
<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Ceniza de Ombú &#187; Alternativas</title>
	<atom:link href="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/blog/alternativas/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu</link>
	<description>Un blog de literatura que transforma</description>
	<lastBuildDate>Mon, 15 Mar 2021 17:47:38 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.2.38</generator>
	<item>
		<title>El rumor de las voces propias</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2016/08/23/el-rumor-de-las-voces-propias/</link>
		<comments>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2016/08/23/el-rumor-de-las-voces-propias/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Aug 2016 17:03:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/?p=122</guid>
		<description><![CDATA[        Juan Carlos Onetti escribió que un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre: “La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal…” (Dejemos hablar al viento). Las lecturas estivales y la creación vuelven a instalar interrogaciones que, lejos de resolverse, amenazan con otras dudas que retomo en este blog. Al final de El hombre que amaba a los perros, la excelente obra de Leonardo Padura que relata el asesinato de León Trotsky a manos de un Ramón Mercader sometido a los dictámenes del estalinismo, un narrador travieso recién desenmascarado introduce una cuestión clave: “¿Me preguntaron a mí, le preguntaron a Iván, si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y la utopía pervertida?”. Creer o no creer en la posibilidad de un proyecto colectivo, tras ese duro aprendizaje de un siglo XX lleno de experiencias que quebrantaron el respeto a la diferencia, sigue siendo un asunto fundamental que encuentra en la literatura un lenguaje apropiado para manifestarse. Si bien su propósito no sea resolver qué lado de la bifurcación nos conviene tomar, sino abrir muchas otras posibilidades –como nos recordaba Javier Cercás en El punto ciego-, la ficción puede encarnar a través de sus personajes, como probablemente ningún género, esa resistencia que pugna por dar visibilidad a una voz individual. Voz que de alguna manera contradice o se convierte en disidente con el metarrelato del poder que exige la fe ciega de sus seguidores. Intentar dilucidar si Padura escribió en esa novela sobre la creencia o el desencanto me pareció un gesto inútil. En parte porque no lograba atisbar que esa utopía pervertida tuviera como única salida el cinismo. Si algunos de los que la habían padecido y alimentado se habían convertido en cínicos, había otras formas de mirar a un presente que sobre las ruinas de variadas perversiones había edificado nuevos discursos totalizantes en los que nos estamos dejando ahogar. Si por unos minutos creí entender que los personajes de Padura y los de Ceniza de ombú (novela que acabo de terminar)* estaban a años luz –aquellos porque el dogma de un mundo mejor les había hecho peores personas y estos porque encontraban precisamente en esa búsqueda una forma de redención- necesité algunas horas más, incluidas las del sueño, para reparar en que la brecha no era tan grande. Una se paraba a narrar desde algún lugar y, si Padura no podía desprenderse de la experiencia de haber vivido la revolución cubana y sus involuciones, los personajes de mi novela tampoco podían dejar de lado mi experiencia y andanzas por coordenadas temporales y geográficas cuya coincidencia con las suyas o con cualquier otras era imposible. La preocupación por el medio ambiente (cómo no entender a estas alturas el alcance de esa dependencia), el hecho de ser mujer y aborrecer muchas de las consecuencias del patriarcado, la creencia de que los seres humanos tenemos los mismos derechos independientemente del lugar de donde procedamos y el desprecio por esa fe ciega a la que hacía referencia Onetti, la misma que llevó a Mercader a asesinar a Trotsky y que todavía hoy consiente atropellos en nombre de algún dios, partido, empresa transnacional o salvaguarda de los privilegios de unos pocos, sin duda condicionaron la construcción de mis personajes, también en sus contradicciones. Encarnan la resistencia al gran discurso totalizante y lleno de dogmas de este capitalismo salvaje y depredador que nos deja a la intemperie y llega a provocar, por ejemplo, que comunidades y personas vean contaminados sus ríos y, con ello, su sustento y forma de vida para que otros acumulen lingotes de oro en los sótanos de un banco suizo. ¿O es que tiene mucho sentido que el argumento para no acoger a los refugiados sea que lo que necesita la economía para ser productiva es mano de obra especializada? Y no es una broma, lo escuché en estos días en un informativo español a un miembro de la patronal alemana. Hay demasiadas imágenes que rompen los ojos y que ponen rostro en cualquier rincón del mundo a este relato omnipresente que erosiona la posibilidad del proyecto colectivo en aras de la acumulación ridícula del capital en cada vez menos manos. Se instaura como forma de vida que limita la propia permanencia del ser humano y otros seres no humanos en el planeta, y va dejando llagas en los espacios más íntimos de nuestra naturaleza. ¿Cómo no responder con personajes que surgen espontáneos de la mente de la creadora o el creador? Sus nombres, reconocibles o anónimos, llenan las páginas de obras de ficción, pero también tienen sus contraparte en una realidad llena de claroscuros. Es la propia contradicción humana y el peso de las condicionamientos culturales y sociales la que, aunque nos impide ser heroínas y héroes, también nos conduce a realizar los gestos que pueden romper con las inercias más perversas. Como les pasa a las “trágicas criaturas cuyos destinos están dirigidos por fuerzas superiores que los desbordan y manipulan hasta hacerlos mierda” de la novela de Padura. Es cierto que la mayoría de las veces formamos parte del inmovilismo, pero esos personajes también saben prender en nosotras la semilla para hacer frente, un poco más cada día, a un modelo de desarrollo inhumano que deja muchos excluidos en la cuneta. Porque la fé cega, como escribieron Milton Nascimiento y Ronaldo Bastos, es faca amolada. *Todavía sin fecha de publicación, pero espero poder anunciarla pronto en este blog. &#160; &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">        Juan Carlos Onetti escribió que <strong>un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre:</strong> “La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal…” (<em>Dejemos hablar al viento</em>). Las lecturas estivales y la creación vuelven a instalar interrogaciones que, lejos de resolverse, amenazan con otras dudas que retomo en este blog.</p>
<p style="text-align: justify">Al final de <em>El hombre que amaba a los perros</em>, la excelente obra de Leonardo Padura que relata el asesinato de León Trotsky a manos de un Ramón Mercader sometido a los dictámenes del estalinismo, un narrador travieso recién desenmascarado introduce una cuestión clave: “¿Me preguntaron a mí, le preguntaron a Iván, si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y la utopía pervertida?”.</p>
<p style="text-align: justify">Creer o no creer en la posibilidad de un proyecto colectivo, tras ese duro aprendizaje de un siglo XX lleno de experiencias que quebrantaron el respeto a la diferencia, sigue siendo un asunto fundamental que encuentra en la literatura un lenguaje apropiado para manifestarse. Si bien su propósito no sea resolver qué lado de la bifurcación nos conviene tomar, sino abrir muchas otras posibilidades –como nos recordaba Javier Cercás en <em>El punto ciego-</em>, <strong>la ficción puede encarnar a través de sus personajes, como probablemente ningún género, esa resistencia que pugna por dar visibilidad a una voz individual.</strong> Voz que de alguna manera contradice o se convierte en disidente con el metarrelato del poder que exige la fe ciega de sus seguidores.</p>
<p style="text-align: justify">Intentar dilucidar si Padura escribió en esa novela sobre la creencia o el desencanto me pareció un gesto inútil. En parte porque no lograba atisbar que esa utopía pervertida tuviera como única salida el cinismo. Si algunos de los que la habían padecido y alimentado se habían convertido en cínicos, <strong>había otras formas de mirar a un presente que sobre las ruinas de variadas perversiones había edificado nuevos discursos totalizantes en los que nos estamos dejando ahogar.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Si por unos minutos creí entender que los personajes de Padura y los de <em>Ceniza de ombú</em> (novela que acabo de terminar)* estaban a años luz –aquellos porque el dogma de un mundo mejor les había hecho peores personas y estos porque encontraban precisamente en esa búsqueda una forma de redención- necesité algunas horas más, incluidas las del sueño, para reparar en que la brecha no era tan grande. <strong>Una se paraba a narrar desde algún lugar</strong> y, si Padura no podía desprenderse de la experiencia de haber vivido la revolución cubana y sus involuciones, los personajes de mi novela tampoco podían dejar de lado mi experiencia y andanzas por coordenadas temporales y geográficas cuya coincidencia con las suyas o con cualquier otras era imposible.</p>
<p style="text-align: justify">La preocupación por el medio ambiente (cómo no entender a estas alturas el alcance de esa dependencia), el hecho de ser mujer y aborrecer muchas de las consecuencias del patriarcado, la creencia de que los seres humanos tenemos los mismos derechos independientemente del lugar de donde procedamos y el desprecio por esa fe ciega a la que hacía referencia Onetti, la misma que llevó a Mercader a asesinar a Trotsky y que todavía hoy consiente atropellos en nombre de algún dios, partido, empresa transnacional o salvaguarda de los privilegios de unos pocos, sin duda condicionaron la construcción de mis personajes, también en sus contradicciones.</p>
<p style="text-align: justify">Encarnan la resistencia al gran discurso totalizante y lleno de dogmas de este capitalismo salvaje y depredador que nos deja a la intemperie y llega a provocar, por ejemplo, que comunidades y personas vean contaminados sus ríos y, con ello, su sustento y forma de vida para que otros acumulen lingotes de oro en los sótanos de un banco suizo. <strong>¿O es que tiene mucho sentido que el argumento para no acoger a los refugiados sea que lo que necesita la economía para ser productiva es mano de obra especializada?</strong> Y no es una broma, lo escuché en estos días en un informativo español a un miembro de la patronal alemana.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Hay demasiadas imágenes que rompen los ojos y que ponen rostro en cualquier rincón del mundo a este relato omnipresente que erosiona la posibilidad del proyecto colectivo</strong> en aras de la acumulación ridícula del capital en cada vez menos manos<strong>.</strong> Se instaura como forma de vida que limita la propia permanencia del ser humano y otros seres no humanos en el planeta, y va dejando llagas en los espacios más íntimos de nuestra naturaleza. ¿Cómo no responder con personajes que surgen espontáneos de la mente de la creadora o el creador?</p>
<p style="text-align: justify">Sus nombres, reconocibles o anónimos, llenan las páginas de obras de ficción, pero también tienen sus contraparte en una realidad llena de claroscuros. <strong>Es la propia contradicción humana y el peso de las condicionamientos culturales y sociales la que, aunque nos impide ser heroínas y héroes, también nos conduce a realizar los gestos que pueden romper con las inercias más perversas. </strong>Como les pasa a las “trágicas criaturas cuyos destinos están dirigidos por fuerzas superiores que los desbordan y manipulan hasta hacerlos mierda” de la novela de Padura.</p>
<p style="text-align: justify">Es cierto que la mayoría de las veces formamos parte del inmovilismo, pero esos personajes también saben prender en nosotras la semilla para hacer frente, un poco más cada día, a un modelo de desarrollo inhumano que deja muchos excluidos en la cuneta. Porque la <em>fé cega</em>, como escribieron Milton Nascimiento y Ronaldo Bastos, es <em>faca amolada</em>.</p>
<p style="text-align: right">*Todavía sin fecha de publicación, pero espero poder anunciarla pronto en este blog.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2016/08/23/el-rumor-de-las-voces-propias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La realidad y sus desaciertos</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/25/la-realidad-y-sus-desaciertos/</link>
		<comments>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/25/la-realidad-y-sus-desaciertos/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 25 Oct 2015 22:48:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/?p=75</guid>
		<description><![CDATA[Te imagino existiendo en la eterna frustración de tantos desaciertos… Myriam Diocaretz &#160; Intentar ligar la literatura con las inquietudes que nos acechan, con tantos desaciertos de la realidad, NO significa meter la literatura, que por definición es inasible, en una caja de zapatos. De la literatura, como ejercicio que tiene en la libertad su principal valor, seguramente emanan las mejores representaciones del poder humano y sus miserias (recientemente encontré un buen ejemplo en Bandidos, del chileno Rafael Ruiz Moscatelli). Disiento, por lo tanto, con aquellos que temen o etiquetan de panfleto a la literatura que refleja porciones de la realidad o reinventa pedazos de mundo. No es que la literatura se convierta en una herramienta de cambio, sino que transformar es una de los valores más altos a los que la literatura puede aspirar, y muchas obras, con intención o sin ella, consiguen, al exponer la evidencia, provocar mutaciones en la mente de hombres y mujeres, que es donde de verdad empieza cualquier revolución que se precie. Pese a ello, el desencanto y el mal uso que en muchas ocasiones se ha hecho entre arte y compromiso suscita dudas y suspicacias. La literatura, en eso coincido con quienes dudan, no se puede acorralar ni meter en cajas clasificadoras. Pero que exista libertad o no en la creación no depende del tema que la convoca, ni siquiera de la intención de la obra, sino de donde surge el impulso: si es desde el discurso político, desde el encargo publicitario o propagandístico o si procede de una intención comunicativa que nace de lo literario. En este caso, la literatura es la que elige y está en su derecho de que el resultado de esa gran batalla que se libra en la mente de la narradora o narrador, en su pensamiento, en su trabajo artesanal, en el desafío a sí misma/o en la puesta en duda de sus propios prejuicios, sea una obra que denuncie la explotación de los recursos naturales, la acción del hombre en la ruptura de los equilibrios naturales (como por ejemplo refleja la película china Wolf Totem, de Jean-Jaques Annaud, basada en la novela homónima de Jiang Rong) o la violencia que la reproducción de los estereotipos machistas impone a sus víctimas. El relato literario es un lugar para disolver los dogmas, para dialogar con esas otras y otros que llevamos dentro de nosotros mismos. Un espacio donde la imaginación tiene un valor incalculable, aunque se parezca tanto a la realidad y sus desaciertos. En sus afluentes y contrapuntos, en la variedad de voces y personajes encontramos también un ámbito donde ejercer la libertad, lo que no es incompatible con que una creadora/or quiera tomar partido, porque de una u otra forma siempre se toma. La libertad es el valor que convocan escritoras y escritores de todo el mundo cuando se les pregunta qué es para ellos la literatura, pero se corre el riesgo de que, por repetida, la cantinela pierda el verdadero sentir que la inspiró y su sabor se condense, se reduzca a una inercia. Muchos reniegan de ella cuando lo que está en juego son mayores beneficios económicos y más ventas. Los temas más anodinos, sobre realidades identificables por cualquiera, o los más extraordinarios, como el sado-porno y los vampiros, también pueden ser productos para meter en cajas de zapatos y ataúdes (bueno, los segundos literalmente). La narración queda encorsetada en un modelo, aparentemente redondo, que no nos dice nada del ser humano: ni una intuición vaga de su complejidad ni un susurro de su paso por el tiempo, de su huella. El lenguaje literario se traviste para otro fin, aunque el injerto antinatural es demasiado obvio para que la obra resulte en algo perdurable. La lectura literaria tiene que ser un desafío, no una droga para evadirse. La preocupación por lo estático, por el discurso único, nos estrangula como seres inteligentes que tratamos de ser. Seríamos poco más que autómatas o marionetas si el lenguaje solo fuera utilizado para las guías telefónicas, los contratos laborales cada vez más precarios, las series televisivas dirigidas desde los gabinetes de relaciones públicas de casas reales para mayor gloria del reino o la casposa mediocridad de los discursos políticos que tratan de convencernos, a fuerza de repetir, de que el gobierno debe de conformarlo el partido más votado (¡por dios, que les den una clase sobre gobernabilidad democrática!). La realidad exige ámbitos para entenderla desde distintos ángulos y la literatura se convierte por ello en uno de los pocos espacios posibles para ejercer la libertad cuando la maquinaria del dogma pisotea otros mundos en marcha. Sin duda, las intrigas de palacio y los tejemanejes del poder, los grupos de presión que llaman a las puertas de un sistema político cada vez más debilitado, son un buen motivo para la ficción. Necesitamos el relato literario para comprender cómo se engarzan tantas cuestiones coyunturales con la historia de la humanidad, el relato del pasado con nuestro presente, el relato de la comunidad con el personal. A veces, el entendimiento surge de un matiz, de las pequeñas resistencias cotidianas que, definitivamente, redimen esa otra parte de la naturaleza humana que nos condena. Se escriben novelas policiales que son capaces de incorporar en su ruido de fondo aquello que deja a su paso el paradigma económico-financiero dominante (Liquidación final, Petros Márkaris) o novelas de intriga que relatan el intento de traficar con derechos humanos básicos como el de la salud y la defensa de la sanidad pública (El comité de la noche, de Belén Gopegui). ¿Son esas voces que tratan de frenar los horrores más atroces y que el arte recoge, las que muchos sienten como incómodas? Hay relatos tan humanos y bellos que no necesitan que se adjetiven. Hay literatura que es eso: literatura; pero que además insufla, desde su complejidad, la fuerza para no callar, para sentir que no estamos solas ante tantos abusos, para seguir trabajando y no dejar que el horror y sus desaciertos acaben ocupando todos los ámbitos de la realidad. &#160; **La referencia a los desaciertos está inspirada en el poema de Myriam Diocaretz, del libro La inquietud de la gaviota (Madrid: Torremozas, 2014, p.36) donde ni dios se salva de ser increpado: &#160; Estimado Dios, II Con todo mi respeto si estás en todas partes como dicen, te imagino existiendo en la eterna frustración de tantos desaciertos ven a los territorios de los fantasmas de todas estas guerras (adjunto por separado la lista de pueblos y naciones por ser muy extensa) acepta que aquí faltan el agua, el pan de cada día, la conmiseración, y que allá tienes hambre perpetua observa la violencia y la soberbia al acecho, el cálculo químico hacia el blando de la ira sé honesto y escribe en las crónicas de esta tierra: la vida aquí es incierta acepta que tu cuerpo entero está enfermo cada segundo, día, noche aumenta la evidencia de tu ser imperfecto. ¿Cómo puedes vivir sabiendo todo esto? *(Reproducido con la autorización de la autora. El poema forma parte de un tríptico).]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>Te imagino existiendo en la eterna frustración de tantos desaciertos…</em></p>
<p style="text-align: right">Myriam Diocaretz</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Intentar ligar la literatura con las inquietudes que nos acechan, con tantos desaciertos de la realidad, <strong>NO</strong> significa meter la literatura, que por definición es inasible, en una caja de zapatos.</p>
<p><strong>De la literatura, como ejercicio que tiene en la libertad su principal valor, seguramente emanan las mejores representaciones del poder humano y sus miserias</strong> (recientemente encontré un buen ejemplo en <a href="http://www.ceiboproducciones.cl/?product=bandidos" target="_blank"><em>Bandidos</em>, del chileno Rafael Ruiz Moscatelli</a>). Disiento, por lo tanto, con aquellos que temen o etiquetan de panfleto a la literatura que refleja porciones de la realidad o reinventa pedazos de mundo.</p>
<p>No es que la literatura se convierta en una herramienta de cambio, sino que t<strong>ransformar es una de los valores más altos a los que la literatura puede aspirar</strong>, y muchas obras, con intención o sin ella, consiguen, al exponer la evidencia, provocar mutaciones en la mente de hombres y mujeres, que es donde de verdad empieza cualquier revolución que se precie.</p>
<p>Pese a ello, el desencanto y el mal uso que en muchas ocasiones se ha hecho entre arte y compromiso suscita dudas y suspicacias. <strong>La literatura, en eso coincido con quienes dudan, no se puede acorralar ni meter en cajas clasificadoras.</strong> Pero que exista libertad o no en la creación no depende del tema que la convoca, ni siquiera de la intención de la obra, sino de donde surge el impulso: si es desde el discurso político, desde el encargo publicitario o propagandístico o si procede de una intención comunicativa que nace de lo literario.</p>
<p>En este caso, <strong>la literatura es la que elige</strong> y está en su derecho de que el resultado de esa gran batalla que se libra en la mente de la narradora o narrador, en su pensamiento, en su trabajo artesanal, en el desafío a sí misma/o en la puesta en duda de sus propios prejuicios, sea una obra que denuncie la explotación de los recursos naturales, la acción del hombre en la ruptura de los equilibrios naturales (como por ejemplo refleja la película china <em>Wolf Totem</em>, de Jean-Jaques Annaud, basada en la novela homónima de Jiang Rong) o la violencia que la reproducción de los estereotipos machistas impone a sus víctimas.</p>
<p>El relato literario es un lugar para disolver los dogmas, para dialogar con esas otras y otros que llevamos dentro de nosotros mismos. <strong>Un espacio donde la imaginación tiene un valor incalculable, aunque se parezca tanto a la realidad y sus desaciertos.</strong> En sus afluentes y contrapuntos, en la variedad de voces y personajes encontramos también un ámbito donde ejercer la libertad, lo que no es incompatible con que una creadora/or quiera tomar partido, porque de una u otra forma siempre se toma.</p>
<p>La libertad es el valor que convocan escritoras y escritores de todo el mundo cuando se les pregunta qué es para ellos la literatura, <strong>pero se corre el riesgo de que, por repetida, la cantinela pierda el verdadero sentir que la inspiró y su sabor se condense, se reduzca a una inercia.</strong> Muchos reniegan de ella cuando lo que está en juego son mayores beneficios económicos y más ventas.</p>
<p>Los temas más anodinos, sobre realidades identificables por cualquiera, o los más extraordinarios, como el sado-porno y los vampiros, también pueden ser productos para meter en cajas de zapatos y ataúdes (bueno, los segundos literalmente). <strong>La narración queda encorsetada en un modelo, aparentemente redondo, que no nos dice nada del ser humano:</strong> ni una intuición vaga de su complejidad ni un susurro de su paso por el tiempo, de su huella. El lenguaje literario se traviste para otro fin, aunque el injerto antinatural es demasiado obvio para que la obra resulte en algo perdurable.</p>
<p><strong>La lectura literaria tiene que ser un desafío, no una droga para evadirse.</strong> La preocupación por lo estático, por el discurso único, nos estrangula como seres inteligentes que tratamos de ser. Seríamos poco más que autómatas o marionetas si el lenguaje solo fuera utilizado para las guías telefónicas, los contratos laborales cada vez más precarios, las series televisivas dirigidas desde los gabinetes de relaciones públicas de casas reales para mayor gloria del reino o la casposa mediocridad de los discursos políticos que tratan de convencernos, a fuerza de repetir, de que el gobierno debe de conformarlo el partido más votado (¡por dios, que les den una clase sobre gobernabilidad democrática!).</p>
<p>La realidad exige ámbitos para entenderla desde distintos ángulos y la literatura se convierte por ello en u<strong>no de los pocos espacios posibles para ejercer la libertad cuando la maquinaria del dogma pisotea otros mundos en marcha.</strong> Sin duda, las intrigas de palacio y los tejemanejes del poder, los grupos de presión que llaman a las puertas de un sistema político cada vez más debilitado, son un buen motivo para la ficción.</p>
<p>Necesitamos el relato literario para comprender cómo se engarzan tantas cuestiones coyunturales con la historia de la humanidad, el relato del pasado con nuestro presente, el relato de la comunidad con el personal. <strong>A veces, el entendimiento surge de un matiz, de las pequeñas resistencias cotidianas</strong> que, definitivamente, redimen esa otra parte de la naturaleza humana que nos condena.</p>
<p>Se escriben novelas policiales que son capaces de incorporar en su ruido de fondo aquello que deja a su paso el paradigma económico-financiero dominante (<em><a href="http://www.elplacerdelalectura.com/blog/resena/liquidacion-final-de-petros-markaris" target="_blank">Liquidación final</a></em>, Petros Márkaris) o novelas de intriga que relatan el intento de traficar con derechos humanos básicos como el de la salud y la defensa de la sanidad pública (<a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com.uy/2014/12/el-comite-de-la-noche-belen-gopegui.html" target="_blank">El c<em>omité de la noche</em></a>, de Belén Gopegui).</p>
<p>¿Son esas voces que tratan de frenar los horrores más atroces y que el arte recoge, las que muchos sienten como incómodas? Hay relatos tan humanos y bellos que no necesitan que se adjetiven. <strong>Hay literatura que es eso: literatura; pero que además insufla, desde su complejidad, la fuerza para no callar, para sentir que no estamos solas ante tantos abusos,</strong> para seguir trabajando y no dejar que el horror y sus desaciertos acaben ocupando todos los ámbitos de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>**La referencia a los desaciertos está inspirada en el poema de Myriam Diocaretz, del libro <a href="http://www.torremozas.com/la-inquietud-de-la-gaviota" target="_blank"><em>La inquietud de la gaviota</em> (Madrid: Torremozas, 2014, p.36)</a> donde ni dios se salva de ser increpado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><span style="text-decoration: underline">Estimado Dios, II</span></p>
<p style="text-align: center">Con todo mi respeto<br />
si estás en todas partes como dicen,<br />
te imagino existiendo en la eterna frustración<br />
de tantos desaciertos<br />
ven a los territorios de los fantasmas<br />
de todas estas guerras<br />
(adjunto por separado la lista de pueblos y naciones<br />
por ser muy extensa)<br />
acepta que aquí faltan el agua, el pan de cada día,<br />
la conmiseración, y que allá tienes hambre perpetua</p>
<h1 style="text-align: center"></h1>
<p style="text-align: center">observa la violencia y la soberbia al acecho,<br />
el cálculo químico hacia el blando de la ira</p>
<h1 style="text-align: center"></h1>
<p style="text-align: center">sé honesto y escribe en las crónicas de esta tierra:<br />
la vida aquí es incierta<br />
acepta que tu cuerpo entero está enfermo<br />
cada segundo, día, noche aumenta la evidencia<br />
de tu ser imperfecto.</p>
<h1 style="text-align: center"></h1>
<p style="text-align: center">¿Cómo puedes vivir sabiendo todo esto?</p>
<h1 style="text-align: left"></h1>
<p style="text-align: left">*(Reproducido con la autorización de la autora. El poema forma parte de un tríptico).</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/25/la-realidad-y-sus-desaciertos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>8</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Narrativas y límites planetarios</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/07/narrativas-y-limites-planetarios/</link>
		<comments>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/07/narrativas-y-limites-planetarios/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Oct 2015 15:17:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Autor invitado: Ignacio Santos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Ecologías]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/?p=71</guid>
		<description><![CDATA[La literatura siempre ha revelado una cierta relación entre los seres humanos y la naturaleza y, en algunos casos, ha transmitido una visión sobre ella (acuden a la cabeza inmediatamente los Románticos). Existe, de hecho, una “literatura de la naturaleza”. Y existe una disciplina, no tan joven, la Ecocrítica, que aplica su capacidad de análisis sobre esa relación entre la literatura y el medio ambiente. Entre las lecturas recientes, me viene a la mente la fuerte presencia de la naturaleza en la “muchovendida” (tomo prestada la palabra a Ramón Buenaventura) Trilogía de Baztán, escrita por Dolores Redondo. El río Bidasoa, los bosques y montes del Valle de Baztán, donde se asoman, recogidos de las mitologías vasco-navarras, seres como el basajaun, el guardián del bosque (así se titula el primer volumen de la trilogía), y la mari, personificación de la madre tierra, reina de la naturaleza. Y en el terreno de “los clásicos”, puedo mencionar a Miguel Delibes y su Señor Cayo, con quien me reencontraba este verano: un ejemplo cercano de lentitud y de buen vivir, con todo mi respeto por el sumak kawsay andino. Pero, más allá de telones de fondo ambientales, me interesa hablar de una narrativa más comprometida con los tiempos, que específicamente refleje los problemas y la crisis ambientales. Y puede decirse que se encuentran cada vez más referencias. En el mundo angloparlante existe cierta tradición; allí J.G. Ballard, por ejemplo, firma algunos de sus novelas más conocidas, como La sequía, en los años sesenta. Recientemente, se ha puesto nombre a un nuevo subgénero dentro de la ficción, la “ficción climática” (CliFi en inglés) y se imparten asignaturas y cursos especializados en algunas universidades. Una muestra de todas estas obras que abordan la crisis ambiental es precisamente la que se pretende mostrar mediante una iniciativa que puse en marcha a comienzos de este año: el Ecoclub de lectura (al final se muestra también el enlace con el perfil en Facebook) La idea es, sencillamente, poder compartir algunas lecturas que he ido haciendo en los últimos años y otras que iré acometiendo en los próximos (espero contar con sugerencias de seguidores y amigos de la iniciativa). El objetivo es compartir virtualmente lecturas, pero también conversar sobre ellas cara a cara, al menos con quienes viven en Madrid y se van animando a participar en alguna de las sesiones presenciales organizadas. El Ecoclub de lectura comenzó con la lectura de un autor inglés, Ian McEwan, y siguió con un norteamericano, Roberto Bacigalupi, y un alemán, Frank Schatzing. Pero aunque la traducción de “Ecofiction” no está en el diccionario de la RAE, además de autores que escriben en inglés, los hay que escriben en español. Ya ha pasado por el Ecoclub Rafael Chirbes, con su excelente Crematorio, que disecciona la urbanización salvaje de nuestro litoral, y este otoño compartiremos mesa, en sentido literal, con José Ardillo, que en El salario del gigante nos ofrece un escenario plausible para la España (y el mundo) de finales de este siglo XXI, y con Concha López Llamas que, en Beatriz y la loba aúna violencia patriarcal contra las mujeres y contra los lobos. Y pasarán autores que escriban sobre el Sur y desde el Sur. Desde América Latina, sobre todo, pero también desde Asia y África. Y habrá más mujeres: Margaret Atwood, Barbara Kingsolver y Rosa Montero, están en la lista. El Sur, se ha manifestado a través de La chica mecánica, que nos transporta a una Tailandia, y a un mundo, de comienzos del siglo XXII, donde el tema de la soberanía y seguridad alimentarias asociadas a la conservación de la agrobiodiversidad es el protagonista principal de la acción. Y el Sur se asomará nuevamente con Ultimatum este otoño, obra que nos muestra la perspectiva de China en el contexto de las negociaciones internacionales sobre cambio climático. El Ecoclub de lectura puede ser, además, un canal modesto que permita llegar no solo a lectores concienciados e informados sino, todavía mejor, a lectores no tan concienciados e informados y a los que la lectura de una novela pueda introducir de manera amena, e incluso hacer reflexionar, los problemas y conflictos ambientales de nuestro tiempo. La novela posee el enorme valor de hacernos imaginar el mundo que queremos, sobre todo mostrando lo que no queremos (hay que reconocer que, por ahora, predominan las distopías), lo que puede suceder si desbordamos los límites planetarios. Valgan como ejemplo las palabras, casi iniciales, de El salario del gigante, próxima novela sobre la que conversaremos: Estamos a comienzos de la primavera del año 2098, Madrid ha devenido una modesta urbe que no alcanza el millón de habitantes, poco contaminada, rodeada de zonas semidesérticas donde se asientan colonias dedicadas al cultivo del lino, olivar, girasol, cáñamo y comestibles, y con un clima de temperaturas extremas: Al norte de la ciudad, en las zonas montañosas se explota la madera y el ganado lanar. Dice Jonathan Gottschall en The Storytelling Animal: How Stories make us human, que la narrativa es: una antigua tecnología de realidad virtual especializada en simular los problemas humanos. Las novelas pueden hacernos aprender del futuro. Pero tras ese planteamiento de contribuir al cambio desde la retaguardia, y sin olvidar que la retaguardia trabaja para el frente y resulta imprescindible, como ha escrito Belén Gopequi, me pregunto si cabría aumentar algo las expectativas en relación a la narrativa, dado que no lo estamos haciendo nada bien, en materia de sostenibilidad ambiental. Así lo muestran, por ejemplo, indicadores como la Huella ecológica y el Índice del planeta vivo. ¿Tiene capacidad la novela de dirigirse al corazón, de emocionar, para alentar un cambio cultural en dirección hacia la sostenibilidad que cifras y gráficas no consiguen provocar? ¿Tiene capacidad para ensanchar “la conciencia moral universal”, como pedía Miguel Delibes en Un mundo que agoniza (1979)?: .A mi juicio, el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo, y, en consecuencia, de preservar la integridad del Hombre y de la naturaleza, radica en ensanchar la conciencia moral universal. ¿Cabe sacar un mayor partido de nuestra condición de “homo narrans” (lo de homo sapiens no está muy claro), de contadores y escuchadores de historias? Y, teniendo en cuenta los últimos conocimientos en psicología y neurociencia, como desde hace tiempo se hace en el terreno de la comunicación política, ¿puede pensarse, a la hora de construir una historia, en valores (sobre todo en fomentar los intrínsecos frente a los extrínsecos), marcos y metáforas? ¿Puede pensarse en una narrativa más militante que favorezca el cambio cultural en favor de la sostenibilidad ambiental y contribuya a mantenernos dentro de los límites planetarios? Ecoclub de lectura: https://www.facebook.com/ecoclubdelectura https://ecoclubdelectura.wordpress.com/]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La literatura siempre ha revelado una cierta relación entre los seres humanos y la naturaleza y, en algunos casos, ha transmitido una visión sobre ella (acuden a la cabeza inmediatamente los Románticos). Existe, de hecho, una “literatura de la naturaleza”. Y existe una disciplina, no tan joven, la <em>Ecocrítica</em>, que aplica su capacidad de análisis sobre esa relación entre la literatura y el medio ambiente.</p>
<p>Entre las lecturas recientes, me viene a la mente la fuerte presencia de la naturaleza en la “muchovendida” (tomo prestada la palabra a Ramón Buenaventura) <em>Trilogía de Baztán</em>, escrita por Dolores Redondo. El río Bidasoa, los bosques y montes del Valle de Baztán, donde se asoman, recogidos de las mitologías vasco-navarras, seres como el basajaun, el guardián del bosque (así se titula el primer volumen de la trilogía), y la mari, personificación de la madre tierra, reina de la naturaleza. Y en el terreno de “los clásicos”, puedo mencionar a Miguel Delibes y su Señor Cayo, con quien me reencontraba este verano: un ejemplo cercano de lentitud y de buen vivir, con todo mi respeto por el <em>sumak kawsay </em>andin<em>o</em>.</p>
<p>Pero, más allá de telones de fondo ambientales, me interesa hablar de una narrativa más comprometida con los tiempos, que específicamente refleje los problemas y la crisis ambientales. Y puede decirse que se encuentran cada vez más referencias. En el mundo angloparlante existe cierta tradición; allí J.G. Ballard, por ejemplo, firma algunos de sus novelas más conocidas, como <em>La sequía</em>, en los años sesenta. Recientemente, se ha puesto nombre a un nuevo subgénero dentro de la ficción, la “ficción climática” (CliFi en inglés) y se imparten asignaturas y cursos especializados en algunas universidades.</p>
<p>Una muestra de todas estas obras que abordan la crisis ambiental es precisamente la que se pretende mostrar mediante una iniciativa que puse en marcha a comienzos de este año: el <a href="https://ecoclubdelectura.wordpress.com/"> Ecoclub de lectura</a> (al final se muestra también el enlace con el perfil en Facebook)</p>
<p>La idea es, sencillamente, poder compartir algunas lecturas que he ido haciendo en los últimos años y otras que iré acometiendo en los próximos (espero contar con sugerencias de seguidores y amigos de la iniciativa). El objetivo es compartir virtualmente lecturas, pero también conversar sobre ellas cara a cara, al menos con quienes viven en Madrid y se van animando a participar en alguna de las sesiones presenciales organizadas.</p>
<p>El Ecoclub de lectura comenzó con la lectura de un autor inglés, Ian McEwan, y siguió con un norteamericano, Roberto Bacigalupi, y un alemán, Frank Schatzing. Pero aunque la traducción de “Ecofiction” no está en el diccionario de la RAE, además de autores que escriben en inglés, los hay que escriben en español. Ya ha pasado por el Ecoclub Rafael Chirbes, con su excelente <em>Crematorio</em>, que disecciona la urbanización salvaje de nuestro litoral, y este otoño compartiremos mesa, en sentido literal, con José Ardillo, que en <em>El salario del gigante </em>nos ofrece un escenario plausible para la España (y el mundo) de finales de este siglo XXI, y con Concha López Llamas que, en <em>Beatriz y la loba</em> aúna violencia patriarcal contra las mujeres y contra los lobos. Y pasarán autores que escriban sobre el Sur y desde el Sur. Desde América Latina, sobre todo, pero también desde Asia y África. Y habrá más mujeres: Margaret Atwood, Barbara Kingsolver y Rosa Montero, están en la lista.</p>
<p>El Sur, se ha manifestado a través de <em>La chica mecánica</em>, que nos transporta a una Tailandia, y a un mundo, de comienzos del siglo XXII, donde el tema de la soberanía y seguridad alimentarias asociadas a la conservación de la agrobiodiversidad es el protagonista principal de la acción. Y el Sur se asomará nuevamente con<em> Ultimatum</em> este otoño, obra que nos muestra la perspectiva de China en el contexto de las negociaciones internacionales sobre cambio climático.</p>
<p>El Ecoclub de lectura puede ser, además, un canal modesto que permita llegar no solo a lectores concienciados e informados sino, todavía mejor, a lectores no tan concienciados e informados y a los que la lectura de una novela pueda introducir de manera amena, e incluso hacer reflexionar, los problemas y conflictos ambientales de nuestro tiempo.</p>
<p>La novela posee el enorme valor de hacernos imaginar el mundo que queremos, sobre todo mostrando lo que no queremos (hay que reconocer que, por ahora, predominan las distopías), lo que puede suceder si desbordamos los <a href="http://www.stockholmresilience.org/21/research/research-programmes/planetary-boundaries.html">límites planetarios</a>. Valgan como ejemplo las palabras, casi iniciales, de <em>El salario del gigante, </em>próxima novela sobre la que conversaremos<em>:</em></p>
<p><em>Estamos a comienzos de la primavera del año 2098, Madrid ha devenido una modesta urbe que no alcanza el millón de habitantes, poco contaminada, rodeada de zonas semidesérticas donde se asientan colonias dedicadas al cultivo del lino, olivar, girasol, cáñamo y comestibles, y con un clima de temperaturas extremas: Al norte de la ciudad, en las zonas montañosas se explota la madera y el ganado lanar.</em></p>
<p>Dice Jonathan Gottschall en <em>The Storytelling Animal: How Stories make us human</em>, que la narrativa es: <em>una antigua tecnología de realidad virtual especializada en simular los problemas humanos</em>. Las novelas pueden hacernos aprender del futuro.</p>
<p>Pero tras ese planteamiento de contribuir al cambio desde la retaguardia, y sin olvidar que la retaguardia trabaja para el frente y resulta imprescindible, como ha escrito Belén Gopequi, me pregunto si cabría aumentar algo las expectativas en relación a la narrativa, dado que no lo estamos haciendo nada bien, en materia de sostenibilidad ambiental. Así lo muestran, por ejemplo, indicadores como la <a href="http://www.footprintnetwork.org/es/index.php/GFN/page/footprint_basics_overview/">Huella ecológica</a> y el <a href="http://www.footprintnetwork.org/images/article_uploads/Informe-PlanetaVivo2014_LowRES.pdf">Índice del planeta vivo</a>.</p>
<p>¿Tiene capacidad la novela de dirigirse al corazón, de emocionar, para alentar un cambio cultural en dirección hacia la sostenibilidad que cifras y gráficas no consiguen provocar? ¿Tiene capacidad para ensanchar “la conciencia moral universal”, como pedía Miguel Delibes en <em>Un mundo que agoniza</em> (1979)?: .<em>A mi juicio, el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo, y, en consecuencia, de preservar la integridad del Hombre y de la naturaleza, radica en ensanchar la conciencia moral universal. </em></p>
<p>¿Cabe sacar un mayor partido de nuestra condición de “homo narrans” (lo de homo sapiens no está muy claro), de contadores y escuchadores de historias? Y, teniendo en cuenta los últimos conocimientos en psicología y neurociencia, como desde hace tiempo se hace en el terreno de la comunicación política, ¿puede pensarse, a la hora de construir una historia, en valores (sobre todo en fomentar los intrínsecos frente a los extrínsecos), marcos <em>y </em>metáforas? ¿Puede pensarse en una narrativa más militante que favorezca el cambio cultural en favor de la sostenibilidad ambiental y contribuya a mantenernos dentro de los límites planetarios?</p>
<p>Ecoclub de lectura:</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/ecoclubdelectura">https://www.facebook.com/ecoclubdelectura</a></p>
<p><a href="https://ecoclubdelectura.wordpress.com/">https://ecoclubdelectura.wordpress.com/</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/07/narrativas-y-limites-planetarios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
