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	<title>Otro mundo está en marcha &#187; Cambio Social</title>
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	<description>Blogosfera 2015 y más</description>
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		<title>Adrienne Rich: la voluntad de conectar</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2021 09:21:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
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		<description><![CDATA[     Soy partidaria de subrayar los libros. Pasado algún tiempo nos encontramos con líneas, asteriscos, símbolos de exclamación o interrogación, anotaciones que garabateamos o que escribimos cuidadosamente y que nos permiten acordarnos de aquellas que fuimos; hacer arqueología de la memoria a partir del reflejo de esos vestigios. Cuando recibí la versión revisada de la Antología poética (1951-1985) de Adrienne Rich -que Visor publicó hace algunos meses- abrí al azar sus páginas y el poema “Orígenes e historia de la conciencia” (incluido en The Dream of a Common Language) inauguró su relectura. Quise creer que el propio poemario me estaba guiando: “Nadie vive en este cuarto sin enfrentarse con la blancura de la pared detrás de los poemas, los estantes de libros, las fotografías de heroínas muertas. Sin reflexionar tarde y al fin sobre la verdadera naturaleza de la poesía. La voluntad de conectar. El sueño de un lenguaje común”. Busqué entonces la versión anterior de la antología entre los libros de poesía que amontono separados de otros géneros y encontré un matiz poderoso en la nueva traducción de Myriam Diocaretz[1]: donde entonces se leía “esa urgencia de poner mundos en relación” –the drive to connect en la versión original- ahora encontrábamos “la voluntad de conectar”. La exigencia era el logro de una buena comunicación con alguien. Con ese cambio, la escritora y traductora de origen chileno alumbraba mejor la declaración de intenciones de la poesía de Rich. Eran también esos versos precisos los que Diocaretz había elegido para cerrar la introducción del libro al declarar que el arte de Adrienne Rich nos interna en “…la verdadera naturaleza de la poesía: la voluntad de conectar”. La conexión era pues la palabra que pilotaría mi nueva lectura, pero iba a ir acompañada de algo más. A lo largo de todos los poemarios que la antología recoge, Rich hace un esfuerzo por alcanzar el sueño al que remite “Orígenes e historia de la conciencia”: el de un lenguaje común. A medida que nos internamos en sus poemas emerge esa búsqueda, que es singular –porque trata de ser propia- a la vez que universal -porque es la suma de las voces de otras mujeres: científicas, mineras…, y sobre todo de escritoras, plurales en sus formas y temáticas, en sus cadencias, en sus ritmos, pero muy similares en su manera de afrontar con valentía y sin miedo la exploración en el lenguaje para lograr una voz que no se ahogue en los marcos patriarcales ni encorsete el sentir de la experiencia de ser mujer. “Kenneth me dice que ha ordenado sus libros para mirar a Blake y Kafka mientras escribe; sí; y todavía debemos considerar a Swift detestando el cuerpo de la mujer mientras elogia su intelecto, el pavor de Goethe por las Madres, Claudel difamando a Gide, y los fantasmas –sus manos estrechadas por siglos- de artistas muriendo en el parto, de sabias mujeres      carbonizadas en la hoguera, siglos de libros no escritos amontonados detrás de esos estantes (…)”                                               (Twenty-one Love Poems, 1976) Me di cuenta, después de llevar de un lado para el otro el libro, de subrayarlo y llenarlo de pósits, que su preocupación también era la mía, la de muchas mujeres.  Ese lenguaje común –quizás sueño y quimera, pero también realidad– tenía un pasado que encadenaba la búsqueda a lo largo de cronologías y geografías; implicaba poner fin a ese empeño por traducir la narración a una lengua que no es la nuestra, aunque sea compartida. Diocaretz habla de “desterritorializar el lenguaje de la tradición”. Pero además de desnudarla de toda connotación y visión androcéntrica, Rich indaga y extirpa –al menos su intento es loable- las huellas de clasismo, de las inacabables formas de travestirse del colonialismo. Esas palabras disidentes que resultan de las voces de muchas mujeres configuran un universo lingüístico, un mirada nueva para enmarcar lo que acontece. Sabemos que está en construcción y que nunca dejará de mutar; también que es la materialización del anhelo de disponer de una arcilla diferenciada para moldear una creación en la que podamos reconocernos. A lo largo de los poemas seleccionados, ese nuevo lenguaje va emergiendo para dar forma a una memoria que no fue la hegemónica.                                            “El tiempo es masculino y en sus copas brinda por las bellas. Absortas en las galanterías, escuchamos las exageradas alabanzas a nuestras mediocridades, la indolencia se interpreta como abnegación, el descuido en el pensar se denomina intuición, se perdona cada traspié, nuestro crimen solo consiste en hacer demasiada sombra, o en romper el molde, sin vacilar.”                           (Snapshots of a Daughter-in-law, 1963) Rich se esfuerza en rescatar esa mirada paternalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de los siglos porque, como la propia Adrienne afirma contundente al final de un poema: “Todo acto de tomar conciencia (…)/es un acto contra Natura”. La poeta también nos interroga para dar sentido a ese nuevo lenguaje, para hacernos reflexionar sobre los símbolos caducos que justifican la sumisión, que reproducen la violencia. Así escribe en “Las imágenes”:        “ ¿pero cuándo elegimos      ver nuestros cuerpos atados en cautiverio y crucifixión en el aire asfixiante        cuándo elegimos ser      linchadas en los nauseabundos anuncios eléctricos del centro de la ciudad cuándo elegimos       convertirnos en la dosis del que se masturba(…)?”                                  (A Wild Patience has Taken me This Far, 1981) Pero la poeta sabe que no es la primera, entiende que la conexión que nos procura ese lenguaje común necesita recurrir al legado de otras mujeres. En “Heroínas” entona un canto de agradecimiento e intento vano de resarcir a quienes nos antecedieron y abrieron caminos que han conseguido hacernos más libres. Las conquistas se encadenan y el responso de Rich clama por una justicia que no sea solo poética. “¿Cómo puedo dejar de amar                                                tu lucidez y tu furia? ¿Cómo puedo darte                                todos tus derechos                                                  obtener valentía de tu valentía honrar tu exacto                           legado tal cual es y reconocer                    además                                 que no es suficiente?”                            (A Wild Patience has Taken me This Far, 1981) La magia literaria hace que la conexión sea también hacia el futuro. Los mundos siguen en relación y no es una simple casualidad que en esta nueva versión de la Antología se incluya el poema “La roca azul”, dedicado por Rich a su traductora. Es en ese pedazo de lapislázuli, procedente de la tierra natal de Diocaretz, donde la poeta concentra la permanencia cuando siente que sus poemas cambian mientras duerme. Y Myriam Diocaretz, al recoger el sentido para adaptarlo a las formas del español,  parece saborear la flexibilidad de su lenguaje, acariciar en la oscuridad los verbos, las proposiciones, los pronombres que nos diferencian. La nueva versión de la antología acabó tan subrayada y llena de anotaciones que me dieron ganas de plantarla en mi huerto aprovechando la pronta llegada de la primavera. La conexión de los versos también era con la tierra, con el tiempo y los conflictos sociales y humanos. Recordé entonces un documental que me había enviado la gestora cultural Ingrid Bejerman: Listening for Something, dirigido por Dionne Brand y producido por Ginny Stikeman. La poeta canadiense dialoga con Rich y su conversación constata que la búsqueda de un lenguaje común no fue una entelequia: colonialismo, exilio, feminismo, lesbianismo… Los versos se entrelazan, reclaman que ninguna lengua es neutral y afirman “su poder para el engaño y la perplejidad”. Por favor: subrayen, subrayen… &#160; [1] Poeta, escritora e investigadora en teoría literaria y feminista. Es autora, entre muchos otros, de dos libros acerca de Adrienne Rich: The transforming Power of Language: The Poetry of Adrienne Rich y Translating Poetic Discourse: Questions of Feminist Strategies in Adrienne Rich. También ha sido directora de los seis volúmenes que componen la Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana) y dirige la serie Critical Studies (Brill): https://brill.com/view/serial/CRSTON?language=en&#38;contents=toc-38597 &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><img class="  wp-image-179 alignright" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2021/03/Antologia_poetica_Adrienne-Rich-194x300.jpg" alt="visor" width="159" height="246" />     Soy partidaria de subrayar los libros. Pasado algún tiempo nos encontramos con líneas, asteriscos, símbolos de exclamación o interrogación, anotaciones que garabateamos o que escribimos cuidadosamente y que nos permiten acordarnos de aquellas que fuimos; hacer arqueología de la memoria a partir del reflejo de esos vestigios.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando recibí la versión revisada de la <strong><em>Antología poética (1951-1985)</em> de Adrienne Rich</strong> -que Visor publicó hace algunos meses- abrí al azar sus páginas y el poema “Orígenes e historia de la conciencia” (incluido en <em>The Dream of a Common Language</em>) inauguró su relectura. Quise creer que el propio poemario me estaba guiando:</p>
<p>“Nadie vive en este cuarto<br />
sin enfrentarse con la blancura de la pared<br />
detrás de los poemas, los estantes de libros,<br />
las fotografías de heroínas muertas.<br />
Sin reflexionar tarde y al fin sobre<br />
la verdadera naturaleza de la poesía. <strong>La voluntad</strong><br />
<strong> de conectar. El sueño de un lenguaje común</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify">Busqué entonces la versión anterior de la antología entre los libros de poesía que amontono separados de otros géneros y encontré <strong>un matiz poderoso en la nueva traducción de Myriam Diocaretz<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a>: </strong>donde entonces se leía “esa urgencia de poner mundos en relación” –<em>the drive to connect </em>en la versión original- ahora encontrábamos “la voluntad de conectar”. La exigencia era el logro de una buena comunicación con alguien.</p>
<p style="text-align: justify">Con ese cambio, la escritora y traductora de origen chileno alumbraba mejor la declaración de intenciones de la poesía de Rich. Eran también esos versos precisos los que Diocaretz había elegido para cerrar la introducción del libro al declarar que el arte de Adrienne Rich nos interna en “…la verdadera naturaleza de la poesía: la voluntad de conectar”. <strong>La conexión era pues la palabra que pilotaría mi nueva lectura, pero iba a ir acompañada de algo más.</strong></p>
<p>A lo largo de todos los poemarios que la antología recoge, Rich <strong>hace un esfuerzo por alcanzar el sueño al que remite “Orígenes e historia de la conciencia”: el de un lenguaje común. </strong>A medida que nos internamos en sus poemas emerge esa búsqueda, que es singular –porque trata de ser propia- a la vez que universal -porque es la suma de las voces de otras mujeres: científicas, mineras…, y sobre todo de escritoras, plurales en sus formas y temáticas, en sus cadencias, en sus ritmos, pero muy similares en su manera de afrontar con valentía y sin miedo la exploración en el lenguaje para lograr una voz que no se ahogue en los marcos patriarcales ni encorsete el sentir de la experiencia de ser mujer.</p>
<p>“Kenneth me dice que ha ordenado sus libros<br />
para mirar a Blake y Kafka mientras escribe;<br />
sí; y todavía debemos considerar a Swift<br />
detestando el cuerpo de la mujer mientras elogia su intelecto,<br />
el pavor de Goethe por las Madres, Claudel difamando a Gide,<br />
y los fantasmas –sus manos estrechadas por siglos-<br />
de artistas muriendo en el parto, de sabias mujeres<br />
<em>     </em><em>carbonizadas en la hoguera,<br />
siglos de libros no escritos amontonados detrás de esos estantes (…)”<br />
<em>         </em> <em>                                    (Twenty-one Love Poems, 1976)</em></em></p>
<p>Me di cuenta, después de llevar de un lado para el otro el libro, de subrayarlo y llenarlo de pósits, que su preocupación también era la mía, la de muchas mujeres.  Ese lenguaje común –quizás sueño y quimera, pero también realidad– <strong>tenía un pasado que encadenaba la búsqueda a lo largo de cronologías y geografías</strong>; implicaba poner fin a ese empeño por traducir la narración a una lengua que no es la nuestra, aunque sea compartida. Diocaretz habla de “desterritorializar el lenguaje de la tradición”. Pero además de desnudarla de toda connotación y visión androcéntrica, Rich indaga y extirpa –al menos su intento es loable- las huellas de clasismo, de las inacabables formas de travestirse del colonialismo.</p>
<p>Esas palabras disidentes que resultan de las voces de muchas mujeres configuran un universo lingüístico, un mirada nueva para enmarcar lo que acontece. Sabemos que está en construcción y que nunca dejará de mutar; también que es la materialización del anhelo de <strong>disponer de una arcilla diferenciada para moldear una creación en la que podamos reconocernos</strong>. A lo largo de los poemas seleccionados, ese nuevo lenguaje va emergiendo para dar forma a una memoria que no fue la hegemónica.</p>
<p><em>            </em>                               <em>“El tiempo es masculino<br />
y en sus copas brinda por las bellas.<br />
Absortas en las galanterías, escuchamos<br />
las exageradas alabanzas a nuestras mediocridades,<br />
la indolencia se interpreta como abnegación,<br />
el descuido en el pensar se denomina intuición,<br />
se perdona cada traspié, nuestro crimen<br />
solo consiste en hacer demasiada sombra,<br />
o en romper el molde, sin vacilar.”<br />
<em> </em>                         </em>(<em>Snapshots of a Daughter-in-law, 1963)</em></p>
<p>Rich se esfuerza en rescatar esa mirada paternalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de los siglos porque, como la propia Adrienne afirma contundente al final de un poema: “Todo acto de tomar conciencia (…)/es un acto contra Natura”. La poeta también nos interroga para dar sentido a ese nuevo lenguaje, para hacernos reflexionar sobre los símbolos caducos que justifican la sumisión, que reproducen la violencia. Así escribe en “Las imágenes”:</p>
<p><em>       </em><em>“ ¿pero cuándo elegimos<br />
<em>     </em><em>ver nuestros cuerpos atados<br />
en cautiverio y crucifixión en el aire asfixiante<br />
<em>       </em><em>cuándo elegimos ser<br />
<em>     </em><em>linchadas en los nauseabundos anuncios eléctricos<br />
del centro de la ciudad cuándo elegimos<br />
<em>      </em><em>convertirnos en la dosis del que se masturba(…)?”<br />
<em>                                 </em>(<em>A Wild Patience has Taken me This Far</em>, 1981)</em></em></em></em></em></p>
<p>Pero la poeta sabe que no es la primera, entiende que la conexión que nos procura ese lenguaje común <strong>necesita recurrir al legado de otras mujeres</strong>. En “Heroínas” entona un canto de agradecimiento e intento vano de resarcir a quienes nos antecedieron y abrieron caminos que han conseguido hacernos más libres. Las conquistas se encadenan y el responso de Rich clama por una justicia que no sea solo poética.</p>
<p>“¿Cómo puedo dejar de amar<br />
<em>                                               </em><em>tu lucidez y tu furia?<br />
¿Cómo puedo darte<br />
<em>                               t</em><em>odos tus derechos<br />
<em>                                                 </em><em>obtener valentía de tu valentía<br />
honrar tu exacto<br />
<em>     </em><em>                     legado tal cual es<br />
y reconocer<br />
<em>                   </em><em>además<br />
<em>                                </em><em>que no es suficiente?”</em></em></em></em></em></em></p>
<p><em>                           (A Wild Patience has Taken me This Far</em>, 1981)</p>
<p style="text-align: justify">La magia literaria hace que la conexión sea también hacia el futuro. Los mundos siguen en relación y no es una simple casualidad que en esta nueva versión de la Antología se incluya el poema “La roca azul”, dedicado por Rich a su traductora. Es en ese pedazo de lapislázuli, procedente de la tierra natal de Diocaretz, donde la poeta concentra la permanencia cuando siente que sus poemas cambian mientras duerme. Y Myriam Diocaretz, al recoger el sentido para adaptarlo a las formas del español,  parece saborear la flexibilidad de su lenguaje, acariciar en la oscuridad los verbos, las proposiciones, los pronombres que nos diferencian.</p>
<p style="text-align: justify">La nueva versión de la antología acabó tan subrayada y llena de anotaciones que me dieron ganas de plantarla en mi huerto aprovechando la pronta llegada de la primavera. La conexión de los versos también era con la tierra, con el tiempo y los conflictos sociales y humanos. Recordé entonces un documental que me había enviado la gestora cultural Ingrid Bejerman: <em>Listening for Something</em>, dirigido por Dionne Brand y producido por Ginny Stikeman. La poeta canadiense dialoga con Rich y su conversación constata que la búsqueda de un lenguaje común no fue una entelequia: colonialismo, exilio, feminismo, lesbianismo… Los versos se entrelazan, reclaman que ninguna lengua es neutral y afirman “su poder para el engaño y la perplejidad”.</p>
<p>Por favor: subrayen, subrayen…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Poeta, escritora e investigadora en teoría literaria y feminista. Es autora, entre muchos otros, de dos libros acerca de Adrienne Rich: <em>The transforming Power of Language: The Poetry of Adrienne Rich</em> y <em>Translating Poetic Discourse: Questions of Feminist Strategies in Adrienne Rich</em>. También ha sido directora de los seis volúmenes que componen la <em>Breve historia feminista de la </em>literatura española (en lengua castellana) y dirige la serie Critical Studies (Brill): https://brill.com/view/serial/CRSTON?language=en&amp;contents=toc-38597</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cuando no queda más remedio que negar a las vírgenes</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2020 10:08:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>

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		<description><![CDATA[Ocho de marzo. La reflexión obliga a hacer algo más que asistir a la marcha. Es emocionante ver a tantas mujeres (y cada vez más hombres) reclamando el fin de todas las brechas injustas, pero a veces me entristece que nos pongamos el pin del FEMINISMO con tanta ligereza. En pocos años, en España, como en otros muchos lugares del mundo, hemos pasado de la denostación del término “feminismo” -que siempre encontró violentos contrincantes en los pliegues del patriarcado- a su utilización por las neoliberales, las monárquicas, las católicas, las empresas que maltratan al medio ambiente o a sus trabajadoras, los partidos políticos liderados por hombres o las asociaciones que defienden la igualdad de oportunidades exclusivamente entre las clases dominantes. Si se trata de vender más, ganar votos o prosélitos, parece que todo el mundo se suma al purple washing sin complejos y sin cuestionar estructuras patriarcales necesitadas de revisiones transformadoras. ¿O es que ahora instituciones como la monarquía, que ha basado su legitimidad histórica en principios antidemocráticos, se va a convertir en feminista paseando a dos niñas? “Uno de los descubrimientos profundos del movimiento feminista- escribió Adrienne Rich- ha sido ver lo diversionista y finalmente destructivo que es el mito de la mujer especial.” Otro ejemplo que circula estos días en los medios de comunicación tiene como protagonistas a un grupo de católicas autodenominadas feministas que bajo el lema “hasta que la igualdad sea una costumbre” están reivindicando el papel de la mujer en la iglesia católica. ¿Pero de veras creen que dejará de ser la institución misógina y machista que siempre ha demostrado ser cambiando el lenguaje no sexista de las homilías, compartiendo el trabajo de limpieza o participando en las actividades litúrgicas? El feminismo vaut bien plus qu´une messe. El feminismo es un terremoto que cuestiona un sistema edificado sobre la negación de oportunidades para las mujeres. Es serio, por lo tanto, que requiera poner fin a los relatos que cimentan la fe machista, de donde emana toda la carga simbólica que otorga a los hombres la llave del poder. Tenemos un dios-padre y un dios-hijo superpoderosos al lado de vírgenes a las que ni siquiera se les concede la prebenda del disfrute sexual. Pero la iglesia católica no es la única institución que ha apuntalado desde sus cimientos al patriarcado. Por eso Nancy Fraser también señala al capitalismo neoliberal y propone cambios acuciantes en nuestra relación con la naturaleza; en las democracias rehenes de las oligarquías y en la relación entre producción y reproducción, trabajo asalariado y vida familiar. Como recuerda Silvia Federici cuando analiza el vínculo entre patriarcado y capitalismo, el relato del movimiento obrero sería muy diferente si se hubiera construido desde lo que acontecía en las cocinas o dormitorios. Invito a que todas reflexionemos sobre el trabajo que día a día erosiona las relaciones de poder asentadas en un sistema que siempre nos perjudicó, utilizándonos como mano de obra gratuita o precaria. Ha sido un relato con demasiados olvidos en la garantía de nuestros derechos en pie de igualdad y no se trata de que ahora banalicemos al feminismo acudiendo a las manifestaciones con pelucas y utensilios fabricados bajo condiciones de explotación laboral o del medio ambiente. No dejemos que nuestra causa, que tantos esfuerzos y sacrificios ha conllevado, sea comercializada o apropiada por un pseudofeminismo descafeinado que refuerza, con su obra u omisión, los marcos del patriarcado. No habrá feminismo hasta que no nos atrevamos a negar a las vírgenes, a las reinas y disentir con un sistema neoliberal que agrede a las mujeres y al Planeta.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Ocho de marzo. La reflexión obliga a hacer algo más que asistir a la marcha. Es emocionante ver a tantas mujeres (y cada vez más hombres) reclamando el fin de todas las brechas injustas, pero a veces me entristece que nos pongamos el pin del FEMINISMO con tanta ligereza.</p>
<p style="text-align: justify">En pocos años, en España, como en otros muchos lugares del mundo, hemos pasado de la denostación del término “feminismo” -que siempre encontró violentos contrincantes en los pliegues del patriarcado- a su utilización por las neoliberales, las monárquicas, las católicas, las empresas que maltratan al medio ambiente o a sus trabajadoras, los partidos políticos liderados por hombres o las asociaciones que defienden la igualdad de oportunidades exclusivamente entre las <em>clases dominantes</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Si se trata de vender más, ganar votos o prosélitos, parece que todo el mundo se suma al <em>purple washing</em> sin complejos y sin cuestionar estructuras patriarcales necesitadas de revisiones transformadoras. ¿O es que ahora instituciones como la monarquía, que ha basado su legitimidad histórica en principios antidemocráticos, se va a convertir en feminista paseando a dos niñas? “Uno de los descubrimientos profundos del movimiento feminista- escribió Adrienne Rich- ha sido ver lo diversionista y finalmente destructivo que es el mito de la mujer especial.”</p>
<p style="text-align: justify">Otro ejemplo que circula estos días en los medios de comunicación tiene como protagonistas a un grupo de católicas autodenominadas feministas que bajo el lema “hasta que la igualdad sea una costumbre” están reivindicando el papel de la mujer en la iglesia católica. ¿Pero de veras creen que dejará de ser la institución misógina y machista que siempre ha demostrado ser cambiando el lenguaje no sexista de las homilías, compartiendo el trabajo de limpieza o participando en las actividades litúrgicas?</p>
<p style="text-align: justify">El feminismo <em>vaut bien plus qu´une messe</em>. El feminismo es un terremoto que cuestiona un sistema edificado sobre la negación de oportunidades para las mujeres. Es serio, por lo tanto, que requiera poner fin a los relatos que cimentan la fe machista, de donde emana toda la carga simbólica que otorga a los hombres la llave del poder. Tenemos un dios-padre y un dios-hijo superpoderosos al lado de vírgenes a las que ni siquiera se les concede la prebenda del disfrute sexual.</p>
<p style="text-align: justify">Pero la iglesia católica no es la única institución que ha apuntalado desde sus cimientos al patriarcado. Por eso Nancy Fraser también señala al capitalismo neoliberal y propone cambios acuciantes en nuestra relación con la naturaleza; en las democracias rehenes de las oligarquías y en la relación entre producción y reproducción, trabajo asalariado y vida familiar. Como recuerda Silvia Federici cuando analiza el vínculo entre patriarcado y capitalismo, el relato del movimiento obrero sería muy diferente si se hubiera construido desde lo que acontecía en las cocinas o dormitorios.</p>
<p style="text-align: justify">Invito a que todas reflexionemos sobre el trabajo que día a día erosiona las relaciones de poder asentadas en un sistema que siempre nos perjudicó, utilizándonos como mano de obra gratuita o precaria. Ha sido un relato con demasiados olvidos en la garantía de nuestros derechos en pie de igualdad y no se trata de que ahora banalicemos al feminismo acudiendo a las manifestaciones con pelucas y utensilios fabricados bajo condiciones de explotación laboral o del medio ambiente.</p>
<p style="text-align: justify">No dejemos que nuestra causa, que tantos esfuerzos y sacrificios ha conllevado, sea comercializada o apropiada por un pseudofeminismo descafeinado que refuerza, con su obra u omisión, los marcos del patriarcado. No habrá feminismo hasta que no nos atrevamos a negar a las vírgenes, a las reinas y disentir con un sistema neoliberal que agrede a las mujeres y al Planeta.</p>
<p style="text-align: justify">
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		<title>El rumor de las voces propias</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2016/08/23/el-rumor-de-las-voces-propias/</link>
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		<pubDate>Tue, 23 Aug 2016 17:03:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
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		<description><![CDATA[        Juan Carlos Onetti escribió que un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre: “La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal…” (Dejemos hablar al viento). Las lecturas estivales y la creación vuelven a instalar interrogaciones que, lejos de resolverse, amenazan con otras dudas que retomo en este blog. Al final de El hombre que amaba a los perros, la excelente obra de Leonardo Padura que relata el asesinato de León Trotsky a manos de un Ramón Mercader sometido a los dictámenes del estalinismo, un narrador travieso recién desenmascarado introduce una cuestión clave: “¿Me preguntaron a mí, le preguntaron a Iván, si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y la utopía pervertida?”. Creer o no creer en la posibilidad de un proyecto colectivo, tras ese duro aprendizaje de un siglo XX lleno de experiencias que quebrantaron el respeto a la diferencia, sigue siendo un asunto fundamental que encuentra en la literatura un lenguaje apropiado para manifestarse. Si bien su propósito no sea resolver qué lado de la bifurcación nos conviene tomar, sino abrir muchas otras posibilidades –como nos recordaba Javier Cercás en El punto ciego-, la ficción puede encarnar a través de sus personajes, como probablemente ningún género, esa resistencia que pugna por dar visibilidad a una voz individual. Voz que de alguna manera contradice o se convierte en disidente con el metarrelato del poder que exige la fe ciega de sus seguidores. Intentar dilucidar si Padura escribió en esa novela sobre la creencia o el desencanto me pareció un gesto inútil. En parte porque no lograba atisbar que esa utopía pervertida tuviera como única salida el cinismo. Si algunos de los que la habían padecido y alimentado se habían convertido en cínicos, había otras formas de mirar a un presente que sobre las ruinas de variadas perversiones había edificado nuevos discursos totalizantes en los que nos estamos dejando ahogar. Si por unos minutos creí entender que los personajes de Padura y los de Ceniza de ombú (novela que acabo de terminar)* estaban a años luz –aquellos porque el dogma de un mundo mejor les había hecho peores personas y estos porque encontraban precisamente en esa búsqueda una forma de redención- necesité algunas horas más, incluidas las del sueño, para reparar en que la brecha no era tan grande. Una se paraba a narrar desde algún lugar y, si Padura no podía desprenderse de la experiencia de haber vivido la revolución cubana y sus involuciones, los personajes de mi novela tampoco podían dejar de lado mi experiencia y andanzas por coordenadas temporales y geográficas cuya coincidencia con las suyas o con cualquier otras era imposible. La preocupación por el medio ambiente (cómo no entender a estas alturas el alcance de esa dependencia), el hecho de ser mujer y aborrecer muchas de las consecuencias del patriarcado, la creencia de que los seres humanos tenemos los mismos derechos independientemente del lugar de donde procedamos y el desprecio por esa fe ciega a la que hacía referencia Onetti, la misma que llevó a Mercader a asesinar a Trotsky y que todavía hoy consiente atropellos en nombre de algún dios, partido, empresa transnacional o salvaguarda de los privilegios de unos pocos, sin duda condicionaron la construcción de mis personajes, también en sus contradicciones. Encarnan la resistencia al gran discurso totalizante y lleno de dogmas de este capitalismo salvaje y depredador que nos deja a la intemperie y llega a provocar, por ejemplo, que comunidades y personas vean contaminados sus ríos y, con ello, su sustento y forma de vida para que otros acumulen lingotes de oro en los sótanos de un banco suizo. ¿O es que tiene mucho sentido que el argumento para no acoger a los refugiados sea que lo que necesita la economía para ser productiva es mano de obra especializada? Y no es una broma, lo escuché en estos días en un informativo español a un miembro de la patronal alemana. Hay demasiadas imágenes que rompen los ojos y que ponen rostro en cualquier rincón del mundo a este relato omnipresente que erosiona la posibilidad del proyecto colectivo en aras de la acumulación ridícula del capital en cada vez menos manos. Se instaura como forma de vida que limita la propia permanencia del ser humano y otros seres no humanos en el planeta, y va dejando llagas en los espacios más íntimos de nuestra naturaleza. ¿Cómo no responder con personajes que surgen espontáneos de la mente de la creadora o el creador? Sus nombres, reconocibles o anónimos, llenan las páginas de obras de ficción, pero también tienen sus contraparte en una realidad llena de claroscuros. Es la propia contradicción humana y el peso de las condicionamientos culturales y sociales la que, aunque nos impide ser heroínas y héroes, también nos conduce a realizar los gestos que pueden romper con las inercias más perversas. Como les pasa a las “trágicas criaturas cuyos destinos están dirigidos por fuerzas superiores que los desbordan y manipulan hasta hacerlos mierda” de la novela de Padura. Es cierto que la mayoría de las veces formamos parte del inmovilismo, pero esos personajes también saben prender en nosotras la semilla para hacer frente, un poco más cada día, a un modelo de desarrollo inhumano que deja muchos excluidos en la cuneta. Porque la fé cega, como escribieron Milton Nascimiento y Ronaldo Bastos, es faca amolada. *Todavía sin fecha de publicación, pero espero poder anunciarla pronto en este blog. &#160; &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">        Juan Carlos Onetti escribió que <strong>un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre:</strong> “La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal…” (<em>Dejemos hablar al viento</em>). Las lecturas estivales y la creación vuelven a instalar interrogaciones que, lejos de resolverse, amenazan con otras dudas que retomo en este blog.</p>
<p style="text-align: justify">Al final de <em>El hombre que amaba a los perros</em>, la excelente obra de Leonardo Padura que relata el asesinato de León Trotsky a manos de un Ramón Mercader sometido a los dictámenes del estalinismo, un narrador travieso recién desenmascarado introduce una cuestión clave: “¿Me preguntaron a mí, le preguntaron a Iván, si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y la utopía pervertida?”.</p>
<p style="text-align: justify">Creer o no creer en la posibilidad de un proyecto colectivo, tras ese duro aprendizaje de un siglo XX lleno de experiencias que quebrantaron el respeto a la diferencia, sigue siendo un asunto fundamental que encuentra en la literatura un lenguaje apropiado para manifestarse. Si bien su propósito no sea resolver qué lado de la bifurcación nos conviene tomar, sino abrir muchas otras posibilidades –como nos recordaba Javier Cercás en <em>El punto ciego-</em>, <strong>la ficción puede encarnar a través de sus personajes, como probablemente ningún género, esa resistencia que pugna por dar visibilidad a una voz individual.</strong> Voz que de alguna manera contradice o se convierte en disidente con el metarrelato del poder que exige la fe ciega de sus seguidores.</p>
<p style="text-align: justify">Intentar dilucidar si Padura escribió en esa novela sobre la creencia o el desencanto me pareció un gesto inútil. En parte porque no lograba atisbar que esa utopía pervertida tuviera como única salida el cinismo. Si algunos de los que la habían padecido y alimentado se habían convertido en cínicos, <strong>había otras formas de mirar a un presente que sobre las ruinas de variadas perversiones había edificado nuevos discursos totalizantes en los que nos estamos dejando ahogar.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Si por unos minutos creí entender que los personajes de Padura y los de <em>Ceniza de ombú</em> (novela que acabo de terminar)* estaban a años luz –aquellos porque el dogma de un mundo mejor les había hecho peores personas y estos porque encontraban precisamente en esa búsqueda una forma de redención- necesité algunas horas más, incluidas las del sueño, para reparar en que la brecha no era tan grande. <strong>Una se paraba a narrar desde algún lugar</strong> y, si Padura no podía desprenderse de la experiencia de haber vivido la revolución cubana y sus involuciones, los personajes de mi novela tampoco podían dejar de lado mi experiencia y andanzas por coordenadas temporales y geográficas cuya coincidencia con las suyas o con cualquier otras era imposible.</p>
<p style="text-align: justify">La preocupación por el medio ambiente (cómo no entender a estas alturas el alcance de esa dependencia), el hecho de ser mujer y aborrecer muchas de las consecuencias del patriarcado, la creencia de que los seres humanos tenemos los mismos derechos independientemente del lugar de donde procedamos y el desprecio por esa fe ciega a la que hacía referencia Onetti, la misma que llevó a Mercader a asesinar a Trotsky y que todavía hoy consiente atropellos en nombre de algún dios, partido, empresa transnacional o salvaguarda de los privilegios de unos pocos, sin duda condicionaron la construcción de mis personajes, también en sus contradicciones.</p>
<p style="text-align: justify">Encarnan la resistencia al gran discurso totalizante y lleno de dogmas de este capitalismo salvaje y depredador que nos deja a la intemperie y llega a provocar, por ejemplo, que comunidades y personas vean contaminados sus ríos y, con ello, su sustento y forma de vida para que otros acumulen lingotes de oro en los sótanos de un banco suizo. <strong>¿O es que tiene mucho sentido que el argumento para no acoger a los refugiados sea que lo que necesita la economía para ser productiva es mano de obra especializada?</strong> Y no es una broma, lo escuché en estos días en un informativo español a un miembro de la patronal alemana.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Hay demasiadas imágenes que rompen los ojos y que ponen rostro en cualquier rincón del mundo a este relato omnipresente que erosiona la posibilidad del proyecto colectivo</strong> en aras de la acumulación ridícula del capital en cada vez menos manos<strong>.</strong> Se instaura como forma de vida que limita la propia permanencia del ser humano y otros seres no humanos en el planeta, y va dejando llagas en los espacios más íntimos de nuestra naturaleza. ¿Cómo no responder con personajes que surgen espontáneos de la mente de la creadora o el creador?</p>
<p style="text-align: justify">Sus nombres, reconocibles o anónimos, llenan las páginas de obras de ficción, pero también tienen sus contraparte en una realidad llena de claroscuros. <strong>Es la propia contradicción humana y el peso de las condicionamientos culturales y sociales la que, aunque nos impide ser heroínas y héroes, también nos conduce a realizar los gestos que pueden romper con las inercias más perversas. </strong>Como les pasa a las “trágicas criaturas cuyos destinos están dirigidos por fuerzas superiores que los desbordan y manipulan hasta hacerlos mierda” de la novela de Padura.</p>
<p style="text-align: justify">Es cierto que la mayoría de las veces formamos parte del inmovilismo, pero esos personajes también saben prender en nosotras la semilla para hacer frente, un poco más cada día, a un modelo de desarrollo inhumano que deja muchos excluidos en la cuneta. Porque la <em>fé cega</em>, como escribieron Milton Nascimiento y Ronaldo Bastos, es <em>faca amolada</em>.</p>
<p style="text-align: right">*Todavía sin fecha de publicación, pero espero poder anunciarla pronto en este blog.</p>
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		<title>Los agujeros del horror y las manos que los cierran</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Mar 2016 19:49:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado desaparece, su vórtice candente colapsó y se evaporó, el ser humano sigue el curso de su vida. Le rodea lo cotidinano. Todo a su alrededor es corriente, excepto su memoria. Svetlana Alexiévich. La guerra no tiene rostro de mujer (pág.169)           Suena de nuevo ese ruido que nos hace daño, nos trastoca. Quizás dure algunos días su eco, tal vez incluso tengamos la oportunidad de demostrar que podemos ser mejores. “Vivimos tiempos inciertos” –escuchamos en las tertulias, a los vecinos que siempre se adelantan a dar las primicias más lúgubres. El horror, que creíamos que era ajeno y no cotidiano, aparece de repente en nuestras calles en intervalos de tiempo que sentimos más cortos. Los agujeros del horror abren sus precipicios bajo nuestros pies. El discurso racista y fundamentalista de quien puede convertirse en presidente de EEUU; el integrismo del ISIS y su amenaza de califato excluyente y asesino; la vergüenza del vecchio continente de dejar a la deriva a miles de refugiados; los pecados de las potencias que apoyaron durante décadas el islamismo radical o lo alentaron; la destrucción del medio ambiente; el patriarcado que sigue adosado a las mentes&#8230; ¿Qué esperar cuando en los países que creímos modelo de tolerancia ganan espacio los discursos más insolidarios y nacionalistas? Todos estos argumentos podrían respaldar la hipótesis de esos tiempos inciertos, pero habría algo de impostado si tratáramos de argumentar aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. La literatura está ahí para recordarnos otros momentos o geografías de agujeros de horror, siempre tan incomprensibles como probables. La lectura de La guerra no tiene rostro de mujer, de la última premio Nobel de literatura Svetlana Alexiévich, me ha permitido hacer más llevadero el presente. Encontramos argumentos para no juzgarnos peores que nuestros antecesores y corroborar que el progreso es un entorno fallido. Es cierto que somos capaces de consensuar agendas de desarrollo ambiciosas en el seno de las Naciones Unidas, pero a la vez damos pasos atrás en la evolución hacia un buen convivir con otros seres con los que compartimos el planeta. Uno de los agujeros más profundos del siglo XX fue la II Guerra Mundial. Los relatos parecían todos contados, pero la escritora bielorrusa tuvo la paciencia y la ocurrencia de amplificar la voz de un millón de soviéticas que participaron en una de las conflagraciones más sangrientas de todos los siglos. Esos relatos se adentran en sus miradas particulares del drama y la violencia. De nuevo nos sorprenden. Distintas narraciones muestran la guerra desde la juventud de mujeres solidarias que sienten que su destino está ligado al de muchas otras personas. Hay un engaño cruel de partida: el de pensar que tienen más que ver con quienes son de donde ellas han nacido. La máquina de propaganda estaba bien afianzada, el sentimiento nacionalista se manipulaba: “Nosotras no necesitábamos ahondar en cómo éramos (…). Nos educaron en la idea de que éramos uno con la Patria” (pág.87). Ese es otro fundamentalismo que hace más iguales a las personas, a pesar de que se esté en distintos bandos. La guerra no deja espacio para comprender al prisionero que cae preso, todo se convierte en patria totalizante, excusa para la muerte, para ese horror que solo se combate desde el recuerdo, desde el relato que hacen aquellas que lo vivieron. La obligación de odiar, el miedo a ser persona, a mirar al otro. Pero Alexiévich nos muestra las grietas que se abren en ese muro desde las miradas de esas mujeres. Los trajes de los soldados les quedan demasiado grandes, las botas de hombre les provocan heridas por no estar hechas con hormas adaptadas a sus pies. Lo cierto es que hay una violencia que ellas detestan, desde otra sensibilidad, que hace que hasta critiquen a sus compañeros soviéticos cuando perciben la violencia masculina, incluso contra el enemigo, como intolerable. Tan deplorable como la que ven en los alemanes cuando el soldado arrebata a un bebé de los brazos de su madre mientras le da el pecho para molerlo a golpes o cuando presencian la brutalidad contra sus compañeras violadas y exhibidas salvajemente empaladas después de ser torturadas y asesinadas. Alexiévich argumenta esta diferencia de mirada entre hombres y mujeres, pero eso no significa que no haya pluralidad de cantos y escalas: “Ellas -¿cómo explicarlo bien?- extraen las palabras de su interior en vez de usar las de los rotativos o las de los libros, toman sus propias palabras en vez de coger prestadas las ajenas. Y solo a partir de sus propios sufrimientos y vivencias. Los sentimientos y el lenguaje de las personas cultas, por muy extraño que parezca, a menudo son más vulnerables frente al moldeo del tiempo” (pág.15). Su mirada no es la misma, como tampoco lo es el resultado de ese horror. Cuando la guerra termina, después de servir con su juventud como carne de cañón, el patriarcado hizo que a aquellas mujeres fueran estigmatizadas, que fueran tratadas como no se merecían: “…como las chicas del frente, unas cualquiera que habían estado con los hombres…”. Los seres humanos somos capaces de abrir un agujero de horror, pero también son nuestros pequeños gestos los que descorren un sortilegios que hace posible taponar el hueco que todo lo absorbe. En el relato de Alexiévich, que es confeccionado de manera caleidoscópica a través de ese coro de testimonios, vemos como los gestos de las combatientes van cerrando el precipicio. Sus acciones, contra todo pronóstico, les acercan al otro, a quien han sentido tan diferente. Una de ellas comparte el pan con los prisioneros alemanes vencidos:  “Yo estaba feliz… Estaba feliz porque no era capaz de odiar. Me sorprendí a mí misma…” (pág.105). Este es un relato de uno de tantos agujeros del horror con los que se escribe la historia de la humanidad. Y todos emanan una pestilencia intolerable. Una de las ex combatientes, Anastasia Ivánovna, le dice a Alexievich: “Usted es escritora. Invéntense algo. Algo bonito. Sin parásitos ni suciedad, sin vómitos… Sin olor a vodka y a sangre… Algo no tan terrible como la vida…” (pág. 242). Pero pese a esta frase, los lectores de este testimonio seguramente no puedan dejar de admirarse por esa fortaleza, por esa capacidad para celebrar la vida de quienes han contribuido a poner fin a ese horror. Nosotras también estamos a tiempo de cerrar los agujeros presentes, de estar al lado de la tolerancia y la cultura de paz que son las mejores armas contra cualquier fundamentalismo, porque como bien decía una enfermera soviética al sentir compasión por uno de los heridos alemanes: “(…) no sería capaz de pegar a un prisionero por el mero hecho de que está indefenso. Lo importante es que cada uno tomaba sus propias decisiones” (pág. 189). * Las citas han sido extraídas de la siguiente edición: Svetlana Alexiévich: La guerra no tiene rostro de mujer, Debate, Buenos Aires, 2015. &#160; &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>El pasado desaparece, su vórtice candente colapsó y </em></p>
<p style="text-align: right"><em>se evaporó, el ser humano sigue el curso de su vida. </em></p>
<p style="text-align: right"><em>Le rodea lo cotidinano. </em></p>
<p style="text-align: right"><em>Todo a su alrededor es corriente, excepto su memoria.</em></p>
<p style="text-align: right">Svetlana Alexiévich. <em>La guerra no tiene rostro de mujer</em> (pág.169)</p>
<p style="text-align: justify">          Suena de nuevo ese ruido que nos hace daño, nos trastoca. Quizás dure algunos días su eco, tal vez incluso tengamos la oportunidad de demostrar que podemos ser mejores. “Vivimos tiempos inciertos” –escuchamos en las tertulias, a los vecinos que siempre se adelantan a dar las primicias más lúgubres. <strong>El horror, que creíamos que era ajeno y no cotidiano, aparece de repente en nuestras calles en intervalos de tiempo que sentimos más cortos.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Los agujeros del horror abren sus precipicios bajo nuestros pies. El discurso racista y fundamentalista de quien puede convertirse en presidente de EEUU; el integrismo del ISIS y su amenaza de califato excluyente y asesino; la vergüenza del <em>vecchio continente</em> de dejar a la deriva a miles de refugiados; los pecados de las potencias que apoyaron durante décadas el islamismo radical o lo alentaron; la destrucción del medio ambiente; el patriarcado que sigue adosado a las mentes&#8230; <strong>¿Qué esperar cuando en los países que creímos modelo de tolerancia ganan espacio los discursos más insolidarios y nacionalistas?</strong></p>
<p style="text-align: justify">Todos estos argumentos podrían respaldar la hipótesis de esos tiempos inciertos, pero habría algo de impostado si tratáramos de argumentar aquello de que <em>cualquier tiempo pasado fue mejor</em>. <strong>La literatura está ahí para recordarnos otros momentos o geografías de agujeros de horror, siempre tan incomprensibles como probables.</strong></p>
<p style="text-align: justify">La lectura de<strong><em> La guerra no tiene rostro de mujer</em>, de la última premio Nobel de literatura Svetlana Alexiévich,</strong> me ha permitido hacer más llevadero el presente. Encontramos argumentos para no juzgarnos peores que nuestros antecesores y corroborar que el progreso es un entorno fallido. Es cierto que somos capaces de consensuar agendas de desarrollo ambiciosas en el seno de las Naciones Unidas, pero a la vez damos pasos atrás en la evolución hacia un buen convivir con otros seres con los que compartimos el planeta.</p>
<p style="text-align: justify">Uno de los agujeros más profundos del siglo XX fue la II Guerra Mundial. <strong>Los relatos parecían todos contados, pero la escritora bielorrusa tuvo la paciencia y la ocurrencia de amplificar la voz de un millón de soviéticas</strong> que participaron en una de las conflagraciones más sangrientas de todos los siglos. Esos relatos se adentran en sus miradas particulares del drama y la violencia. De nuevo nos sorprenden.</p>
<p style="text-align: justify">Distintas narraciones muestran la guerra desde la juventud de mujeres solidarias que sienten que su destino está ligado al de muchas otras personas. <strong>Hay un engaño cruel de partida: el de pensar que tienen más que ver con quienes son de donde ellas han nacido.</strong></p>
<p style="text-align: justify">La máquina de propaganda estaba bien afianzada, el sentimiento nacionalista se manipulaba: “Nosotras no necesitábamos ahondar en cómo éramos (…). Nos educaron en la idea de que éramos uno con la Patria” (pág.87). Ese es otro fundamentalismo que hace más iguales a las personas, a pesar de que se esté en distintos bandos.</p>
<p>La guerra no deja espacio para comprender al prisionero que cae preso, t<strong>odo se convierte en patria totalizante, excusa para la muerte, para ese horror que solo se combate desde el recuerdo, desde el relato que hacen aquellas que lo vivieron</strong>. La obligación de odiar, el miedo a ser persona, a mirar al otro.</p>
<p style="text-align: justify">Pero <strong>Alexiévich nos muestra las grietas que se abren en ese muro desde las miradas de esas mujeres.</strong> Los trajes de los soldados les quedan demasiado grandes, las botas de hombre les provocan heridas por no estar hechas con hormas adaptadas a sus pies. Lo cierto es que hay una violencia que ellas detestan, desde otra sensibilidad, que hace que hasta critiquen a sus compañeros soviéticos cuando perciben la violencia masculina, incluso contra el enemigo, como intolerable.</p>
<p style="text-align: justify">Tan deplorable como la que ven en los alemanes cuando el soldado arrebata a un bebé de los brazos de su madre mientras le da el pecho para molerlo a golpes o cuando presencian la brutalidad contra sus compañeras violadas y exhibidas salvajemente empaladas después de ser torturadas y asesinadas.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Alexiévich argumenta esta diferencia de mirada entre hombres y mujeres,</strong> pero eso no significa que no haya pluralidad de cantos y escalas:</p>
<p style="text-align: justify"><em>“Ellas -¿cómo explicarlo bien?- extraen las palabras de su interior en vez de usar las de los rotativos o las de los libros, toman sus propias palabras en vez de coger prestadas las ajenas. Y solo a partir de sus propios sufrimientos y vivencias. Los sentimientos y el lenguaje de las personas cultas, por muy extraño que parezca, a menudo son más vulnerables frente al moldeo del tiempo” (pág.15).</em></p>
<p style="text-align: justify">Su mirada no es la misma, como tampoco lo es el resultado de ese horror. Cuando la guerra termina, después de servir con su juventud como carne de cañón, el patriarcado hizo que a aquellas mujeres fueran estigmatizadas, que fueran tratadas como no se merecían: “…como las chicas del frente, unas cualquiera que habían estado con los hombres…”.</p>
<p style="text-align: justify">Los seres humanos somos capaces de abrir un agujero de horror, pero también s<strong>on nuestros pequeños gestos los que descorren un sortilegios que hace posible taponar el hueco que todo lo absorbe.</strong> En el relato de Alexiévich, que es confeccionado de manera caleidoscópica a través de ese coro de testimonios, vemos como los gestos de las combatientes van cerrando el precipicio. Sus acciones, contra todo pronóstico, les acercan al otro, a quien han sentido tan diferente. Una de ellas comparte el pan con los prisioneros alemanes vencidos:</p>
<p><em> “Yo estaba feliz… Estaba feliz porque no era capaz de odiar. Me sorprendí a mí misma…” (pág.105).</em></p>
<p>Este es un relato de uno de tantos agujeros del horror con los que se escribe la historia de la humanidad. Y todos emanan una pestilencia intolerable. Una de las ex combatientes, Anastasia Ivánovna, le dice a Alexievich:</p>
<p><em>“Usted es escritora. Invéntense algo. Algo bonito. Sin parásitos ni suciedad, sin vómitos… Sin olor a vodka y a sangre… Algo no tan terrible como la vida…” (pág. 242). </em></p>
<p style="text-align: justify">Pero pese a esta frase, los lectores de este testimonio seguramente no puedan dejar de admirarse por esa fortaleza, por esa capacidad para celebrar la vida de quienes han contribuido a poner fin a ese horror. <strong>Nosotras también estamos a tiempo de cerrar los agujeros presentes, de estar al lado de la tolerancia y la cultura de paz que son las mejores armas contra cualquier fundamentalismo,</strong> porque como bien decía una enfermera soviética al sentir compasión por uno de los heridos alemanes:</p>
<p style="text-align: justify"><em>“(…) no sería capaz de pegar a un prisionero por el mero hecho de que está indefenso. Lo importante es que cada uno tomaba sus propias decisiones” (pág. 189).</em></p>
<p style="text-align: left">* Las citas han sido extraídas de la siguiente edición: Svetlana Alexiévich: <em>La guerra no tiene rostro de mujer, </em>Debate, Buenos Aires, 2015.</p>
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		<title>Refugiad@s LGTB, una huida constante de la violencia y la persecución</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/orgullo-y-prejuicios/2016/03/03/refugiads-lgtb-una-huida-constante-de-la-violencia-y-la-persecucion/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2016 15:28:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Aguado Dívar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
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		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos LGTBI]]></category>
		<category><![CDATA[Diversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>

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		<description><![CDATA[En los últimos meses asistimos con desolación a la creciente demanda de personas desesperadas que llegan a las costas y fronteras europeas huyendo de la violencia, la persecución y la muerte. Desde Siria y Oriente Medio, desde África y Asia Menor. La crisis humanitaria que se desencadenó (al menos en los medios de comunicación) el pasado año no ha hecho más que crecer, al mismo tiempo que ha aumentado la atención mediática y social sobre la situación que viven las y los solicitantes de asilo, la efectividad de las políticas de los países europeos en la materia, y la ausencia de recursos destinados a garantizar el derecho a la protección internacional que se instauró en 1951 en la Convención de Ginebra. Sin embargo, el drama que viven las personas refugiadas se encontraba ahí mucho antes de que lo viéramos en las pantallas: conflictos olvidados y realidades silenciadas han empujado (y siguen haciéndolo) a personas de muy diferentes procedencias en el mundo a buscar la protección a la que tienen derecho en terceros países. Los medios de comunicación, muchas veces orientados a describir la crisis humanitaria en términos de avalancha, otras veces enfocados a describir casos individuales de “víctimas” o “héroes”, muchas veces fallan en ayudarnos a entender la diversidad dentro las personas percibidas y transmitidas como “masa”, y de las diferentes realidades de las personas que huyen de amenazas también cada vez más diversas. Por eso hoy me gustaría abordar la realidad de las personas LGTB demandantes de asilo. La persecución a las personas LGTB en el mundo y su derecho a la protección internacional En muchas partes del mundo hay personas que son víctimas de la persecución y la violencia simplemente por su orientación sexual (real o percibida) o por su identidad de género: según el informe de CEAR El camino hacia una vida digna, al menos 76 países mantienen leyes de criminalización y hostigamiento contra personas con motivo de su orientación sexual e identidad de género, incluidas las que penalizan las relaciones homosexuales consentidas entre adultos. Esta violencia hacia la comunidad LGTB no sólo se produce en contextos de violencia generalizada o conflicto armado: en América Latina, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos informó de 594 asesinatos de personas LGTB entre enero de 2013 y marzo 2014 motivados por prejuicios en los 25 estados miembros de la Organización de Estados Americanos. De acuerdo con el Observatorio sobre el Asesinato de Personas Trans, que está coordinado por el grupo de derechos LGTB Transgender Europe, más de 1.700 personas transexuales han sido asesinadas en 62 países entre 2008 y 2014, lo que es equivalente a un asesinato cada dos días En teoría, las personas que huyen de sus países de origen por estas causas deben siempre tener acceso a protección internacional como refugiadas, o ser consideradas como beneficiarias de otras formas de protección complementaria en los países de asilo. El Articulo 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre estipula que «toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Aunque no existe en este artículo una mención explicita a la orientación sexual o identidad de género, la posterior legislación internacional en materia de protección sí se ha hecho eco en diversos textos legales de la necesidad de contemplar soluciones concretas a amenazas específicas a la seguridad e integridad de las personas LGTB. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de la creciente sensibilidad en esta materia por parte de ciertos países que conceden asilo y del creciente número de medidas internacionales y nacionales contra la discriminación de las personas LGTB solicitantes de asilo, existen aún graves deficiencias y disparidades que vulneran su derecho la protección internacional. ACNUR estima en 42 el número de Estados que han concedido asilo a personas con temores fundados de ser perseguidos por su identidad de género u orientación sexual. Sin embargo, un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicado en 2015 considera que “los Estados de acogida no siempre cumplen las leyes internacionales” en cuanto a la protección de las personas LGTB. En muchas ocasiones, la política de concesión de asilo se basa casi en exclusiva en el papel desempeñado por funcionarios encargados de la valoración de casos, que pueden realizar su labor de forma arbitraria o desigual. Esta situación muchas veces perjudica a las personas LGTB solicitantes de asilo, tal y como sostiene el informe Fleeing homofobia, publicado por la organización holandesa COC. La investigación concluye que las personas LGTB que buscan protección internacional se ven afectadas negativamente por el Acuerdo de Dublín, según el cual solo un estado revisa las solicitudes de asilo: entre los países europeos existe una gran diferencia en cuanto a la legislación sobre los derechos de las personas LGTB. Existe además una gran variedad en los procedimientos aplicados para examinar las solicitudes de asilo, y muchas veces las autoridades encargadas de realizar esta labor desarrollan su cometido en base a estereotipos y prejuicios a la hora de examinar las solicitudes de personas LGTB. La organización concluye que, en muchas ocasiones, el carácter fundamental de los más esenciales derechos humanos de las personas LGTB es a menudo anulado. Una de las argumentaciones más habituales empleadas a la hora de denegar solicitudes de asilo a personas LGTB es la idea de que pueden volver a sus países de origen “porque pueden evitar la persecución escondiendo su identidad” o mudándose a otra región donde nadie conozca su identidad sexual. Otras prácticas disuasorias empleadas para evitar la concesión de protección internacional a personas LGTB es la realización de interrogatorios intrusivos y pruebas médicas supuestamente diseñadas para revelar la orientación sexual del solicitante. Uno de los casos mediáticos más relevantes en este sentido fue el protagonizado por Aderonke Apata, una activista lesbiana de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, que huyó de su país, Nigeria, para solicitar asilo en Reino Unido. Al igual que le sucede a muchas personas LGTB, Aderonke vio cuestionada su orientación sexual con argumentos tan peregrinos como que “no podía ser lesbiana porque había tenido hijos”. Afortunadamente, una resolución del 2 de diciembre de 2014 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ordenó a los Estados que abandonaran estas prácticas intrusivas. &#160; Las personas LGTB que finalmente acceden a protección internacional en países de acogida, muchas veces están lejos de dejar de sufrir la persecución y la violencia. En ocasiones, siguen siendo víctimas de la discriminación en los centros de detención, albergues, o en reasentamientos en comunidades que no les ofrecen la seguridad que buscaban cuando huyeron de sus países, debido a que sufren el acoso de la comunidad receptora, y también de la de pertenencia. Otras veces, son las administraciones públicas las que no previenen la discriminación por motivos de orientación o género en las alternativas habitacionales que ofrecen a refugiadas/os. Casos como los acaecidos en Holanda y el Reino Unido demuestran que el acoso y el abuso que sufren las personas LGTB solicitantes de asilo en centros de detención, albergues y otras medidas de alojamiento es una realidad que hay que considerar a la hora de garantizar la protección que estas personas necesitan. &#160; Afortunadamente, existe una creciente preocupación por parte de la sociedad civil y las administraciones públicas por hacer frente a la necesidad de personas que son doblemente perseguidas. Existen cada vez más recursos específicos para las personas LGTB solicitantes de asilo, entre los que cabe destacar los siguientes: &#160; Guía para refugiad@s queer de la organización alemana LSVD: esta web contiene información legal en cuanto al proceso de solicitud de asilo, adaptada a las necesidades y casos que sufren las personas LGTB que buscan refugio en Alemania. Stronger together: una guía práctica destinada a solicitantes de asilo LGTB en Estados Unidos. &#160; Aparte de estas publicaciones, me gustaría acabar este artículo destacando que la adopción de medidas de protección internacional sensibles a la diversidad es posible y tiene un impacto real en la vida de personas que son víctimas de la persecución y la violencia en múltiples dimensiones: la apertura de un albergue destinado a refugiados/as LGTB en Berlín constituye el perfecto ejemplo de que es posible adaptar los estándares de protección que podemos ofrecer a las necesidades de seguridad que cada solicitante de asilo pueda necesitar. &#160; &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos meses asistimos con desolación a la creciente demanda de personas desesperadas que llegan a las costas y fronteras europeas huyendo de la violencia, la persecución y la muerte. Desde Siria y Oriente Medio, desde África y Asia Menor. La crisis humanitaria que se desencadenó (al menos en los medios de comunicación) el pasado año no ha hecho más que crecer, al mismo tiempo que ha aumentado la atención mediática y social sobre la situación que viven las y los solicitantes de asilo, la efectividad de las políticas de los países europeos en la materia, y la ausencia de recursos destinados a garantizar el derecho a la protección internacional que se instauró en 1951 en la <a href="http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=t3/fileadmin/Documentos/BDL/2001/0005">Convención de Ginebra</a>.</p>
<p>Sin embargo, <strong>el drama que viven las personas refugiadas se encontraba ahí mucho antes de que lo viéramos en las pantallas</strong>: conflictos olvidados y realidades silenciadas han empujado (y siguen haciéndolo) a personas de muy diferentes procedencias en el mundo a buscar la protección a la que tienen derecho en terceros países.</p>
<p>Los medios de comunicación, muchas veces orientados a describir la crisis humanitaria en términos de avalancha, otras veces enfocados a describir casos individuales de “víctimas” o “héroes”, muchas veces fallan en ayudarnos a entender la diversidad dentro las personas percibidas y transmitidas como “masa”, y de las diferentes realidades de las personas que huyen de amenazas también cada vez más diversas. <strong>Por eso hoy me gustaría abordar la realidad de las personas LGTB demandantes de asilo</strong>.</p>
<p><strong>La persecución a las personas LGTB en el mundo y su derecho a la protección internacional </strong></p>
<p>En muchas partes del mundo hay personas que son víctimas de la persecución y la violencia simplemente por su orientación sexual (real o percibida) o por su identidad de género: según el informe de CEAR <a href="http://perseguidoslgtb.org/doc/Dossier_CEAR_WEB.pdf">El camino hacia una vida digna</a>, <strong>al menos 76 países mantienen leyes de criminalización y hostigamiento contra personas con motivo de su orientación sexual e identidad de género</strong>, incluidas las que penalizan las relaciones homosexuales consentidas entre adultos.</p>
<p>Esta violencia hacia la comunidad LGTB no sólo se produce en contextos de violencia generalizada o conflicto armado: en América Latina, la <strong>Comisión Interamericana de Derechos Humanos informó de 594 asesinatos de personas LGTB entre enero de 2013 y marzo 2014 </strong>motivados por prejuicios en los 25 estados miembros de la Organización de Estados Americanos. De acuerdo con el Observatorio sobre el Asesinato de Personas Trans, que está coordinado por el grupo de derechos LGTB Transgender Europe, <strong>más de 1.700 personas transexuales han sido asesinadas en 62 países entre 2008 y 2014</strong>, lo que es equivalente a un asesinato cada dos días</p>
<p>En teoría, las personas que huyen de sus países de origen por estas causas deben siempre tener acceso a protección internacional como refugiadas, o ser consideradas como beneficiarias de otras formas de protección complementaria en los países de asilo. El Articulo 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre estipula que «<em>toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición</em>”. Aunque no existe en este artículo una mención explicita a la orientación sexual o identidad de género, la <a href="http://www.hhri.org/es/thematic/LGBT1.html#%20Derechos%20de%20la%20Comunidad%20LGBT,%20%20Resoluciones%20Internacionales%20y%20Documentos%20Legales">posterior legislación internacional en materia de protección</a> sí se ha hecho eco en diversos textos legales de la necesidad de contemplar soluciones concretas a amenazas específicas a la seguridad e integridad de las personas LGTB. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de la creciente sensibilidad en esta materia por parte de ciertos países que conceden asilo y del creciente número de medidas internacionales y nacionales contra la discriminación de las personas LGTB solicitantes de asilo, <strong>existen aún graves deficiencias y disparidades que vulneran su derecho la protección internacional</strong>.</p>
<p>ACNUR estima en 42 el número de Estados que han concedido asilo a personas con temores fundados de ser perseguidos por su identidad de género u orientación sexual. Sin embargo, un <a href="http://www.un.org/en/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/HRC/29/23&amp;referer=/english/&amp;Lang=S">informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos</a> publicado en 2015 considera que <strong>“los Estados de acogida no siempre cumplen las leyes internacionales” en cuanto a la protección de las personas LGTB</strong>. En muchas ocasiones, la política de concesión de asilo se basa casi en exclusiva en el papel desempeñado por funcionarios encargados de la valoración de casos, que pueden realizar su labor de forma arbitraria o desigual. Esta situación muchas veces perjudica a las personas LGTB solicitantes de asilo, tal y como sostiene el informe <a href="http://www.coc.nl/wp-content/uploads/2013/11/Fleeing-Homophobia-report-EN_tcm22-232205.pdf">Fleeing homofobia</a>, publicado por la organización holandesa COC. La investigación concluye que <strong>las personas LGTB que buscan protección internacional se ven afectadas negativamente por el Acuerdo de Dublín, según el cual solo un estado revisa las solicitudes de asilo</strong>: entre los países europeos existe una gran diferencia en cuanto a la legislación sobre los derechos de las personas LGTB. Existe además una gran variedad en los procedimientos aplicados para examinar las solicitudes de asilo, y muchas veces las autoridades encargadas de realizar esta labor desarrollan su cometido en base a estereotipos y prejuicios a la hora de examinar las solicitudes de personas LGTB. La organización concluye que, en muchas ocasiones, el carácter fundamental de los más esenciales derechos humanos de las personas LGTB es a menudo anulado.</p>
<p>Una de las argumentaciones más habituales empleadas a la hora de denegar solicitudes de asilo a personas LGTB es la idea de que pueden volver a sus países de origen “porque pueden evitar la persecución escondiendo su identidad” o mudándose a otra región donde nadie conozca su identidad sexual. Otras prácticas disuasorias empleadas para evitar la concesión de protección internacional a personas LGTB es la realización de <strong>interrogatorios intrusivos y pruebas médicas supuestamente diseñadas para revelar la orientación sexual del solicitante</strong>. Uno de los casos mediáticos más relevantes en este sentido fue el protagonizado por <a href="http://www.pinknews.co.uk/2015/04/04/nigerian-activists-asylum-appeal-denied-as-judge-doesnt-believe-shes-a-lesbian/">Aderonke Apata</a>, una activista lesbiana de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, que huyó de su país, Nigeria, para solicitar asilo en Reino Unido. Al igual que le sucede a muchas personas LGTB, Aderonke vio cuestionada su orientación sexual con argumentos tan peregrinos como que “no podía ser lesbiana porque había tenido hijos”. Afortunadamente, una resolución del 2 de diciembre de 2014 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ordenó a los Estados que abandonaran estas prácticas intrusivas.</p>
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<p><strong>Las personas LGTB que finalmente acceden a protección internacional en países de acogida, muchas veces están lejos de dejar de sufrir la persecución y la violencia</strong>. En ocasiones, siguen siendo víctimas de la discriminación en los centros de detención, albergues, o en reasentamientos en comunidades que no les ofrecen la seguridad que buscaban cuando huyeron de sus países, debido a que sufren el acoso de la comunidad receptora, y también de la de pertenencia. Otras veces, son las administraciones públicas las que no previenen la discriminación por motivos de orientación o género en las alternativas habitacionales que ofrecen a refugiadas/os. Casos como los acaecidos en <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/08/actualidad/1454950469_021073.html?id_externo_rsoc=TW_CM">Holanda</a> y el <a href="http://www.pinknews.co.uk/2015/03/03/mps-lgbt-asylum-seekers-face-bullying-and-abuse-in-british-detention-centres/">Reino Unido</a> demuestran que <strong>el acoso y el abuso que sufren las personas LGTB solicitantes de asilo en centros de detención</strong>, albergues y otras medidas de alojamiento es una realidad que hay que considerar a la hora de garantizar la protección que estas personas necesitan.</p>
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<p>Afortunadamente, existe una creciente preocupación por parte de la sociedad civil y las administraciones públicas por hacer frente a la necesidad de personas que son doblemente perseguidas. Existen cada vez <strong>más recursos específicos para las personas LGTB solicitantes de asilo</strong>, entre los que cabe destacar los siguientes:</p>
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<li><a href="http://www.queer-refugees.de/">Guía para refugiad@s queer de la organización alemana LSVD</a>: esta web contiene información legal en cuanto al proceso de solicitud de asilo, adaptada a las necesidades y casos que sufren las personas LGTB que buscan refugio en Alemania.</li>
<li><a href="http://hrc-assets.s3-website-us-east-1.amazonaws.com/files/assets/resources/LGBT_Asylum_Seekers_FINAL.pdf">Stronger together</a>: una guía práctica destinada a solicitantes de asilo LGTB en Estados Unidos.</li>
</ul>
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<p>Aparte de estas publicaciones, me gustaría acabar este artículo destacando que <strong>la</strong> <strong>adopción de medidas de protección internacional sensibles a la diversidad es posible</strong> y tiene un impacto real en la vida de personas que son víctimas de la persecución y la violencia en múltiples dimensiones: <a href="http://news.trust.org/item/20160122170752-55ba4/?source=hpOtherNews2">la apertura de un albergue destinado a refugiados/as LGTB en Berlín</a> constituye el perfecto ejemplo de que es posible adaptar los estándares de protección que podemos ofrecer a las necesidades de seguridad que cada solicitante de asilo pueda necesitar.</p>
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		<title>Premios Enfoque, una mirada (ciudadana) crítica sobre el periodismo</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2016/02/29/premios-enfoque-una-mirada-ciudadana-critica-sobre-el-periodismo/</link>
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		<pubDate>Mon, 29 Feb 2016 10:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Autora invitada: Yolanda Polo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://9.102</guid>
		<description><![CDATA[Y si un día salimos a la calle de manera masiva y reivindicamos nuestro derecho a la información. ¿Se imaginan? Pancartas reclamando la responsabilidad periodística; exigiendo coberturas rigurosas sobre las realidades que nos afectan como humanidad; demandando análisis que contrarresten discursos dominantes que justifican lo injustificable. ¿Se imaginan? No es algo tan extraño, ya lo hizo #YoSoy132 en México contra la poderosísima Televisa. Si algo tenía claro este movimiento ciudadano es que sin salud informativa no hay democracia posible. La información es un derecho humano reconocido como tal en la Declaración de Derechos Humanos. A pesar de este reconocimiento, no existe una conciencia colectiva que nos lleve a exigir que sea plenamente garantizado -tal y como hacemos con otros derechos como la salud o la educación. De hecho, son escasas las iniciativas que fomentan y canalizan el deber ciudadano de vigilar el quehacer periodístico. Un reconocimiento ciudadano Hace tres años nacieron los Premios Enfoque, unos galardones que reconocen prácticas “enfocadas” o “desenfocadas” de medios de comunicación, programas o espacios, y periodistas. La particularidad de estos Premios es que no hay un jurado al uso, sino que es la ciudadanía la que decide quién los merece. En una primera etapa, profesionales de la comunicación y el periodismo sugieren nombres; quienes más votos reciben pasan a la segunda etapa en la que una votación ciudadana abierta arroja los resultados finales. En la tercera edición, recién celebrada, participaron 9.000 personas de todo el Estado español; una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la corta trayectoria de la iniciativa. Hay quienes cuestionan la necesidad de una categoría “desenfocada” por considerar que no es necesario ensañarse con ciertas prácticas. En realidad, no se trata tanto de un castigo como de recordarles que audiencia está alerta ante su trabajo, que deben mejorarlo para conseguir una labor periodística más enfocada y que tienen una responsabilidad social que deben asumir con rigor y profesionalidad. Otra de las características de estos Premios es que por cada una de las categorías hay tres ganadores o ganadoras. Esto es así para reconocer distintas prácticas y no caer en la competitividad entre unos y otros. No pretendemos hacer rankings sino generar debate y promover la fiscalización ciudadana sobre el ejercicio periodismo. Las graves consecuencias de la manipulación informativa Vivimos tiempos de gravísimos ataques a la libertad de expresión y al derecho a la información. Asistimos a flagrantes manipulaciones de informaciones que justifican violaciones de los derechos humanos. Esto es intolerable. El caso de la crisis de refugiados está arrojando titulares que deberían avergonzarnos profundamente como humanidad. Ciertas coberturas informativas sobre la violencia de género o sobre la persecución policial y judicial a la libertad de expresión deberían pasar a la historia de la infamia. Desde hace tiempo, profesionales de los medios públicos vienen denunciando la censura que sufren en el día a día por parte de las direcciones. Algunos editoriales de la llamada prensa seria deberían ser objeto de estudio en las facultades de periodismo como ejemplos de manipulación informativa y complicidad con los poderes económicos y políticos. Qué más tiene que pasar para que, como el movimiento #YoSoy132, salgamos a la calle y digamos ¡basta! Impertinencia periodística y ciudadana Decía Kapuscinski que el periodismo debe ser indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia. Debe vigilar los poderes y hacerse las preguntas que no quieren que nos hagamos; debe facilitarnos respuestas a interrogantes que como humanidad debemos hacernos. Exige una alta dosis de empatía y humanidad, y exige permitir que las personas anónimas narren su propia historia. En la última gala de los Premios Enfoque (celebrada el 24 de febrero), varias personas dedicaron sus premios a “los y las nadie” que sufren a diario las consecuencias de los recortes sociales, la violencia de género, el cierre de fronteras o las políticas internacionales criminales que esquilman recursos y condenan a la miseria a millones de personas en el mundo. Personas que construyen alternativas y que van haciendo historia. Esas, y no otras, deben ser las protagonistas de las noticias. El periodismo debe ser impertinente; como también debe serlo la ciudadanía con respecto a los medios de comunicación. “Que exista un grupo social vigilando nuestro trabajo es bueno para el periodismo”, afirmó Iñaki Gabilondo, reconocido en la Categoría de Periodista Enfocado en la III Edición de los Premios. El día en el que, como sociedad, seamos conscientes de nuestro deber en la defensa del derecho a la información, ese día, conseguiremos enormes cambios. Confiamos en que, con estos Premios hayamos contribuido, así sea un poco, a fomentar esa conciencia global. Confiamos también en que nuestro trabajo pueda ir más allá de una gala. ¿Se imaginan un observatorio que fomente la educación en medios y la fiscalización constante sobre la labor periodísticas? ¿Se imaginan que aumentan las demandas ciudadanas sobre los medios de comunicación, que se llevan a los tribunales las legislaciones que atentan contra el derecho a la información? ¿Se imaginan que un día salimos a la calle y…? Premios Enfoque, una mirada crítica sobre el periodismo. Esta iniciativa sale adelante gracias al trabajo voluntario de profesionales, profesores y estudiantes de la comunicación y el periodismo. Cuenta con el apoyo de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España, la Universidad Jaume I de Castellón y la Universidad Complutense.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Y si un día salimos a la calle de manera masiva y reivindicamos nuestro derecho a la información. ¿Se imaginan? Pancartas reclamando la responsabilidad periodística; exigiendo coberturas rigurosas sobre las realidades que nos afectan como humanidad; demandando análisis que contrarresten discursos dominantes que justifican lo injustificable. ¿Se imaginan?</p>
<p>No es algo tan extraño, ya lo hizo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_YoSoy132">#YoSoy132</a> en México contra la poderosísima Televisa. Si algo tenía claro este movimiento ciudadano es que sin salud informativa no hay democracia posible.</p>
<p>La información es un derecho humano reconocido como tal en la Declaración de Derechos Humanos. A pesar de este reconocimiento, no existe una conciencia colectiva que nos lleve a exigir que sea plenamente garantizado -tal y como hacemos con otros derechos como la salud o la educación. De hecho, son escasas las iniciativas que fomentan y canalizan el deber ciudadano de vigilar el quehacer periodístico.</p>
<p><strong>Un reconocimiento ciudadano</strong></p>
<p>Hace tres años nacieron los <a href="premiosenfoque.com">Premios Enfoque</a>, unos galardones que reconocen prácticas “enfocadas” o “desenfocadas” de medios de comunicación, programas o espacios, y periodistas. La particularidad de estos Premios es que no hay un jurado al uso, sino que es la ciudadanía la que decide quién los merece. En una primera etapa, profesionales de la comunicación y el periodismo sugieren nombres; quienes más votos reciben pasan a la segunda etapa en la que una votación ciudadana abierta arroja los resultados finales. En la tercera edición, recién celebrada, participaron 9.000 personas de todo el Estado español; una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la corta trayectoria de la iniciativa.</p>
<p>Hay quienes cuestionan la necesidad de una categoría “desenfocada” por considerar que no es necesario ensañarse con ciertas prácticas. En realidad, no se trata tanto de un castigo como de recordarles que audiencia está alerta ante su trabajo, que deben mejorarlo para conseguir una labor periodística más enfocada y que tienen una responsabilidad social que deben asumir con rigor y profesionalidad.</p>
<p>Otra de las características de estos Premios es que por cada una de las categorías hay tres ganadores o ganadoras. Esto es así para reconocer distintas prácticas y no caer en la competitividad entre unos y otros. No pretendemos hacer rankings sino generar debate y promover la fiscalización ciudadana sobre el ejercicio periodismo.</p>
<p><strong>Las graves consecuencias de la manipulación informativa</strong></p>
<p>Vivimos tiempos de gravísimos ataques a la libertad de expresión y al derecho a la información. Asistimos a flagrantes manipulaciones de informaciones que justifican violaciones de los derechos humanos. Esto es intolerable. El caso de la crisis de refugiados está arrojando titulares que deberían avergonzarnos profundamente como humanidad. Ciertas coberturas informativas sobre la violencia de género o sobre la persecución policial y judicial a la libertad de expresión deberían pasar a la historia de la infamia. Desde hace tiempo, profesionales de los medios públicos vienen denunciando la censura que sufren en el día a día por parte de las direcciones. Algunos editoriales de la llamada prensa seria deberían ser objeto de estudio en las facultades de periodismo como ejemplos de manipulación informativa y complicidad con los poderes económicos y políticos. Qué más tiene que pasar para que, como el movimiento #YoSoy132, salgamos a la calle y digamos ¡basta!</p>
<p><strong>Impertinencia periodística y ciudadana</strong></p>
<p>Decía Kapuscinski que el periodismo debe ser indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia. Debe vigilar los poderes y hacerse las preguntas que no quieren que nos hagamos; debe facilitarnos respuestas a interrogantes que como humanidad debemos hacernos. Exige una alta dosis de empatía y humanidad, y exige permitir que las personas anónimas narren su propia historia.</p>
<p>En la última gala de los Premios Enfoque (celebrada el 24 de febrero), varias personas dedicaron sus premios a “los y las nadie” que sufren a diario las consecuencias de los recortes sociales, la violencia de género, el cierre de fronteras o las políticas internacionales criminales que esquilman recursos y condenan a la miseria a millones de personas en el mundo. Personas que construyen alternativas y que van haciendo historia. Esas, y no otras, deben ser las protagonistas de las noticias.</p>
<p>El periodismo debe ser impertinente; como también debe serlo la ciudadanía con respecto a los medios de comunicación. “Que exista un grupo social vigilando nuestro trabajo es bueno para el periodismo”, afirmó Iñaki Gabilondo, reconocido en la Categoría de Periodista Enfocado en la III Edición de los Premios. El día en el que, como sociedad, seamos conscientes de nuestro deber en la defensa del derecho a la información, ese día, conseguiremos enormes cambios. Confiamos en que, con estos Premios hayamos contribuido, así sea un poco, a fomentar esa conciencia global.</p>
<p>Confiamos también en que nuestro trabajo pueda ir más allá de una gala. ¿Se imaginan un observatorio que fomente la educación en medios y la fiscalización constante sobre la labor periodísticas? ¿Se imaginan que aumentan las demandas ciudadanas sobre los medios de comunicación, que se llevan a los tribunales las legislaciones que atentan contra el derecho a la información? ¿Se imaginan que un día salimos a la calle y…?</p>
<p><a href="premiosenfoque.com">Premios Enfoque, una mirada crítica sobre el periodismo</a>. Esta iniciativa sale adelante gracias al trabajo voluntario de profesionales, profesores y estudiantes de la comunicación y el periodismo. Cuenta con el apoyo de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España, la Universidad Jaume I de Castellón y la Universidad Complutense.</p>
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		<title>Las elecciones no nos dejan ver el bosque</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 08:03:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Teresa Sancho Ortega]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>
		<category><![CDATA[Soberanía alimentaria]]></category>

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		<description><![CDATA[Llegó el día D. Me toca ponerme a escribir y estoy en blanco, qué terrible! Bueno, a decir verdad en blanco, en blanco no estoy. Hay un montón de planteamientos que me motivan pero, dado el barullo que se está formando con las elecciones…No sé, me da que cualquier cosa que escriba sobre soberanía alimentaria va a pasar desapercibida. Al fin y al cabo es un tema que se considera muy específico y sólo apto para minorías. Una de mis posibles ideas era haber escrito sobre los acuerdos alcanzados en la ansiada Cumbre del Clima en Paris. Tanto las organizaciones y movimientos sociales, como la comunidad científica especializada, han alzado la voz en contra de los mismos y no es de extrañar. Me encantaría denunciar el paripé que presenciamos. Representantes institucionales de todo tipo celebrando que, una vez más, se ha postergado el problema para más adelante. Tampoco se han asumido responsabilidades legales. Por supuesto, se han ignorado las alternativas que propone la sociedad civil, entre ellas la agroecología. Es alucinante su capacidad para, como viene siendo costumbre, transformar una catástrofe en un negocio, mercantilizándolo todo. Menos aún deja de asombrarme como consiguen que buena parte de la sociedad quede convencida de que, el hecho de que asimilen sin rubor la destrucción de miles de tesoros naturales y el sufrimiento de cientos de millones de personas en los próximos años, es todo un triunfo porque “se han puesto de acuerdo” en que “voluntariamente” intentarán solucionarlo en un futuro próximo. Otra propuesta que se me ocurría y que pegaba con estas fechas era hablar de dorado y purpurina. Eso es, lo habéis pillado, Freixenet. Espero que ya hayáis visto el anuncio, porque por muy hortera que os parezca, lo hemos pagado con nuestros impuestos. Resulta que Freixenet es una de las grandes empresas de la industria alimentaria que tiene el honor de quedarse con una parte importante de las subvenciones de la PAC (Política Agraria Comunitaria). En concreto este año ha recibido 2 millones de euros, nada que no se gaste en un buen anuncio navideño. Y es que las subvenciones para la agricultura no se dan a quien vive de la tierra o a quien más lo necesita, no, que insensatez. La lógica de las instituciones europeas es que, ya que el pequeño campesinado va a desaparecer puesto que el futuro está en la producción industrial y la importación a terceros, ni ayudas ni monas, y ya repartimos el dinero entre amiguetes. Freixenet no es la única. Mercadona por ejemplo, fue subvencionada con 2,5 millones, a pesar de tener unos beneficios en 2014 de la friolera de 543 millones; también 4 de las 7 mayores fortunas de Andalucía recibieron su millonada correspondiente, no importa si las tierras que poseen no son cosechadas, tampoco si las personas que contratan reciben un jornal digno o no. Seguí rebuscando en las noticias recientes y encontré dos que me llamaron la atención. En una, hablaba de que el gasto de estas navidades se iba a incrementar un 5% a consecuencia del aumento de la confianza de la gente en la recuperación económica. En la otra, resulta que 2015 ha sido el año en el que mayor riesgo de pobreza infantil ha habido, un 35,4% de quienes son menores de 16 años según el INE. Parece que, según entidades como UNICEF o SESPAS, uno de los principales inconvenientes que se derivan de esto son los problemas para la salud y discriminación que acarrea la malnutrición que sufren. Para muchas familias resulta realmente complicado cubrir las necesidades nutricionales de sus criaturas en casa, y más en épocas en las que no pueden apoyarse en los comedores escolares, como las próximas vacaciones navideñas. Peor aún, deben recurrir a pedir limosna a organizaciones de caridad para cubrir una necesidad que es un derecho supuestamente garantizado por la constitución, al menos hasta que se aprobó el artículo 135 dichoso. Resulta cuanto menos curioso que haya gente que no pueda cubrir una necesidad básica como es la comida mientras que incrementa el consumo total, y todo apunta a que la causa es la creciente desigualdad. Hay otro tema que me chifló y del que tenía muchísimas ganas de darle una vuelta. Hace algunos días la revista Pikara publicó un reportaje magnífico. Trataba sobre las estrategias colectivas que utilizan las mujeres en algunas comunidades indígenas guatemaltecas para acabar con la violencia machista. Se basan en el apoyo emocional y el empoderamiento de las víctimas mediante la creación de redes de apoyo mutuo, el aprovechamiento de saberes ancestrales y el reconocimiento de que la violencia es un asunto público y prioritario. Van 52 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas a nivel estatal, alrededor del centenar si lo que contamos son feminicidios. Sabemos que un tercio de las mujeres europeas ha sufrido alguna vez en su vida violencia física o sexual, y más de la mitad acoso sexual. Parece que son datos lo suficientemente alarmantes como para que acabar con esta lacra esté en la mente de cualquiera. La violencia machista es la expresión más brutal de una ideología y unos valores que están profundamente arraigados en nuestra sociedad y no se frenará mientras no cambie nuestro sistema de creencias y ordenación social. Por ello, conocer experiencias integrales como las propuestas por estas mujeres me pareció todo un lujo que debería exprimirse al máximo. En definitiva, para resumir tenemos: decisiones políticas que se juegan el futuro del planeta y de la próxima generación (ya no hablo de próximas en plural, que está al caer); la desaparición o no de la producción campesina en Europa; el uso de recursos públicos para beneficiar intereses privados al puro estilo Rato-2.0; la falta de garantía del derecho universal a una alimentación saludable por parte del Estado; y propuestas colectivas para acabar realmente con la violencia machista. En fin, son ámbitos muy dispares pero al menos no parece que sean tan complejos de entender ni que sólo afecten a minorías. Además de esto, hay un par de cosas que tienen en común. Dado el grado de interés que se muestra y la simplicidad con la que los tratan, ninguno es una prioridad para los partidos neoliberales ni para los grandes medios de comunicación. No es de extrañar dado que ambos bailan al son de lo que dicen los mercados y trasnacionales. Quien paga manda, así de simple. Hay otra coincidencia. Son los movimientos y las organizaciones sociales quienes han estado durante años denunciando, dando voz, creando espacios de participación y proponiendo alternativas para que asuntos como estos y otros muchos que se centran en las personas y no en el capital, sean abordados. Así como los árboles no nos dejan ver el bosque a veces, parece que la actualidad política diaria no nos deja visualizar las verdaderas prioridades requeridas como sociedad. Dentro de nada, las elecciones. Y, por muy bien que se dé la cosa, lo cierto es que tres de los cuatro partidos que aspiran a gobernar están del lado del Ibex 35. A nivel institucional, parece que seguirá soplando el viento en contra. No sé qué opinaréis el resto, yo desde luego no pienso dedicarme a llorar en una esquina y esperar otros cuatro años a ver qué pasa. No es tiempo de achantarse, sino de analizar los avances y retos que tenemos por delante como ciudadanía organizada y continuar con la acción. Es momento de recordar que vamos lento porque vamos lejos.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Llegó el día D. Me toca ponerme a escribir y estoy en blanco, qué terrible! Bueno, a decir verdad en blanco, en blanco no estoy. Hay un montón de planteamientos que me motivan pero, dado el barullo que se está formando con las elecciones…No sé, me da que cualquier cosa que escriba sobre <strong>soberanía alimentaria</strong> va a pasar desapercibida. Al fin y al cabo es un tema que se considera muy específico y sólo apto para minorías.</p>
<p>Una de mis posibles ideas era haber escrito sobre los acuerdos alcanzados en la ansiada <a href="https://www.diagonalperiodico.net/global/28691-acuerdo-paris-pantomima-historica.html">Cumbre del Clima</a> en Paris. <strong>Tanto las organizaciones y movimientos sociales, como la comunidad científica especializada, han alzado la voz en contra de los mismos</strong> y no es de extrañar. Me encantaría denunciar el paripé que presenciamos. Representantes institucionales de todo tipo celebrando que, una vez más, se ha postergado el problema para más adelante. Tampoco se han asumido responsabilidades legales. Por supuesto, se han ignorado las alternativas que propone la sociedad civil, entre ellas la agroecología. Es alucinante su capacidad para, como viene siendo costumbre, transformar una catástrofe en un negocio, mercantilizándolo todo. Menos aún deja de asombrarme como consiguen que buena parte de la sociedad quede convencida de que, el hecho de que asimilen sin rubor la destrucción de miles de tesoros naturales y el sufrimiento de cientos de millones de personas en los próximos años, es todo un triunfo porque “se han puesto de acuerdo” en que “voluntariamente” intentarán solucionarlo en un futuro próximo.</p>
<p>Otra propuesta que se me ocurría y que pegaba con estas fechas era hablar de dorado y purpurina. Eso es, lo habéis pillado, Freixenet. Espero que ya hayáis visto el anuncio, porque por muy hortera que os parezca, lo hemos pagado con nuestros impuestos. Resulta que <strong>Freixenet es una de las grandes empresas de la industria alimentaria que tiene el honor de quedarse con una parte importante de las subvenciones de la PA</strong>C (Política Agraria Comunitaria). En concreto este año ha recibido <a href="http://vsf.org.es/actualidad/quien-ha-recibido-mas-subvencion-de-dinero-publico-traves-de-la-pac-en-2015">2 millones de euros</a>, nada que no se gaste en un buen anuncio navideño. Y es que las subvenciones para la agricultura no se dan a quien vive de la tierra o a quien más lo necesita, no, que insensatez. La lógica de las instituciones europeas es que, ya que el pequeño campesinado va a desaparecer puesto que el futuro está en la producción industrial y la importación a terceros, ni ayudas ni monas, y ya repartimos el dinero entre amiguetes. Freixenet no es la única. <strong>Mercadona</strong> por ejemplo, fue subvencionada con 2,5 millones, a pesar de tener unos beneficios en 2014 de la friolera de 543 millones; también 4 de las 7 mayores fortunas de Andalucía recibieron su millonada correspondiente, no importa si las tierras que poseen no son cosechadas, tampoco si las personas que contratan reciben un jornal digno o no.</p>
<p>Seguí rebuscando en las noticias recientes y encontré dos que me llamaron la atención. En una, hablaba de que el gasto de estas navidades se iba a incrementar un 5% a consecuencia del aumento de la confianza de la gente en la recuperación económica. En la otra, resulta que 2015 ha sido el año en el que <strong>mayor riesgo de pobreza infantil ha habido, un 35,4% de quienes son menores de 16 años</strong> según el INE. Parece que, según entidades como UNICEF o SESPAS, uno de los principales inconvenientes que se derivan de esto son los problemas para la salud y discriminación que acarrea <a href="http://lab.eldiario.es/pobrezainfantil/efectos">la malnutrición que sufren</a>. Para muchas familias resulta realmente complicado cubrir las necesidades nutricionales de sus criaturas en casa, y más en épocas en las que no pueden apoyarse en los comedores escolares, como las próximas vacaciones navideñas. Peor aún, deben recurrir a pedir limosna a organizaciones de caridad para cubrir una necesidad que es un <strong>derecho</strong> supuestamente garantizado por la constitución, al menos hasta que se aprobó el <a href="http://www.huffingtonpost.es/2014/11/25/135-claves_n_6219930.html">artículo 135</a> dichoso. Resulta cuanto menos curioso que haya gente que no pueda cubrir una necesidad básica como es la comida mientras que incrementa el consumo total, y todo apunta a que la causa es la creciente desigualdad.</p>
<p>Hay otro tema que me chifló y del que tenía muchísimas ganas de darle una vuelta. Hace algunos días la revista Pikara publicó un <a href="http://www.pikaramagazine.com/2015/11/de-victimas-a-lideresas-contra-la-violencia">reportaje magnífico</a>. Trataba sobre las <strong>estrategias colectivas</strong> que utilizan las mujeres en algunas comunidades indígenas guatemaltecas para acabar con la violencia machista. Se basan en el apoyo emocional y el empoderamiento de las víctimas mediante la creación de redes de apoyo mutuo, el aprovechamiento de saberes ancestrales y el reconocimiento de que la violencia es un asunto público y prioritario. Van 52 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas a nivel estatal, alrededor del <strong>centenar</strong> si lo que contamos son <a href="http://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2015-11-24/las-victimas-invisibles-de-la-violencia-machista_753261">feminicidios</a>. Sabemos que <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/millones-europeas-sufrido-violencia-machista_0_235177241.html">un tercio</a> de las mujeres europeas ha sufrido alguna vez en su vida violencia física o sexual, y más de la mitad acoso sexual. Parece que son datos lo suficientemente alarmantes como para que acabar con esta lacra esté en la mente de cualquiera. <strong>La violencia machista es la expresión más brutal de una ideología y unos valores que están profundamente arraigados en nuestra sociedad</strong> y no se frenará mientras no cambie nuestro sistema de creencias y ordenación social. Por ello, conocer experiencias integrales como las propuestas por estas mujeres me pareció todo un lujo que debería exprimirse al máximo.</p>
<p>En definitiva, <strong>para resumir</strong> tenemos: decisiones políticas que se juegan el futuro del planeta y de la próxima generación (ya no hablo de próximas en plural, que está al caer); la desaparición o no de la producción campesina en Europa; el uso de recursos públicos para beneficiar intereses privados al puro estilo Rato-2.0; la falta de garantía del derecho universal a una alimentación saludable por parte del Estado; y propuestas colectivas para acabar realmente con la violencia machista. En fin, son ámbitos muy dispares pero al menos no parece que sean tan complejos de entender ni que sólo afecten a minorías. Además de esto, hay un par de cosas que tienen en común.</p>
<p>Dado el grado de interés que se muestra y la simplicidad con la que los tratan, <strong>ninguno es una prioridad para los partidos neoliberales</strong> ni para los grandes medios de comunicación. No es de extrañar dado que ambos bailan al son de lo que dicen los mercados y trasnacionales. Quien paga manda, así de simple. Hay otra coincidencia. Son los movimientos y las organizaciones sociales quienes han estado durante años denunciando, dando voz, creando espacios de participación y proponiendo alternativas para que asuntos como estos y otros muchos que se centran en las personas y no en el capital, sean abordados.</p>
<p><strong>Así como los árboles no nos dejan ver el bosque a veces, parece que la actualidad política diaria no nos deja visualizar las verdaderas prioridades requeridas como sociedad</strong>. Dentro de nada, las elecciones. Y, por muy bien que se dé la cosa, lo cierto es que tres de los cuatro partidos que aspiran a gobernar están del lado del Ibex 35. A nivel institucional, parece que seguirá soplando el viento en contra. No sé qué opinaréis el resto, yo desde luego no pienso dedicarme a llorar en una esquina y esperar otros cuatro años a ver qué pasa. No es tiempo de achantarse, sino de analizar los avances y retos que tenemos por delante como ciudadanía organizada y continuar con la acción. <strong>Es momento de recordar que <em>vamos lento porque vamos lejos</em></strong>.</p>
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		<title>¿Un sueño, una pesadilla o todo lo contrario?</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2015 04:09:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Silvia Chocarro Marcesse]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Te despiertas una mañana, te preparas un café y enciendes la radio para escuchar las noticias. Silencio. No se oye nada. Enciendes la televisión. Pantalla en negro. No hay señal. Te conectas a internet. Aparece un mensaje que dice: “Este servicio ya no existe”. Sales a la calle a comprarte el periódico y cuando llegas al quiosco está “cerrado hasta nuevo aviso”. Te preguntas cómo te vas a enterar de quién ganó el debate electoral. Por no hablar del reportaje de investigación que anunciaron sobre la corrupción del gobierno municipal. Esto sí que te da rabia, ahora que por fin los habían pillado. Además, querías leer el análisis sobre la cumbre del cambio climático para entender qué es lo que está en juego. Y te vas a perder la entrevista que le hacían hoy a tu escritora favorita. Claro, y la tertulia de la tres. Por cierto ¿quién habrá ganado el partido de ayer? Te despiertas a la mañana siguiente. No hay radio, ni tele, ni periódicos ni internet. Y entonces te planteas si deberías salir a la calle a protestar, ahora que ya no lo puedes hacer por las redes sociales. Te preguntas si tendrías que haber dicho algo cuando empezaron a censurar contenidos en internet porque atentaban contra la “seguridad nacional”. Tal vez tendríamos que habernos manifestado cuando aprobaron aquella ley que llamaron “mordaza”. O cuando convirtieron en propaganda la información de la televisión pública. Te acuerdas de que no fuiste a la concentración de apoyo a la radio comunitaria de tu barrio. La cerraron. Te despiertas. Silencio. Recuerdas, entonces, una conversación que tuviste entre un grupo de amigos sobre la importancia de la información en nuestras vidas. Acababan de publicar una encuesta en la que los periodistas no salían muy bien parados. Y nos hizo gracia la pregunta de “¿qué profesión recomendaría a su hijo/a en primer lugar?”.  Y “periodista” aparecía la penúltima de la lista (CIS, 2013). Ya no nos hace tanta gracia. Nos hemos quedado sin periodistas y sin información.Ahora es cuando te empiezas acordar del rollo ese de que los medios de comunicación cumplen un papel fundamental en nuestras sociedades. Y de que la libertad de expresión y el acceso a la información son un preciado derecho humano. Te despiertas. Todo era un sueño. ¿O una pesadilla? &#160; (Este texto fue publicado en la web de Premios Enfoque de periodismo). &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Te despiertas una mañana, te preparas un café y enciendes la radio para escuchar las noticias. Silencio. No se oye nada. Enciendes la televisión. Pantalla en negro. No hay señal. Te conectas a internet. Aparece un mensaje que dice: “Este servicio ya no existe”. Sales a la calle a comprarte el periódico y cuando llegas al quiosco está “cerrado hasta nuevo aviso”.</p>
<p>Te preguntas cómo te vas a enterar de quién ganó el debate electoral. Por no hablar del reportaje de investigación que anunciaron sobre la corrupción del gobierno municipal. Esto sí que te da rabia, ahora que por fin los habían pillado. Además, querías leer el análisis sobre la cumbre del cambio climático para entender qué es lo que está en juego. Y te vas a perder la entrevista que le hacían hoy a tu escritora favorita. Claro, y la tertulia de la tres. Por cierto ¿quién habrá ganado el partido de ayer?</p>
<p>Te despiertas a la mañana siguiente. No hay radio, ni tele, ni periódicos ni internet.</p>
<p>Y entonces te planteas si deberías salir a la calle a protestar, ahora que ya no lo puedes hacer por las redes sociales. Te preguntas si tendrías que haber dicho algo cuando empezaron a censurar contenidos en internet porque atentaban contra la “seguridad nacional”. Tal vez tendríamos que habernos manifestado cuando aprobaron aquella ley que llamaron “mordaza”. O cuando convirtieron en propaganda la información de la televisión pública. Te acuerdas de que no fuiste a la concentración de apoyo a la radio comunitaria de tu barrio. La cerraron.</p>
<p>Te despiertas. Silencio.</p>
<p>Recuerdas, entonces, una conversación que tuviste entre un grupo de amigos sobre la importancia de la información en nuestras vidas. Acababan de publicar una encuesta en la que los periodistas no salían muy bien parados. Y nos hizo gracia la pregunta de “¿qué profesión recomendaría a su hijo/a en primer lugar?”.  Y “periodista” aparecía la penúltima de la lista (CIS, 2013). Ya no nos hace tanta gracia. Nos hemos quedado sin periodistas y sin información.Ahora es cuando te empiezas acordar del rollo ese de que los medios de comunicación cumplen un papel fundamental en nuestras sociedades. Y de que la libertad de expresión y el acceso a la información son un preciado derecho humano.</p>
<p>Te despiertas. Todo era un sueño. ¿O una pesadilla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este texto fue publicado en la web de <a href="http://premiosenfoque.com/2015/12/15/un-sueno-una-pesadilla-o-todo-lo-contrario/" target="_blank">Premios Enfoque de periodismo</a>).</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Poniendo el acento en la B de LGTB</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Nov 2015 09:44:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Aguado Dívar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos Sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Bisexualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos LGTBI]]></category>
		<category><![CDATA[Diversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 23 de septiembre tuvo lugar la celebración del Día de la Visibilidad Bisexual, una fecha en la que celebramos los derechos de aquellas personas que simplemente, son capaces de enamorarse o sentirse atraid@s por una persona sin que su sexo sea un factor determinante. Leo la definición que acabo de teclear (una persona que puede sentirse atraída por otra persona sin importar su sexo), y no me parece estar escribiendo nada extraño, incomprensible o alejado del entendimiento humano. Sin embargo, la realidad nos lleva a constatar que las personas bisexuales son objeto de una gran incompresión, y de un tipo de discriminación muy específica, proveniente tanto de la comunidad LGTB como de la sociedad en general. “Es sólo una fase”, “está confundida”, “está indeciso”, son expresiones muy habituales con las que se suele “absolver” a las personas bisexuales cuando nuestra visión monolítica o binaria del sexo no nos permite encajar unas preferencias sexuales que no encajan en las (pocas) casillas mentales con las que contamos a la hora de clasificar algo tan vasto e “inetiquetable” como es la afectividad y la sexualidad. En este caso, al menos la incomprensión no incluye una intencionalidad perversa por parte de la persona bisexual, una característica que sí caracteriza otros tipos de discriminación: lo ejemplifican perfectamente frase del tipo “lo que pasa es que son más viciosos”, “son personas más crueles”, o mi favorita de todos los tiempos, “en algún momento te será infiel porque siempre va a haber algo que no le vas a poder dar”. Ésta última es maravillosa, porque como es de tod@s sabido, en las relaciones hetero y homosexuales nunca se producen infidelidades ni se acaba el amor, y absolutamente todo lo que te gusta, atrae y necesitas lo puedes encontrar en la otra persona. A pesar de los avances que se han producido en el avance de derechos de la comunidad LGTB, sigue existiendo esta incomprensión, fruto en gran parte de la invisibilidad: a pesar de que según ciertas estadísticas, al menos la mitad de la población gay y lesbiana de los Estados Unidos se autodefine como bisexual, lo cierto es que su visibilidad queda muchas veces oculta por la incomprensión, o simplemente, la visión reduccionista sobre la sexualidad en la que la mayoría de nosotr@s hemos sido educad@s. La prueba es que si vemos una pareja por la calle de dos chicas o dos chicos, o chicos o chicas, pensaremos que son “una pareja homosexual” en los dos primeros casos, o “una pareja heterosexual” en el segundo, satisfaciendo cerebralmente la necesidad de “clasificar” la realidad que nos rodea. Este ejemplo, si bien muy simple seguramente, sirve para ilustrar por qué la bisexualidad no se nos presenta como una posibilidad para percibir a una determinada persona en primer lugar. La falta de visibilidad de las personas bisexuales, a diferencia de lo que sucede con gays, lesbianas y transexuales, es el principal motivo para que aún no se hayan roto los estereotipos que les estigmatizan. Esta situación, lógicamente implica que muchas personas bisexuales se sientan incomprendidas y aisladas tanto de su entorno heterosexual como en su interacción con gays y lesbianas. Y es que para much@s la bisexualidad no está considerada por muchas personas como una orientación “legítima” o “real”. Este hecho conlleva un aislamiento que deriva, muchas veces, en vectores de discriminación y exclusión que les afectan específicamente, o bien aumentan cuando se combinan con otros factores, como el sexo, la edad o la etnia. La relación entre bisexualidad y exclusión, en datos Para poder ejemplificar algunas de estas vertientes de exclusión, y también para aportar mi granito de arena en la visibilidad bi, he recurrido a algunos estudios y encuestas. Reflejo aquí algunos datos que me han parecido interesantes: Las mueres bisexuales están más expuestas a la violencia sexual debido a los estereotipos asignados a su identidad sexual: en Estados Unidos, el 46% de las mujeres bisexuales participantes en un estudio sobre sexualidad y agresiones sexuales revelaron haber sufrido violencia, acoso o violación por parte de su pareja, frente al 17% de las mujeres heterosexuales y el 13% de las lesbianas. Un estudio realizado en Reino Unido reveló que tan sólo el 33% de las personas bisexuales que en él participaron se sentían cómodas dando a conocer a su médico su orientación sexual, y casi la mitad de ellas habían sufrido bifobia en servicios públicos. Esto hace que el porcentaje de mujeres y hombres bisexuales que ocultan su orientación sexual a su médico sea superior a la de mujeres y hombres homosexuales. Esta podría ser la principal razón por la que la población bisexual presenta peores estándares de salud que la población heterosexual, y en algunos casos, que la población homosexual. Según otro estudio realizado por Human Rights Campaign, los y las bisexuales más jóvenes afirmaban en menor medida que lesbianas y gays de su misma edad contar con un referente adulto de apoyo a la que dirigirse cuando se sienten tristes. Sólo el 5% de la juventud bisexual afirmaba sentirse “muy feliz”, en comparación con el 8% de jóvenes gays y lesbianas y el 21% de jóvenes heterosexuales. Las mujeres bisexuales afrontan un menor apoyo social y una peor calidad de vida que las mujeres heterosexuales y lesbianas, así como menores niveles de bienestar emocional, lo que puede tener consecuencias trágicas: los adultos bisexuales refieren haber tenido pensamientos suicidas en una proporción tres veces superior a los adultos heterosexuales. Estos datos son sólo algunos ejemplos de los recogidos en los estudios mencionados, que invito a consultar. Pero son ilustrativos a la hora de mostrar cómo diferentes factores de exclusión pueden confluir, y que la invisibilización e incomprensión de esta realidad puede tener consecuencias dramáticas. La comunidad LGTB no debería dar por sentado que es diversa en sí misma, y el cuestionamiento de la diversidad hacia el exterior debería realizarse también hacia el interior. No podemos permitirnos escribir algunas siglas en minúscula y otras en mayúscula al escribir LGTB.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado <strong>23 de septiembre</strong> tuvo lugar la celebración del <strong>Día de la Visibilidad Bisexual</strong>, una fecha en la que celebramos los derechos de aquellas personas que simplemente, son capaces de enamorarse o sentirse atraid@s por una persona sin que su sexo sea un factor determinante.</p>
<p>Leo la definición que acabo de teclear (una persona que puede sentirse atraída por otra persona sin importar su sexo), y no me parece estar escribiendo nada extraño, incomprensible o alejado del entendimiento humano. Sin embargo, la realidad nos lleva a constatar que <strong>las personas bisexuales son objeto de una gran incompresión, y de un tipo de discriminación muy específica, proveniente tanto de la comunidad LGTB como de la sociedad en general</strong>. “Es sólo una fase”, “está confundida”, “está indeciso”, son expresiones muy habituales con las que se suele “absolver” a las personas bisexuales cuando nuestra visión monolítica o binaria del sexo no nos permite encajar unas preferencias sexuales que no encajan en las (pocas) casillas mentales con las que contamos a la hora de clasificar algo tan vasto e “inetiquetable” como es la afectividad y la sexualidad. En este caso, al menos la incomprensión no incluye una intencionalidad perversa por parte de la persona bisexual, una característica que sí caracteriza otros tipos de discriminación: lo ejemplifican perfectamente frase del tipo “lo que pasa es que son más viciosos”, “son personas más crueles”, o mi favorita de todos los tiempos, “en algún momento te será infiel porque siempre va a haber algo que no le vas a poder dar”. Ésta última es maravillosa, porque como es de tod@s sabido, en las relaciones hetero y homosexuales nunca se producen infidelidades ni se acaba el amor, y absolutamente todo lo que te gusta, atrae y necesitas lo puedes encontrar en la otra persona.</p>
<p>A pesar de los avances que se han producido en el avance de derechos de la comunidad LGTB, sigue existiendo esta incomprensión, fruto en gran parte de la invisibilidad: a pesar de que según ciertas estadísticas, <strong>al menos la mitad de la población gay y lesbiana de los Estados Unidos se autodefine como bisexual</strong>, lo cierto es que su visibilidad queda muchas veces oculta por la incomprensión, o simplemente, la visión reduccionista sobre la sexualidad en la que la mayoría de nosotr@s hemos sido educad@s. La prueba es que si vemos una pareja por la calle de dos chicas o dos chicos, o chicos o chicas, pensaremos que son “una pareja homosexual” en los dos primeros casos, o “una pareja heterosexual” en el segundo, satisfaciendo cerebralmente la necesidad de “clasificar” la realidad que nos rodea. Este ejemplo, si bien muy simple seguramente, sirve para ilustrar por qué la bisexualidad no se nos presenta como una posibilidad para percibir a una determinada persona en primer lugar. La falta de visibilidad de las personas bisexuales, a diferencia de lo que sucede con gays, lesbianas y transexuales, es el principal motivo para que aún no se hayan roto los estereotipos que les estigmatizan.</p>
<p>Esta situación, lógicamente implica que muchas personas bisexuales se sientan incomprendidas y aisladas tanto de su entorno heterosexual como en su interacción con gays y lesbianas. Y es que <strong>para much@s la bisexualidad no está considerada por muchas personas como una orientación “legítima” o “real</strong>”. Este hecho conlleva un aislamiento que deriva, muchas veces, en vectores de discriminación y exclusión que les afectan específicamente, o bien aumentan cuando se combinan con otros factores, como el sexo, la edad o la etnia.</p>
<p><strong>La relación entre bisexualidad y exclusión, en datos</strong></p>
<p>Para poder ejemplificar algunas de estas vertientes de exclusión, y también para aportar mi granito de arena en la visibilidad bi, he recurrido a algunos estudios y encuestas. Reflejo aquí algunos datos que me han parecido interesantes:</p>
<ul>
<li>Las mueres bisexuales están más expuestas a la violencia sexual debido a los estereotipos asignados a su identidad sexual: en Estados Unidos, <strong>el 46% de las mujeres bisexuales</strong> participantes en un <a href="/www.hrc.org/resources/entry/sexual-assault-and-the-lgbt-community">estudio sobre sexualidad y agresiones sexuales</a> <strong>revelaron haber sufrido violencia, acoso o violación por parte de su pareja, frente al 17% de las mujeres heterosexuales y el 13% de las lesbianas. </strong></li>
<li>Un <a href="http://www.equality-network.org/wp-content/uploads/2015/04/Complicated-Bisexual-Report.pdf">estudio realizado en Reino Unido</a> reveló que <strong>tan sólo el 33% de las personas bisexuales que en él participaron se sentían cómodas dando a conocer a su médico su orientación sexual, y casi la mitad de ellas habían sufrido bifobia en servicios públicos</strong>. Esto hace que el porcentaje de mujeres y hombres bisexuales que ocultan su orientación sexual a su médico sea superior a la de mujeres y hombres homosexuales. Esta podría ser la principal razón por la que la población bisexual presenta <a href="http://hrc-assets.s3-website-us-east-1.amazonaws.com/files/assets/resources/HRC-BiHealthBrief.pdf">peores estándares de salud que la población heterosexual</a>, y en algunos casos, que la población homosexual.</li>
<li>Según <a href="http://www.hrc.org/youth-report/supporting-and-caring-for-our-bisexual-youth#.Vk7MZL9Zv3s">otro estudio realizado por Human Rights Campaign</a>, los y las bisexuales más jóvenes afirmaban en menor medida que lesbianas y gays de su misma edad contar con un referente adulto de apoyo a la que dirigirse cuando se sienten tristes<strong>. Sólo el 5% de la juventud bisexual afirmaba sentirse “muy feliz”, en comparación con el 8% de jóvenes gays y lesbianas y el 21% de jóvenes heterosexuales</strong>.</li>
<li>Las mujeres bisexuales afrontan un menor apoyo social y una peor calidad de vida que las mujeres heterosexuales y lesbianas, así como menores niveles de bienestar emocional, lo que puede tener consecuencias trágicas: <strong>los adultos bisexuales refieren haber tenido pensamientos suicidas en una proporción tres veces superior a los adultos heterosexuales</strong>.</li>
</ul>
<p>Estos datos son sólo algunos ejemplos de los recogidos en los estudios mencionados, que invito a consultar. Pero son ilustrativos a la hora de mostrar cómo diferentes factores de exclusión pueden confluir, y que la invisibilización e incomprensión de esta realidad puede tener consecuencias dramáticas.</p>
<p>La comunidad LGTB no debería dar por sentado que es diversa en sí misma, y el cuestionamiento de la diversidad hacia el exterior debería realizarse también hacia el interior. <strong>No podemos permitirnos escribir algunas siglas en minúscula y otras en mayúscula al escribir LGTB</strong>.</p>
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		<title>La realidad y sus desaciertos</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2015 22:48:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Te imagino existiendo en la eterna frustración de tantos desaciertos… Myriam Diocaretz &#160; Intentar ligar la literatura con las inquietudes que nos acechan, con tantos desaciertos de la realidad, NO significa meter la literatura, que por definición es inasible, en una caja de zapatos. De la literatura, como ejercicio que tiene en la libertad su principal valor, seguramente emanan las mejores representaciones del poder humano y sus miserias (recientemente encontré un buen ejemplo en Bandidos, del chileno Rafael Ruiz Moscatelli). Disiento, por lo tanto, con aquellos que temen o etiquetan de panfleto a la literatura que refleja porciones de la realidad o reinventa pedazos de mundo. No es que la literatura se convierta en una herramienta de cambio, sino que transformar es una de los valores más altos a los que la literatura puede aspirar, y muchas obras, con intención o sin ella, consiguen, al exponer la evidencia, provocar mutaciones en la mente de hombres y mujeres, que es donde de verdad empieza cualquier revolución que se precie. Pese a ello, el desencanto y el mal uso que en muchas ocasiones se ha hecho entre arte y compromiso suscita dudas y suspicacias. La literatura, en eso coincido con quienes dudan, no se puede acorralar ni meter en cajas clasificadoras. Pero que exista libertad o no en la creación no depende del tema que la convoca, ni siquiera de la intención de la obra, sino de donde surge el impulso: si es desde el discurso político, desde el encargo publicitario o propagandístico o si procede de una intención comunicativa que nace de lo literario. En este caso, la literatura es la que elige y está en su derecho de que el resultado de esa gran batalla que se libra en la mente de la narradora o narrador, en su pensamiento, en su trabajo artesanal, en el desafío a sí misma/o en la puesta en duda de sus propios prejuicios, sea una obra que denuncie la explotación de los recursos naturales, la acción del hombre en la ruptura de los equilibrios naturales (como por ejemplo refleja la película china Wolf Totem, de Jean-Jaques Annaud, basada en la novela homónima de Jiang Rong) o la violencia que la reproducción de los estereotipos machistas impone a sus víctimas. El relato literario es un lugar para disolver los dogmas, para dialogar con esas otras y otros que llevamos dentro de nosotros mismos. Un espacio donde la imaginación tiene un valor incalculable, aunque se parezca tanto a la realidad y sus desaciertos. En sus afluentes y contrapuntos, en la variedad de voces y personajes encontramos también un ámbito donde ejercer la libertad, lo que no es incompatible con que una creadora/or quiera tomar partido, porque de una u otra forma siempre se toma. La libertad es el valor que convocan escritoras y escritores de todo el mundo cuando se les pregunta qué es para ellos la literatura, pero se corre el riesgo de que, por repetida, la cantinela pierda el verdadero sentir que la inspiró y su sabor se condense, se reduzca a una inercia. Muchos reniegan de ella cuando lo que está en juego son mayores beneficios económicos y más ventas. Los temas más anodinos, sobre realidades identificables por cualquiera, o los más extraordinarios, como el sado-porno y los vampiros, también pueden ser productos para meter en cajas de zapatos y ataúdes (bueno, los segundos literalmente). La narración queda encorsetada en un modelo, aparentemente redondo, que no nos dice nada del ser humano: ni una intuición vaga de su complejidad ni un susurro de su paso por el tiempo, de su huella. El lenguaje literario se traviste para otro fin, aunque el injerto antinatural es demasiado obvio para que la obra resulte en algo perdurable. La lectura literaria tiene que ser un desafío, no una droga para evadirse. La preocupación por lo estático, por el discurso único, nos estrangula como seres inteligentes que tratamos de ser. Seríamos poco más que autómatas o marionetas si el lenguaje solo fuera utilizado para las guías telefónicas, los contratos laborales cada vez más precarios, las series televisivas dirigidas desde los gabinetes de relaciones públicas de casas reales para mayor gloria del reino o la casposa mediocridad de los discursos políticos que tratan de convencernos, a fuerza de repetir, de que el gobierno debe de conformarlo el partido más votado (¡por dios, que les den una clase sobre gobernabilidad democrática!). La realidad exige ámbitos para entenderla desde distintos ángulos y la literatura se convierte por ello en uno de los pocos espacios posibles para ejercer la libertad cuando la maquinaria del dogma pisotea otros mundos en marcha. Sin duda, las intrigas de palacio y los tejemanejes del poder, los grupos de presión que llaman a las puertas de un sistema político cada vez más debilitado, son un buen motivo para la ficción. Necesitamos el relato literario para comprender cómo se engarzan tantas cuestiones coyunturales con la historia de la humanidad, el relato del pasado con nuestro presente, el relato de la comunidad con el personal. A veces, el entendimiento surge de un matiz, de las pequeñas resistencias cotidianas que, definitivamente, redimen esa otra parte de la naturaleza humana que nos condena. Se escriben novelas policiales que son capaces de incorporar en su ruido de fondo aquello que deja a su paso el paradigma económico-financiero dominante (Liquidación final, Petros Márkaris) o novelas de intriga que relatan el intento de traficar con derechos humanos básicos como el de la salud y la defensa de la sanidad pública (El comité de la noche, de Belén Gopegui). ¿Son esas voces que tratan de frenar los horrores más atroces y que el arte recoge, las que muchos sienten como incómodas? Hay relatos tan humanos y bellos que no necesitan que se adjetiven. Hay literatura que es eso: literatura; pero que además insufla, desde su complejidad, la fuerza para no callar, para sentir que no estamos solas ante tantos abusos, para seguir trabajando y no dejar que el horror y sus desaciertos acaben ocupando todos los ámbitos de la realidad. &#160; **La referencia a los desaciertos está inspirada en el poema de Myriam Diocaretz, del libro La inquietud de la gaviota (Madrid: Torremozas, 2014, p.36) donde ni dios se salva de ser increpado: &#160; Estimado Dios, II Con todo mi respeto si estás en todas partes como dicen, te imagino existiendo en la eterna frustración de tantos desaciertos ven a los territorios de los fantasmas de todas estas guerras (adjunto por separado la lista de pueblos y naciones por ser muy extensa) acepta que aquí faltan el agua, el pan de cada día, la conmiseración, y que allá tienes hambre perpetua observa la violencia y la soberbia al acecho, el cálculo químico hacia el blando de la ira sé honesto y escribe en las crónicas de esta tierra: la vida aquí es incierta acepta que tu cuerpo entero está enfermo cada segundo, día, noche aumenta la evidencia de tu ser imperfecto. ¿Cómo puedes vivir sabiendo todo esto? *(Reproducido con la autorización de la autora. El poema forma parte de un tríptico).]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>Te imagino existiendo en la eterna frustración de tantos desaciertos…</em></p>
<p style="text-align: right">Myriam Diocaretz</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Intentar ligar la literatura con las inquietudes que nos acechan, con tantos desaciertos de la realidad, <strong>NO</strong> significa meter la literatura, que por definición es inasible, en una caja de zapatos.</p>
<p><strong>De la literatura, como ejercicio que tiene en la libertad su principal valor, seguramente emanan las mejores representaciones del poder humano y sus miserias</strong> (recientemente encontré un buen ejemplo en <a href="http://www.ceiboproducciones.cl/?product=bandidos" target="_blank"><em>Bandidos</em>, del chileno Rafael Ruiz Moscatelli</a>). Disiento, por lo tanto, con aquellos que temen o etiquetan de panfleto a la literatura que refleja porciones de la realidad o reinventa pedazos de mundo.</p>
<p>No es que la literatura se convierta en una herramienta de cambio, sino que t<strong>ransformar es una de los valores más altos a los que la literatura puede aspirar</strong>, y muchas obras, con intención o sin ella, consiguen, al exponer la evidencia, provocar mutaciones en la mente de hombres y mujeres, que es donde de verdad empieza cualquier revolución que se precie.</p>
<p>Pese a ello, el desencanto y el mal uso que en muchas ocasiones se ha hecho entre arte y compromiso suscita dudas y suspicacias. <strong>La literatura, en eso coincido con quienes dudan, no se puede acorralar ni meter en cajas clasificadoras.</strong> Pero que exista libertad o no en la creación no depende del tema que la convoca, ni siquiera de la intención de la obra, sino de donde surge el impulso: si es desde el discurso político, desde el encargo publicitario o propagandístico o si procede de una intención comunicativa que nace de lo literario.</p>
<p>En este caso, <strong>la literatura es la que elige</strong> y está en su derecho de que el resultado de esa gran batalla que se libra en la mente de la narradora o narrador, en su pensamiento, en su trabajo artesanal, en el desafío a sí misma/o en la puesta en duda de sus propios prejuicios, sea una obra que denuncie la explotación de los recursos naturales, la acción del hombre en la ruptura de los equilibrios naturales (como por ejemplo refleja la película china <em>Wolf Totem</em>, de Jean-Jaques Annaud, basada en la novela homónima de Jiang Rong) o la violencia que la reproducción de los estereotipos machistas impone a sus víctimas.</p>
<p>El relato literario es un lugar para disolver los dogmas, para dialogar con esas otras y otros que llevamos dentro de nosotros mismos. <strong>Un espacio donde la imaginación tiene un valor incalculable, aunque se parezca tanto a la realidad y sus desaciertos.</strong> En sus afluentes y contrapuntos, en la variedad de voces y personajes encontramos también un ámbito donde ejercer la libertad, lo que no es incompatible con que una creadora/or quiera tomar partido, porque de una u otra forma siempre se toma.</p>
<p>La libertad es el valor que convocan escritoras y escritores de todo el mundo cuando se les pregunta qué es para ellos la literatura, <strong>pero se corre el riesgo de que, por repetida, la cantinela pierda el verdadero sentir que la inspiró y su sabor se condense, se reduzca a una inercia.</strong> Muchos reniegan de ella cuando lo que está en juego son mayores beneficios económicos y más ventas.</p>
<p>Los temas más anodinos, sobre realidades identificables por cualquiera, o los más extraordinarios, como el sado-porno y los vampiros, también pueden ser productos para meter en cajas de zapatos y ataúdes (bueno, los segundos literalmente). <strong>La narración queda encorsetada en un modelo, aparentemente redondo, que no nos dice nada del ser humano:</strong> ni una intuición vaga de su complejidad ni un susurro de su paso por el tiempo, de su huella. El lenguaje literario se traviste para otro fin, aunque el injerto antinatural es demasiado obvio para que la obra resulte en algo perdurable.</p>
<p><strong>La lectura literaria tiene que ser un desafío, no una droga para evadirse.</strong> La preocupación por lo estático, por el discurso único, nos estrangula como seres inteligentes que tratamos de ser. Seríamos poco más que autómatas o marionetas si el lenguaje solo fuera utilizado para las guías telefónicas, los contratos laborales cada vez más precarios, las series televisivas dirigidas desde los gabinetes de relaciones públicas de casas reales para mayor gloria del reino o la casposa mediocridad de los discursos políticos que tratan de convencernos, a fuerza de repetir, de que el gobierno debe de conformarlo el partido más votado (¡por dios, que les den una clase sobre gobernabilidad democrática!).</p>
<p>La realidad exige ámbitos para entenderla desde distintos ángulos y la literatura se convierte por ello en u<strong>no de los pocos espacios posibles para ejercer la libertad cuando la maquinaria del dogma pisotea otros mundos en marcha.</strong> Sin duda, las intrigas de palacio y los tejemanejes del poder, los grupos de presión que llaman a las puertas de un sistema político cada vez más debilitado, son un buen motivo para la ficción.</p>
<p>Necesitamos el relato literario para comprender cómo se engarzan tantas cuestiones coyunturales con la historia de la humanidad, el relato del pasado con nuestro presente, el relato de la comunidad con el personal. <strong>A veces, el entendimiento surge de un matiz, de las pequeñas resistencias cotidianas</strong> que, definitivamente, redimen esa otra parte de la naturaleza humana que nos condena.</p>
<p>Se escriben novelas policiales que son capaces de incorporar en su ruido de fondo aquello que deja a su paso el paradigma económico-financiero dominante (<em><a href="http://www.elplacerdelalectura.com/blog/resena/liquidacion-final-de-petros-markaris" target="_blank">Liquidación final</a></em>, Petros Márkaris) o novelas de intriga que relatan el intento de traficar con derechos humanos básicos como el de la salud y la defensa de la sanidad pública (<a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com.uy/2014/12/el-comite-de-la-noche-belen-gopegui.html" target="_blank">El c<em>omité de la noche</em></a>, de Belén Gopegui).</p>
<p>¿Son esas voces que tratan de frenar los horrores más atroces y que el arte recoge, las que muchos sienten como incómodas? Hay relatos tan humanos y bellos que no necesitan que se adjetiven. <strong>Hay literatura que es eso: literatura; pero que además insufla, desde su complejidad, la fuerza para no callar, para sentir que no estamos solas ante tantos abusos,</strong> para seguir trabajando y no dejar que el horror y sus desaciertos acaben ocupando todos los ámbitos de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>**La referencia a los desaciertos está inspirada en el poema de Myriam Diocaretz, del libro <a href="http://www.torremozas.com/la-inquietud-de-la-gaviota" target="_blank"><em>La inquietud de la gaviota</em> (Madrid: Torremozas, 2014, p.36)</a> donde ni dios se salva de ser increpado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><span style="text-decoration: underline">Estimado Dios, II</span></p>
<p style="text-align: center">Con todo mi respeto<br />
si estás en todas partes como dicen,<br />
te imagino existiendo en la eterna frustración<br />
de tantos desaciertos<br />
ven a los territorios de los fantasmas<br />
de todas estas guerras<br />
(adjunto por separado la lista de pueblos y naciones<br />
por ser muy extensa)<br />
acepta que aquí faltan el agua, el pan de cada día,<br />
la conmiseración, y que allá tienes hambre perpetua</p>
<h1 style="text-align: center"></h1>
<p style="text-align: center">observa la violencia y la soberbia al acecho,<br />
el cálculo químico hacia el blando de la ira</p>
<h1 style="text-align: center"></h1>
<p style="text-align: center">sé honesto y escribe en las crónicas de esta tierra:<br />
la vida aquí es incierta<br />
acepta que tu cuerpo entero está enfermo<br />
cada segundo, día, noche aumenta la evidencia<br />
de tu ser imperfecto.</p>
<h1 style="text-align: center"></h1>
<p style="text-align: center">¿Cómo puedes vivir sabiendo todo esto?</p>
<h1 style="text-align: left"></h1>
<p style="text-align: left">*(Reproducido con la autorización de la autora. El poema forma parte de un tríptico).</p>
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