundo encontramos una férrea oposición a considerar a las personas lesbianas, transexuales, bisexuales y gays como iguales? Comunidades enteras, en frecuente situación de vulnerabilidad e indefensión, ya sea a causa de pertenecer a una determinada raza, por motivos religiosos o debido a sus preferencias sexuales, se han convertido en presa fácil de la ira de políticos oportunistas, de defensores de discursos ultranacionalistas y de líderes religiosos subidos a los más variados púlpitos. De hecho, credos que han diferido en todo lo demás, han encontrado su particular denominador común en la más férrea condena a la homosexualidad. Señalar y culpar, entre otros grupos de población, a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales se ha convertido en uno de los medios más efectivos de prevenir a la población de que exija a su clase política combatir la pobreza, la injusticia y la corrupción. La estrategia de culpabilización de la comunidad LGTB como “chivo expiatorio” o “enemigo interior” se ha empleado en lugares tan dispares como Ucrania, Camerún, Irán, Camboya o Jamaica. Pero las raíces socioculturales del odio, si bien tienen muchas características en común, también presentan particularidades dependiendo del lugar del mundo en que se manifiesten. Los orígenes de la homofobia en África En el continente africano, la mayoría de los argumentos que se erigen en contra del amor entre personas del mismo sexo se construye alrededor de la idea de ser un fenómeno importado desde Occidente, cuyo objetivo principal sería corromper a las generaciones más jóvenes e imponer su depravado estilo de vida. Esta argumentación, que apela a supuestos sentimientos anticolonialistas, implica que, ya fuese yendo desde Orán hasta Ciudad del Cabo o en periplo desde Dakar a Yibuti, nunca nadie se topó con un homosexual que hubiese nacido en el continente del Sáhara. Lógicamente, la consideración de la homosexualidad como algo ‘no africano’ se basa en presupuestos erróneos. Para encontrar el origen de las leyes ‘anti-sodomía’, aún en vigor en muchos países africanos, hay que retroceder a la producción legal del siglo XIX de los colonizadores británicos y a la fe impuesta por los misioneros que les acompañaron en divina misión civilizadora. Por lo tanto, un enfoque puramente geográfico desprovisto de cualquier tinte ideológico, concluye que lo que es realmente ‘no africano’ es el odio y la homofobia. Por desgracia, los tentáculos moralizadores del Imperio llegaron a otros tantos territorios de ultramar: la sección 377 del Código Penal indio, que prohibía las relaciones carnales en contra del orden natural con hombres, mujeres o animales, es de origen británico, así como la sección 377 del Código Penal malayo y la 140 del Código Penal ugandés. La institucionalización del odio en Rusia Separadas por miles de kilómetros, pero muy próximos en sus planteamientos homófobos son las naciones del antiguo ámbito soviético, indecentemente alentadas y lideradas por la Federación Rusa. La historia de la homofobia en Rusia encuentra su primera manifestación institucional en la prohibición de las relaciones sexuales entre hombres – el sexo entre mujeres no se recogía en la ley -, que fue introducida por primera vez en el Código Penal de 1.835 sancionado por el Zar Nicolás I. Tal prohibición se mantuvo durante los regímenes de Stalin y Kruschev y permaneció en vigor hasta el gobierno de Boris Yeltsin, cuando en 1993 intentó acercar las leyes rusas a los estándares del Consejo de Europa. Veinte años más tarde, la aprobación de la controvertida Ley Federal número 135-FZ del 29 de junio de 2013 sobre las enmiendas al artículo 5 de la Ley que regula la protección de los niños de la información nociva para su salud o su desarrollo, pareciera ser un nuevo intento de volver a criminalizarlas. El articulado de la ley no hace mención a las relaciones entre personas del mismo sexo, sino que se limita a cargar contra todo lo que sean ‘relaciones sexuales no tradicionales’. De manera paralela, la muy influyente Iglesia Ortodoxa, considerada por la mayoría de los rusos como un símbolo de orgullo y unidad nacional, se ha convertido en una de las más férreas defensoras del endurecimiento de la persecución a la comunidad homosexual y a quienes se atreven a defenderla. Homofobia y religión Otros de los tradicionales instigadores mundiales de la homofobia institucional han sido casi la totalidad de los países musulmanes. Recordemos que cinco de ellos aplican la pena capital para las relaciones sexuales homosexuales. En marzo de 2012, el Secretario General de la Organización de la Conferencia Islámica en su intervención ante la 19 sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas celebrada en Ginebra, al mismo tiempo que se vanagloriaba de la modernidad de la Conferencia al haber elegido a una mujer para presidir su Comisión Permanente de Derechos Humanos y denunciaba la creciente islamofobia internacional, mostraba su más profunda preocupación por la introducción de la orientación sexual e identidad de género en la agenda de trabajo del propio Consejo. Alegaba que estas ‘controvertidas nociones’ no tenían base legal alguna y ponían en riesgo el espíritu fundacional de todo el sistema de las Naciones Unidas. Por su parte y en pleno epicentro del mundo desarrollado, nos encontramos que prominentes líderes de la Iglesia Evangélica norteamericana han sido especialmente beligerantes actuando en contra de cualquier persona u organización que pidiera respeto e igualdad legal para las personas o uniones homosexuales. Sus giras internacionales les han llevado a lugares tan dispares como Rusia y Uganda donde sus sermones acerca de cómo odiar y atacar de manera efectiva a la comunidad homosexual, junto con las promesas de ayudas económicas, han encontrado su audiencia perfecta . Al tiempo que una firme mayoría de países apuestan por la aplicación de los derechos humanos sin excepciones, aún persisten naciones empeñadas en discriminar social y legalmente a mujeres y hombres homosexuales y transexuales. De igual modo, en vez de fomentar la idea de comunidad y unión de todos y todas en época de inestabilidad económica, han aprovechado la mayor incertidumbre para cargar contra los colectivos más vulnerables de la sociedad, culpándoles de una situación que ellos mismos no se atreven a mejorar. Sin duda, habrá días donde nos cubran nubes densas y violentas tormentas, pero de lo que tampoco cabe duda es que también habrá días donde brille el sol. Fernando López del Prado García &#160; El presente texto es un extracto de la tesina elaborada por el autor bajo el título ‘Bringing the human rights of lesbians, gays and bisexuals to the fore. Is the United Nations ready for a convention on the rights of sexual minorities?’, dentro del marco del Máster en Derechos Humanos en School of Oriental and African Studies, SOAS, de la Universidad de Londres. &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuáles son los orígenes de la homofobia? ¿Cómo se generan y alimentan los discursos de odio que posteriormente legitiman políticas y leyes discriminadoras? ¿Por qué en tan diversas culturas y lugares del mundo encontramos una férrea oposición a considerar a las personas lesbianas, transexuales, bisexuales y gays como iguales? Comunidades enteras, en frecuente situación de vulnerabilidad e indefensión, ya sea a causa de pertenecer a una determinada raza, por motivos religiosos o debido a sus preferencias sexuales, se han convertido en presa fácil de la ira de políticos oportunistas, de defensores de discursos ultranacionalistas y de líderes religiosos subidos a los más variados púlpitos. De hecho, credos que han diferido en todo lo demás, han encontrado su particular denominador común en la más férrea condena a la homosexualidad.</p>
<p>Señalar y culpar, entre otros grupos de población, a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales se ha convertido en uno de los medios más efectivos de prevenir a la población de que exija a su clase política combatir la pobreza, la injusticia y la corrupción. La estrategia de culpabilización de la comunidad LGTB como “chivo expiatorio” o “enemigo interior” se ha empleado en lugares tan dispares como Ucrania, Camerún, Irán, Camboya o Jamaica. Pero las raíces socioculturales del odio, si bien tienen muchas características en común, también presentan particularidades dependiendo del lugar del mundo en que se manifiesten.</p>
<p><strong>Los orígenes de la homofobia en África</strong></p>
<p>En el continente africano, la mayoría de los argumentos que se erigen en contra del amor entre personas del mismo sexo se construye alrededor de la idea de ser un fenómeno importado desde Occidente, cuyo objetivo principal sería corromper a las generaciones más jóvenes e imponer su depravado estilo de vida. Esta argumentación, que apela a supuestos sentimientos anticolonialistas, implica que, ya fuese yendo desde Orán hasta Ciudad del Cabo o en periplo desde Dakar a Yibuti, nunca nadie se topó con un homosexual que hubiese nacido en el continente del Sáhara. Lógicamente, la consideración de la homosexualidad como algo ‘no africano’ se basa en presupuestos erróneos. Para encontrar el <a href="https://www.hrw.org/report/2008/12/17/alien-legacy/origins-sodomy-laws-british-colonialism">origen de las leyes ‘anti-sodomía’</a>, aún en vigor en muchos países africanos, hay que retroceder a la producción legal del siglo XIX de los colonizadores británicos y a la fe impuesta por los misioneros que les acompañaron en <em>divina</em> <em>misión civilizadora</em>. Por lo tanto, un enfoque puramente geográfico desprovisto de cualquier tinte ideológico, concluye que <a href="http://www.theguardian.com/world/2014/apr/30/africa-homophobia-legacy-colonialism">lo que es realmente ‘no africano’ es el odio y la homofobia</a>. Por desgracia, los tentáculos moralizadores del Imperio llegaron a otros tantos territorios de ultramar: la sección 377 del Código Penal indio, que prohibía las relaciones carnales en contra del orden natural con hombres, mujeres o animales, es de origen británico, así como la sección 377 del Código Penal malayo y la 140 del Código Penal ugandés.</p>
<p><strong>La institucionalización del odio en Rusia</strong></p>
<p>Separadas por miles de kilómetros, pero muy próximos en sus planteamientos homófobos son las naciones del antiguo ámbito soviético, indecentemente alentadas y lideradas por la Federación Rusa. La <a href="http://www.themoscowtimes.com/opinion/article/a-russian-history-of-homophobia/455804.html">historia de la homofobia en Rusia</a> encuentra su primera manifestación institucional en la prohibición de las relaciones sexuales entre hombres – el sexo entre mujeres no se recogía en la ley -, que fue introducida por primera vez en el Código Penal de 1.835 sancionado por el Zar Nicolás I. Tal prohibición se mantuvo durante los regímenes de Stalin y Kruschev y permaneció en vigor hasta el gobierno de Boris Yeltsin, cuando en 1993 intentó acercar las leyes rusas a los estándares del Consejo de Europa. Veinte años más tarde, la aprobación de la controvertida Ley Federal número 135-FZ del 29 de junio de 2013 sobre las enmiendas al artículo 5 de la Ley que regula la protección de los niños de la información nociva para su salud o su desarrollo, pareciera ser un nuevo intento de volver a criminalizarlas. El articulado de la ley no hace mención a las relaciones entre personas del mismo sexo, sino que se limita a cargar contra todo lo que sean ‘relaciones sexuales no tradicionales’. De manera paralela, la muy influyente Iglesia Ortodoxa, considerada por la mayoría de los rusos como un símbolo de orgullo y unidad nacional, se ha convertido en una de las más férreas defensoras del <a href="http://www.theatlantic.com/international/archive/2013/06/why-is-russia-so-homophobic/276817/">endurecimiento de la persecución a la comunidad homosexual y a quienes se atreven a defenderla</a>.</p>
<p><strong>Homofobia y religión</strong></p>
<p>Otros de los tradicionales instigadores mundiales de la homofobia institucional han sido casi la totalidad de los países musulmanes. Recordemos que cinco de ellos aplican la pena capital para las relaciones sexuales homosexuales. En marzo de 2012, el Secretario General de la Organización de la Conferencia Islámica en su <a href="https://oichumanrights.wordpress.com/tag/un-human-rights-council/">intervención ante la 19 sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas</a> celebrada en Ginebra, al mismo tiempo que se vanagloriaba de la modernidad de la Conferencia al haber elegido a una mujer para presidir su Comisión Permanente de Derechos Humanos y denunciaba la creciente islamofobia internacional, mostraba su más profunda preocupación por la introducción de la orientación sexual e identidad de género en la agenda de trabajo del propio Consejo. Alegaba que estas ‘controvertidas nociones’ no tenían base legal alguna y ponían en riesgo el espíritu fundacional de todo el sistema de las Naciones Unidas.</p>
<p>Por su parte y en pleno epicentro del <em>mundo desarrollado</em>, nos encontramos que prominentes líderes de la Iglesia Evangélica norteamericana han sido especialmente beligerantes actuando en contra de cualquier persona u organización que pidiera respeto e igualdad legal para las personas o uniones homosexuales. Sus <a href="http://www.theguardian.com/world/2012/jul/24/evangelical-christians-homophobia-africa">giras internacionales</a> les han llevado a lugares tan dispares como Rusia y Uganda donde sus sermones acerca de cómo odiar y atacar de manera efectiva a la comunidad homosexual, junto con las promesas de ayudas económicas, han encontrado su audiencia perfecta .</p>
<p>Al tiempo que una firme mayoría de países apuestan por la aplicación de los derechos humanos sin excepciones, aún persisten naciones empeñadas en discriminar social y legalmente a mujeres y hombres homosexuales y transexuales. De igual modo, en vez de fomentar la idea de comunidad y unión de todos y todas en época de inestabilidad económica, han aprovechado la mayor incertidumbre para cargar contra los colectivos más vulnerables de la sociedad, culpándoles de una situación que ellos mismos no se atreven a mejorar.</p>
<p>Sin duda, habrá días donde nos cubran nubes densas y violentas tormentas, pero de lo que tampoco cabe duda es que también habrá días donde brille el sol.</p>
<p>Fernando López del Prado García</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>El presente texto es un extracto de la tesina elaborada por el autor bajo el título ‘Bringing the human rights of lesbians, gays and bisexuals to the fore. Is the United Nations ready for a convention on the rights of sexual minorities?’, dentro del marco del Máster en Derechos Humanos en School of Oriental and African Studies, SOAS, de la Universidad de Londres.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Dimensionar, visibilizar y atajar la homofobia en las aulas, una cuestión urgente</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/orgullo-y-prejuicios/2015/07/30/dimensionar-visibilizar-y-atajar-la-homofobia-en-las-aulas-una-cuestion-urgente/</link>
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		<pubDate>Thu, 30 Jul 2015 19:27:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Aguado Dívar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>

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		<description><![CDATA[A la hora de analizar los delitos de odio en España, uno de los datos que más impactantes fue comprobar la altísima incidencia de situaciones de violencia motivada por odio en las que las víctimas son niños, niñas o adolescentes. Es por ello que quise averiguar más sobre las situaciones de vulneración de derechos que sufren niños, niñas y adolescentes que se definen como lesbianas, gays, transexuales o bisexuales, o que son percibidos por los demás como tales, así como conocer iniciativas que están en marcha para afrontar esta situación. Para profundizar en este tema, he querido centrarme en este post en la incidencia de la homofobia en las aulas, puesto que la escuela debe ser no sólo un lugar de aprendizaje y desarrollo intelectual, sino también un espacio primordial de socialización y convivencia que influye decisivamente en la conformación de nuestra personalidad y nuestros valores. Lo primero que me llamó la atención fue la falta de datos disponibles a la hora de dimensionar la incidencia de la homofobia en las aulas: es complicado encontrar recursos estadísticos actualizados y a nivel estatal que nos den una idea del problema. Entre las excepciones se encuentra el estudio de COGAM «Homofobia y bifobia en las aulas 2013&#8243;  realizado en 2013 en centros de educación secundaria de la Comunidad de Madrid. Este estudio reveló que el 81% del alumnado que se definía como lesbiana, gay o bisexual no se atreve a salir del armario en su centro educativo. Entre quienes han salido del armario, el porcentaje de alumnos que sufre violencia física es 3 veces mayor a la de quienes están en el armario. La percepción que tienen los alumnos y alumnas respecto a la impunidad con la que se cometen estas vulneraciones es también impactante: el 41,82% considera que el profesorado hace poco nada ante insultos homófobos en el aula. Desgraciadamente, este informe no ha sido reeditado en años posteriores, y sobre todo, no ha sido asumido, tal y como solicitaba COGAM en el mismo informe, como una responsabilidad por parte del gobierno regional de la Comunidad de Madrid, que debería hacer lo posible por dimensionar, visibilizar y atajar una realidad que se reproduce de forma sistemática y continuada, y que condiciona el adecuado desarrollo emocional y académico de niños, niñas y adolescentes. Homofobia en las escuelas europeas: un fenómeno recurrente A pesar de no contar con datos extrapolables a nivel estatal, es posible constatar que la situación identificada por el estudio de COGAM se integra en una realidad extendida en países de nuestro contexto más inmediato en los que sí se ha realizado un diagnóstico institucional del alcance del problema: en un estudio realizado por el gobierno británico en 2011 puso de manifiesto que el 65% de estudiantes de secundaria LGB experimentaron bullying homofóbico en la escuela, y que el 97% escuchan expresiones homófobas en el contexto escolar. La situación es aún peor cuando hablamos de alumnos y alumnas transexuales: el 73% ha sido víctima de bullying en la escuela, y un 47% no utilizan los espacios públicos de recreo por miedo a ser discriminados/as. Esta situación es percibida incluso por el profesorado, que reporta que los y las adolescentes transexuales son el colectivo que cuenta con menos apoyo en la escuela. La situación en Francia parece confirmar una realidad generalizada y extendida en el contexto europeo: el Informe sobre la Homofobia 2015, publicado anualmente por la organización SOS Homophobie visibiliza la pervivencia de un contexto escolar amenazador o poco protector para niños, niñas y adolescentes LGTB, que atestiguan haber sido objeto de insultos (59%), amenazas (14%), golpes (21%) y acoso (33%). Otra forma de discriminación detectada por la organización francesa es el aislamiento: un 58% de los estudiantes LGTB participantes en la investigación revieren ser ignorados/as en el centro escolar. ¿Cómo hacer frente a la homofobia en las aulas? Afortunadamente, cada vez surgen más iniciativas, recursos y organizaciones que intentan promover los derechos de los niños, niñas y adolescentes LGTB en el contexto escolar. Sin ánimo de exhaustividad, pero sí con el deseo de aportar recursos útiles para abordar la homofobia, lesbofobia y transfobia desde la comunidad educativa, recojo a continuación algunos recursos interesantes y organizaciones de referencia: Organizaciones It gets better: esta organización está orientada a brindar apoyo a niños, niñas y adolescentes que sufren bullying homofóbico, fomentando mensajes de empoderamiento positivo destinado no sólo a jóvenes LGTBI, sino también a su entorno. Fundación Daniela: se trata de una organización que quiere visibilizar y ayudar a comprender la realidad de niños, niñas y adolescentes transgénero con el objetivo de combatir el estigma que sufren, y proporcionarles las vías para la realización de su derecho a la identidad y al desarrollo pleno de sus capacidades físicas, mentales y emocionales. Recursos Guía para trabajar la diversidad afectivo-sexual y de género: el sindicato navarro STEILAS cuenta con este recurso que pretende profundizar en la formación del profesorado sobre diversidad sexual y promoción de derechos desde la diversidad en las aulas. “Guía contra el bullying homofobico. Herramientas para el profesorado”: Este recurso didáctico de Acción Diversa pretende dotar al profesorado de un marco teórico sobre sexualidad y diversidad afectivo-sexual, así como de pautas de intervención para la prevención de la homofobia en las aulas. “Gay. Get over it! Una guía para el alumnado”: a pesar de estar disponible solamente en inglés, la asociación Stonewall (Reino Unido) nos propone un interesante recurso, ya que no está concebido como un recurso de formación para el profesorado, sino para ser empleado directamente por alumnos y alumnas de secundaria. Con un lenguaje muy claro, un diseño sencillo y adaptado, pero con mensajes muy contundentes, se trata de un buen recurso a la hora de abordar de detectar comportamientos homófobos normalizados en el aula. RESPECT &#8211; guidelines for primary teachers in addressing homophobic and transphobic bullying: Aunque también está disponible solamente en lengua inglesa, se trata de una guía interesante para el profesorado de educación primaria que quiera abordar la prevención del bullying en el aula o atajar cualquier tipo de situación vejatoria. Ofrece toda una serie de situaciones específicas comunes que se pueden producir y propone pautas de comportamiento para la prevención o resolución de este tipo de situaciones.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A la hora de analizar los delitos de odio en España, uno de los datos que más impactantes fue comprobar la altísima incidencia de situaciones de violencia motivada por odio en las que las víctimas son niños, niñas o adolescentes. Es por ello que quise averiguar más sobre las situaciones de vulneración de derechos que sufren niños, niñas y adolescentes que se definen como lesbianas, gays, transexuales o bisexuales, o que son percibidos por los demás como tales, así como conocer iniciativas que están en marcha para afrontar esta situación.</p>
<p>Para profundizar en este tema, he querido centrarme en este post en la incidencia de la homofobia en las aulas, puesto que la escuela debe ser no sólo un lugar de aprendizaje y desarrollo intelectual, sino también un espacio primordial de socialización y convivencia que influye decisivamente en la conformación de nuestra personalidad y nuestros valores.</p>
<p>Lo primero que me llamó la atención fue la <strong>falta de datos disponibles a la hora de dimensionar la incidencia de la homofobia en las aulas</strong>: es complicado encontrar recursos estadísticos actualizados y a nivel estatal que nos den una idea del problema. Entre las excepciones se encuentra el estudio de COGAM <a href="http://www.cogam.es/rs/7652/d112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868/d5c/fd/1/filename/impacto-en-prensa-del-informe-homofobia-y-bifobia-en-las-aulas-2013.pdf">«Homofobia y bifobia en las aulas 2013&#8243;  </a>realizado en 2013 en centros de educación secundaria de la Comunidad de Madrid. Este estudio reveló que el <strong>81% del alumnado que se definía como lesbiana, gay o bisexual no se atreve a salir del armario en su centro educativo</strong>. Entre quienes han salido del armario, el porcentaje de alumnos que sufre violencia física es 3 veces mayor a la de quienes están en el armario. La percepción que tienen los alumnos y alumnas respecto a la impunidad con la que se cometen estas vulneraciones es también impactante: <strong>el 41,82% considera que el profesorado hace poco nada ante insultos homófobos en el aula</strong>.</p>
<p>Desgraciadamente, este informe no ha sido reeditado en años posteriores, y sobre todo, no ha sido asumido, tal y como solicitaba COGAM en el mismo informe, como una responsabilidad por parte del gobierno regional de la Comunidad de Madrid, que debería hacer lo posible por dimensionar, visibilizar y atajar una realidad que se reproduce de forma sistemática y continuada, y que condiciona el adecuado desarrollo emocional y académico de niños, niñas y adolescentes.</p>
<h2><strong>Homofobia en las escuelas europeas: un fenómeno recurrente</strong></h2>
<p>A pesar de no contar con datos extrapolables a nivel estatal, es posible constatar que la situación identificada por el estudio de COGAM se integra en una realidad extendida en países de nuestro contexto más inmediato en los que sí se ha realizado un diagnóstico institucional del alcance del problema: en un <a href="https://www.gov.uk/government/publications/working-for-lesbian-gay-bisexual-and-transgender-equality-moving-forward">estudio realizado por el gobierno británico</a> en 2011 puso de manifiesto que el <strong>65% de estudiantes de secundaria LGB experimentaron bullying homofóbico en la escuela, y que el 97% escuchan expresiones homófobas en el contexto escolar</strong>. La situación es aún peor cuando hablamos de alumnos y alumnas transexuales: el 73% ha sido víctima de bullying en la escuela, y un 47% no utilizan los espacios públicos de recreo por miedo a ser discriminados/as. Esta situación es percibida incluso por el profesorado, que reporta que los y las adolescentes transexuales son el colectivo que cuenta con menos apoyo en la escuela.</p>
<p>La situación en Francia parece confirmar una realidad generalizada y extendida en el contexto europeo: el <a href="http://www.sos-homophobie.org/sites/default/files/rapport_annuel_2015.pdf">Informe sobre la Homofobia 2015,</a> publicado anualmente por la organización SOS Homophobie visibiliza la pervivencia de un contexto escolar amenazador o poco protector para niños, niñas y adolescentes LGTB, que atestiguan haber sido objeto de insultos (59%), amenazas (14%), golpes (21%) y acoso (33%). Otra forma de discriminación detectada por la organización francesa es el aislamiento: <strong>un 58% de los estudiantes LGTB participantes en la investigación revieren ser ignorados/as en el centro escolar</strong>.</p>
<h2><strong>¿Cómo hacer frente a la homofobia en las aulas?</strong></h2>
<p>Afortunadamente, cada vez surgen más iniciativas, recursos y organizaciones que intentan promover los derechos de los niños, niñas y adolescentes LGTB en el contexto escolar. Sin ánimo de exhaustividad, pero sí con el deseo de aportar recursos útiles para abordar la homofobia, lesbofobia y transfobia desde la comunidad educativa, recojo a continuación algunos recursos interesantes y organizaciones de referencia:</p>
<h3><u>Organizaciones</u></h3>
<p><a href="http://www.itgetsbetter.es/mision-vision-valores/">It gets better</a>: esta organización está orientada a brindar apoyo a niños, niñas y adolescentes que sufren <em>bullying</em> homofóbico, fomentando mensajes de empoderamiento positivo destinado no sólo a jóvenes LGTBI, sino también a su entorno.</p>
<p><a href="http://www.fundaciondaniela.org/">Fundación Daniela</a>: se trata de una organización que quiere visibilizar y ayudar a comprender la realidad de niños, niñas y adolescentes transgénero con el objetivo de combatir el estigma que sufren, y proporcionarles las vías para la realización de su derecho a la identidad y al desarrollo pleno de sus capacidades físicas, mentales y emocionales.</p>
<h3><u>Recursos</u></h3>
<p><a href="http://www.steilas.eus/es/2015/05/14/genero-eta-aniztasun-sexualerako-gida/">Guía para trabajar la diversidad afectivo-sexual y de género</a>: el sindicato navarro STEILAS cuenta con este recurso que pretende profundizar en la formación del profesorado sobre diversidad sexual y promoción de derechos desde la diversidad en las aulas.</p>
<p><a href="http://colectivolgtbhacciondiversa.blogspot.com.es/2014/11/guia-contra-el-bullying-homofobico_17.html">“Guía contra el <em>bullying</em> homofobico. Herramientas para el profesorado”</a>: Este recurso didáctico de Acción Diversa pretende dotar al profesorado de un marco teórico sobre sexualidad y diversidad afectivo-sexual, así como de pautas de intervención para la prevención de la homofobia en las aulas.</p>
<p><a href="http://www.stonewall.org.uk/at_school/education_for_all/quick_links/education_resources/secondary_school_resources/9307.asp">“Gay. Get over it! Una guía para el alumnado”</a>: a pesar de estar disponible solamente en inglés, la asociación Stonewall (Reino Unido) nos propone un interesante recurso, ya que no está concebido como un recurso de formación para el profesorado, sino para ser empleado directamente por alumnos y alumnas de secundaria. Con un lenguaje muy claro, un diseño sencillo y adaptado, pero con mensajes muy contundentes, se trata de un buen recurso a la hora de abordar de detectar comportamientos homófobos normalizados en el aula.</p>
<p><a href="http://www.glen.ie/attachments/INTO_GLEN_Primary_Teachers_Resource.pdf">RESPECT &#8211; guidelines for primary teachers in addressing homophobic and transphobic bullying</a>: Aunque también está disponible solamente en lengua inglesa, se trata de una guía interesante para el profesorado de educación primaria que quiera abordar la prevención del <em>bullying</em> en el aula o atajar cualquier tipo de situación vejatoria. Ofrece toda una serie de situaciones específicas comunes que se pueden producir y propone pautas de comportamiento para la prevención o resolución de este tipo de situaciones.</p>
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		<title>Recogiendo el zapato de Rosa Luxemburgo</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/07/17/recogiendo-el-zapato-de-rosa-luxemburgo/</link>
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		<pubDate>Fri, 17 Jul 2015 11:33:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[El feminismo nació el día que una mujer dijo no a los sometimientos que la dominación masculina imponía. O quizás, lo que dijo fue sí, pero lo hizo con inteligencia, como Sherezade hilaba historias cada noche, para no dejar su destino al albur de un hombre, quien además disponía de su vida desde la superioridad que su inventada condición de rey le otorgaba. Sería difícil situar el inicio del feminismo, pero ahora que se entiende su legado y se toma conciencia de lo que ha costado cada paso, datar su origen, por ejemplo, en los movimientos sufragistas de principios del siglo XX sería dejar en silencio miles de batallas que las mujeres disidentes libraron frente al patriarcado en espacios públicos y privados. Fueron muchas las dificultades que impidieron que sus ecos y hazañas quedaran grabadas, lo que no pasó con las aniquilaciones de pueblos enteros por hombres que dan nombre a calles, plazas o ponen rostro a sellos. Quizás es complicado creer que las mujeres tienden menos a la violencia cuando están “al mando”, como imaginó Gioconda Belli en El país de las mujeres, teniendo ejemplos como Margaret Thatcher. Lo que sí está claro es que la falta de visibilidad de las heroínas transgresoras nos lleva a pensar en la huella que las relaciones de poder desigual deja en la historia y nos brinda la oportunidad de poner en valor la disidencia procedente de algunos textos literarios. Muchos de esos relatos fueron escritos por las propias mujeres hace mil años, como nos recuerda Eduardo Galeano en su texto recopilatorio Mujeres (2015). Dos japonesas: Murasaki Shikibu, quien recreó en Historia de Genji “aventuras masculinas y humillaciones femeninas”, y Sei Shônagon, quien dio nacimiento con su Libro de almohada al género zuihitsu, escribieron “como si fuera ahora”, nos relata Galeano con la maestría que gozan los grandes buscadores y contadores de historias. En este recopilatorio habla de mujeres “que conmueven por su determinación y su desobediencia constante”: aquellas que a inicios del siglo XIX creaban escuelas laicas y mixtas en Sudamérica; que en esos mismos años pintaban hombres desnudos; comuneras deportadas después de saborear por un instante el derecho a opinar; presas disidentes de distintas dictaduras; mujeres que promovían los métodos anticonceptivos cuando eran tabú… Todas ellas, la mayoría desde el anonimato, pusieron semillas que hicieron crecer la aspiración de igualdad que hoy está instalada entre nuestros valores y utopías. Cuenta historias que amplían nuestra mirada desde una perspectiva humana que redime todo aquello que fue aniquilado por el poder patriarcal. La dominación de la mujer y su resistencia dio lugar a relatos tan memorables como The Room Nineteen (Doris Lessing). La reducción a estereotipos (monja, puta o esclava) o su marginación por su condición de “bruja” o “loca” encontró en la literatura un espacio para el desafío. Christine de Pizan en el siglo XIV (L´Epitre au Dieu d`amours), Mary Wollstonecraf (Vindicación de los derechos de la mujer, 1792) y Olympe de Gouges (Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, 1791) en el XVIII dejaron por escrito sus pensamientos y demandas poniendo en peligro su integridad física, como ocurrió con de Gouges, quien fue guillotinada en 1793. En 1889 Elizabeth Corbett escribe New Amazony, una utopía feminista similar a la de su coetáneo Edward Bellamy. Una mujer despierta en el año 2472: el éxito del movimiento sufragista ha permitido la conformación de una sociedad utópica. También en el ámbito de las letras hindúes, a principios del siglo XX, Rokheya S. Hossein (Sultana´s Dream) escribe sobre utopía y feminismo. Las mujeres participan en las revoluciones y luego se les desplaza. La escritura aparece así como el testimonio de los esfuerzos y la opresión. Robespierre prefirió devolver a las mujeres a la vida privada y, de paso, segar algunas cabezas. A prisión domiciliaria -nos recuerda Eduardo Galeano en Mujeres&#8211; estaban de alguna manera condenadas las mil quinientas que invadieron el Parlamento egipcio en 1951 demandando el derecho al voto. Las “primaveras árabes” acabaron siendo más bien un largo invierno para muchas mujeres que participaron en las mismas, lo que ya ha tenido su reflejo en el ámbito de la ficción (La Voz ascendente. Género y creación tras las revoluciones árabes). Los riesgos de ser mujer, desafiar al poder y además dejarlo por escrito fueron variando, pero no tanto para que muchas creadoras se vieran forzadas a disfrazarse de “otro” e incluso tuvieran que aguantar como el mejor halago que “escribían como hombres”. Los críticos lo hicieron con Elena Soriano después de que la censura franquista le impidiera publicar La playa de los locos porque su protagonista mujer acaba suicidándose, algo que para la moral nacionalcatolicista y el machismo de la época era intolerable. A todas estas escritoras les hubiera gustado seguramente tener los principios de las Guerrilla Girls sobre las mujeres creadoras en su escritorio (The Advantages of Being a Woman Artist). La producción de ideas fundamentalistas sobre la mujer sigue siendo el corsé que impide la liberación de todas las formas de machismo. Si la literatura de hoy continúa reflejándolas es porque perviven; y si las pone en duda o descompone, es porque la permanencia de construcciones que van en contra de los propios valores que esgrimimos (piensen en los derechos humanos), ofrecen a las creadoras/es abismos donde explorar. La literatura “que transforma” tiene entre sus ingredientes más sugerentes la reformulación de los marcos castradores que reproducen estereotipos que han encadenado a las mujeres a lo largo de los siglos. Los relatos transformadores han cimentado un cambio que todavía es lento en unos casos y en otros da pasos para atrás. La dependencia o la falta de libertad siguen aprisionando a esas mujeres como en The Yellow Wallpaper (Charlotte Perkins) los barrotes que la protagonista imaginaba en el papel de la pared. La emancipación, como escribía Virginia Woolf en su A Room of One´s Own (1929) empezaba por tener dinero y una habitación propia, aunque sabemos que no son suficientes. Las cárceles de la mente a veces pesan como jaulas cerradas que solo un buen relato propio o ajeno, de esos que nos dejan sin respiración, es capaz de ayudar a abrir. El feminismo y su reflejo a través de la creación implica una posibilidad de transformación del mundo. Cuenta Eduardo Galeano que el día que asesinaron a la revolucionaria Rosa Luxemburgo en Berlín y la arrojaron a las aguas de un canal, ella perdió el zapato. “Rosa –escribe el uruguayo- quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia”. Y concluye apuntando que, esa bandera, como el zapato, es recogida cada día por alguna mano. Muchas de las batallas que tendrán que librarse se mueven en el campo de lo simbólico porque todavía no contamos con las historias y relatos suficientes que nos recuerden que la mitad de esas manos que se mueven para transformar el mundo son de mujeres.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El feminismo nació el día que una mujer dijo no a los sometimientos que la dominación masculina imponía. O quizás, lo que dijo fue sí, pero lo hizo con inteligencia, como Sherezade hilaba historias cada noche, para no dejar su destino al albur de un hombre, quien además disponía de su vida desde la superioridad que su inventada condición de rey le otorgaba.</p>
<p>Sería difícil situar el inicio del feminismo, pero ahora que se entiende su legado y se toma conciencia de lo que ha costado cada paso, datar su origen, por ejemplo, en los movimientos sufragistas de principios del siglo XX sería dejar en silencio miles de batallas que las mujeres disidentes libraron frente al patriarcado en espacios públicos y privados. Fueron muchas las dificultades que impidieron que sus ecos y hazañas quedaran grabadas, lo que no pasó con las aniquilaciones de pueblos enteros por hombres que dan nombre a calles, plazas o ponen rostro a sellos.</p>
<p>Quizás es complicado creer que las mujeres tienden menos a la violencia cuando están “al mando”, como imaginó Gioconda Belli en <em>El país de las mujeres</em>, teniendo ejemplos como Margaret Thatcher. Lo que sí está claro es que la falta de visibilidad de las heroínas transgresoras nos lleva a pensar en la huella que las relaciones de poder desigual deja en la historia y nos brinda la oportunidad de poner en valor la disidencia procedente de algunos textos literarios.</p>
<p>Muchos de esos relatos fueron escritos por las propias mujeres hace mil años, como nos recuerda Eduardo Galeano en su texto recopilatorio <em>Mujeres</em> (2015). Dos japonesas: Murasaki Shikibu, quien recreó en Historia de Genji “aventuras masculinas y humillaciones femeninas”, y Sei Shônagon, quien dio nacimiento con su <em>Libro de almohada</em> al género <em>zuihitsu</em>, escribieron “como si fuera ahora”, nos relata Galeano con la maestría que gozan los grandes buscadores y contadores de historias.</p>
<p>En este recopilatorio habla de mujeres “que conmueven por su determinación y su desobediencia constante”: aquellas que a inicios del siglo XIX creaban escuelas laicas y mixtas en Sudamérica; que en esos mismos años pintaban hombres desnudos; comuneras deportadas después de saborear por un instante el derecho a opinar; presas disidentes de distintas dictaduras; mujeres que promovían los métodos anticonceptivos cuando eran tabú… Todas ellas, la mayoría desde el anonimato, pusieron semillas que hicieron crecer la aspiración de igualdad que hoy está instalada entre nuestros valores y utopías. Cuenta historias que amplían nuestra mirada desde una perspectiva humana que redime todo aquello que fue aniquilado por el poder patriarcal.</p>
<p>La dominación de la mujer y su resistencia dio lugar a relatos tan memorables como <em>The Room Nineteen (Doris Lessing)</em>. La reducción a estereotipos (monja, puta o esclava) o su marginación por su condición de “bruja” o “loca” encontró en la literatura un espacio para el desafío.</p>
<p>Christine de Pizan en el siglo XIV (L´Epitre au Dieu d`amours), Mary Wollstonecraf (<em>Vindicación de los derechos de la mujer, </em>1792) y Olympe de Gouges (<em>Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana</em>, 1791) en el XVIII dejaron por escrito sus pensamientos y demandas poniendo en peligro su integridad física, como ocurrió con de Gouges, quien fue guillotinada en 1793.</p>
<p>En 1889 Elizabeth Corbett escribe <em>New Amazony</em>, una utopía feminista similar a la de su coetáneo Edward Bellamy. Una mujer despierta en el año 2472: el éxito del movimiento sufragista ha permitido la conformación de una sociedad utópica. También en el ámbito de las letras hindúes, a principios del siglo XX, Rokheya S. Hossein (<em>Sultana´s Dream</em>) escribe sobre utopía y feminismo.</p>
<p>Las mujeres participan en las revoluciones y luego se les desplaza. La escritura aparece así como el testimonio de los esfuerzos y la opresión. Robespierre prefirió devolver a las mujeres a la vida privada y, de paso, segar algunas cabezas. A prisión domiciliaria -nos recuerda Eduardo Galeano en <em>Mujeres</em>&#8211; estaban de alguna manera condenadas las mil quinientas que invadieron el Parlamento egipcio en 1951 demandando el derecho al voto. Las “primaveras árabes” acabaron siendo más bien un largo invierno para muchas mujeres que participaron en las mismas, lo que ya ha tenido su reflejo en el ámbito de la ficción <a href="http://www.academia.edu/9614671/La_voz_ascendente._G%C3%A9nero_y_creaci%C3%B3n_tras_las_revoluciones_%C3%A1rabes">(<em>La Voz ascendente. Género y creación tras las revoluciones árabes</em>)</a>.</p>
<p>Los riesgos de ser mujer, desafiar al poder y además dejarlo por escrito fueron variando, pero no tanto para que muchas creadoras se vieran forzadas a disfrazarse de “otro” e incluso tuvieran que aguantar como el mejor halago que “escribían como hombres”. Los críticos lo hicieron con Elena Soriano después de que la censura franquista le impidiera publicar <em>La playa de los locos</em> porque su protagonista mujer acaba suicidándose, algo que para la moral <em>nacionalcatolicista </em>y el machismo de la época era intolerable.</p>
<p>A todas estas escritoras les hubiera gustado seguramente tener los principios de las Guerrilla Girls sobre las mujeres creadoras en su escritorio (<a href="http://www.guerrillagirls.com/posters/advantages.shtml">The Advantages of Being a Woman Artist).</a></p>
<p>La producción de ideas fundamentalistas sobre la mujer sigue siendo el corsé que impide la liberación de todas las formas de machismo. Si la literatura de hoy continúa reflejándolas es porque perviven; y si las pone en duda o descompone, es porque la permanencia de construcciones que van en contra de los propios valores que esgrimimos (piensen en los derechos humanos), ofrecen a las creadoras/es abismos donde explorar.</p>
<p>La literatura “que transforma” tiene entre sus ingredientes más sugerentes la reformulación de los marcos castradores que reproducen estereotipos que han encadenado a las mujeres a lo largo de los siglos. Los relatos transformadores han cimentado un cambio que todavía es lento en unos casos y en otros da pasos para atrás.</p>
<p>La dependencia o la falta de libertad siguen aprisionando a esas mujeres como en <em>The Yellow Wallpaper</em> (Charlotte Perkins) los barrotes que la protagonista imaginaba en el papel de la pared. La emancipación, como escribía Virginia Woolf en su <em>A Room of One´s Own (1929)</em> empezaba por tener dinero y una habitación propia, aunque sabemos que no son suficientes. Las cárceles de la mente a veces pesan como jaulas cerradas que solo un buen relato propio o ajeno, de esos que nos dejan sin respiración, es capaz de ayudar a abrir. El feminismo y su reflejo a través de la creación implica una posibilidad de transformación del mundo.</p>
<p>Cuenta Eduardo Galeano que el día que asesinaron a la revolucionaria Rosa Luxemburgo en Berlín y la arrojaron a las aguas de un canal, ella perdió el zapato. “Rosa –escribe el uruguayo- quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia”. Y concluye apuntando que, esa bandera, como el zapato, es recogida cada día por alguna mano. Muchas de las batallas que tendrán que librarse se mueven en el campo de lo simbólico porque todavía no contamos con las historias y relatos suficientes que nos recuerden que la mitad de esas manos que se mueven para transformar el mundo son de mujeres.</p>
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		<title>Radiografía de los delitos de odio contra las personas LGTBI en España</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2015 09:58:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Aguado Dívar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos LGTBI]]></category>

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		<description><![CDATA[La noche del 10 de mayo, en Mieres (Asturias) un joven fue sorprendido y agredido por un grupo de jóvenes que le atacaron sin mediar provocación alguna. La agresión comenzó con insultos homófobos, pero después el grupo de perpetradores aumentó el nivel de violencia y le agredieron físicamente, tirándole al suelo y propinándole golpes. A la agresión física y verbal hay que añadir que la víctima fue objeto de robo de diversos efectos personales. Este tipo de agresión es conocida como “delito de odio” o “crimen de odio”, un tipo de delito que está adquiriendo cada vez mayor visibilidad en medios de comunicación, y redes sociales, y que cada vez es más visible para la sociedad en general. Pero ¿Qué es exactamente un “delito de odio”? Delitos de odio por homofobia o transfobia, una realidad vergonzosa para Europa Una definición comúnmente aceptada es la que nos ofrece la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que entiende por delito de odio “toda infracción penal, incluidas las cometidas contra las personas o la propiedad, dónde el bien jurídico protegido, se elige por su, real o percibida, conexión, simpatía, filiación, apoyo o pertenencia a un grupo. Un grupo se basa en una característica común de sus miembros, como su “raza”, real o percibida, el origen nacional o étnico, el lenguaje, el color, la religión, la edad, la discapacidad, la orientación sexual, u otro factor similar”. Dentro de todos los delitos de odio que se cometen en Europa, los motivados por homofobia o transfobia constituyen una parte muy importante. Sin embargo, la incidencia de delitos homófobicos o transfóbicos en relación al total de delitos de odio no se puede dimensionar de forma total o comparativa, ya que muchos países aún no han tipificado en sus códigos penales este tipo de delitos, o bien no registran de forma específica la incidencia de delitos de odio en sus estadísticas. No obstante, para hacernos una idea de las dimensiones del problema, sí contamos con la percepción de la sociedad europea en general, y de las personas LGTBI en particular: según un estudio realizado en 2012 por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (que contó con las respuestas de más de 93.000 participantes de los países miembros), una de cada cuatro personas LGTBI afirmaban haber sido agredidas o amenazadas con ser víctimas de violencia en los últimos 5 años. La incidencia es aún mayor al acotar las respuestas de las personas transexuales participantes: una de cada tres fue objeto de violencia, agresión sexual o amenazas de violencia en durante los cinco años precedentes. Las agresiones a las que se ven sometidas pueden llegar incluso al extremo: Transrespect ha documentado el asesinato de 90 personas transexuales en 13 países europeos desde que comenzaron a recoger datos sobre agresiones transfóbicas en 2008. Estos datos recogidos entre las personas que se autodefinen como LGTBI coincide con una percepción social generalizada de la discriminación que sufre este grupo a nivel europeo: según el Eurobarómetro 2012 sobre percepciones de la discriminación en la Unión Europea, el 46% de los ciudadanos europeos percibía que la discriminación por motivos de orientación o identidad sexual era un fenómeno muy extendido. Se trata, junto con los discapacitados, de uno de los principales grupos percibidos como más discriminados por la ciudadanía europea, sólo por detrás de las personas de diferente origen étnico (el 56% considera que la discriminación está muy extendida en este caso). Si nos centramos en los resultados del Eurobarómetro en España, vemos que las personas de diferente origen étnico siguen siendo las personas que sufren, según las personas encuestadas, una mayor discriminación (58%). La discriminación percibida en España hacia personas transexuales o con una identidad de género no coincidente con su sexo es superior a la media europea: un 53% considera que la discriminación está muy extendida hacia este colectivo en nuestro país. Sin embargo, la discriminación percibida hacia las personas homosexuales es menor a la media europea. Aún así, un 44% de los españoles considera que la discriminación por orientación sexual está muy extendida. En el centro de la diana del odio Más allá de las percepciones sociales, en España podemos hacer un análisis estadístico de la incidencia de delitos de odio, ya que contamos, desde hace dos años, con un informe anual específico sobre la incidencia de los crímenes de odio en nuestro país. Según el último informe sobre delitos de odio en España, en 2014 se produjeron en nuestro país un total de 1285 delitos de odio, incluyendo no sólo delitos contra la comunidad LGTBI, sino también delitos racistas, antisemitas, contra personas con discapacidad o personas en situación de indigencia. De entre todos los delitos de odio cometidos en nuestro país, los delitos contra personas LGTBI (o percibidas como tales) suponen un 39’9%, siendo el grupo que ha sufrido un mayor número de agresiones motivadas por odio de entre las que han sido reportadas: un total de 475 agresiones fueron reportadas durante el año 2014. Los delitos de odio motivados por orientación sexual o identidad de género, junto los que tuvieron motivos racistas o xenófobos constituyen más del 75% del total de delitos de odio registrados en 2014. Especialmente preocupante es la evolución ascendente de los delitos de odio en nuestro país: todos los grupos potencialmente destinatarios de delitos de odio han visto aumentar las agresiones desde 2013 a 2014. Es necesario tener en cuenta que el sistema que registra y contabiliza los delitos de odio está siendo mejorado y articulado, y que sólo contamos con los datos de dos años para establecer comparativas. De la misma manera, es cierto que muchos de las agresiones que corresponden a la categoría de delito de odio, o bien nunca se denuncian, o bien no son clasificadas como tales. En cualquier caso, el aumento de casi un 10% de delitos de odio cometidos en España, y entre ellos el incremento en un 13% de las agresiones motivadas por homofobia o transfobia, son datos contundentes y preocupantes que han de ser atajados por las administraciones públicas. La tipología de los delitos cometidos es también un factor inquietante, puesto que revela que las agresiones más graves son habitualmente las más frecuentes: de todos los delitos cometidos en 2014 en España, casi un 14% fueron terminaron en lesiones. Tras este tipo de agresiones, un 12’2% de los delitos fueron registrados como abusos sexuales. Si agregamos esta cifra con las agresiones sexuales (6%) y agresiones sexuales con penetración (5’8%), encontramos que una de cada cuatro agresiones registradas fue de carácter sexual. Llama la atención en el informe que casi un tercio de las agresiones (un 31% del total) no han sido clasificadas en ninguna tipología de agresión. El análisis de los delitos de odio desde el punto de vista del género es absolutamente abrumador: más de la mitad (54%) de todos los delitos de odio registrados en España han sido cometidos contra mujeres, y de entre todos los delitos que han victimizado a una mujer por razón de odio, el 58% se ha producido por su orientación sexual o su identidad de género. Son las mujeres las que han sufrido la mayoría de los delitos por homofobia o transfobia: un 72% de las agresiones tuvieron a una mujer como víctima. Con 401 delitos contabilizados, las cifras son apabullantes: casi 1 de cada 3 delitos de odio del total registrado en España ha sido cometido contra mujeres lesbianas, bisexuales o transexuales, o mujeres percibidas como tales. El análisis por franjas de edad es también inquietante: a pesar de que las personas entre 26 y 40 años son el grupo etáreo que concentra el mayor porcentaje de víctimas de delitos de odio en España, más de un 25% del total de delitos de odio en nuestro país tuvo como víctima a un niño, niña o adolescente. En cuanto al lugar de comisión de los delitos de odio, llama la atención que un 35% de los delitos registrados se produjeron en viviendas, de lo cual se puede inferir que, en muchos casos, el entorno de las víctimas potenciales de delitos de odio no es protector, sino todo lo contrario: en el contexto más cercano a las víctimas se producen un buen número de las agresiones motivadas por odio que han sido denunciadas. Aún así, muchas de las agresiones se produjeron en la vía pública y en espacios abiertos (34’5%) o en establecimientos destinados al ocio, la hostelería y otros (23%). Delitos invisibilizados De todos los delitos conocidos y registrados como delito de odio, tan sólo llegan a esclarecerse un 65’6%. En el caso de los delitos motivados por una orientación sexual o identidad de género no mayoritarias, encontramos un porcentaje de resolución por encima de la media: un 77’4%. Aún así, es llamativo el hecho de que casi uno de cada cuatro delitos homófobos o tránsfobos no ha sido esclarecido. Andalucía (297), Cataluña (214), Comunitat Valenciana (119) y Euskadi (117) son las tres comunidades en las que se ha producido un mayor número de delitos de odio. Andalucía es también la comunidad donde más delitos de odio por orientación sexual o identidad de género se han cometido: de los 297 delitos de odio registrados en Andalucía 188 fueron agresiones contra el colectivo LGTBQ, o contra personas percibidas como tales por sus agresores. Cataluña, Galicia e Islas Baleares son las siguientes comunidades con mayor incidencia de delitos motivados por homofobia o transfobia, con 43 delitos en los dos primeros casos y 41 en el caso de Baleares. Si analizamos la incidencia de este tipo de delitos por provincia, encontramos que Barcelona (142), Cádiz (132) y Madrid (102) son aquéllas en las que se han registrado un mayor número de delitos de odio. ¿Cuál es el perfil de quienes cometen estos delitos? El informe sobre delitos de odio no deja lugar a dudas: en los casos en los que se ha podido identificar a los responsables de estos crímenes, se ha podido constatar que la mayoría (93%) de ellos son hombres, entre 18 y 40 años (57%), y de nacionalidad española (79%). Identificar los delitos de odio, conocer cuál es su incidencia real y generar unos vínculos más fuertes entre los grupos sociales potencialmente vulnerables a estos ataques y los cuerpos de seguridad y administraciones públicas responsables de salvaguardar sus derechos son cuestiones clave en las que profundizar para dar una respuesta a los delitos de odio. A nivel europeo es necesario abordar, además, la tipificación y registro de delitos de odio en todos los países miembros. Esta cuestión es imprescindible para dimensionar a nivel transnacional la incidencia de estos delitos, establecer comparativas y diseñar estrategias de respuesta más allá de lo local o estatal.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La noche del 10 de mayo, en Mieres (Asturias) <a href="http://www.dosmanzanas.com/2015/05/agresion-homofoba-en-mieres-asturias.html">un joven fue sorprendido y agredido por un grupo de jóvenes que le atacaron sin mediar provocación alguna</a>. La agresión comenzó con insultos homófobos, pero después el grupo de perpetradores aumentó el nivel de violencia y le agredieron físicamente, tirándole al suelo y propinándole golpes. A la agresión física y verbal hay que añadir que la víctima fue objeto de robo de diversos efectos personales.</p>
<p>Este tipo de agresión es conocida como “delito de odio” o “crimen de odio”, un tipo de delito que está adquiriendo cada vez mayor visibilidad en medios de comunicación, y redes sociales, y que cada vez es más visible para la sociedad en general. Pero ¿Qué es exactamente un “delito de odio”?</p>
<h2>Delitos de odio por homofobia o transfobia, una realidad vergonzosa para Europa</h2>
<p>Una definición comúnmente aceptada es la que nos ofrece la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que entiende por delito de odio “<strong>toda infracción penal, incluidas las cometidas contra las personas o la propiedad, dónde el bien jurídico protegido, se elige por su, real o percibida, conexión, simpatía, filiación, apoyo o pertenencia a un grupo</strong>. Un grupo se basa en una característica común de sus miembros, como su “raza”, real o percibida, el origen nacional o étnico, el lenguaje, el color, la religión, la edad, la discapacidad, la orientación sexual, u otro factor similar”.</p>
<p>Dentro de todos los delitos de odio que se cometen en Europa, los motivados por homofobia o transfobia constituyen una parte muy importante. Sin embargo, la incidencia de delitos homófobicos o transfóbicos en relación al total de delitos de odio no se puede dimensionar de forma total o comparativa, ya que muchos países aún no han tipificado en sus códigos penales este tipo de delitos, o bien no registran de forma específica la incidencia de delitos de odio en sus estadísticas. No obstante, para hacernos una idea de las dimensiones del problema, sí contamos con la percepción de la sociedad europea en general, y de las personas LGTBI en particular: según un <a href="http://fra.europa.eu/sites/default/files/fra-eu-lgbt-survey-main-results_tk3113640enc_1.pdf">estudio</a> realizado en 2012 por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (que contó con las respuestas de más de 93.000 participantes de los países miembros<strong>), una de cada cuatro personas LGTBI afirmaban haber sido agredidas o amenazadas con ser víctimas de violencia en los últimos 5 años</strong>. La incidencia es aún mayor al acotar las respuestas de las personas transexuales participantes: <strong>una de cada tres fue objeto de violencia, agresión sexual o amenazas de violencia en durante los cinco años precedentes</strong>. Las agresiones a las que se ven sometidas pueden llegar incluso al extremo: <a href="http://www.transrespect-transphobia.org/es_ES/home.htm">Transrespect</a> ha documentado el asesinato de <strong>90 personas transexuales en 13 países europeos desde que comenzaron a recoger datos sobre agresiones transfóbicas en 2008</strong>.</p>
<p>Estos datos recogidos entre las personas que se autodefinen como LGTBI coincide con una percepción social generalizada de la discriminación que sufre este grupo a nivel europeo: según el <a href="http://ec.europa.eu/justice/newsroom/discrimination/news/121122_en.htm">Eurobarómetro 2012 sobre percepciones de la discriminación en la Unión Europea</a>, <strong>el 46% de los ciudadanos europeos percibía que la discriminación por motivos de orientación o identidad sexual era un fenómeno muy extendido</strong>. Se trata, junto con los discapacitados, de uno de los principales grupos percibidos como más discriminados por la ciudadanía europea, sólo por detrás de las personas de diferente origen étnico (el 56% considera que la discriminación está muy extendida en este caso).</p>
<p>Si nos centramos en los resultados del Eurobarómetro en España, vemos que las personas de diferente origen étnico siguen siendo las personas que sufren, según las personas encuestadas, una mayor discriminación (58%). <strong>La discriminación percibida en España hacia personas transexuales o con una identidad de género no coincidente con su sexo es superior a la media europea: un 53% considera que la discriminación está muy extendida hacia este colectivo en nuestro país</strong>. Sin embargo, la discriminación percibida hacia las personas homosexuales es menor a la media europea. Aún así, un <strong>44% de los españoles considera que la discriminación por orientación sexual está muy extendida</strong>.</p>
<h2>En el centro de la diana del odio</h2>
<p>Más allá de las percepciones sociales, en España podemos hacer un análisis estadístico de la incidencia de delitos de odio, ya que contamos, desde hace dos años, con un informe anual específico sobre la incidencia de los crímenes de odio en nuestro país. Según el último <a href="http://explotacion.mtin.gob.es/oberaxe/inicio_descargaFichero?bibliotecaDatoId=4064">informe sobre delitos de odio en España</a>, <strong>en 2014 se produjeron en nuestro país un total de 1285 delitos de odio</strong>, incluyendo no sólo delitos contra la comunidad LGTBI, sino también delitos racistas, antisemitas, contra personas con discapacidad o personas en situación de indigencia. <strong>De entre todos los delitos de odio cometidos en nuestro país, los delitos contra personas LGTBI (o percibidas como tales) suponen un 39’9%, siendo el grupo que ha sufrido un mayor número de agresiones motivadas por odio</strong> de entre las que han sido reportadas: <strong>un total de 475 agresiones fueron reportadas durante el año 2014</strong>. Los delitos de odio motivados por orientación sexual o identidad de género, junto los que tuvieron motivos racistas o xenófobos constituyen más del 75% del total de delitos de odio registrados en 2014.</p>
<p>Especialmente preocupante es la evolución ascendente de los delitos de odio en nuestro país: todos los grupos potencialmente destinatarios de delitos de odio han visto aumentar las agresiones desde 2013 a 2014. Es necesario tener en cuenta que el sistema que registra y contabiliza los delitos de odio está siendo mejorado y articulado, y que sólo contamos con los datos de dos años para establecer comparativas. De la misma manera, es cierto que muchos de las agresiones que corresponden a la categoría de delito de odio, o bien nunca se denuncian, o bien no son clasificadas como tales. En cualquier caso, el aumento de casi un 10% de delitos de odio cometidos en España, y entre ellos el <strong>incremento en un 13% de las agresiones motivadas por homofobia o transfobia</strong>, son datos contundentes y preocupantes que han de ser atajados por las administraciones públicas.</p>
<p>La tipología de los delitos cometidos es también un factor inquietante, puesto que revela que las agresiones más graves son habitualmente las más frecuentes: de todos los delitos cometidos en 2014 en España, <strong>casi un 14% fueron terminaron en lesiones</strong>. Tras este tipo de agresiones, <strong>un 12’2% de los delitos fueron registrados como abusos sexuales</strong>. Si agregamos esta cifra con las agresiones sexuales (6%) y agresiones sexuales con penetración (5’8%), encontramos que <strong>una de cada cuatro agresiones registradas fue de carácter sexual.</strong> Llama la atención en el informe que casi un tercio de las agresiones (un 31% del total) no han sido clasificadas en ninguna tipología de agresión.</p>
<p>El análisis de los delitos de odio desde el punto de vista del género es absolutamente abrumador: <strong>más de la mitad (54%) de todos los delitos de odio registrados en España han sido cometidos contra mujeres</strong>, y de entre todos los delitos que han victimizado a una mujer por razón de odio, el 58% se ha producido por su orientación sexual o su identidad de género<strong>. Son las mujeres las que han sufrido la mayoría de los delitos por homofobia o transfobia: un 72% de las agresiones tuvieron a una mujer como víctima</strong>. Con 401 delitos contabilizados, las cifras son apabullantes: <strong>casi 1 de cada 3 delitos de odio del total registrado en España ha sido cometido contra mujeres lesbianas, bisexuales o transexuales, </strong>o mujeres percibidas como tales.</p>
<p>El análisis por franjas de edad es también inquietante: a pesar de que las personas entre 26 y 40 años son el grupo etáreo que concentra el mayor porcentaje de víctimas de delitos de odio en España, <strong>más de un 25% del total de delitos de odio en nuestro país tuvo como víctima a un niño, niña o adolescente</strong>.</p>
<p>En cuanto al lugar de comisión de los delitos de odio, llama la atención que <strong>un 35% de los delitos registrados se produjeron en viviendas</strong>, de lo cual se puede inferir que, en muchos casos, el entorno de las víctimas potenciales de delitos de odio no es protector, sino todo lo contrario: en el contexto más cercano a las víctimas se producen un buen número de las agresiones motivadas por odio que han sido denunciadas. Aún así, <strong>muchas de las agresiones se produjeron en la vía pública y en espacios abiertos (34’5%) o en establecimientos destinados al ocio, la hostelería y otros (23%).</strong></p>
<h2>Delitos invisibilizados</h2>
<p><strong>De todos los delitos conocidos y registrados como delito de odio, tan sólo llegan a esclarecerse un 65’6%.</strong> En el caso de los delitos motivados por una orientación sexual o identidad de género no mayoritarias, encontramos un porcentaje de resolución por encima de la media: un 77’4%. Aún así, es llamativo el hecho de que casi uno de cada cuatro delitos homófobos o tránsfobos no ha sido esclarecido.</p>
<p><strong>Andalucía</strong> (297), <strong>Cataluña</strong> (214), <strong>Comunitat Valenciana</strong> (119) <strong>y Euskadi</strong> (117) <strong>son las tres comunidades en las que se ha producido un mayor número de delitos de odio</strong>. Andalucía es también la comunidad donde más delitos de odio por orientación sexual o identidad de género se han cometido: de los 297 delitos de odio registrados en Andalucía 188 fueron agresiones contra el colectivo LGTBQ, o contra personas percibidas como tales por sus agresores. Cataluña, Galicia e Islas Baleares son las siguientes comunidades con mayor incidencia de delitos motivados por homofobia o transfobia, con 43 delitos en los dos primeros casos y 41 en el caso de Baleares.</p>
<p><strong>Si analizamos la incidencia de este tipo de delitos por provincia, encontramos que Barcelona </strong>(142)<strong>, Cádiz </strong>(132)<strong> y Madrid </strong>(102)<strong> son aquéllas en las que se han registrado un mayor número de delitos de odio.</strong></p>
<p><strong>¿Cuál es el perfil de quienes cometen estos delitos?</strong> El informe sobre delitos de odio no deja lugar a dudas: en los casos en los que se ha podido identificar a los responsables de estos crímenes, se ha podido constatar que la mayoría (93%) de ellos son hombres, entre 18 y 40 años (57%), y de nacionalidad española (79%).</p>
<p>Identificar los delitos de odio, conocer cuál es su incidencia real y generar unos vínculos más fuertes entre los grupos sociales potencialmente vulnerables a estos ataques y los cuerpos de seguridad y administraciones públicas responsables de salvaguardar sus derechos son cuestiones clave en las que profundizar para dar una respuesta a los delitos de odio. A nivel europeo es necesario abordar, además, la tipificación y registro de delitos de odio en todos los países miembros. Esta cuestión es imprescindible para dimensionar a nivel transnacional la incidencia de estos delitos, establecer comparativas y diseñar estrategias de respuesta más allá de lo local o estatal.</p>
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		<title>Mundo polarizado</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2015 11:49:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando López del Prado]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
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		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>

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		<description><![CDATA[A día de hoy no existe ninguna región en el mundo que ostente el honor de estar libre de homofobia. No hay ningún país que, en algún momento de su historia, no haya desplegado algún tipo de violencia hacia aquellos y aquellas que se han atrevido a amar desafiando al orden socialmente establecido. La homofobia, entendida como el miedo irracional, aversión o discriminación dirigida hacia personas homosexuales, ha transcendido épocas y fronteras. A lo largo de los siglos, ha logrado sustraer todo resquicio de humanidad de quienes han mantenido relaciones sexuales o amorosas con personas de su mismo sexo, rebajando sus deseos más íntimos al nivel de lo antinatural o haciendo de ellos un crimen. El Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, reunido en Ginebra en junio de 2011, adoptó la histórica resolución 17/19 donde mostraba su creciente preocupación y rechazo ante los persistentes actos de violencia y discriminación dirigidos a mujeres y hombres a causa de su orientación sexual. Dicha resolución fue adoptada por 23 votos a favor, la mayoría de ellos provenientes de Europa, las Américas, Japón, Islas Mauricio y Tailandia. 19 países de África, Oriente Medio y Asia y la República de Moldavia y la Federación Rusa mostraron su oposición. Y China, Burkina Faso y Zambia decidieron abstenerse. Las situaciones que las personas homosexuales, o aquellas que son percibidas como tal, tienen que afrontar en sus interacciones con el Estado y a manos de instituciones privadas varían inmensamente de país a país. En algunas de estas naciones, parejas del mismo sexo legalmente reconocidas son igualmente aptas para la adopción que sus homólogas heterosexuales, mientras que en otras latitudes, es razón suficiente para ser objeto de una sanción económica, una temporada en la cárcel o pena de muerte. Según datos publicados por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales, ILGA de sus siglas en inglés, en su último informe de 2014, ‘Homofobia de Estado, un Estudio Mundial Jurídico sobre la Criminalización, Protección y Reconocimiento del Amor entre Personas del Mismo Sexo’, eran 113 los países que no consideran la práctica de actos homosexuales susceptible de ser perseguida legalmente. Algunos no la habían penalizado nunca y otros la fueron retirando progresivamente de sus respectivos ordenamientos jurídicos. Luxemburgo y Bélgica lo hicieron en el año 1795, la República Dominicana en 1822 y Japón sesenta años más tarde, en 1882. Desafortunadamente, al otro lado del espectro, nos encontramos que 78 naciones soberanas criminalizan el amor entre personas del mismo sexo. Lo que implica que hasta un 40% de la membresía de las Naciones Unidas deliberadamente no cumple con sus obligaciones adquiridas de manera voluntaria a través de la ratificación de tratados internacionales, en clara violación de los derechos humanos. Continentalmente los países que no persiguen la práctica de la homosexualidad son los que se detallan a continuación: África Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Congo, Chad, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Yibuti, Guinea Ecuatorial, Gabón, Guinea-Bissau, Madagascar, Malí, Níger, Ruanda, Sao Tome y Príncipe y Sudáfrica. Las Américas y el Caribe Argentina, Bahamas, Bolivia, Brasil, Canadá, Costa Rica, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela. Asia Bahréin, Camboya, China, Timor Oriental, gran parte de Indonesia, Israel, Japón, Jordania, Kazajstán, Kirguistán, Laos, Mongolia, Nepal, Corea del Norte, Filipinas, Corea del Sur, Taiwán, Tayikistán, Tailandia y Vietnam. Europa Albania, Andorra, Armenia, Austria, Azerbaiyán, Bielorrusia, Bélgica, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia Georgia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Irlanda, Italia, Letonia Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Malta, Moldavia, Mónaco, Montenegro, Holanda, Noruega, Polonia, Portugal, Rumanía, Rusia, San Marino, Serbia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Suiza, Turquía, Ucrania y el Reino Unido. Oceanía Australia, Islas Fiyi, Islas Marshall, Micronesia, Nueva Zelanda y Vanuatu. Por su parte, los países que criminalizan los actos homosexuales son: África Argelia, Angola, Botsuana, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Comoras, Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Kenia, Lesoto, Liberia, Libia, Malaui, Mauritania, Mauricio, Marruecos, Mozambique, Namibia, Nigeria, Senegal, Seychelles, Sierra Leona, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Suazilandia, Tanzania, Togo, Túnez, Uganda, Zambia y Zimbabue. Las Américas y el Caribe Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, St. Kitts y Nevis, St. Lucia, St. Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago. Asia Afganistán, Bangladesh, Bután, Brunei Darussalam, India, algunas partes de Indonesia (Sumatra del Sur y la provincia de Aceh), Irán, Kuwait, Líbano, Malaysia, Maldivas, Myanmar, Omán, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí, Singapur, Sri Lanka, Siria, Turkmenistán, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Yemen. Oceanía Kiribati, Nauru, Palao, Papúa Nueva Guinea, Samoa, Islas Salomón, Tonga y Tuvalu. En un buen número de estos países las leyes que criminalizan la homosexualidad dejan fuera de la persecución legal al amor practicado entre mujeres, en lo que es otra manifestación de cómo se refuerzan la homofobia y el patriarcado. Las mujeres lesbianas son objeto de múltiples modos de discriminación y la invisibilidad es una de ellas. No obstante, algunos países están empezando también a penalizar las relaciones sexuales entre mujeres, como es el caso de Botsuana y Malaui. Un infame grupo de cinco países castigan los actos homosexuales con la pena capital. Son Mauritania, Sudán, algunas regiones de Nigeria y Somalia, Irán, Arabia Saudí y Yemen, mientras que la situación en Iraq, Pakistán, Qatar y Brunei Darussalam permanece incierta. El primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama que ‘todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos’. Así, todos y cada uno de los derechos humanos han de aplicarse a todos y todas independientemente de rezar a un u otro Dios o a ninguno de ellos; de tener una u otra ideología política, siempre y cuando no incite a la violencia o al odio; de pertenecer a la raza mayoritaria o a la más pequeña minoría; amar a hombres, a mujeres o a ambos; nacer biológicamente hombre, pero ser una mujer o viceversa; ser viejo o joven, hombre o mujer, analfabeto o con méritos académicos, rico o desposeído, entre todas las combinaciones que la experiencia humana pueda acoger. La anterior Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la sudafricana Navi Pillay, declaró en la sesenta y tres sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que el principio de universalidad no admite excepción. Las lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales no pueden ser la excepción. &#160; El presente texto es un extracto de la tesina elaborada por el autor bajo el título ‘Bringing the human rights of lesbians, gays and bisexuals to the fore. Is the United Nations ready for a convention on the rights of sexual minorities?’, dentro del marco del Máster en Derechos Humanos en School of Oriental and African Studies, SOAS, de la Universidad de Londres.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A día de hoy no existe ninguna región en el mundo que ostente el honor de estar libre de homofobia. No hay ningún país que, en algún momento de su historia, no haya desplegado algún tipo de violencia hacia aquellos y aquellas que se han atrevido a amar desafiando al orden socialmente establecido. La homofobia, entendida como el miedo irracional, aversión o discriminación dirigida hacia personas homosexuales, ha transcendido épocas y fronteras. A lo largo de los siglos, ha logrado sustraer todo resquicio de humanidad de quienes han mantenido relaciones sexuales o amorosas con personas de su mismo sexo, rebajando sus deseos más íntimos al nivel de lo antinatural o haciendo de ellos un crimen. El Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, reunido en Ginebra en junio de 2011, adoptó la histórica resolución 17/19 donde mostraba su creciente preocupación y rechazo ante los persistentes actos de violencia y discriminación dirigidos a mujeres y hombres a causa de su orientación sexual. Dicha resolución fue adoptada por 23 votos a favor, la mayoría de ellos provenientes de Europa, las Américas, Japón, Islas Mauricio y Tailandia. 19 países de África, Oriente Medio y Asia y la República de Moldavia y la Federación Rusa mostraron su oposición. Y China, Burkina Faso y Zambia decidieron abstenerse.</p>
<p>Las situaciones que las personas homosexuales, o aquellas que son percibidas como tal, tienen que afrontar en sus interacciones con el Estado y a manos de instituciones privadas varían inmensamente de país a país. En algunas de estas naciones, parejas del mismo sexo legalmente reconocidas son igualmente aptas para la adopción que sus homólogas heterosexuales, mientras que en otras latitudes, es razón suficiente para ser objeto de una sanción económica, una temporada en la cárcel o pena de muerte.</p>
<p>Según datos publicados por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales, ILGA de sus siglas en inglés, en su último informe de 2014, ‘Homofobia de Estado, un Estudio Mundial Jurídico sobre la Criminalización, Protección y Reconocimiento del Amor entre Personas del Mismo Sexo’, eran 113 los países que no consideran la práctica de actos homosexuales susceptible de ser perseguida legalmente. Algunos no la habían penalizado nunca y otros la fueron retirando progresivamente de sus respectivos ordenamientos jurídicos. Luxemburgo y Bélgica lo hicieron en el año 1795, la República Dominicana en 1822 y Japón sesenta años más tarde, en 1882. Desafortunadamente, al otro lado del espectro, nos encontramos que 78 naciones soberanas criminalizan el amor entre personas del mismo sexo. Lo que implica que hasta un 40% de la membresía de las Naciones Unidas deliberadamente no cumple con sus obligaciones adquiridas de manera voluntaria a través de la ratificación de tratados internacionales, en clara violación de los derechos humanos.</p>
<p>Continentalmente los países que no persiguen la práctica de la homosexualidad son los que se detallan a continuación:</p>
<p><em>África </em></p>
<p>Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Congo, Chad, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Yibuti, Guinea Ecuatorial, Gabón, Guinea-Bissau, Madagascar, Malí, Níger, Ruanda, Sao Tome y Príncipe y Sudáfrica.</p>
<p><em>Las Américas y el Caribe</em></p>
<p>Argentina, Bahamas, Bolivia, Brasil, Canadá, Costa Rica, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela.</p>
<p><em>Asia</em></p>
<p>Bahréin, Camboya, China, Timor Oriental, gran parte de Indonesia, Israel, Japón, Jordania, Kazajstán, Kirguistán, Laos, Mongolia, Nepal, Corea del Norte, Filipinas, Corea del Sur, Taiwán, Tayikistán, Tailandia y Vietnam.</p>
<p><em>Europa</em></p>
<p>Albania, Andorra, Armenia, Austria, Azerbaiyán, Bielorrusia, Bélgica, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia Georgia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Irlanda, Italia, Letonia Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Malta, Moldavia, Mónaco, Montenegro, Holanda, Noruega, Polonia, Portugal, Rumanía, Rusia, San Marino, Serbia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Suiza, Turquía, Ucrania y el Reino Unido.</p>
<p><em>Oceanía</em></p>
<p>Australia, Islas Fiyi, Islas Marshall, Micronesia, Nueva Zelanda y Vanuatu.</p>
<p>Por su parte, los países que criminalizan los actos homosexuales son:</p>
<p><em>África</em></p>
<p>Argelia, Angola, Botsuana, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Comoras, Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Kenia, Lesoto, Liberia, Libia, Malaui, Mauritania, Mauricio, Marruecos, Mozambique, Namibia, Nigeria, Senegal, Seychelles, Sierra Leona, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Suazilandia, Tanzania, Togo, Túnez, Uganda, Zambia y Zimbabue.</p>
<p><em>Las Américas y el Caribe</em></p>
<p>Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, St. Kitts y Nevis, St. Lucia, St. Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago.</p>
<p><em>Asia</em></p>
<p>Afganistán, Bangladesh, Bután, Brunei Darussalam, India, algunas partes de Indonesia (Sumatra del Sur y la provincia de Aceh), Irán, Kuwait, Líbano, Malaysia, Maldivas, Myanmar, Omán, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí, Singapur, Sri Lanka, Siria, Turkmenistán, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Yemen.</p>
<p><em>Oceanía</em></p>
<p>Kiribati, Nauru, Palao, Papúa Nueva Guinea, Samoa, Islas Salomón, Tonga y Tuvalu.</p>
<p>En un buen número de estos países las leyes que criminalizan la homosexualidad dejan fuera de la persecución legal al amor practicado entre mujeres, en lo que es otra manifestación de cómo se refuerzan la homofobia y el patriarcado. Las mujeres lesbianas son objeto de múltiples modos de discriminación y la invisibilidad es una de ellas. No obstante, algunos países están empezando también a penalizar las relaciones sexuales entre mujeres, como es el caso de Botsuana y Malaui.</p>
<p>Un infame grupo de cinco países castigan los actos homosexuales con la pena capital. Son Mauritania, Sudán, algunas regiones de Nigeria y Somalia, Irán, Arabia Saudí y Yemen, mientras que la situación en Iraq, Pakistán, Qatar y Brunei Darussalam permanece incierta.</p>
<p>El primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama que ‘todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos’. Así, todos y cada uno de los derechos humanos han de aplicarse a todos y todas independientemente de rezar a un u otro Dios o a ninguno de ellos; de tener una u otra ideología política, siempre y cuando no incite a la violencia o al odio; de pertenecer a la raza mayoritaria o a la más pequeña minoría; amar a hombres, a mujeres o a ambos; nacer biológicamente hombre, pero ser una mujer o viceversa; ser viejo o joven, hombre o mujer, analfabeto o con méritos académicos, rico o desposeído, entre todas las combinaciones que la experiencia humana pueda acoger. La anterior Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la sudafricana Navi Pillay, declaró en la sesenta y tres sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que el principio de universalidad no admite excepción. Las lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales no pueden ser la excepción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>El presente texto es un extracto de la tesina elaborada por el autor bajo el título ‘Bringing the human rights of lesbians, gays and bisexuals to the fore. Is the United Nations ready for a convention on the rights of sexual minorities?’, dentro del marco del Máster en Derechos Humanos en School of Oriental and African Studies, SOAS, de la Universidad de Londres.</em></p>
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