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	<title>Ceniza de Ombú &#187; Culturas</title>
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	<description>Un blog de literatura que transforma</description>
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		<title>Adrienne Rich: la voluntad de conectar</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2021 09:21:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
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		<description><![CDATA[     Soy partidaria de subrayar los libros. Pasado algún tiempo nos encontramos con líneas, asteriscos, símbolos de exclamación o interrogación, anotaciones que garabateamos o que escribimos cuidadosamente y que nos permiten acordarnos de aquellas que fuimos; hacer arqueología de la memoria a partir del reflejo de esos vestigios. Cuando recibí la versión revisada de la Antología poética (1951-1985) de Adrienne Rich -que Visor publicó hace algunos meses- abrí al azar sus páginas y el poema “Orígenes e historia de la conciencia” (incluido en The Dream of a Common Language) inauguró su relectura. Quise creer que el propio poemario me estaba guiando: “Nadie vive en este cuarto sin enfrentarse con la blancura de la pared detrás de los poemas, los estantes de libros, las fotografías de heroínas muertas. Sin reflexionar tarde y al fin sobre la verdadera naturaleza de la poesía. La voluntad de conectar. El sueño de un lenguaje común”. Busqué entonces la versión anterior de la antología entre los libros de poesía que amontono separados de otros géneros y encontré un matiz poderoso en la nueva traducción de Myriam Diocaretz[1]: donde entonces se leía “esa urgencia de poner mundos en relación” –the drive to connect en la versión original- ahora encontrábamos “la voluntad de conectar”. La exigencia era el logro de una buena comunicación con alguien. Con ese cambio, la escritora y traductora de origen chileno alumbraba mejor la declaración de intenciones de la poesía de Rich. Eran también esos versos precisos los que Diocaretz había elegido para cerrar la introducción del libro al declarar que el arte de Adrienne Rich nos interna en “…la verdadera naturaleza de la poesía: la voluntad de conectar”. La conexión era pues la palabra que pilotaría mi nueva lectura, pero iba a ir acompañada de algo más. A lo largo de todos los poemarios que la antología recoge, Rich hace un esfuerzo por alcanzar el sueño al que remite “Orígenes e historia de la conciencia”: el de un lenguaje común. A medida que nos internamos en sus poemas emerge esa búsqueda, que es singular –porque trata de ser propia- a la vez que universal -porque es la suma de las voces de otras mujeres: científicas, mineras…, y sobre todo de escritoras, plurales en sus formas y temáticas, en sus cadencias, en sus ritmos, pero muy similares en su manera de afrontar con valentía y sin miedo la exploración en el lenguaje para lograr una voz que no se ahogue en los marcos patriarcales ni encorsete el sentir de la experiencia de ser mujer. “Kenneth me dice que ha ordenado sus libros para mirar a Blake y Kafka mientras escribe; sí; y todavía debemos considerar a Swift detestando el cuerpo de la mujer mientras elogia su intelecto, el pavor de Goethe por las Madres, Claudel difamando a Gide, y los fantasmas –sus manos estrechadas por siglos- de artistas muriendo en el parto, de sabias mujeres      carbonizadas en la hoguera, siglos de libros no escritos amontonados detrás de esos estantes (…)”                                               (Twenty-one Love Poems, 1976) Me di cuenta, después de llevar de un lado para el otro el libro, de subrayarlo y llenarlo de pósits, que su preocupación también era la mía, la de muchas mujeres.  Ese lenguaje común –quizás sueño y quimera, pero también realidad– tenía un pasado que encadenaba la búsqueda a lo largo de cronologías y geografías; implicaba poner fin a ese empeño por traducir la narración a una lengua que no es la nuestra, aunque sea compartida. Diocaretz habla de “desterritorializar el lenguaje de la tradición”. Pero además de desnudarla de toda connotación y visión androcéntrica, Rich indaga y extirpa –al menos su intento es loable- las huellas de clasismo, de las inacabables formas de travestirse del colonialismo. Esas palabras disidentes que resultan de las voces de muchas mujeres configuran un universo lingüístico, un mirada nueva para enmarcar lo que acontece. Sabemos que está en construcción y que nunca dejará de mutar; también que es la materialización del anhelo de disponer de una arcilla diferenciada para moldear una creación en la que podamos reconocernos. A lo largo de los poemas seleccionados, ese nuevo lenguaje va emergiendo para dar forma a una memoria que no fue la hegemónica.                                            “El tiempo es masculino y en sus copas brinda por las bellas. Absortas en las galanterías, escuchamos las exageradas alabanzas a nuestras mediocridades, la indolencia se interpreta como abnegación, el descuido en el pensar se denomina intuición, se perdona cada traspié, nuestro crimen solo consiste en hacer demasiada sombra, o en romper el molde, sin vacilar.”                           (Snapshots of a Daughter-in-law, 1963) Rich se esfuerza en rescatar esa mirada paternalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de los siglos porque, como la propia Adrienne afirma contundente al final de un poema: “Todo acto de tomar conciencia (…)/es un acto contra Natura”. La poeta también nos interroga para dar sentido a ese nuevo lenguaje, para hacernos reflexionar sobre los símbolos caducos que justifican la sumisión, que reproducen la violencia. Así escribe en “Las imágenes”:        “ ¿pero cuándo elegimos      ver nuestros cuerpos atados en cautiverio y crucifixión en el aire asfixiante        cuándo elegimos ser      linchadas en los nauseabundos anuncios eléctricos del centro de la ciudad cuándo elegimos       convertirnos en la dosis del que se masturba(…)?”                                  (A Wild Patience has Taken me This Far, 1981) Pero la poeta sabe que no es la primera, entiende que la conexión que nos procura ese lenguaje común necesita recurrir al legado de otras mujeres. En “Heroínas” entona un canto de agradecimiento e intento vano de resarcir a quienes nos antecedieron y abrieron caminos que han conseguido hacernos más libres. Las conquistas se encadenan y el responso de Rich clama por una justicia que no sea solo poética. “¿Cómo puedo dejar de amar                                                tu lucidez y tu furia? ¿Cómo puedo darte                                todos tus derechos                                                  obtener valentía de tu valentía honrar tu exacto                           legado tal cual es y reconocer                    además                                 que no es suficiente?”                            (A Wild Patience has Taken me This Far, 1981) La magia literaria hace que la conexión sea también hacia el futuro. Los mundos siguen en relación y no es una simple casualidad que en esta nueva versión de la Antología se incluya el poema “La roca azul”, dedicado por Rich a su traductora. Es en ese pedazo de lapislázuli, procedente de la tierra natal de Diocaretz, donde la poeta concentra la permanencia cuando siente que sus poemas cambian mientras duerme. Y Myriam Diocaretz, al recoger el sentido para adaptarlo a las formas del español,  parece saborear la flexibilidad de su lenguaje, acariciar en la oscuridad los verbos, las proposiciones, los pronombres que nos diferencian. La nueva versión de la antología acabó tan subrayada y llena de anotaciones que me dieron ganas de plantarla en mi huerto aprovechando la pronta llegada de la primavera. La conexión de los versos también era con la tierra, con el tiempo y los conflictos sociales y humanos. Recordé entonces un documental que me había enviado la gestora cultural Ingrid Bejerman: Listening for Something, dirigido por Dionne Brand y producido por Ginny Stikeman. La poeta canadiense dialoga con Rich y su conversación constata que la búsqueda de un lenguaje común no fue una entelequia: colonialismo, exilio, feminismo, lesbianismo… Los versos se entrelazan, reclaman que ninguna lengua es neutral y afirman “su poder para el engaño y la perplejidad”. Por favor: subrayen, subrayen… &#160; [1] Poeta, escritora e investigadora en teoría literaria y feminista. Es autora, entre muchos otros, de dos libros acerca de Adrienne Rich: The transforming Power of Language: The Poetry of Adrienne Rich y Translating Poetic Discourse: Questions of Feminist Strategies in Adrienne Rich. También ha sido directora de los seis volúmenes que componen la Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana) y dirige la serie Critical Studies (Brill): https://brill.com/view/serial/CRSTON?language=en&#38;contents=toc-38597 &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><img class="  wp-image-179 alignright" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2021/03/Antologia_poetica_Adrienne-Rich-194x300.jpg" alt="visor" width="159" height="246" />     Soy partidaria de subrayar los libros. Pasado algún tiempo nos encontramos con líneas, asteriscos, símbolos de exclamación o interrogación, anotaciones que garabateamos o que escribimos cuidadosamente y que nos permiten acordarnos de aquellas que fuimos; hacer arqueología de la memoria a partir del reflejo de esos vestigios.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando recibí la versión revisada de la <strong><em>Antología poética (1951-1985)</em> de Adrienne Rich</strong> -que Visor publicó hace algunos meses- abrí al azar sus páginas y el poema “Orígenes e historia de la conciencia” (incluido en <em>The Dream of a Common Language</em>) inauguró su relectura. Quise creer que el propio poemario me estaba guiando:</p>
<p>“Nadie vive en este cuarto<br />
sin enfrentarse con la blancura de la pared<br />
detrás de los poemas, los estantes de libros,<br />
las fotografías de heroínas muertas.<br />
Sin reflexionar tarde y al fin sobre<br />
la verdadera naturaleza de la poesía. <strong>La voluntad</strong><br />
<strong> de conectar. El sueño de un lenguaje común</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify">Busqué entonces la versión anterior de la antología entre los libros de poesía que amontono separados de otros géneros y encontré <strong>un matiz poderoso en la nueva traducción de Myriam Diocaretz<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a>: </strong>donde entonces se leía “esa urgencia de poner mundos en relación” –<em>the drive to connect </em>en la versión original- ahora encontrábamos “la voluntad de conectar”. La exigencia era el logro de una buena comunicación con alguien.</p>
<p style="text-align: justify">Con ese cambio, la escritora y traductora de origen chileno alumbraba mejor la declaración de intenciones de la poesía de Rich. Eran también esos versos precisos los que Diocaretz había elegido para cerrar la introducción del libro al declarar que el arte de Adrienne Rich nos interna en “…la verdadera naturaleza de la poesía: la voluntad de conectar”. <strong>La conexión era pues la palabra que pilotaría mi nueva lectura, pero iba a ir acompañada de algo más.</strong></p>
<p>A lo largo de todos los poemarios que la antología recoge, Rich <strong>hace un esfuerzo por alcanzar el sueño al que remite “Orígenes e historia de la conciencia”: el de un lenguaje común. </strong>A medida que nos internamos en sus poemas emerge esa búsqueda, que es singular –porque trata de ser propia- a la vez que universal -porque es la suma de las voces de otras mujeres: científicas, mineras…, y sobre todo de escritoras, plurales en sus formas y temáticas, en sus cadencias, en sus ritmos, pero muy similares en su manera de afrontar con valentía y sin miedo la exploración en el lenguaje para lograr una voz que no se ahogue en los marcos patriarcales ni encorsete el sentir de la experiencia de ser mujer.</p>
<p>“Kenneth me dice que ha ordenado sus libros<br />
para mirar a Blake y Kafka mientras escribe;<br />
sí; y todavía debemos considerar a Swift<br />
detestando el cuerpo de la mujer mientras elogia su intelecto,<br />
el pavor de Goethe por las Madres, Claudel difamando a Gide,<br />
y los fantasmas –sus manos estrechadas por siglos-<br />
de artistas muriendo en el parto, de sabias mujeres<br />
<em>     </em><em>carbonizadas en la hoguera,<br />
siglos de libros no escritos amontonados detrás de esos estantes (…)”<br />
<em>         </em> <em>                                    (Twenty-one Love Poems, 1976)</em></em></p>
<p>Me di cuenta, después de llevar de un lado para el otro el libro, de subrayarlo y llenarlo de pósits, que su preocupación también era la mía, la de muchas mujeres.  Ese lenguaje común –quizás sueño y quimera, pero también realidad– <strong>tenía un pasado que encadenaba la búsqueda a lo largo de cronologías y geografías</strong>; implicaba poner fin a ese empeño por traducir la narración a una lengua que no es la nuestra, aunque sea compartida. Diocaretz habla de “desterritorializar el lenguaje de la tradición”. Pero además de desnudarla de toda connotación y visión androcéntrica, Rich indaga y extirpa –al menos su intento es loable- las huellas de clasismo, de las inacabables formas de travestirse del colonialismo.</p>
<p>Esas palabras disidentes que resultan de las voces de muchas mujeres configuran un universo lingüístico, un mirada nueva para enmarcar lo que acontece. Sabemos que está en construcción y que nunca dejará de mutar; también que es la materialización del anhelo de <strong>disponer de una arcilla diferenciada para moldear una creación en la que podamos reconocernos</strong>. A lo largo de los poemas seleccionados, ese nuevo lenguaje va emergiendo para dar forma a una memoria que no fue la hegemónica.</p>
<p><em>            </em>                               <em>“El tiempo es masculino<br />
y en sus copas brinda por las bellas.<br />
Absortas en las galanterías, escuchamos<br />
las exageradas alabanzas a nuestras mediocridades,<br />
la indolencia se interpreta como abnegación,<br />
el descuido en el pensar se denomina intuición,<br />
se perdona cada traspié, nuestro crimen<br />
solo consiste en hacer demasiada sombra,<br />
o en romper el molde, sin vacilar.”<br />
<em> </em>                         </em>(<em>Snapshots of a Daughter-in-law, 1963)</em></p>
<p>Rich se esfuerza en rescatar esa mirada paternalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de los siglos porque, como la propia Adrienne afirma contundente al final de un poema: “Todo acto de tomar conciencia (…)/es un acto contra Natura”. La poeta también nos interroga para dar sentido a ese nuevo lenguaje, para hacernos reflexionar sobre los símbolos caducos que justifican la sumisión, que reproducen la violencia. Así escribe en “Las imágenes”:</p>
<p><em>       </em><em>“ ¿pero cuándo elegimos<br />
<em>     </em><em>ver nuestros cuerpos atados<br />
en cautiverio y crucifixión en el aire asfixiante<br />
<em>       </em><em>cuándo elegimos ser<br />
<em>     </em><em>linchadas en los nauseabundos anuncios eléctricos<br />
del centro de la ciudad cuándo elegimos<br />
<em>      </em><em>convertirnos en la dosis del que se masturba(…)?”<br />
<em>                                 </em>(<em>A Wild Patience has Taken me This Far</em>, 1981)</em></em></em></em></em></p>
<p>Pero la poeta sabe que no es la primera, entiende que la conexión que nos procura ese lenguaje común <strong>necesita recurrir al legado de otras mujeres</strong>. En “Heroínas” entona un canto de agradecimiento e intento vano de resarcir a quienes nos antecedieron y abrieron caminos que han conseguido hacernos más libres. Las conquistas se encadenan y el responso de Rich clama por una justicia que no sea solo poética.</p>
<p>“¿Cómo puedo dejar de amar<br />
<em>                                               </em><em>tu lucidez y tu furia?<br />
¿Cómo puedo darte<br />
<em>                               t</em><em>odos tus derechos<br />
<em>                                                 </em><em>obtener valentía de tu valentía<br />
honrar tu exacto<br />
<em>     </em><em>                     legado tal cual es<br />
y reconocer<br />
<em>                   </em><em>además<br />
<em>                                </em><em>que no es suficiente?”</em></em></em></em></em></em></p>
<p><em>                           (A Wild Patience has Taken me This Far</em>, 1981)</p>
<p style="text-align: justify">La magia literaria hace que la conexión sea también hacia el futuro. Los mundos siguen en relación y no es una simple casualidad que en esta nueva versión de la Antología se incluya el poema “La roca azul”, dedicado por Rich a su traductora. Es en ese pedazo de lapislázuli, procedente de la tierra natal de Diocaretz, donde la poeta concentra la permanencia cuando siente que sus poemas cambian mientras duerme. Y Myriam Diocaretz, al recoger el sentido para adaptarlo a las formas del español,  parece saborear la flexibilidad de su lenguaje, acariciar en la oscuridad los verbos, las proposiciones, los pronombres que nos diferencian.</p>
<p style="text-align: justify">La nueva versión de la antología acabó tan subrayada y llena de anotaciones que me dieron ganas de plantarla en mi huerto aprovechando la pronta llegada de la primavera. La conexión de los versos también era con la tierra, con el tiempo y los conflictos sociales y humanos. Recordé entonces un documental que me había enviado la gestora cultural Ingrid Bejerman: <em>Listening for Something</em>, dirigido por Dionne Brand y producido por Ginny Stikeman. La poeta canadiense dialoga con Rich y su conversación constata que la búsqueda de un lenguaje común no fue una entelequia: colonialismo, exilio, feminismo, lesbianismo… Los versos se entrelazan, reclaman que ninguna lengua es neutral y afirman “su poder para el engaño y la perplejidad”.</p>
<p>Por favor: subrayen, subrayen…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Poeta, escritora e investigadora en teoría literaria y feminista. Es autora, entre muchos otros, de dos libros acerca de Adrienne Rich: <em>The transforming Power of Language: The Poetry of Adrienne Rich</em> y <em>Translating Poetic Discourse: Questions of Feminist Strategies in Adrienne Rich</em>. También ha sido directora de los seis volúmenes que componen la <em>Breve historia feminista de la </em>literatura española (en lengua castellana) y dirige la serie Critical Studies (Brill): https://brill.com/view/serial/CRSTON?language=en&amp;contents=toc-38597</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La voz viva de Adrienne Rich</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Mar 2020 10:24:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[*El 27 de marzo del 2020 se cumplen ocho años de la muerte de la autora. Si algo me ha enseñado la literatura es su imprevisibilidad. En la vida, enredada, se comunica con un lenguaje que no es fácil de interpretar, pero siempre acaba aportando sentido. Hace unos meses me llegó a casa un libro con los ensayos de Adrienne Rich (Essential Essays. Culture, Politics, and the Art of Poetry)[1]. Solo había leído su poesía y su lectura se convirtió en una revelación. No era la primera vez que un libro llegara a mis manos cuando más lo necesitaba. Siempre hay algo de voluntad propia escondida en ese gesto, pero preferí fabular, construir el mito, insistir en la casualidad del milagro que solo la literatura era capaz de propiciar. En este caso contó con la ayuda de la escritora y crítica Myriam Diocaretz, primera traductora de los poemas de Rich en lengua española, quien había pedido a su hijo Pablo Conrad, director de la fundación Adrienne Rich Literary Estate de Nueva York, que me lo enviara. En aquellos días recuerdo que Myriam también me hizo llegar el poema Blue Rock que Adrienne le dedicó cuando ella era una autoexiliada chilena en Estados Unidos: (…) The light of a blue rock from Chile swimming in the apricot liquid called Eye of the Swan this is a chunk of your world, a piece of its heart split from the rest, does it suffer? You needn&#8217;t tell me. Sometimes I hear it singing by the waters of Babylon in a strange land sometimes its just lies heavy in my hand, with the heaviness of silent, seismic knowledge a blue rock in a foreign land, an exile excised but never separated from the gashed heart, its mountains, winter rains language native sorrow. Que el lenguaje de Rich nos sea tan cercano, incluso cuando el inglés no sea nuestra lengua materna, tiene varias explicaciones que sus ensayos van deshilvanando. Rich, como Sandra M.Gilbert señala en la introducción de Essential Essays, escribe para las mujeres, especialmente para lesbianas, afro, de clase trabajadora, judías y, en general, para aquellas “desplazadas por el capital”. Aquí cabemos casi todas. Buena parte de su obra fue escrita en los años sesenta y setenta. Lo personal, lo poético y lo político fue para Rich una misma cosa.[2] Por eso el resultado de su poesía es complejo y real. En sus ensayos, Adrienne Rich mira al legado de otras escritoras: Charlette Brontë, Emily Dickinson… Recupera lo que le están diciendo, lo transmite al futuro. Permite que nos reconozcamos en sus escritos a través de temas y una sensibilidad que los hombres no habían sabido abordar. Leyendo a Adrienne Rich podemos entender la universalidad de nuestras experiencias como mujeres o reconocernos en esa lucha diaria contra el tiempo de una escritora que quiere continuar con el proceso creativo. Y ojo, no estoy diciendo que no la puedan disfrutar los hombres. Pero algunas de nosotras entendemos esa búsqueda hambrienta de huecos que materialicen el tiempo para la escritura, la angustia que nos produce no tenerlo cuando el cuidado de las hijas es insuficientemente compartido o el trabajo de todos los días procura la supervivencia. Si Rich, a sus cuarenta y cinco, desea conocer incluso sus límites[3], muchas ya hemos entendido que para nosotras escribir es como respirar. Aunque como Adrienne Rich lo deja recogido en su ensayo negro sobre blanco: “Si es estimulante estar viva en un tiempo de despertar de la conciencia, puede también ser confuso, desorientador y doloroso”.[4] En el texto When we dead awaken, writing as Re-Vision (1971), Rich se refiere a la obra homónima de Ibsen que versa “sobre el uso que el artista y pensador macho hace sobre las mujeres, en su vida y en su trabajo, y la lucha lenta de una mujer que despierta y toma conciencia de cómo ha sido utilizada su vida”. Señala que la revisión -entendida como la acción de mirar atrás con ojos frescos, de mirar un texto viejo con una perspectiva crítica- es un acto de supervivencia para una mujer. “Hasta que no comprendamos la suposiciones en que hemos estado ahogadas no podremos conocernos a nosotras mismas. Y esta urgencia de autoconocimiento para las mujeres es más que una búsqueda de identidad, es parte de nuestro rechazo al carácter autodestructivo de la sociedad de dominación machista…”[5] A principios de los años setenta, la poeta llama a conocer los escritos del pasado de forma distinta a como han sido divulgados hasta ahora. Reflexiona: “Para la mujer escritora, el espectro de esta clase de juicio machista unido al control machista de la cultura que ha desfigurado y frustrado sus necesidades, crea problemas: problemas de contacto con ella misma, problemas de lenguaje y estilo, problemas de supervivencia, problemas de energía”.  Nos invita a que pensemos en nuestros modelos como escritoras, quizás todavía preponderantemente masculinos, y añade que una de las cosas que permite que sigamos atrapadas es el lenguaje. El mismo que a su vez apunta una posibilidad de liberación. Su voz propia entiende que éste no es un detalle menor, ya que si “el acto de nombrar ha sido hasta ahora una prerrogativa masculina” su identificación también abre una posibilidad para empezar a nombrar de otra manera. Su reflexión nos lleva a cuestionarnos el hecho de haber sido dominadas y obedientes demasiado tiempo, o de haber padecido en nuestra piel la desigualdad, las latentes pequeñas violencias simbólicas y machistas que la sociedad impone y que nos hacer ser más consciente de nuestra voz. Transgredir es por lo tanto un imperativo que pone semillas a nuevas formas del uso del lenguaje, algo que va más allá de ser disidentes con el masculino “genérico”, producto de una imposición lingüística patriarcal, que nos invisibiliza. También hay una necesidad de encontrar un punto de vista que no es el de la historia tantas veces contada por los hombres. Rich, a través de sus ensayos, nos contagia su aspiración de crear situaciones subversivas que nos retan y pueden ser compartidas con nuestras iguales. Es curioso como la sumersión en los ensayos de Rich te va insuflando la urgencia de volver a su poesía. Al principio de estas letras me referí a la imprevisibilidad, la necesidad… Eso era precisamente lo que sentí tras la lectura de sus ensayos. Entendí que sus poemas se abrían a nuevas significaciones, más complejas, más conscientes, más profundas. Así que busqué en mi biblioteca la Antología Poética, cuya edición corrió a cargo de Myriam Diocaretz, publicada por Visor en 1986. Allí, la propia poeta señala en el prólogo que escribiendo poesía ha conocido una “intensa felicidad y el peor de los temores” y que se mostrará complacida si sentimos en ellos “la respiración de una mujer que vive, que intenta cumplir su función en el mundo y que todavía sigue afrontando decisiones y fronteras”. Lean y decidan. A mí me queda claro. Y a veces basta un leer un poema como “Diving into the Wreck”(Buceando hacia el naufragio), que suena así en la traducción de Diocaretz: Vine a explorar el naufragio. Las palabras son propósitos. Las palabras son mapas. Vine a verificar el daño y a ver los tesoros que permanecen.[6] Quien quiera sumergirse en estas lecturas está de enhorabuena porque en Sexto Piso publicó en 2019 su poemario El sueño de una lengua común en edición bilingüe (original y español), con traducción de Patricia Gonzalo de Jesús. Además,  el poemario a cargo de Diocaretz también será reditado próximamente por Visor en bilingüe, con traducciones revisadas y la introducción actualizada. Aunque ambos libros comparten muchos de los poemas, hay otros que solo se pueden encontrar en uno u otro. Es el caso, por ejemplo, de “Diving into the Wreck” –que solo aparece en la antología recogida por Myriam Diocaretz- o “Hunger”, que lo podremos leer exclusivamente en la publicación de Sexto Piso y es así de imprescindible: Pueden gobernar el mundo mientras sean capaces de convencernos de que nuestro dolor está dispuesto en un determinado orden. ¿Es la muerte por hambruna peor que la muerte por suicidio, que una vida de hambruna y suicidio, si una lesbiana negra muere, si una prostituta blanca muere, si una mujer genial se mata de hambre para alimentar a otros, el odio a sí misma cebándose en su cuerpo? Algo que nos mata o que nos deja medio vivas arremete haciéndose pasar por “fuerza mayor” en el Chad, en el Níger, en el Alto Volta: sí, ese dios masculino que obra en nosotras y en nuestros hijos, ese Estado masculino que obra en nosotras y en nuestros hijos hasta que nuestros cerebros quedan embotados por la malnutrición pero aguzados por el ansia de supervivencia, nuestras energías agotadas a diario en la lucha por legar una especie de vida a nuestros hijos, por cambiar la realidad para nuestros amantes incluso en una sola trémula gota de agua.[7] Tenerlos cerca y poder revisarlos puede mostrarnos las distintas vidas de los poemas: la que escribió la escritora, definitivo; y las traducciones que necesitamos en nuestra lengua materna, que fluyen placenteras. El acierto de ser publicadas en bilingüe deja que saboreemos las diversas interpretaciones de las traductoras, que comparten esa vida que mira desde ojos de mujer y que transforman, de una u otra forma, la manera de enfrentarnos a la literatura. Referencias: [1] Traficantes de Sueños publicó en 2019 Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución, con traducción de Ana Becciu. [2] Sandra M. Gilbert, “The Treasures That Prevail”, prólogo de Adrienne Rich. Culture, Politics, and the Art of Poetry. Essentian Essays, Norton, New York/London, 2018. [3] Referencia al poema III de sus Veintiún poemas de amor, 1974-1976. [4] When we dead awaken, writing as Re-Vision (1971) fue recogido en On Lies, Secrets and Silence. Selected Prose 1966-1978 y da inicio a los ensayos de Essential Essays (2018). [5] When we dead awaken, writing as Re-Vision (1971), Essential Essays (2018), pág. 4. [6] I came to explore the wreck./The words are purposes./The words are maps./I came to see the damage that was done/ and the treasures that prevail. Poema recogido en Diving into the Wreck, Poems 1971-1972 (1973). [7] Extracto de “Hambre”, en Adrienne Rich (2019), El sueño de una lengua común, traducción de Patricia Gonzalo de Jesús, Sexto Piso, Ciudad de México (pág.33). &#160; &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">*El 27 de marzo del 2020 se cumplen ocho años de la muerte de la autora.</p>
<p style="text-align: justify">Si algo me ha enseñado la literatura es su <strong>imprevisibilidad</strong>. En la vida, enredada, se comunica con un lenguaje que no es fácil de interpretar, pero siempre acaba aportando sentido. Hace unos meses me llegó a casa un libro con los ensayos de Adrienne Rich (<em>Essential Essays. Culture, Politics, and the Art of Poetry</em>)<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Solo había leído su poesía y su lectura se convirtió en una revelación.</p>
<p style="text-align: justify">No era la primera vez que <strong>un libro llegara a mis manos cuando más lo necesitaba.</strong> Siempre hay algo de voluntad propia escondida en ese gesto, pero preferí fabular, construir el mito, insistir en la casualidad del milagro que solo la literatura era capaz de propiciar. En este caso contó con la ayuda de la escritora y crítica Myriam Diocaretz, primera traductora de los poemas de Rich en lengua española, quien había pedido a su hijo Pablo Conrad, director de la fundación Adrienne Rich Literary Estate de Nueva York, que me lo enviara. En aquellos días recuerdo que Myriam también me hizo llegar el poema <a href="https://www.youtube.com/watch?v=iExhHxKBYtM">Blue Rock</a> que Adrienne le dedicó cuando ella era una autoexiliada chilena en Estados Unidos:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center">(…) The light of a blue rock<br />
from Chile swimming in the apricot liquid<br />
called Eye of the Swan this is a chunk of<br />
your world, a piece of its heart split<br />
from the rest, does it suffer? You needn&#8217;t<br />
tell me. Sometimes I hear it singing<br />
by the waters of Babylon in a strange land<br />
sometimes its just lies heavy in my hand,<br />
with the heaviness of silent, seismic knowledge<br />
a blue rock in a foreign land, an exile<br />
excised but never separated from the<br />
gashed heart, its mountains, winter rains<br />
language native sorrow.</p>
<p style="text-align: center">
</blockquote>
<p style="text-align: justify">Que el lenguaje de Rich nos sea tan cercano, incluso cuando el inglés no sea nuestra lengua materna, tiene varias explicaciones que sus ensayos van deshilvanando. Rich, como Sandra M.Gilbert señala en la introducción de <em>Essential Essays</em>, escribe para las mujeres, especialmente para lesbianas, afro, de clase trabajadora, judías y, en general, para aquellas “desplazadas por el capital”. Aquí cabemos casi todas. Buena parte de su obra fue escrita en los años sesenta y setenta. Lo personal, lo poético y lo político fue para Rich una misma cosa.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> Por eso el resultado de su poesía es complejo y real.</p>
<p style="text-align: justify">En sus ensayos, Adrienne Rich mira al legado de otras escritoras: Charlette Brontë, Emily Dickinson… <strong>Recupera lo que le están diciendo, lo transmite al futuro</strong>. Permite que nos reconozcamos en sus escritos a través de temas y una sensibilidad que los hombres no habían sabido abordar. Leyendo a Adrienne Rich podemos entender la universalidad de nuestras experiencias como mujeres o reconocernos en esa lucha diaria contra el tiempo de una escritora que quiere continuar con el proceso creativo. Y ojo, no estoy diciendo que no la puedan disfrutar los hombres. Pero algunas de nosotras entendemos esa búsqueda hambrienta de huecos que materialicen el tiempo para la escritura, la angustia que nos produce no tenerlo cuando el cuidado de las hijas es insuficientemente compartido o el trabajo de todos los días procura la supervivencia. Si Rich, a sus cuarenta y cinco, desea conocer incluso sus límites<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, muchas ya hemos entendido que para nosotras escribir es como respirar. Aunque como Adrienne Rich lo deja recogido en su ensayo negro sobre blanco:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center">“Si es estimulante estar viva en un tiempo de despertar de la conciencia, puede también ser confuso, desorientador y doloroso”.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify">En el texto <em>When we dead awaken, writing as Re-Vision</em> (1971), Rich se refiere a la obra homónima de Ibsen que versa “sobre el uso que el artista y pensador macho hace sobre las mujeres, en su vida y en su trabajo, y la lucha lenta de una mujer que despierta y toma conciencia de cómo ha sido utilizada su vida”. Señala que <strong>la <em>revisión</em></strong> -entendida como la acción de mirar atrás con ojos frescos, de mirar un texto viejo con una perspectiva crítica- <strong>es un</strong> <strong>acto de supervivencia para una mujer</strong>.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center">“Hasta que no comprendamos la suposiciones en que hemos estado ahogadas no podremos conocernos a nosotras mismas. Y esta urgencia de autoconocimiento para las mujeres es más que una búsqueda de identidad, es parte de nuestro rechazo al carácter autodestructivo de la sociedad de dominación machista…”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></p>
</blockquote>
<p>A principios de los años setenta, la poeta llama a conocer los escritos del pasado de forma distinta a como han sido divulgados hasta ahora. Reflexiona:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center">“Para la mujer escritora, el espectro de esta clase de juicio machista unido al control machista de la cultura que ha desfigurado y frustrado sus necesidades, crea problemas: <strong>problemas de contacto con ella misma, problemas de lenguaje y estilo, problemas de supervivencia, problemas de energía</strong>”.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify"> Nos invita a que pensemos en nuestros modelos como escritoras, quizás todavía preponderantemente masculinos, y añade que <strong>una de las cosas</strong> <strong>que permite que sigamos atrapadas es el lenguaje</strong>. <strong>El mismo que a su vez apunta una posibilidad de liberación. </strong>Su voz propia entiende que éste no es un detalle menor, ya que si “el acto de nombrar ha sido hasta ahora una prerrogativa masculina” su identificación también abre una posibilidad para empezar a nombrar de otra manera.</p>
<p style="text-align: justify">Su reflexión nos lleva a cuestionarnos el hecho de haber sido <strong>dominadas y obedientes demasiado tiempo</strong>, o de haber padecido en nuestra piel la desigualdad, las latentes pequeñas violencias simbólicas y machistas que la sociedad impone y que nos hacer ser más consciente de nuestra voz. Transgredir es por lo tanto un imperativo que pone semillas a nuevas formas del uso del lenguaje, algo que va más allá de ser disidentes con el masculino “genérico”, producto de una imposición lingüística patriarcal, que nos invisibiliza. También hay una necesidad de <strong>encontrar un punto de vista que no es el de la historia tantas veces contada por los hombres</strong>. Rich, a través de sus ensayos, nos contagia su aspiración de crear situaciones subversivas que nos retan y pueden ser compartidas con nuestras iguales.</p>
<p style="text-align: justify">Es curioso como <strong>la sumersión en los ensayos de Rich te va insuflando la urgencia de volver a su poesía</strong>. Al principio de estas letras me referí a la imprevisibilidad, la necesidad… Eso era precisamente lo que sentí tras la lectura de sus ensayos. Entendí que sus poemas se abrían a nuevas significaciones, más complejas, más conscientes, más profundas. Así que busqué en mi biblioteca la <em>Antología Poética</em>, cuya edición corrió a cargo de Myriam Diocaretz, publicada por Visor en 1986. Allí, la propia poeta señala en el prólogo que escribiendo poesía ha conocido una “intensa felicidad y el peor de los temores” y que se mostrará complacida si sentimos en ellos “la respiración de una mujer que vive, que intenta cumplir su función en el mundo y que todavía sigue afrontando decisiones y fronteras”. Lean y decidan. A mí me queda claro. Y a veces basta un leer un poema como “Diving into the Wreck”(Buceando hacia el naufragio), que suena así en la traducción de Diocaretz:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center">Vine a explorar el naufragio.</p>
<p style="text-align: center">Las palabras son propósitos.</p>
<p style="text-align: center">Las palabras son mapas.</p>
<p style="text-align: center">Vine a verificar el daño</p>
<p style="text-align: center">y a ver los tesoros que permanecen.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></p>
</blockquote>
<h5></h5>
<p style="text-align: justify">Quien quiera sumergirse en estas lecturas está de enhorabuena porque en Sexto Piso publicó en 2019 su poemario <em>El sueño de una lengua común</em> en edición bilingüe (original y español), con traducción de Patricia Gonzalo de Jesús. Además,  el poemario a cargo de Diocaretz también será reditado próximamente por Visor en bilingüe, con traducciones revisadas y la introducción actualizada. Aunque ambos libros comparten muchos de los poemas, hay otros que solo se pueden encontrar en uno u otro. Es el caso, por ejemplo, de “Diving into the Wreck” –que solo aparece en la antología recogida por Myriam Diocaretz- o “Hunger”, que lo podremos leer exclusivamente en la publicación de Sexto Piso y es así de imprescindible:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center">Pueden gobernar el mundo mientras sean capaces de convencernos</p>
<p style="text-align: center">de que nuestro dolor está dispuesto en un determinado orden.</p>
<p style="text-align: center">¿Es la muerte por hambruna peor que la muerte por suicidio,</p>
<p style="text-align: center">que una vida de hambruna y suicidio, si una lesbiana negra muere,</p>
<p style="text-align: center">si una prostituta blanca muere, si una mujer genial</p>
<p style="text-align: center">se mata de hambre para alimentar a otros,</p>
<p style="text-align: center">el odio a sí misma cebándose en su cuerpo?</p>
<p style="text-align: center">Algo que nos mata o que nos deja medio vivas</p>
<p style="text-align: center">arremete haciéndose pasar por “fuerza mayor”</p>
<p style="text-align: center">en el Chad, en el Níger, en el Alto Volta:</p>
<p style="text-align: center">sí, ese dios masculino que obra en nosotras y en nuestros hijos,</p>
<p style="text-align: center">ese Estado masculino que obra en nosotras y en nuestros hijos</p>
<p style="text-align: center">hasta que nuestros cerebros quedan embotados por la malnutrición</p>
<p style="text-align: center">pero aguzados por el ansia de supervivencia,</p>
<p style="text-align: center">nuestras energías agotadas a diario en la lucha</p>
<p style="text-align: center">por legar una especie de vida a nuestros hijos,</p>
<p style="text-align: center">por cambiar la realidad para nuestros amantes</p>
<p style="text-align: center">incluso en una sola trémula gota de agua.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: left">Tenerlos cerca y poder revisarlos puede mostrarnos las distintas vidas de los poemas: la que escribió la escritora, definitivo; y las traducciones que necesitamos en nuestra lengua materna, que fluyen placenteras. <strong>El acierto de ser publicadas en bilingüe deja que saboreemos las diversas interpretaciones de las traductoras</strong>, que comparten esa vida que mira desde ojos de mujer y que transforman, de una u otra forma, la manera de enfrentarnos a la literatura.</p>
<p>Referencias:</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Traficantes de Sueños publicó en 2019 <em>Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución</em>, con traducción de Ana Becciu.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Sandra M. Gilbert, “The Treasures That Prevail”, prólogo de <em>Adrienne Rich. Culture, Politics, and the Art of Poetry. Essentian Essays</em>, Norton, New York/London, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Referencia al poema III de sus Veintiún poemas de amor, 1974-1976.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> <em>When we dead awaken, writing as Re-Vision</em> (1971) fue recogido en <em>On Lies, Secrets and Silence. Selected Prose 1966-1978</em> y da inicio a los ensayos de <em>Essential Essays</em> (2018).</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <em>When we dead awaken, writing as Re-Vision </em>(1971), <em>Essential Essays</em> (2018), pág. 4.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> I came to explore the wreck./The words are purposes./The words are maps./I came to see the damage that was done/ and the treasures that prevail. Poema recogido en <em>Diving into the Wreck, Poems 1971-1972</em> (1973).</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Extracto de “Hambre”<em>, </em>en Adrienne Rich (2019),<em> El sueño de una lengua común</em>, traducción de Patricia Gonzalo de Jesús, Sexto Piso, Ciudad de México (pág.33).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Ceniza de ombú</title>
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		<comments>https://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2017/07/30/ceniza-de-ombu/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 30 Jul 2017 19:37:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Ecologías]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 23 de mayo presenté la novela Ceniza de ombú en Montevideo. Comparto en este blog el prólogo.  (extracto del cuaderno de Helena, página 77) No tiene sentido para un biólogo analizar a un ente viviente fuera del periodo que le toca vivir. Tampoco lo tiene para una biógrafa. ¿Cómo resistir entonces esta ceguera? Equilibristas permanecen sobre hilos de seda, aunque a su alrededor se amontona la basura, desechos venenosos, ruedas cuadradas que empujan hacia un precipicio sin marcha atrás. Apenas van quedando sitios de donde sujetar las puntas que sostienen sus privilegios. La vergüenza empieza a rociar los palacios, los neumáticos pinchados son aderezos de un escenario desolador. El simulacro tiene un límite, el lujo es tan vulgar como las preguntas impertinentes y vacías de los programas televisivos. La carcoma va corroyendo las fronteras de la opulencia, nunca más serán aplaudidos los fantasmas de esta descomposición. Gira el planeta, solo un punto minúsculo en el Universo, y hay quienes todavía esta mañana salieron de sus casas sintiéndose en su centro. No es tan triste el vacío, lo peor es desconocer aquello que somos y sentir desprecio por lo que los otros son. Desolador infravalorar la pérdida que supone privar a otras generaciones del privilegio de lo natural. Manantiales de agua envenenados, kilómetros de cemento donde nunca más crecerá la hierba, miles de especies de animales y plantas extinguidas para siempre, alimentos sin sabor, un ambiente irrespirable, un sol del que hay que huir&#8230; Cambiamos la verdadera riqueza por una baratija, el poder de la vida por sortijas de plástico. La estupidez que encierra la avaricia es muda, pero clamará como una tormenta. Los oropeles sólo servirán para adornar, lúgubres, los cementerios. Pero a pesar de este cielo oscuro, de la lluvia ácida, de tanta masa pesada de gases irrespirables, el ser humano es capaz de abrir espacios, de colarse por las grietas, de renacer entre cenizas, de resistir una y otra vez sus propios embates. El instinto de destrucción al lado del ansia de permanencia, la transformación de la avaricia en generosidad. Por esos resquicios penetra otra posibilidad y sus inspiradores mueren también, pero queda su legado. Son huellas fuera del tablero de juego principal que subsisten como testimonio de resistencia. Hacen girar la línea recta y artificial de la historia aprendida, desafían a quienes usan redes de arrastre para multiplicar ganancias sin contar con la sensibilidad que permite distinguir la variada naturaleza de los seres del mar. Eso redime a una parte: aquella que estuvo disconforme con el crecimiento de ese árbol frágil y en terreno poco propicio; que promovió que las ramas, carcomidas en su interior, fueran abatidas y sustituidas por brotes verdes. Su imaginación llevó a una gran pira el tronco de corcho,  la parte hueca y arrancó las raíces que no posibilitarán la subsistencia. Queda saber qué sustituirá a su fragilidad, qué otra especie renacerá de las cenizas del ombú. Aunque el terreno ya no es tan fértil, las capacidades humanas de construcción y destrucción se han multiplicado exponencialmente. A cada mujer, a cada hombre, le tocará decidir de qué lado está y actuar en consecuencia. Hay ríos de tinta, ríos de sangre, testimonios que dejan muda toda la mezquindad. Elijan un camino. Por mi parte, reconozco con modestia la osadía de intentar encerrar el mundo que me tocó vivir en una novela, y además mostrar sus cenizas. Éste fue el resultado.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 23 de mayo presenté la novela <em><a href="http://www.cce.org.uy/ceniza-de-ombu-el-ultimo-libro-de-la-espanola-raquel-martinez-gomez-se-presenta-en-el-cce/" target="_blank">Ceniza de ombú</a></em> en Montevideo. Comparto en este blog el prólogo.</p>
<p><a href="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2017/07/Captura-de-pantalla-2017-05-21-a-las-10.12.44.png"><img class="alignnone size-medium wp-image-135" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2017/07/Captura-de-pantalla-2017-05-21-a-las-10.12.44-212x300.png" alt="Captura de pantalla 2017-05-21 a las 10.12.44" width="212" height="300" /></a><a href="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2017/07/Ceniza-de-ombu-ilustaciones-1.jpeg"><img class="alignnone size-medium wp-image-136" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2017/07/Ceniza-de-ombu-ilustaciones-1-210x300.jpeg" alt="Ceniza de ombu - ilustaciones ok" width="210" height="300" /></a><a href="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2017/07/Ceniza-de-ombu-ilustaciones-3.jpeg"><img class="alignnone size-medium wp-image-137" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2017/07/Ceniza-de-ombu-ilustaciones-3-211x300.jpeg" alt="Ceniza de ombu - ilustaciones ok" width="211" height="300" /></a></p>
<p><strong> </strong><strong>(extracto del cuaderno de Helena, página 77)</strong></p>
<p style="text-align: justify">No tiene sentido para un biólogo analizar a un ente viviente fuera del periodo que le toca vivir. Tampoco lo tiene para una biógrafa. ¿Cómo resistir entonces esta ceguera? Equilibristas permanecen sobre hilos de seda, aunque a su alrededor se amontona la basura, desechos venenosos, ruedas cuadradas que empujan hacia un precipicio sin marcha atrás. Apenas van quedando sitios de donde sujetar las puntas que sostienen sus privilegios. La vergüenza empieza a rociar los palacios, los neumáticos pinchados son aderezos de un escenario desolador. El simulacro tiene un límite, el lujo es tan vulgar como las preguntas impertinentes y vacías de los programas televisivos. La carcoma va corroyendo las fronteras de la opulencia, nunca más serán aplaudidos los fantasmas de esta descomposición.</p>
<p style="text-align: justify">Gira el planeta, solo un punto minúsculo en el Universo, y hay quienes todavía esta mañana salieron de sus casas sintiéndose en su centro. No es tan triste el vacío, lo peor es desconocer aquello que somos y sentir desprecio por lo que los otros son. Desolador infravalorar la pérdida que supone privar a otras generaciones del privilegio de lo natural. Manantiales de agua envenenados, kilómetros de cemento donde nunca más crecerá la hierba, miles de especies de animales y plantas extinguidas para siempre, alimentos sin sabor, un ambiente irrespirable, un sol del que hay que huir&#8230; Cambiamos la verdadera riqueza por una baratija, el poder de la vida por sortijas de plástico. La estupidez que encierra la avaricia es muda, pero clamará como una tormenta. Los oropeles sólo servirán para adornar, lúgubres, los cementerios.</p>
<p style="text-align: justify">Pero a pesar de este cielo oscuro, de la lluvia ácida, de tanta masa pesada de gases irrespirables, el ser humano es capaz de abrir espacios, de colarse por las grietas, de renacer entre cenizas, de resistir una y otra vez sus propios embates. El instinto de destrucción al lado del ansia de permanencia, la transformación de la avaricia en generosidad. Por esos resquicios penetra otra posibilidad y sus inspiradores mueren también, pero queda su legado. Son huellas fuera del tablero de juego principal que subsisten como testimonio de resistencia. Hacen girar la línea recta y artificial de la historia aprendida, desafían a quienes usan redes de arrastre para multiplicar ganancias sin contar con la sensibilidad que permite distinguir la variada naturaleza de los seres del mar. Eso redime a una parte: aquella que estuvo disconforme con el crecimiento de ese árbol frágil y en terreno poco propicio; que promovió que las ramas, carcomidas en su interior, fueran abatidas y sustituidas por brotes verdes. Su imaginación llevó a una gran pira el tronco de corcho,  la parte hueca y arrancó las raíces que no posibilitarán la subsistencia. Queda saber qué sustituirá a su fragilidad, qué otra especie renacerá de las cenizas del ombú. Aunque el terreno ya no es tan fértil, las capacidades humanas de construcción y destrucción se han multiplicado exponencialmente. A cada mujer, a cada hombre, le tocará decidir de qué lado está y actuar en consecuencia. Hay ríos de tinta, ríos de sangre, testimonios que dejan muda toda la mezquindad. Elijan un camino.</p>
<p style="text-align: justify">Por mi parte, reconozco con modestia la osadía de intentar encerrar el mundo que me tocó vivir en una novela, y además mostrar sus cenizas. Éste fue el resultado.</p>
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		<title>Mi patria es una selva</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2015 09:14:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[(…) soy otro cuando soy, los actos míos son más míos si son también de todos, para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros (…) Octavio Paz, Piedra de sol (1957) ¿Los relatos literarios tienen patria?, ¿pertenecen a un espacio o fueron escritos para cualquiera que estuviera dispuesta/o a disfrutarlos? Esta pregunta, hecha a los animales de la selva de Horacio Quiroga (La patria), les produciría cierto escalofrío. Habían construido su patria para imitar a los humanos pero pronto se dieron cuenta de que al establecer sus fronteras perdieron toda la selva, su lugar genuino. Sin ese espacio infinito, el jaguar sintió por primera vez algo hasta entonces desconocido: la sed. Cercar las selvas humanas también provoca sed por conocer lo que hay al otro lado. Algunos relatos literarios, sabedores de la existencia de condiciones adversas, incorporan la disidencia para hacer frente a los muros infranqueables. Si la frontera pretende delimitar la separación entre un nosotros y los otros, la literatura es maestra en el arte de tender puentes a la otredad. Puentes que cambian las miradas e incrementan la incomprensión ante la tragedia cotidiana derivada de las patrias egoístas y excluyentes. La literatura, proceda de un lugar, de una identidad o de una afinidad cultural, o esté escrita bajo un determinado código, también da muchas pistas de quienes somos los animales humanos. Nos acerca al otro, que es distinto a nosotros, pero también es igual (ver Tzvetan Todorov, La conquista de América. El problema del otro, 1984). Novelas consideradas indigenistas como El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría (1941); Los ríos profundos (1958), de José María Arguedas o Huasipungo (1934), de Jorge Icaza, permiten entender mejor las sociedades peruana o ecuatoriana, pero también retratan temas universales como el abuso de los poderosos o el repudio a las clases dominantes. La existencia de textos bajo coordenadas temporales o espaciales no los hacen exclusividad de un país, de un tiempo, ni siquiera de una lengua. Otra de las grandes virtudes de esa gran selva que es la patria literaria es la oportunidad que abre en cada una de las vetas de una cultura: la de asomarse a sus contradicciones, conflictos o diversidad de miradas. Max Aub, hijo de madre francesa y padre alemán, había crecido en Valencia y vivido más de treinta años exiliado en México después de ser perseguido, depurado y recluido en un campo de concentración. Defendía que uno es del lugar donde hace el bachillerato. Su espíritu “de exilio” puede ser gozado por un lector universal que aprecia el valor de la resistencia, esa que respira su hexalogía (El laberinto mágico) o La Gallina ciega (1971). “Estos que ves- le dice uno de sus personajes a su hijo-, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo” Campo de los almendros (1968). Dirimir acerca de a qué frontera física pertenecía su literatura sería un sinsentido. “Un libro que se configura como equivalente del universo” es a juicio de Italo Calvino un requisito para ser considerado un clásico. Con el fin de conocer quiénes somos y adónde hemos llegado “(…) los italianos –dice- son indispensables justamente para confrontarlos con los extranjeros, y los extranjeros son indispensables justamente para confrontarlos con los italianos” (¿Por qué leer a los clásicos?). El binomio de italianos o no italianos adquiriría en nuestra selva un sinfín de combinaciones infinitas que no necesariamente pasan por una nacionalidad. La condición de otredad también viene impuesta por circunstancias como las aducidas por Virginia Woolf en su ensayo Tres guineas, cuando le responde al abogado de Londres que le preguntó “cómo hemos de evitar la guerra” que si bien los dos pertenecían a la clase instruida, él era hombre y ella mujer, y que eso implicaba diferencias grandes a la hora de mirar la realidad bélica. Como nos recuerda Susang Sontag, no debía sobreentender ese “nosotros” cuando el tema era la mirada de dolor de los demás: “(..) no afanarse en abolir lo que causa semejante estrago, carnicería semejante: para Woolf ésas serían las reacciones de un monstruo moral. Y afirma: no somos monstruos, somos integrantes de la clase instruida. Nuestro fallo es de imaginación, de empatía: no hemos sido capaces de tener presente esa realidad”(Ante el dolor de los demás). Las fronteras son difusas, casi siempre artificiales, por eso en la maraña de la identidad múltiple es muy fácil perderse, casi una bendición. Pero puestos a buscar una frontera, quizás la más real sea la que separa a los héroes de los villanos, o su traducción a explotadores y explotados u opresores y oprimidos. Libros de procedencias tan dispares como la distopia Nosotros (1929, pero no fue publicada en ruso hasta 1988) de Yevgueni Zamiatin o Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014) dejan contemplar esa frontera que impone el ejercicio del poder en los ecosistemas humanos. Doris Lessing también muestra fronteras que son causas o consecuencias de las desigualdades raciales, sociales y de género. Tener raíz o vivir en el desarraigo es independiente de la cualidad de mirar más allá de los muros impuestos para conocer mejor al otro. Hay personas que potencian esta mirada con proyectos literarios como Je suis favela, puesto en marcha por la editora Paula Anacaona con el fin de publicar libros en Francia que versan sobre la vida en los barrios pobres de Brasil. Si una patria solo admitiese los relatos contados por los que “son como ellos”, con sus apellidos y pedigrí, evitando la contaminación con “los otros”, se convertiría en un lugar triste. Huyssen señala que la forma en que pensamos en el pasado es cada vez más la de una memoria sin fronteras. “No hay duda de que la modernidad ha traído consigo una compresión muy real del tiempo y el espacio. Pero en el registro de las imaginerías también ha expandido nuestros horizontes del tiempo y el espacio más allá de lo local, lo nacional y hasta lo internacional” (Modernismo después de la postmodernidad, 2010). Es extraño entonces que los mercados y algunas de sus editoriales todavía sigan enmarcando el espíritu de una selva bajo una condición que simplifique el instinto de libertad de creadoras y creadores. La ruptura de los espacios acotados, la unidad universal de los temas humanos más transcendentes y, por otro lado, la indivisibilidad de cada voz forman parte del gran desafío de reconocernos miembros de la especie humana. Es aquí donde el relato literario abre grietas en desiertos de metal para darnos la oportunidad de salir de los barrotes impuestos que día tras día parecen querer advertirnos de que no somos iguales en nuestra diferencia. Volviendo a la selva de Quiroga, el soldado -que ha quedado ciego por defender a su patria y ahora en la penumbra puede distinguir lo que el exceso de luz le impedía- regresa para recordar a los animales que fueron ellos mismos quienes crearon su propia cárcel al recluirse cuando su ámbito de libertad era toda la selva. Si las obras literarias que aspiran a transcender y transformar tienen patria, esa debe de ser muy parecida a la de los animales. Una que hace que escritoras y escritores creen mundos desde lo visto, sentido e imaginado para calmar nuestra sed, siempre inextinguible como la del jaguar. &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">(…) soy otro cuando soy, los actos míos<br />
son más míos si son también de todos,<br />
para que pueda ser he de ser otro,<br />
salir de mí, buscarme entre los otros (…)</p>
<p style="text-align: right">Octavio Paz, Piedra de sol (1957)</p>
<p>¿Los relatos literarios tienen patria?, ¿pertenecen a un espacio o fueron escritos para cualquiera que estuviera dispuesta/o a disfrutarlos? Esta pregunta, hecha a los animales de la selva de <a href="#www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/quiroga/la_patria.htm">Horacio Quiroga (<em>La patria</em>),</a> les produciría cierto escalofrío. Habían construido su patria para imitar a los humanos pero pronto se dieron cuenta de que al establecer sus fronteras perdieron toda la selva, su lugar genuino. Sin ese espacio infinito, el jaguar sintió por primera vez algo hasta entonces desconocido: la sed.</p>
<p>Cercar las selvas humanas también provoca sed por conocer lo que hay al otro lado. Algunos relatos literarios, sabedores de la existencia de condiciones adversas, incorporan la disidencia para hacer frente a los muros infranqueables. Si la frontera pretende delimitar la separación entre un nosotros y los otros, la literatura es maestra en el arte de tender puentes a la <em>otredad</em>. Puentes que cambian las miradas e incrementan la incomprensión ante la tragedia cotidiana derivada de las patrias egoístas y excluyentes.</p>
<p>La literatura, proceda de un lugar, de una identidad o de una afinidad cultural, o esté escrita bajo un determinado código, también da muchas pistas de quienes somos los animales humanos. Nos acerca al otro, que es distinto a nosotros, pero también es igual (ver Tzvetan Todorov, <em>La conquista de América. El problema del otro</em>, 1984).</p>
<p>Novelas consideradas indigenistas como <em>El mundo es ancho y ajeno,</em> de Ciro Alegría (1941)<em>; Los ríos profundos (</em>1958), de José María Arguedas o <em>Huasipungo </em>(1934), de Jorge Icaza, permiten entender mejor las sociedades peruana o ecuatoriana, pero también retratan temas universales como el abuso de los poderosos o el repudio a las clases dominantes. La existencia de textos bajo coordenadas temporales o espaciales no los hacen exclusividad de un país, de un tiempo, ni siquiera de una lengua.</p>
<p>Otra de las grandes virtudes de esa gran selva que es la patria literaria es la oportunidad que abre en cada una de las vetas de una cultura: la de asomarse a sus contradicciones, conflictos o diversidad de miradas. Max Aub, hijo de madre francesa y padre alemán, había crecido en Valencia y vivido más de treinta años exiliado en México después de ser perseguido, depurado y recluido en un campo de concentración. Defendía que uno es del lugar donde hace el bachillerato. Su espíritu “de exilio” puede ser gozado por un lector universal que aprecia el valor de la resistencia, esa que respira su hexalogía (<em>El laberinto mágico)</em> o <em>La Gallina ciega (1971)</em>. “Estos que ves- le dice uno de sus personajes a su hijo-, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo”<em> Campo de los almendros (1968)</em>. Dirimir acerca de a qué frontera física pertenecía su literatura sería un sinsentido.</p>
<p>“Un libro que se configura como equivalente del universo” es a juicio de Italo Calvino un requisito para ser considerado un clásico. Con el fin de conocer quiénes somos y adónde hemos llegado “(…) los italianos –dice- son indispensables justamente para confrontarlos con los extranjeros, y los extranjeros son indispensables justamente para confrontarlos con los italianos” (¿<em>Por qué leer a los clásicos</em>?).</p>
<p>El binomio de italianos o no italianos adquiriría en nuestra selva un sinfín de combinaciones infinitas que no necesariamente pasan por una nacionalidad. La condición de otredad también viene impuesta por circunstancias como las aducidas por Virginia Woolf en su ensayo <em>Tres guineas</em>, cuando le responde al abogado de Londres que le preguntó “cómo hemos de evitar la guerra” que si bien los dos pertenecían a la clase instruida, él era hombre y ella mujer, y que eso implicaba diferencias grandes a la hora de mirar la realidad bélica. Como nos recuerda Susang Sontag<em>,</em> no debía sobreentender ese “nosotros” cuando el tema era la mirada de dolor de los demás: “(..) no afanarse en abolir lo que causa semejante estrago, carnicería semejante: para Woolf ésas serían las reacciones de un monstruo moral. Y afirma: no somos monstruos, somos integrantes de la clase instruida. Nuestro fallo es de imaginación, de empatía: no hemos sido capaces de tener presente esa realidad”(<em>Ante el dolor de los demás</em>).</p>
<p>Las fronteras son difusas, casi siempre artificiales, por eso en la maraña de la identidad múltiple es muy fácil perderse, casi una bendición. Pero puestos a buscar una frontera, quizás la más real sea la que separa a los héroes de los villanos, o su traducción a explotadores y explotados u opresores y oprimidos. Libros de procedencias tan dispares como la distopia <em>Nosotros (1929</em>, pero no fue publicada en ruso hasta 1988) de Yevgueni Zamiatin o<em> Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014)</em> dejan contemplar esa frontera que impone el ejercicio del poder en los ecosistemas humanos. Doris Lessing también muestra fronteras que son causas o consecuencias de las desigualdades raciales, sociales y de género.</p>
<p>Tener raíz o vivir en el desarraigo es independiente de la cualidad de mirar más allá de los muros impuestos para conocer mejor al otro. Hay personas que potencian esta mirada con proyectos literarios como <a href="http://www.anacaona.fr/">Je suis favela</a>, puesto en marcha por la editora Paula Anacaona con el fin de publicar libros en Francia que versan sobre la vida en los barrios pobres de Brasil. Si una patria solo admitiese los relatos contados por los que “son como ellos”, con sus apellidos y pedigrí, evitando la contaminación con “los otros”, se convertiría en un lugar triste.</p>
<p>Huyssen señala que la forma en que pensamos en el pasado es cada vez más la de una memoria sin fronteras. “No hay duda de que la modernidad ha traído consigo una compresión muy real del tiempo y el espacio. Pero en el registro de las imaginerías también ha expandido nuestros horizontes del tiempo y el espacio más allá de lo local, lo nacional y hasta lo internacional” (<em>Modernismo después de la postmodernidad</em>, 2010). Es extraño entonces que los mercados y algunas de sus editoriales todavía sigan enmarcando el espíritu de una selva bajo una condición que simplifique el instinto de libertad de creadoras y creadores.</p>
<p>La ruptura de los espacios acotados, la unidad universal de los temas humanos más transcendentes y, por otro lado, la indivisibilidad de cada voz forman parte del gran desafío de reconocernos miembros de la especie humana. Es aquí donde el relato literario abre grietas en desiertos de metal para darnos la oportunidad de salir de los barrotes impuestos que día tras día parecen querer advertirnos de que no somos iguales en nuestra diferencia.</p>
<p>Volviendo a la selva de Quiroga, el soldado -que ha quedado ciego por defender a su patria y ahora en la penumbra puede distinguir lo que el exceso de luz le impedía- regresa para recordar a los animales que fueron ellos mismos quienes crearon su propia cárcel al recluirse cuando su ámbito de libertad era toda la selva. Si las obras literarias que aspiran a transcender y transformar tienen patria, esa debe de ser muy parecida a la de los animales. Una que hace que escritoras y escritores creen mundos desde lo visto, sentido e imaginado para calmar nuestra sed, siempre inextinguible como la del jaguar.</p>
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		<title>Cuando en una novela cabe el mundo</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2015 10:20:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué podría hacer? ¿Discutir con usted? Estoy en contra de todos los granujas y opresores que habitan la tierra. Ray Bradbury, Aunque siga brillando la luna La literatura, como relato universal compuesto de múltiples voces, posee un valor insustituible para imaginar el mundo que queremos y presentar descarnadamente los engranajes de dominación que marcan las pautas de su funcionamiento. Meter un mundo en una novela o pieza literaria, desde la intuición de vida que tuvieron sus creadores, ha sido una constante a lo largo de la historia de la literatura (La odisea, Don Quijote de la Mancha, Moby Dick, El corazón de las tinieblas, Memorias del fuego…). Aldous Huxley con Island -su obra póstuma- o Ray Bradbury &#8211;a través de Martian Chronicles y esa imaginada ciudad marciana que unía arte y vida- estaban a la vez representando un momento, creando proyectos de buen vivir y emitiendo señales de alarma sobre el poder de autodestrucción del ser humano. En sus novelas confluían las visiones utópicas y distópicas porque también eso es el mundo: el encontronazo entre intereses contrapuestos donde se ejerce el egoísmo y la solidaridad al mismo tiempo, donde uno puede convertirse en héroe, aunque esté perseguido por la justicia (como lo están Helvé Falcioni, Julian Assange o Edward Snowden) o ser un villano con presunción de inocencia o apariencia de legalidad (como las clases dirigentes transnacionales, cuyas decisiones impactan en la destrucción del medioambiente y en la creciente desigualdad mundial). Una contradicción que, pese a todo lo que se ha dicho sobre la muerte de la novela, sigue teniendo en la literatura del siglo XXI un espacio para la representación (2666, Underworld), anticipación (Mara and Dann) y búsqueda de otros mundos (The Fifth Sacred Thing). La complejidad y aristas de la realidad no encuentran, sino en la novela, la posibilidad del relato que, desde la profundidad y los infinitos matices, nos cuente quiénes somos, cómo nos relacionamos con los otros – incluyendo los seres no humanos que nos acompañan en el planeta-, cuáles son nuestros proyectos colectivos y cuáles las “maldiciones egoístas” que impiden la consecución de nuestras utopías. Drones asesinos, ataúdes flotantes en el Mediterráneo y en el mar de Andamán, círculos de basura y consumo irracional, semillas terminator que destruyen la biodiversidad y las culturas, uso de combustibles fósiles que fijan la espada de Damocles con un pelo de crin sobre nuestras cabezas, fundamentalismo machista que encarcela las mentes de hombres y mujeres, codicia financiera que trae como consecuencia una desigualdad obscena, corrupción generalizada que deja pocos espacios para creer en la bondad del ser humano, violencia gratuita con la que obsequiamos a nuestros jóvenes… Viéndolo así, a cualquiera se le quitan las ganas de renunciar a toda posibilidad de proyecto humano. Pero, aún en nuestra condición de náufragos, la humanidad siempre ha encontrado motivos para renacer de las cenizas, de esa hecatombe que algunos provocan para extender sus redes de dominación mientras mucha gente mira pasiva y absorta. También ha sido la literatura la que, desde su letra, ha permitido que entendamos mejor quiénes somos abriendo el pasadizo a lo desconocido, ocultado, invisibilizado. Si lo que está en crisis es nuestro modelo de desarrollo, sólo desde la recuperación y apropiación de lo simbólico mediante relatos podremos recuperar la capacidad de soñar con otros mundos más igualitarios, ecológicos y posibles. Es el poder de las metáforas, su capacidad imperfecta de suscitar revelaciones y emociones, el que da inicio a la trasformación de la realidad. La literatura cumple un papel de latencia utópica que puede regenerar, a partir de esta “resignificación”, algo que parece imposible de cambiarse. La literatura transformadora parte de cosas tan simples como la de convertirse en una gran goma de borrar fronteras: recordándonos que somos miembros de una misma comunidad. Como se contaba el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, cuando la abuela Ixmucamé muele el maíz: éramos una sola raza, estamos conformados por la misma materia. Pero también la madre tierra forma parte de nosotros. Carmen Flys profundiza en textos literarios que, desde la ética del cuidado, muestran que es posible otra manera de relacionarnos con el medio ambiente. Autoras como Starhawk, Linda Hogan o Ann Pancake incluyen en sus obras a la naturaleza no humana reflejando un cambio de paradigma cultural hacia una actitud más justa y sostenible. La armonía con la madre tierra, en el otro extremo de lo que implica su dominación o extracción de su riqueza, permite una comunicación empática bidireccional: los personajes escuchan la naturaleza y se dejan escuchar por ella. David Becerra Mayor escribe que, pueda o no la literatura cambiar el mundo, “lo importante es que la gran literatura crea en sus potencialidades”. Y esta potencialidad, en el tiempo en que vivimos, no significa que una novela tenga que versar sobre el cambio climático o la violencia de género, pero tampoco es suficiente hilvanar frases con sentido para entretener. A veces basta con contribuir a salir del discurso totalizador de la ideología que nos somete, con la búsqueda de un entendimiento que parta de la diversidad en igualdad, con una atmósfera que se haga eco del conflicto ambiental o de las consecuencias de los desequilibrios de poder entre los géneros. Lo que si no cabe en la literatura transformadora es el silencio y la pasividad ante las grandes miserias colectivas. Pero nada más lejos de la realidad que supeditar la literatura al servicio de una idea política inmóvil. La literatura es un territorio de libertad, de voces diversas, plagado de contradicciones, donde no es posible encontrar la aspiración a una única verdad, sino un espacio donde se debaten ideas en pugna a través de personajes que encarnan distintos puntos de vista. Su estela siempre deja huellas de duda entre sus interrogaciones de tinta y silencio. Hemos asistido a los intentos de frivolización, banalización y comercialización de muchas dimensiones de nuestra vida, pero todavía queda espacio para la aparición de obras que van al centro mismo de la vida y de la historia. Obras que son sustrato de nuevas transformaciones o, como escribía Roberto Bolaño en 2666, donde se lucha “con los combates de verdad”. Por eso este espacio, Ceniza de ombú, aspira a convertirse en un lugar de diálogo e intercambio sobre obras literarias que representan el mundo del siglo XXI, que anticipan lo que vendrá después y construyen otros mundos posibles. Un lugar virtual para profundizar en las contradicciones del discurso del desarrollo humano hegemónico respetando el multivocalismo. Compartiremos reflexiones sobre autor@s y obras que exponen los abusos de la codicia y la opresión y que, por otra parte, dignifican la valentía de las luchas de personas o colectivos que encarnan las grietas abiertas en muros inexpugnables. El ombú, pese a su apariencia de árbol, es una planta arborescente que se convierte en metáfora de la levedad y fragilidad de todo lo que creemos arraigado: el capitalismo salvaje, el integrismo cultural y religioso, la sociedad patriarcal y la explotación de la naturaleza. Sabemos que es posible extraer sus raíces, porque una novela donde cabe el mundo encierra la semilla de su transformación.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>¿Qué podría hacer? ¿Discutir con usted? </em></p>
<p style="text-align: right"><em>Estoy en contra de todos los granujas y opresores que habitan la tierra.</em></p>
<p style="text-align: right"><em>Ray Bradbury, Aunque siga brillando la luna </em></p>
<p>La literatura, como relato universal compuesto de múltiples voces, posee un valor insustituible para imaginar el mundo que queremos y presentar descarnadamente los engranajes de dominación que marcan las pautas de su funcionamiento.</p>
<p>Meter un mundo en una novela o pieza literaria, desde la intuición de vida que tuvieron sus creadores, ha sido una constante a lo largo de la historia de la literatura (<em>La odisea</em>, <em>Don Quijote de la Mancha</em>, <em>Moby Dick</em>, <em>El corazón de las tinieblas, Memorias del fuego</em>…).</p>
<p>Aldous Huxley con <a href="http://www.tehura.es/index.php/bloc/83-from-island-to-2666-commitment-to-the-present-and-new-ways-to-look-at-the-past"><em>Island</em></a> -su obra póstuma- o<em> Ray Bradbury &#8211;</em>a través de <em>Martian Chronicles</em> y esa imaginada ciudad marciana que unía arte y vida- estaban a la vez representando un momento, creando proyectos de buen vivir y emitiendo señales de alarma sobre el poder de autodestrucción del ser humano. En sus novelas confluían las visiones utópicas y distópicas porque también eso es el mundo: el encontronazo entre intereses contrapuestos donde se ejerce el egoísmo y la solidaridad al mismo tiempo, donde uno puede convertirse en héroe, aunque esté perseguido por la justicia (como lo están Helvé Falcioni, Julian Assange o Edward Snowden) o ser un villano con presunción de inocencia o apariencia de legalidad (como las clases dirigentes transnacionales, cuyas decisiones impactan en la destrucción del medioambiente y en la creciente desigualdad mundial).</p>
<p>Una contradicción que, pese a todo lo que se ha dicho sobre la muerte de la novela, sigue teniendo en la literatura del siglo XXI un espacio para la representación (<em>2666, Underworld</em>), anticipación (<em>Mara and Dann</em>) y búsqueda de otros mundos (<em>The Fifth Sacred Thing</em>). La complejidad y aristas de la realidad no encuentran, sino en la novela, la posibilidad del relato que, desde la profundidad y los infinitos matices, nos cuente quiénes somos, cómo nos relacionamos con los otros – incluyendo los seres no humanos que nos acompañan en el planeta-, cuáles son nuestros proyectos colectivos y cuáles las “maldiciones egoístas” que impiden la consecución de nuestras utopías.</p>
<p>Drones asesinos, ataúdes flotantes en el Mediterráneo y en el mar de Andamán, círculos de basura y consumo irracional, semillas <em>terminator </em>que destruyen la biodiversidad y las culturas, uso de combustibles fósiles que fijan la espada de Damocles con un pelo de crin sobre nuestras cabezas, fundamentalismo machista que encarcela las mentes de hombres y mujeres, codicia financiera que trae como consecuencia una desigualdad obscena, corrupción generalizada que deja pocos espacios para creer en la bondad del ser humano, violencia gratuita con la que obsequiamos a nuestros jóvenes… Viéndolo así, a cualquiera se le quitan las ganas de renunciar a toda posibilidad de proyecto humano.</p>
<p>Pero, aún en nuestra condición de náufragos, la humanidad siempre ha encontrado motivos para renacer de las cenizas, de esa hecatombe que algunos provocan para extender sus redes de dominación mientras mucha gente mira pasiva y absorta. También ha sido la literatura la que, desde su letra, ha permitido que entendamos mejor quiénes somos abriendo el pasadizo a lo desconocido, ocultado, <em>invisibilizado</em>.</p>
<p>Si lo que está en crisis es nuestro modelo de desarrollo, sólo desde la recuperación y apropiación de lo simbólico mediante relatos podremos recuperar la capacidad de soñar con otros mundos más igualitarios, ecológicos y posibles. Es el poder de las metáforas, su capacidad imperfecta de suscitar revelaciones y emociones, el que da inicio a la trasformación de la realidad. La literatura cumple un papel de latencia utópica que puede regenerar, a partir de esta “resignificación”, algo que parece imposible de cambiarse.</p>
<p>La literatura transformadora parte de cosas tan simples como la de convertirse en una gran goma de borrar fronteras: recordándonos que somos miembros de una misma comunidad. Como se contaba el <em>Popol Vuh</em>, el libro sagrado de los mayas, cuando la abuela Ixmucamé muele el maíz: éramos una sola raza, estamos conformados por la misma materia.</p>
<p>Pero también la madre tierra forma parte de nosotros. <a href="http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/39794/1/Feminismos_22_07.pdf">Carmen Flys</a> profundiza en textos literarios que, desde la ética del cuidado, muestran que es posible otra manera de relacionarnos con el medio ambiente. Autoras como Starhawk, Linda Hogan o Ann Pancake incluyen en sus obras a la naturaleza no humana reflejando un cambio de paradigma cultural hacia una actitud más justa y sostenible. La armonía con la madre tierra, en el otro extremo de lo que implica su dominación o extracción de su riqueza, permite una comunicación empática bidireccional: los personajes escuchan la naturaleza y se dejan escuchar por ella.</p>
<p><a href="http://davidbecerramayor.blogspot.com/2014/01/literatura-de-anticipacion-publicado-en.html">David Becerra Mayor</a> escribe que, pueda o no la literatura cambiar el mundo, “lo importante es que la gran literatura crea en sus potencialidades”. Y esta potencialidad, en el tiempo en que vivimos, no significa que una novela tenga que versar sobre el cambio climático o la violencia de género, pero tampoco es suficiente hilvanar frases con sentido para entretener. A veces basta con contribuir a salir del discurso totalizador de la ideología que nos somete, con la búsqueda de un entendimiento que parta de la diversidad en igualdad, con una atmósfera que se haga eco del conflicto ambiental o de las consecuencias de los desequilibrios de poder entre los géneros. Lo que si no cabe en la literatura transformadora es el silencio y la pasividad ante las grandes miserias colectivas.</p>
<p>Pero nada más lejos de la realidad que supeditar la literatura al servicio de una idea política inmóvil. La literatura es un territorio de libertad, de voces diversas, plagado de contradicciones, donde no es posible encontrar la aspiración a una única verdad, sino un espacio donde se debaten ideas en pugna a través de personajes que encarnan distintos puntos de vista. Su estela siempre deja huellas de duda entre sus interrogaciones de tinta y silencio.</p>
<p>Hemos asistido a los intentos de frivolización, banalización y comercialización de muchas dimensiones de nuestra vida, pero todavía queda espacio para la aparición de obras que van al centro mismo de la vida y de la historia. Obras que son sustrato de nuevas transformaciones o, como escribía Roberto Bolaño en <a href="http://www.tehura.es/index.php/bloc/83-from-island-to-2666-commitment-to-the-present-and-new-ways-to-look-at-the-past"><em>2666</em></a>, donde se lucha “con los combates de verdad”.</p>
<p>Por eso este espacio, <em>Ceniza de ombú</em>, aspira a convertirse en un lugar de diálogo e intercambio sobre obras literarias que representan el mundo del siglo XXI, que anticipan lo que vendrá después y construyen otros mundos posibles. Un lugar virtual para profundizar en las contradicciones del discurso del desarrollo humano hegemónico respetando el multivocalismo.</p>
<p>Compartiremos reflexiones sobre autor@s y obras que exponen los abusos de la codicia y la opresión y que, por otra parte, dignifican la valentía de las luchas de personas o colectivos que encarnan las grietas abiertas en muros inexpugnables. El ombú, pese a su apariencia de árbol, es una planta arborescente que se convierte en metáfora de la levedad y fragilidad de todo lo que creemos arraigado: el capitalismo salvaje, el integrismo cultural y religioso, la sociedad patriarcal y la explotación de la naturaleza.</p>
<p>Sabemos que es posible extraer sus raíces, porque una novela donde cabe el mundo encierra la semilla de su transformación.</p>
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