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	<title>Otro mundo está en marcha &#187; Sin categoría</title>
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	<description>Blogosfera 2015 y más</description>
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		<title>¿Ficción? climática</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2015 09:55:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Autor invitado: Ignacio Santos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[En los inicios de este siglo XXI, Rubén Bertomeu conduce por las calles de una pequeña ciudad del Levante español. Hace mucho calor. En la radio comentan algo sobre  el cambio climático pero “a quién le importa”, piensa mientras vive pasando de un ambiente climatizado a otro. Del calor habla en estos momentos la emisora local (…) Hay que remontarse a los años cincuenta para encontrar una sucesión de días con temperaturas tan elevadas. Se trata de la segunda ola de calor del verano(…) A ti, todo esto ya te da igual, Matías, y a mi me aburre la cháchara(…) Porque ahora me paso la vida huyendo del sol, del calor, metido en una malla nodal de cápsulas climatizadas: la oficina, el coche, los restaurantes y cafeterías, la casa de la ladera del Montbroch herméticamente cerrada y refrigerada durante la mayor parte del día(…)  También en nuestros días, los ganaderos y agricultores de una comunidad pobre y vulnerable de Tennessee  contemplan preocupados como no para de llover. En su comarca, de repente aparecen, desorientadas en su migración,  millones de mariposas monarca. El campo adyacente, el huerto que laboriosamente habían plantado los vecinos el año anterior se estaba muriendo bajo la lluvia(…) Habían perdido la siega del final del verano porque para segar hacían falta tres días consecutivos sin lluvia(…)… Con tanto llover sobre mojado, en todo el condado estaba pasando lo mismo… toda una ladera de bosque añoso se había desmoronado a la vez, provocando un alud de troncos astillados, rocas y fango(…) Y mientras Rubén Bertomeu se oculta del calor y los vecinos de esos montes y valles de Tennessee contemplan sus pastizales anegados, un Premio Nobel de Física, el inglés Michael Beard, ofrece en Londres un discurso sobre la energía solar, en la línea de lo que se denomina  desarrollo verde, ante un selecto grupo de inversores. Sin embargo, como puede comprobar, el dinero es todavía muy conservador. Supo que horas antes un analista del petróleo había convencido a la sala de que, incluidas las arenas de alquitrán y las perforaciones de fondos marinos muy profundos, las reservas conocidas durarían cinco décadas(…) ¿por qué íbamos a arriesgar el dinero de nuestros clientes en formas energéticas no comprobadas y discontinuas?(…) En 2032, cuando el senador Joe Benton gana las elecciones presidenciales norteamericanas, la reubicación de algunos millones de sus conciudadanos se ha incorporado a las campañas  electorales como un elemento prioritario más, como la educación y la salud. Los acuerdos sobre cambio climático en el marco de las Naciones Unidas se hayan estancados. El nuevo Presidente se encuentra con datos, no hechos públicos, que muestran una situación peor de lo esperado (hay que reubicar a cinco veces más personas de lo que pensaban). El plan de reubicación que llevé al Congreso contemplaba el abandono de la mayor parte de la costa del Golfo, zonas del sur de Florida, el área de la Bahía de Chesapeake, zonas del área de la bahía de San Francisco y algunos sectores de Nueva York y otras ciudades costeras(…) Hacia finales del XXI, las zonas centrales de  España se han convertido en territorios semidesérticos. Como escribe Cruz, un alto funcionario del Gobierno, en un discurso que prepara: En nuestro país el clima se ha hecho extremo, sin duda, pero lo peor ha sido la caída constante de los índices de pluviometría. En el año 2000 la gente contaba aún con periodos de sequía y regímenes más o menos normales: Hoy, esa lluvia continuada es una rareza(…). Ya entrados en el siglo XXII, los efectos del cambio climático (subidas del nivel del mar e intensificación de  fenómenos meteorológicos extremos) han  devorado, definitivamente, diferentes ciudades costeras del planeta,  pero Bangkok, pese a su topografía, resiste gracias a que las bombas de carbón, los diques y la confianza ciega que profesan al visionario liderazgo de la dinastía Chakri les han ayudado a mantener a raya hasta la fecha lo que ya ha devorado Nueva York y Rangún, Bombay y Nueva Orleans(…) Como señalaba en mi anterior entrada, “Narrativas y límites planetarios”,  cada vez se encuentran más referencias, dentro de la novela, que reflejan los conflictos ambientales y, recientemente, se ha puesto nombre a un nuevo subgénero dentro de la ficción: la “ficción climática” (CliFi en inglés). Sin embargo, tiene poco de ficción el calor que muestra Rafael Chirbes en Crematorio (2007), la obra que protagoniza Rubén Bertomeu (calor que estamos experimentando en España y en el mundo en este año 2015); y tampoco parece ficción  lo que sucede, esas pautas en las precipitaciones que cambian, en esas comunidades rurales de Tennessee descritas por Barbara Kingsolver en Conducta migratoria (2012), novela que algunos califican como la mejor que se ha escrito sobre el cambio climático hasta el momento; igualmente, es muy real la actitud conservadora de los inversores que transmite Ian McEwan en Solar (2010). A la vista de los resultados de la Cumbre del clima celebrada en Paris (un milagro si lo comparamos con lo que podría haber sido y un desastre si lo comparamos con que debería haber sido escribía George Monbiot en su columna de The Guardian),  lo sucedido con las negociaciones de los últimos años y  lo que suceda en los próximos podría ajustarse a lo que anticipaba Mathew Glass en Ultimatum (2009). Y parece que van a ser reales los millones de  reubicados (desplazados) climáticos  que sugiere el mismo autor. A todas esas ciudades parcialmente inundadas, que enuncia Roberto Bacigalupi en La chica mecánica (2009 ), se refiere un reciente informe sobre los potenciales afectados por los efectos en la subida del nivel del mar en las ciudades costeras del planeta (si solo subiera 2ºC la temperatura sobre los niveles preindustriales, se baraja una cifra de entre 130 y 458 millones de personas). El clima de nuestro país, sin duda, se hace cada vez más extremo, de manera que el futuro que adelanta José Ardillo en El salario del gigante (2011) resulta probable. Pese a lo acordado en París (las valoraciones, como siempre, abarcan un amplio espectro), los compromisos de reducción de emisiones presentados voluntariamente por los países ante Naciones Unidas nos conducen, si es que se cumplen, a un escenario de entre casi  tres grados y  tres grados y pico, (muy alejado de esos 2ºC o 1,5ºC recogidos en el texto final). Así que cabe preguntarse: ¿Cuánto tiene de ficción la ya denominada “ficción climática”? Y, lo que es más importante, y a la vista de las dificultades y la lentitud para tomar medidas eficaces contra el cambio climático: ¿Puede la narrativa ayudarnos a sensibilizar y  comunicar mejor para alentar a un cambio más rápido? ¿Cala más profundamente, entre los ciudadanos de a pie, una buena novela que, por ejemplo, los informes  del Panel Internacional sobre Cambio Climático? En un debate sobre la ficción climática que promovió el año pasado el New York Times, Heidi Cullen, jefa científica de Climate Central y profesora visitante en la Universidad de Princeton, escribía: Como científica climática, soy extremadamente consciente de que los hechos no son suficientes para alcanzar a la mayoría de la población cuando se trata del cambio climático. El  modelo del déficit de comunicación de la Ciencia –  solo si comprendes los hechos, entonces entenderás que el cambio climático es una amenaza urgente- no funciona a la hora de hacer a gente actuar. Para muchos, el cambio climático es algo distante, tanto en el tiempo como en el espacio. Entonces, es ahí donde la narrativa aparece… Nota: Casi todas las novelas mencionadas han pasado este año por el Ecoclub de lectura. https://ecoclubdelectura.wordpress.com/ https://www.facebook.com/ecoclubdelectura/]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En los inicios de este siglo XXI, Rubén Bertomeu conduce por las calles de una pequeña ciudad del Levante español. Hace mucho calor. En la radio comentan algo sobre  el cambio climático pero “a quién le importa”, piensa mientras vive pasando de un ambiente climatizado a otro.</p>
<p><em>Del calor habla en estos momentos la emisora local (…) Hay que remontarse a los años cincuenta para encontrar una sucesión de días con temperaturas tan elevadas. Se trata de la segunda ola de calor del verano(…) A ti, todo esto ya te da igual, Matías, y a mi me aburre la cháchara(…)</em></p>
<p><em>Porque ahora me paso la vida huyendo del sol, del calor, metido en una malla nodal de cápsulas climatizadas: la oficina, el coche, los restaurantes y cafeterías, la casa de la ladera del Montbroch herméticamente cerrada y refrigerada durante la mayor parte del día(…)</em></p>
<p><em> </em>También en nuestros días, los ganaderos y agricultores de una comunidad pobre y vulnerable de Tennessee  contemplan preocupados como no para de llover. En su comarca, de repente aparecen, desorientadas en su migración,  millones de mariposas monarca.</p>
<p><em>El campo adyacente, el huerto que laboriosamente habían plantado los vecinos el año anterior se estaba muriendo bajo la lluvia(…)</em></p>
<p><em>Habían perdido la siega del final del verano porque para segar hacían falta tres días consecutivos sin lluvia(…)…</em></p>
<p><em>Con tanto llover sobre mojado, en todo el condado estaba pasando lo mismo… toda una ladera de bosque añoso se había desmoronado a la vez, provocando un alud de troncos astillados, rocas y fango(…)</em></p>
<p>Y mientras Rubén Bertomeu se oculta del calor y los vecinos de esos montes y valles de Tennessee contemplan sus pastizales anegados, un Premio Nobel de Física, el inglés Michael Beard, ofrece en Londres un discurso sobre la energía solar, en la línea de lo que se denomina  desarrollo verde, ante un selecto grupo de inversores. Sin embargo, como puede comprobar, el dinero es todavía muy conservador.</p>
<p><em>Supo que horas antes un analista del petróleo había convencido a la sala de que, incluidas las arenas de alquitrán y las perforaciones de fondos marinos muy profundos, las reservas conocidas durarían cinco décadas(…) ¿por qué íbamos a arriesgar el dinero de nuestros clientes en formas energéticas no comprobadas y discontinuas?(…)</em></p>
<p>En 2032, cuando el senador Joe Benton gana las elecciones presidenciales norteamericanas, la reubicación de algunos millones de sus conciudadanos se ha incorporado a las campañas  electorales como un elemento prioritario más, como la educación y la salud. Los acuerdos sobre cambio climático en el marco de las Naciones Unidas se hayan estancados. El nuevo Presidente se encuentra con datos, no hechos públicos, que muestran una situación peor de lo esperado (hay que reubicar a cinco veces más personas de lo que pensaban).</p>
<p><em>El plan de reubicación que llevé al Congreso contemplaba el abandono de la mayor parte de la costa del Golfo, zonas del sur de Florida, el área de la Bahía de Chesapeake, zonas del área de la bahía de San Francisco y algunos sectores de Nueva York y otras ciudades costeras(…)</em></p>
<p>Hacia finales del XXI, las zonas centrales de  España se han convertido en territorios semidesérticos. Como escribe Cruz, un alto funcionario del Gobierno, en un discurso que prepara:<em> En nuestro país el clima se ha hecho extremo, sin duda, pero lo peor ha sido la caída constante de los índices de pluviometría. En el año 2000 la gente contaba aún con periodos de sequía y regímenes más o menos normales: Hoy, esa lluvia continuada es una rareza(…). </em></p>
<p>Ya entrados en el siglo XXII, los efectos del cambio climático (subidas del nivel del mar e intensificación de  fenómenos meteorológicos extremos) han  devorado, definitivamente, diferentes ciudades costeras del planeta,  pero Bangkok, pese a su topografía, resiste gracias a que <em>las bombas de carbón, los diques y la confianza ciega que profesan al visionario liderazgo de la dinastía Chakri les han ayudado a mantener a raya hasta la fecha lo que ya ha devorado Nueva York y Rangún, Bombay y Nueva Orleans(…)</em></p>
<p>Como señalaba en mi anterior entrada, <a href="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2015/10/07/narrativas-y-limites-planetarios/">“Narrativas y límites planetarios”,</a>  cada vez se encuentran más referencias, dentro de la novela, que reflejan los conflictos ambientales y, recientemente, se ha puesto nombre a un nuevo subgénero dentro de la ficción: la “ficción climática” (CliFi en inglés).</p>
<p>Sin embargo, tiene poco de ficción el calor que muestra Rafael Chirbes en <u>Crematorio</u> (2007), la obra que protagoniza Rubén Bertomeu (calor que estamos experimentando en España y en el mundo en este año 2015); y tampoco parece ficción  lo que sucede, esas pautas en las precipitaciones que cambian, en esas comunidades rurales de Tennessee descritas por Barbara Kingsolver en <u>Conducta migratoria</u> (2012), novela que algunos califican como la mejor que se ha escrito sobre el cambio climático hasta el momento; igualmente, es muy real la actitud conservadora de los inversores que transmite Ian McEwan en <u>Solar</u> (2010).</p>
<p>A la vista de los resultados de la Cumbre del clima celebrada en Paris (<em>un milagro si lo comparamos con lo que podría haber sido y un desastre si lo comparamos con que debería haber sido </em>escribía George Monbiot en su columna de The Guardian),  lo sucedido con las negociaciones de los últimos años y  lo que suceda en los próximos podría ajustarse a lo que anticipaba Mathew Glass en <u>Ultimatum</u> (2009). Y parece que van a ser reales los millones de  reubicados (desplazados) climáticos  que sugiere el mismo autor. A todas esas ciudades parcialmente inundadas, que enuncia Roberto Bacigalupi en <u>La chica mecánica </u>(2009 ), se refiere un reciente informe sobre los potenciales afectados por los efectos en la subida del nivel del mar en las ciudades costeras del planeta (si solo subiera 2ºC la temperatura sobre los niveles preindustriales, se baraja una cifra de entre 130 y 458 millones de personas). El clima de nuestro país, sin duda, se hace cada vez más extremo, de manera que el futuro que adelanta José Ardillo en <u>El salario del gigante</u> (2011) resulta probable.</p>
<p>Pese a lo acordado en París (las valoraciones, como siempre, abarcan un amplio espectro), los compromisos de reducción de emisiones presentados voluntariamente por los países ante Naciones Unidas nos conducen, si es que se cumplen, a un escenario de entre casi  tres grados y  tres grados y pico, (muy alejado de esos 2ºC o 1,5ºC recogidos en el texto final).</p>
<p>Así que cabe preguntarse: ¿Cuánto tiene de ficción la ya denominada “ficción climática”? Y, lo que es más importante, y a la vista de las dificultades y la lentitud para tomar medidas eficaces contra el cambio climático: ¿Puede la narrativa ayudarnos a sensibilizar y  comunicar mejor para alentar a un cambio más rápido? ¿Cala más profundamente, entre los ciudadanos de a pie, una buena novela que, por ejemplo, los informes  del <a href="http://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml">Panel Internacional sobre Cambio Climático</a>?</p>
<p>En un debate sobre la ficción climática que promovió el año pasado el New York Times, Heidi Cullen, jefa científica de Climate Central y profesora visitante en la Universidad de Princeton, escribía:</p>
<p><em>Como científica climática, soy extremadamente consciente de que los hechos no son suficientes para alcanzar a la mayoría de la población cuando se trata del cambio climático. El  modelo del déficit de comunicación de la Ciencia –  solo si comprendes los hechos, entonces entenderás que el cambio climático es una amenaza urgente- no funciona a la hora de hacer a gente actuar. Para muchos, el cambio climático es algo distante, tanto en el tiempo como en el espacio.<strong> </strong></em><strong><em>Entonces, es ahí donde la narrativa aparece…</em></strong></p>
<p>Nota: Casi todas las novelas mencionadas han pasado este año por el Ecoclub de lectura.</p>
<p><a href="https://ecoclubdelectura.wordpress.com/">https://ecoclubdelectura.wordpress.com/</a></p>
<p><a href="https://www.facebook.com/ecoclubdelectura/">https://www.facebook.com/ecoclubdelectura/</a></p>
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		<title>Securitizar los problemas políticos.</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/la-batalla-del-conocimiento/2015/11/26/securitizar-los-problemas-politicos/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Nov 2015 15:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Medina Mateos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Este artículo fue originalmente publicado el 7 de septiembre en eldiario.es. Lo recupero para el blog porque el proceso de securitización se está repitiendo en el caso de los atentados de Paris y la lógica de las respuestas que se ofrecen.   &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;- Uno de los conceptos analíticos más interesantes para comprender las dinámicas sociales contemporáneas que ha aportado la teoría de las relaciones internacionales en los últimos años es el concepto de securitización. En síntesis, la securitización sería el proceso mediante el cual un determinado problema social comienza a considerarse un problema de seguridad, es decir, un problema de vida o muerte que pone en riesgo a un determinado grupo (un país, una nación, una clase social). Para los primeros autores que construyeron esta teoría (Barry Buzan, Ole Waever) la securitización es siempre un acto discursivo. Básicamente, alguien con capacidad para construir discursivamente los problemas sociales (normalmente un gobierno) empieza a hablar de él como un problema de seguridad, es decir, algo que amenaza con poner en riesgo nuestra estabilidad, el orden legal, el sistema económico o cualquier otro absoluto mitológico que mantiene nuestra vida como colectivo. La pasada semana, en la entrevista a la vicepresidenta del Gobierno  en el programa de radio Hoy por Hoy asistimos a un «momento securitizador» en toda regla. Soraya Sáenz de Santamaría, entrevistada por Pepa Bueno, respondió a preguntas sobre la llegada de refugiados a Europa. Una de sus respuestas fue, literalmente: «Aquí se mezclan dos asuntos que son absolutamente distintos [&#8230;] por un lado, el tratamiento que teníamos que dar y que tenemos que dar a los solicitantes de asilo y por otro las nuevas rutas de tráfico de seres humanos que han abierto las mafias aprovechando la inestabilidad de Libia&#8230;» En esta respuesta el movimiento securitizador consiste en construir un marco para hablar de los refugiados que lo convierte en un problema cuasi criminal, es decir, de seguridad. No se trata de que mezclen dos asuntos, sino de que el Gobierno español decide mezclar dos asuntos «absolutamente distintos». Para la vicepresidenta, los refugiados ponen en riesgo nuestro sistema legal. No lo dice explicítamente sino que es lo que hay detrás del problema del tráfico de personas. ¿Y cuál es el problema de que se traten problemas sociales desde una perspectiva de seguridad? Fundamentalmente que, cuando hablamos de vida o muerte, la política desaparece y deja su paso a la policía. Cuando hablamos de tráfico ilegal de personas hablamos de crimen y por lo tanto la respuesta no es política, sino policial. Una respuesta policial está cerrada a la discusión democrática porque, claro, lo que pone en riesgo es nuestra seguridad y frente a eso no puede haber medias tintas. La securitización es problemática para hablar de los refugiados porque impide que haya una respuesta política: por un lado, impide que la respuesta se base en principios políticos (o incluso morales) como la solidaridad o la simple humanidad y por el otro, cierra la discusión en torno a las «opciones» políticas para tratar con los refugiados. Sólo queda una opción: la guerra, o sea, la policía. Y cierra también otros diagnósticos más complejos que tienen en cuenta el papel de los países occidentales en las crisis recurrentes que provocan refugiados recurrentemente. O para afinar un poco más todavía: el diagnóstico sobre dónde lavan el dinero los que tráficon con personas en el Mediterráneo. Como todo proceso político, el movimiento securitizador se enfrenta a resistencias por parte de otros actores sociales. En la mencionada entrevista hemos visto clara la opción del Gobierno. Su manera de afrontar la crisis de refugiados es un problema de seguridad y por lo tanto, la respuesta ha de ser policial. La solidaridad, la humanidad, el estado de guerra global permanente o cualquier otro factor queda fuera del diagnóstico porque Sáenz de Santamaría ha optado por elegir el problema del tráfico de personas como el que se junta a la llegada de refugiados. La batalla está, también, en el terreno de la desecuritización: resistir a esta lectura del problema y construir otras alternativas es clave no sólo para resolver el problema (porque ningún problema es solo policial) sino para hacerlo con algo de dignidad. &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Este artículo fue originalmente <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/evita-gobierno-tener-politica-refugiados_0_428357963.html">publicado el 7 de septiembre en eldiario.es. </a>Lo recupero para el blog porque el proceso de securitización se está repitiendo en el caso de los atentados de Paris y la lógica de las respuestas que se ofrecen.  </em></p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p class="mce">Uno de los conceptos analíticos más interesantes para comprender las dinámicas sociales contemporáneas que ha aportado la teoría de las relaciones internacionales en los últimos años es el concepto de securitización. En síntesis, la securitización sería el proceso mediante el cual un determinado problema social comienza a considerarse un problema de seguridad, es decir, un problema de vida o muerte que pone en riesgo a un determinado grupo (un país, una nación, una clase social).</p>
<p class="mce">Para los primeros autores que construyeron esta teoría (Barry Buzan, Ole Waever) <a class="mce" href="http://www.relacionesinternacionales.info/ojs/article/view/652.html">la securitización</a> es siempre un acto discursivo. Básicamente, alguien con capacidad para construir discursivamente los problemas sociales (normalmente un gobierno) empieza a hablar de él como un problema de seguridad, es decir, algo que amenaza con poner en riesgo nuestra estabilidad, el orden legal, el sistema económico o cualquier otro absoluto mitológico que mantiene nuestra vida como colectivo.</p>
<div class="no-adv-socios">La pasada semana, en la entrevista a la vicepresidenta del Gobierno <a class="mce" href="http://play.cadenaser.com/audio/cadenaser_hoyporhoy_20150831_090000_100000/"> en el programa de radio Hoy por Hoy</a> asistimos a un «momento securitizador» en toda regla. Soraya Sáenz de Santamaría, entrevistada por Pepa Bueno, respondió a preguntas sobre la llegada de refugiados a Europa. Una de sus respuestas fue, literalmente:</div>
<div class="inset">
<blockquote class="pullquote">
<p class="pullquote-cite">«Aquí se mezclan dos asuntos que son absolutamente distintos [&#8230;] por un lado, el tratamiento que teníamos que dar y que tenemos que dar a los solicitantes de asilo y por otro las nuevas rutas de tráfico de seres humanos que han abierto las mafias aprovechando la inestabilidad de Libia&#8230;»</p>
</blockquote>
</div>
<p class="mce">En esta respuesta el movimiento securitizador consiste en construir un marco para hablar de los refugiados que lo convierte en un problema cuasi criminal, es decir, de seguridad. No se trata de que mezclen dos asuntos, sino de que el Gobierno español decide mezclar dos asuntos «absolutamente distintos». Para la vicepresidenta, los refugiados ponen en riesgo nuestro sistema legal. No lo dice explicítamente sino que es lo que hay detrás del problema del tráfico de personas.</p>
<p class="mce">¿Y cuál es el problema de que se traten problemas sociales desde una perspectiva de seguridad? Fundamentalmente que, cuando hablamos de vida o muerte, la política desaparece y deja su paso a la policía. Cuando hablamos de tráfico ilegal de personas hablamos de crimen y por lo tanto la respuesta no es política, sino policial. Una respuesta policial está cerrada a la discusión democrática porque, claro, lo que pone en riesgo es nuestra seguridad y frente a eso no puede haber medias tintas.</p>
<p class="mce">La securitización es problemática para hablar de los refugiados porque impide que haya una respuesta política: por un lado, impide que la respuesta se base en principios políticos (o incluso morales) como la solidaridad o la simple humanidad y por el otro, cierra la discusión en torno a las «opciones» políticas para tratar con los refugiados. Sólo queda una opción: la guerra, o sea, la policía. Y cierra también otros diagnósticos más complejos que tienen en cuenta el papel de los países occidentales en las crisis recurrentes que provocan refugiados recurrentemente. O para afinar un poco más todavía: el diagnóstico sobre dónde lavan el dinero los que tráficon con personas en el Mediterráneo.</p>
<p class="mce">Como todo proceso político, el movimiento securitizador se enfrenta a resistencias por parte de otros actores sociales. En la mencionada entrevista hemos visto clara la opción del Gobierno. Su manera de afrontar la crisis de refugiados es un problema de seguridad y por lo tanto, la respuesta ha de ser policial. La solidaridad, la humanidad, el estado de guerra global permanente o cualquier otro factor queda fuera del diagnóstico porque Sáenz de Santamaría ha optado por elegir el problema del tráfico de personas como el que se junta a la llegada de refugiados. La batalla está, también, en el terreno de la desecuritización: resistir a esta lectura del problema y construir otras alternativas es clave no sólo para resolver el problema (porque ningún problema es solo policial) sino para hacerlo con algo de dignidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
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