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	<title>Otra economía está en marcha &#187; Enseñanza de la economia</title>
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	<description>En el blog de Economistas sin Fronteras hablamos de economía justa y de otro desarrollo. Hablamos de una economía al servicio del ser humano.</description>
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		<title>La enseñanza de la economía</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jul 2015 16:52:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Economistas sin Fronteras]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Economía Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia económica]]></category>
		<category><![CDATA[Enseñanza de la economia]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Juan A. Gimeno (Economistas sin Fronteras) Hace unos días, tuve la suerte de participar en un debate en el Colegio Vasco de Economistas, con motivo de la presentación del dossier de Economistas sin Fronteras dedicado a “La enseñanza de la economía”. Fue muy interesante intercambiar pareceres con docentes de economía y de empresa, de universidad y de enseñanza secundaria, con teóricos y con profesionales en ejercicio, con profesores y estudiantes. Se han emplazado para seguir debatiendo a la vuelta del verano. El tema es relevante porque cómo se enseñe la economía moldea y condiciona la mentalidad de las próximas generaciones. El movimiento estudiantil “International Student Initiative for Pluralist Economics” viene denunciando el empobrecimiento progresivo del plan de estudios y exige que el mundo real vuelva a entrar en las aulas y vuelvan el debate y el pluralismo de teorías y métodos. La ciencia económica, que nació de los filósofos sociales, ha ido evolucionando hacia la matemática, en un intento de ser tan exactos como físicos y químicos. Pero nuestro prestigio científico ha caído por los suelos ante los reiterados fracasos en las predicciones, la ausencia de auténtico debate científico y la notoria carga ideológica dominante. ¿Puede considerarse ciencia una disciplina en la que la falsabilidad de las teorías resulta inútil y conviven visiones encontradas e incompatibles? ¿Qué rigor científico es defendible cuando pueden recibir el premio Nobel, incluso simultáneamente, teóricos que defienden ideas opuestas? En el campo teórico, la ortodoxia la define la escuela neoclásica, incluyendo a parte de los economistas neokeynesianos. La corriente crítica opuesta más numerosa la componen los postkeynesianos y neoricardianos. Y con importancia numérica mucho menor encontramos a su “izquierda” a los economistas marxistas y a su “derecha”, a los economistas de la escuela austríaca. Sin embargo, los programas docentes en Economía se restringen, habitualmente, sólo y exclusivamente a la exposición del paradigma neoclásico dominante, haciéndolo además de una manera simplificada. La investigación está mediatizada y limitada desde la ortodoxia. En esta ortodoxia, las limitaciones matemáticas y econométricas empobrecen el análisis dejando fuera variables decisivas, la ausencia de problemas sociales invalida de raíz la mayor parte de las investigaciones, el irrealismo de los supuestos no impide dogmatizar sobre las consecuencias extraídas a partir de ellos, la famosa cláusula del caeteris paribus justifica las desviaciones que después se observan en la realidad, la endogamia y la prepotencia científicas impiden enriquecerse con las aportaciones de otros enfoques y de otras ciencias sociales, la ausencia de autocrítica esconde una ideología evidente que actúa en defensa del status quo y huye de preocupaciones relacionadas con la desigualdad. Además, buena parte de los análisis de la realidad económica no se han adaptado al cambio sustancial experimentado por la actividad económica. Hemos pasado de una economía real a una economía financiera, en la que las variables reales se desvanecen, en las que el poder de la información y la comunicación se convierten en variables decisivas. Los equilibrios conocidos resultan inútiles cuando el control de los acreedores sobre los deudores se convierte en el factor decisivo de las relaciones sociales y económicas y la riqueza mundial está concentrada cada vez en menos manos. Es obligada una revisión que vaya superando modelos basados en equilibrios y en ausencia de aspectos sociales por otros que reconozcan que, al final, solo podemos entender y explicar la economía como un escenario de lucha permanente. Los mercados reales no responden a la competencia perfecta sino a una competencia imperfecta caracterizada por la lucha por el poder monopolístico. La distribución de la renta es el resultado de una lucha de grupos y clases. El mayor o menor intervencionismo público es una lucha política con un peso esencial de los grupos de interés. Las finanzas responden al enfrentamiento entre acreedores y deudores con un grupo dominante que posee el patrimonio global. El comercio internacional es una lucha en la que se enfrentan unos países entre sí, y donde las grandes empresas y conglomerados financieros imponen sus puntos de vista. El crecimiento del norte se ha realizado siempre a costa del subdesarrollo y la explotación de los recursos del Sur. Es difícil encontrar un problema económico que pueda explicarse sin poner la lucha de intereses en la base del análisis. Necesitamos, pues, una revisión profunda de qué enseñamos y cómo lo enseñamos. Debemos incorporar un cambio radical de enfoque que ponga el acento en los desequilibrios más que en el equilibrio, en los aspectos sociales más que en los matemáticos. Es imprescindible romper con el monolitismo y aceptar la existente pluralidad de enfoques, desde el reconocimiento de que todos tienen algo que aportar al mejor conocimiento de la realidad. Como ciencia social, es preciso que la economía se abra sin miedo a la colaboración con otras ciencias afines, convirtiendo la interdisciplinariedad en la norma. Precisamente porque en el análisis económico la asepsia es prácticamente imposible, es imprescindible la transparencia ideológica, el reconocimiento previo de nuestro punto de partida. La humildad, la consciencia de lo parcial de cualquier perspectiva aislada, nos ayudarán a completar el puzle del conocimiento de la compleja realidad social. Es necesaria una revisión de incentivos a los docentes e investigadores de forma que se prime el debate, la pluralidad y el espíritu crítico, frente a la actual penalización de la discrepancia. Los economistas puros deben olvidar su actitud despreciativa a los centrados en el ámbito empresarial. Y debe incorporarse la ética. Un componente esencial de cualquier profesional pero que ha estado ausente en la formación de nuestros economistas. Necesitamos que se conozca y se asuma profundamente un código deontológico como el que algunos Colegios de Economistas han incorporado ya formalmente. Los economistas no han de formarse como tiburones sin escrúpulos. Porque nuestra ciencia, por definición, es la que pretende estudiar cómo garantizar la satisfacción de las necesidades humanas. Aristóteles distinguía la Economía como ciencia de la recta administración y la Crematística, como  conjunto de ardides y estrategias de adquisición de riquezas. Quizás hemos formado, especialmente en las “escuelas de negocios”, más “crematísticos” que “economistas”. En esa línea, José Luis Sampedro nos decía que hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres. Creo que solo los segundos merecen ser llamados economistas. Es nuestra responsabilidad formarlos adecuadamente. &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Juan A. Gimeno (Economistas sin Fronteras)</p>
<p align="justify">Hace unos días, tuve la suerte de participar en un debate en el Colegio Vasco de Economistas, con motivo de la presentación del dossier de Economistas sin Fronteras dedicado a <a href="http://ecosfron.org/portfolio/dossier-no15-la-ensenanza-de-la-economia/" target="_blank">“La enseñanza de la economía”</a>. Fue muy interesante intercambiar pareceres con docentes de economía y de empresa, de universidad y de enseñanza secundaria, con teóricos y con profesionales en ejercicio, con profesores y estudiantes. Se han emplazado para seguir debatiendo a la vuelta del verano.</p>
<p align="justify">El tema es relevante porque cómo se enseñe la economía moldea y condiciona la mentalidad de las próximas generaciones. El movimiento estudiantil “International Student Initiative for Pluralist Economics” viene denunciando el empobrecimiento progresivo del plan de estudios y exige que el mundo real vuelva a entrar en las aulas y vuelvan el debate y el pluralismo de teorías y métodos.</p>
<p align="justify">La ciencia económica, que nació de los filósofos sociales, ha ido evolucionando hacia la matemática, en un intento de ser tan exactos como físicos y químicos. Pero nuestro prestigio científico ha caído por los suelos ante los reiterados fracasos en las predicciones, la ausencia de auténtico debate científico y la notoria carga ideológica dominante. ¿Puede considerarse ciencia una disciplina en la que la falsabilidad de las teorías resulta inútil y conviven visiones encontradas e incompatibles? ¿Qué rigor científico es defendible cuando pueden recibir el premio Nobel, incluso simultáneamente, teóricos que defienden ideas opuestas?</p>
<p align="justify">En el campo teórico, la ortodoxia la define la escuela neoclásica, incluyendo a parte de los economistas neokeynesianos. La corriente crítica opuesta más numerosa la componen los postkeynesianos y neoricardianos. Y con importancia numérica mucho menor encontramos a su “izquierda” a los economistas marxistas y a su “derecha”, a los economistas de la escuela austríaca.</p>
<p align="justify">Sin embargo, los programas docentes en Economía se restringen, habitualmente, sólo y exclusivamente a la exposición del paradigma neoclásico dominante, haciéndolo además de una manera simplificada. La investigación está mediatizada y limitada desde la ortodoxia.</p>
<p align="justify">En esta ortodoxia, las limitaciones matemáticas y econométricas empobrecen el análisis dejando fuera variables decisivas, la ausencia de problemas sociales invalida de raíz la mayor parte de las investigaciones, el irrealismo de los supuestos no impide dogmatizar sobre las consecuencias extraídas a partir de ellos, la famosa cláusula del <i>caeteris paribus</i> justifica las desviaciones que después se observan en la realidad, la endogamia y la prepotencia científicas impiden enriquecerse con las aportaciones de otros enfoques y de otras ciencias sociales, la ausencia de autocrítica esconde una ideología evidente que actúa en defensa del <i>status quo</i> y huye de preocupaciones relacionadas con la desigualdad.</p>
<p align="justify">Además, buena parte de los análisis de la realidad económica no se han adaptado al cambio sustancial experimentado por la actividad económica. Hemos pasado de una economía real a una economía financiera, en la que las variables reales se desvanecen, en las que el poder de la información y la comunicación se convierten en variables decisivas. Los equilibrios conocidos resultan inútiles cuando el control de los acreedores sobre los deudores se convierte en el factor decisivo de las relaciones sociales y económicas y la riqueza mundial está concentrada cada vez en menos manos.</p>
<p align="justify">Es obligada una revisión que vaya superando modelos basados en equilibrios y en ausencia de aspectos sociales por otros que reconozcan que, al final, solo podemos entender y explicar la economía como un escenario de lucha permanente.</p>
<p align="justify">Los mercados reales no responden a la competencia perfecta sino a una competencia imperfecta caracterizada por la lucha por el poder monopolístico. La distribución de la renta es el resultado de una lucha de grupos y clases. El mayor o menor intervencionismo público es una lucha política con un peso esencial de los grupos de interés. Las finanzas responden al enfrentamiento entre acreedores y deudores con un grupo dominante que posee el patrimonio global. El comercio internacional es una lucha en la que se enfrentan unos países entre sí, y donde las grandes empresas y conglomerados financieros imponen sus puntos de vista. El crecimiento del norte se ha realizado siempre a costa del subdesarrollo y la explotación de los recursos del Sur. Es difícil encontrar un problema económico que pueda explicarse sin poner la lucha de intereses en la base del análisis.</p>
<p align="justify">Necesitamos, pues, una revisión profunda de qué enseñamos y cómo lo enseñamos. Debemos incorporar un cambio radical de enfoque que ponga el acento en los desequilibrios más que en el equilibrio, en los aspectos sociales más que en los matemáticos. Es imprescindible romper con el monolitismo y aceptar la existente pluralidad de enfoques, desde el reconocimiento de que todos tienen algo que aportar al mejor conocimiento de la realidad.</p>
<p align="justify">Como ciencia social, es preciso que la economía se abra sin miedo a la colaboración con otras ciencias afines, convirtiendo la interdisciplinariedad en la norma. Precisamente porque en el análisis económico la asepsia es prácticamente imposible, es imprescindible la transparencia ideológica, el reconocimiento previo de nuestro punto de partida. La humildad, la consciencia de lo parcial de cualquier perspectiva aislada, nos ayudarán a completar el puzle<i> </i>del conocimiento de la compleja realidad social.</p>
<p align="justify">Es necesaria una revisión de incentivos a los docentes e investigadores de forma que se prime el debate, la pluralidad y el espíritu crítico, frente a la actual penalización de la discrepancia. Los economistas puros deben olvidar su actitud despreciativa a los centrados en el ámbito empresarial.</p>
<p align="justify">Y debe incorporarse la ética. Un componente esencial de cualquier profesional pero que ha estado ausente en la formación de nuestros economistas. Necesitamos que se conozca y se asuma profundamente un código deontológico como el que algunos Colegios de Economistas han incorporado ya formalmente.</p>
<p align="justify">Los economistas no han de formarse como tiburones sin escrúpulos. Porque nuestra ciencia, por definición, es la que pretende estudiar cómo garantizar la satisfacción de las necesidades humanas. Aristóteles distinguía la Economía como <i>ciencia de la recta administración </i>y la Crematística, como  <i>conjunto de ardides y estrategias de adquisición de riquezas. </i>Quizás hemos formado, especialmente en las “escuelas de negocios”, más “crematísticos” que “economistas”.</p>
<p align="justify">En esa línea, José Luis Sampedro nos decía que <i>hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres. </i>Creo que solo los segundos merecen ser llamados economistas. Es nuestra responsabilidad formarlos adecuadamente.</p>
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