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	<title>Otro mundo está en marcha &#187; Comunicación</title>
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	<description>Blogosfera 2015 y más</description>
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		<title>Adrienne Rich: la voluntad de conectar</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2021 09:21:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
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		<description><![CDATA[     Soy partidaria de subrayar los libros. Pasado algún tiempo nos encontramos con líneas, asteriscos, símbolos de exclamación o interrogación, anotaciones que garabateamos o que escribimos cuidadosamente y que nos permiten acordarnos de aquellas que fuimos; hacer arqueología de la memoria a partir del reflejo de esos vestigios. Cuando recibí la versión revisada de la Antología poética (1951-1985) de Adrienne Rich -que Visor publicó hace algunos meses- abrí al azar sus páginas y el poema “Orígenes e historia de la conciencia” (incluido en The Dream of a Common Language) inauguró su relectura. Quise creer que el propio poemario me estaba guiando: “Nadie vive en este cuarto sin enfrentarse con la blancura de la pared detrás de los poemas, los estantes de libros, las fotografías de heroínas muertas. Sin reflexionar tarde y al fin sobre la verdadera naturaleza de la poesía. La voluntad de conectar. El sueño de un lenguaje común”. Busqué entonces la versión anterior de la antología entre los libros de poesía que amontono separados de otros géneros y encontré un matiz poderoso en la nueva traducción de Myriam Diocaretz[1]: donde entonces se leía “esa urgencia de poner mundos en relación” –the drive to connect en la versión original- ahora encontrábamos “la voluntad de conectar”. La exigencia era el logro de una buena comunicación con alguien. Con ese cambio, la escritora y traductora de origen chileno alumbraba mejor la declaración de intenciones de la poesía de Rich. Eran también esos versos precisos los que Diocaretz había elegido para cerrar la introducción del libro al declarar que el arte de Adrienne Rich nos interna en “…la verdadera naturaleza de la poesía: la voluntad de conectar”. La conexión era pues la palabra que pilotaría mi nueva lectura, pero iba a ir acompañada de algo más. A lo largo de todos los poemarios que la antología recoge, Rich hace un esfuerzo por alcanzar el sueño al que remite “Orígenes e historia de la conciencia”: el de un lenguaje común. A medida que nos internamos en sus poemas emerge esa búsqueda, que es singular –porque trata de ser propia- a la vez que universal -porque es la suma de las voces de otras mujeres: científicas, mineras…, y sobre todo de escritoras, plurales en sus formas y temáticas, en sus cadencias, en sus ritmos, pero muy similares en su manera de afrontar con valentía y sin miedo la exploración en el lenguaje para lograr una voz que no se ahogue en los marcos patriarcales ni encorsete el sentir de la experiencia de ser mujer. “Kenneth me dice que ha ordenado sus libros para mirar a Blake y Kafka mientras escribe; sí; y todavía debemos considerar a Swift detestando el cuerpo de la mujer mientras elogia su intelecto, el pavor de Goethe por las Madres, Claudel difamando a Gide, y los fantasmas –sus manos estrechadas por siglos- de artistas muriendo en el parto, de sabias mujeres      carbonizadas en la hoguera, siglos de libros no escritos amontonados detrás de esos estantes (…)”                                               (Twenty-one Love Poems, 1976) Me di cuenta, después de llevar de un lado para el otro el libro, de subrayarlo y llenarlo de pósits, que su preocupación también era la mía, la de muchas mujeres.  Ese lenguaje común –quizás sueño y quimera, pero también realidad– tenía un pasado que encadenaba la búsqueda a lo largo de cronologías y geografías; implicaba poner fin a ese empeño por traducir la narración a una lengua que no es la nuestra, aunque sea compartida. Diocaretz habla de “desterritorializar el lenguaje de la tradición”. Pero además de desnudarla de toda connotación y visión androcéntrica, Rich indaga y extirpa –al menos su intento es loable- las huellas de clasismo, de las inacabables formas de travestirse del colonialismo. Esas palabras disidentes que resultan de las voces de muchas mujeres configuran un universo lingüístico, un mirada nueva para enmarcar lo que acontece. Sabemos que está en construcción y que nunca dejará de mutar; también que es la materialización del anhelo de disponer de una arcilla diferenciada para moldear una creación en la que podamos reconocernos. A lo largo de los poemas seleccionados, ese nuevo lenguaje va emergiendo para dar forma a una memoria que no fue la hegemónica.                                            “El tiempo es masculino y en sus copas brinda por las bellas. Absortas en las galanterías, escuchamos las exageradas alabanzas a nuestras mediocridades, la indolencia se interpreta como abnegación, el descuido en el pensar se denomina intuición, se perdona cada traspié, nuestro crimen solo consiste en hacer demasiada sombra, o en romper el molde, sin vacilar.”                           (Snapshots of a Daughter-in-law, 1963) Rich se esfuerza en rescatar esa mirada paternalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de los siglos porque, como la propia Adrienne afirma contundente al final de un poema: “Todo acto de tomar conciencia (…)/es un acto contra Natura”. La poeta también nos interroga para dar sentido a ese nuevo lenguaje, para hacernos reflexionar sobre los símbolos caducos que justifican la sumisión, que reproducen la violencia. Así escribe en “Las imágenes”:        “ ¿pero cuándo elegimos      ver nuestros cuerpos atados en cautiverio y crucifixión en el aire asfixiante        cuándo elegimos ser      linchadas en los nauseabundos anuncios eléctricos del centro de la ciudad cuándo elegimos       convertirnos en la dosis del que se masturba(…)?”                                  (A Wild Patience has Taken me This Far, 1981) Pero la poeta sabe que no es la primera, entiende que la conexión que nos procura ese lenguaje común necesita recurrir al legado de otras mujeres. En “Heroínas” entona un canto de agradecimiento e intento vano de resarcir a quienes nos antecedieron y abrieron caminos que han conseguido hacernos más libres. Las conquistas se encadenan y el responso de Rich clama por una justicia que no sea solo poética. “¿Cómo puedo dejar de amar                                                tu lucidez y tu furia? ¿Cómo puedo darte                                todos tus derechos                                                  obtener valentía de tu valentía honrar tu exacto                           legado tal cual es y reconocer                    además                                 que no es suficiente?”                            (A Wild Patience has Taken me This Far, 1981) La magia literaria hace que la conexión sea también hacia el futuro. Los mundos siguen en relación y no es una simple casualidad que en esta nueva versión de la Antología se incluya el poema “La roca azul”, dedicado por Rich a su traductora. Es en ese pedazo de lapislázuli, procedente de la tierra natal de Diocaretz, donde la poeta concentra la permanencia cuando siente que sus poemas cambian mientras duerme. Y Myriam Diocaretz, al recoger el sentido para adaptarlo a las formas del español,  parece saborear la flexibilidad de su lenguaje, acariciar en la oscuridad los verbos, las proposiciones, los pronombres que nos diferencian. La nueva versión de la antología acabó tan subrayada y llena de anotaciones que me dieron ganas de plantarla en mi huerto aprovechando la pronta llegada de la primavera. La conexión de los versos también era con la tierra, con el tiempo y los conflictos sociales y humanos. Recordé entonces un documental que me había enviado la gestora cultural Ingrid Bejerman: Listening for Something, dirigido por Dionne Brand y producido por Ginny Stikeman. La poeta canadiense dialoga con Rich y su conversación constata que la búsqueda de un lenguaje común no fue una entelequia: colonialismo, exilio, feminismo, lesbianismo… Los versos se entrelazan, reclaman que ninguna lengua es neutral y afirman “su poder para el engaño y la perplejidad”. Por favor: subrayen, subrayen… &#160; [1] Poeta, escritora e investigadora en teoría literaria y feminista. Es autora, entre muchos otros, de dos libros acerca de Adrienne Rich: The transforming Power of Language: The Poetry of Adrienne Rich y Translating Poetic Discourse: Questions of Feminist Strategies in Adrienne Rich. También ha sido directora de los seis volúmenes que componen la Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana) y dirige la serie Critical Studies (Brill): https://brill.com/view/serial/CRSTON?language=en&#38;contents=toc-38597 &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><img class="  wp-image-179 alignright" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/wp-content/uploads/sites/5/2021/03/Antologia_poetica_Adrienne-Rich-194x300.jpg" alt="visor" width="159" height="246" />     Soy partidaria de subrayar los libros. Pasado algún tiempo nos encontramos con líneas, asteriscos, símbolos de exclamación o interrogación, anotaciones que garabateamos o que escribimos cuidadosamente y que nos permiten acordarnos de aquellas que fuimos; hacer arqueología de la memoria a partir del reflejo de esos vestigios.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando recibí la versión revisada de la <strong><em>Antología poética (1951-1985)</em> de Adrienne Rich</strong> -que Visor publicó hace algunos meses- abrí al azar sus páginas y el poema “Orígenes e historia de la conciencia” (incluido en <em>The Dream of a Common Language</em>) inauguró su relectura. Quise creer que el propio poemario me estaba guiando:</p>
<p>“Nadie vive en este cuarto<br />
sin enfrentarse con la blancura de la pared<br />
detrás de los poemas, los estantes de libros,<br />
las fotografías de heroínas muertas.<br />
Sin reflexionar tarde y al fin sobre<br />
la verdadera naturaleza de la poesía. <strong>La voluntad</strong><br />
<strong> de conectar. El sueño de un lenguaje común</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify">Busqué entonces la versión anterior de la antología entre los libros de poesía que amontono separados de otros géneros y encontré <strong>un matiz poderoso en la nueva traducción de Myriam Diocaretz<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a>: </strong>donde entonces se leía “esa urgencia de poner mundos en relación” –<em>the drive to connect </em>en la versión original- ahora encontrábamos “la voluntad de conectar”. La exigencia era el logro de una buena comunicación con alguien.</p>
<p style="text-align: justify">Con ese cambio, la escritora y traductora de origen chileno alumbraba mejor la declaración de intenciones de la poesía de Rich. Eran también esos versos precisos los que Diocaretz había elegido para cerrar la introducción del libro al declarar que el arte de Adrienne Rich nos interna en “…la verdadera naturaleza de la poesía: la voluntad de conectar”. <strong>La conexión era pues la palabra que pilotaría mi nueva lectura, pero iba a ir acompañada de algo más.</strong></p>
<p>A lo largo de todos los poemarios que la antología recoge, Rich <strong>hace un esfuerzo por alcanzar el sueño al que remite “Orígenes e historia de la conciencia”: el de un lenguaje común. </strong>A medida que nos internamos en sus poemas emerge esa búsqueda, que es singular –porque trata de ser propia- a la vez que universal -porque es la suma de las voces de otras mujeres: científicas, mineras…, y sobre todo de escritoras, plurales en sus formas y temáticas, en sus cadencias, en sus ritmos, pero muy similares en su manera de afrontar con valentía y sin miedo la exploración en el lenguaje para lograr una voz que no se ahogue en los marcos patriarcales ni encorsete el sentir de la experiencia de ser mujer.</p>
<p>“Kenneth me dice que ha ordenado sus libros<br />
para mirar a Blake y Kafka mientras escribe;<br />
sí; y todavía debemos considerar a Swift<br />
detestando el cuerpo de la mujer mientras elogia su intelecto,<br />
el pavor de Goethe por las Madres, Claudel difamando a Gide,<br />
y los fantasmas –sus manos estrechadas por siglos-<br />
de artistas muriendo en el parto, de sabias mujeres<br />
<em>     </em><em>carbonizadas en la hoguera,<br />
siglos de libros no escritos amontonados detrás de esos estantes (…)”<br />
<em>         </em> <em>                                    (Twenty-one Love Poems, 1976)</em></em></p>
<p>Me di cuenta, después de llevar de un lado para el otro el libro, de subrayarlo y llenarlo de pósits, que su preocupación también era la mía, la de muchas mujeres.  Ese lenguaje común –quizás sueño y quimera, pero también realidad– <strong>tenía un pasado que encadenaba la búsqueda a lo largo de cronologías y geografías</strong>; implicaba poner fin a ese empeño por traducir la narración a una lengua que no es la nuestra, aunque sea compartida. Diocaretz habla de “desterritorializar el lenguaje de la tradición”. Pero además de desnudarla de toda connotación y visión androcéntrica, Rich indaga y extirpa –al menos su intento es loable- las huellas de clasismo, de las inacabables formas de travestirse del colonialismo.</p>
<p>Esas palabras disidentes que resultan de las voces de muchas mujeres configuran un universo lingüístico, un mirada nueva para enmarcar lo que acontece. Sabemos que está en construcción y que nunca dejará de mutar; también que es la materialización del anhelo de <strong>disponer de una arcilla diferenciada para moldear una creación en la que podamos reconocernos</strong>. A lo largo de los poemas seleccionados, ese nuevo lenguaje va emergiendo para dar forma a una memoria que no fue la hegemónica.</p>
<p><em>            </em>                               <em>“El tiempo es masculino<br />
y en sus copas brinda por las bellas.<br />
Absortas en las galanterías, escuchamos<br />
las exageradas alabanzas a nuestras mediocridades,<br />
la indolencia se interpreta como abnegación,<br />
el descuido en el pensar se denomina intuición,<br />
se perdona cada traspié, nuestro crimen<br />
solo consiste en hacer demasiada sombra,<br />
o en romper el molde, sin vacilar.”<br />
<em> </em>                         </em>(<em>Snapshots of a Daughter-in-law, 1963)</em></p>
<p>Rich se esfuerza en rescatar esa mirada paternalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de los siglos porque, como la propia Adrienne afirma contundente al final de un poema: “Todo acto de tomar conciencia (…)/es un acto contra Natura”. La poeta también nos interroga para dar sentido a ese nuevo lenguaje, para hacernos reflexionar sobre los símbolos caducos que justifican la sumisión, que reproducen la violencia. Así escribe en “Las imágenes”:</p>
<p><em>       </em><em>“ ¿pero cuándo elegimos<br />
<em>     </em><em>ver nuestros cuerpos atados<br />
en cautiverio y crucifixión en el aire asfixiante<br />
<em>       </em><em>cuándo elegimos ser<br />
<em>     </em><em>linchadas en los nauseabundos anuncios eléctricos<br />
del centro de la ciudad cuándo elegimos<br />
<em>      </em><em>convertirnos en la dosis del que se masturba(…)?”<br />
<em>                                 </em>(<em>A Wild Patience has Taken me This Far</em>, 1981)</em></em></em></em></em></p>
<p>Pero la poeta sabe que no es la primera, entiende que la conexión que nos procura ese lenguaje común <strong>necesita recurrir al legado de otras mujeres</strong>. En “Heroínas” entona un canto de agradecimiento e intento vano de resarcir a quienes nos antecedieron y abrieron caminos que han conseguido hacernos más libres. Las conquistas se encadenan y el responso de Rich clama por una justicia que no sea solo poética.</p>
<p>“¿Cómo puedo dejar de amar<br />
<em>                                               </em><em>tu lucidez y tu furia?<br />
¿Cómo puedo darte<br />
<em>                               t</em><em>odos tus derechos<br />
<em>                                                 </em><em>obtener valentía de tu valentía<br />
honrar tu exacto<br />
<em>     </em><em>                     legado tal cual es<br />
y reconocer<br />
<em>                   </em><em>además<br />
<em>                                </em><em>que no es suficiente?”</em></em></em></em></em></em></p>
<p><em>                           (A Wild Patience has Taken me This Far</em>, 1981)</p>
<p style="text-align: justify">La magia literaria hace que la conexión sea también hacia el futuro. Los mundos siguen en relación y no es una simple casualidad que en esta nueva versión de la Antología se incluya el poema “La roca azul”, dedicado por Rich a su traductora. Es en ese pedazo de lapislázuli, procedente de la tierra natal de Diocaretz, donde la poeta concentra la permanencia cuando siente que sus poemas cambian mientras duerme. Y Myriam Diocaretz, al recoger el sentido para adaptarlo a las formas del español,  parece saborear la flexibilidad de su lenguaje, acariciar en la oscuridad los verbos, las proposiciones, los pronombres que nos diferencian.</p>
<p style="text-align: justify">La nueva versión de la antología acabó tan subrayada y llena de anotaciones que me dieron ganas de plantarla en mi huerto aprovechando la pronta llegada de la primavera. La conexión de los versos también era con la tierra, con el tiempo y los conflictos sociales y humanos. Recordé entonces un documental que me había enviado la gestora cultural Ingrid Bejerman: <em>Listening for Something</em>, dirigido por Dionne Brand y producido por Ginny Stikeman. La poeta canadiense dialoga con Rich y su conversación constata que la búsqueda de un lenguaje común no fue una entelequia: colonialismo, exilio, feminismo, lesbianismo… Los versos se entrelazan, reclaman que ninguna lengua es neutral y afirman “su poder para el engaño y la perplejidad”.</p>
<p>Por favor: subrayen, subrayen…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Poeta, escritora e investigadora en teoría literaria y feminista. Es autora, entre muchos otros, de dos libros acerca de Adrienne Rich: <em>The transforming Power of Language: The Poetry of Adrienne Rich</em> y <em>Translating Poetic Discourse: Questions of Feminist Strategies in Adrienne Rich</em>. También ha sido directora de los seis volúmenes que componen la <em>Breve historia feminista de la </em>literatura española (en lengua castellana) y dirige la serie Critical Studies (Brill): https://brill.com/view/serial/CRSTON?language=en&amp;contents=toc-38597</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Vivian Gornick y su arqueología de voces*</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Feb 2021 10:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[En estos tiempos de distancias, de conversaciones mediatizadas por una variable creciente de aplicaciones en línea, resulta placentero dejar que alguien supla desde las páginas de un libro esa ausencia de conversaciones cercanas, incluso íntimas. Eso es lo que me ha pasado con tres libros de la escritora neoyorquina Vivian Gornick: una los lee pero es como si los escuchara. Apegos feroces, editado por Sexto Piso y premiado como Mejor Libro del 2017 por el Gremio de Libreros (as) de Madrid entre otros, es sin duda el plato fuerte. Hay una lista abundante, no me atrevería a decir qué tan larga, de novelas que narran distintos aspectos en torno al vínculo maternofilial: baste citar aquí el desgarrador relato de Simone de Beauvoir en Una muerte muy dulce o la mirada muy poco dulcificada de la maternidad que describe Brenda Navarro en Casas vacías. Pero si en algo me ha parecido singular Apegos feroces es por la honestidad con que la escritora se presenta al explorar la complicada relación con su madre, aunque sea consciente de que sus inhibiciones “son sorprendentemente similares”, “unidas en virtud de haber vivido una dentro de la esfera de la otra” casi la totalidad de sus vidas. Descendiente de una familia de emigrantes judía llegada a Nueva York procedente de Rusia, el Bronx se convierte en ese espacio que concentra el universo infantil de Gornick; es allí donde se manifiestan los primeros embates de ese apego. La familia dispone de un apartamento que da a la calle pero la escritora no puede dejar de recordarlo como si hubieran habitado en “la parte de atrás”. Desde sus paredes, la madre escucha lo que acontece en el callejón y lo traduce al espacio íntimo del hogar, lo que provoca la fascinación de su hija. Gornick evoca a sus vecinas: mujeres que nunca hablan como si supiesen quiénes son y tampoco como si comprendieran el trato que han hecho con su vida. La niña las escucha, se impregna, crece a imagen y semejanza de esas mujeres. Una de sus vecinas, la señora Kerner, se expresa como si cada retazo de experiencia solo estuviera esperando “que se le dé forma y sentido a través del milagro del discurso narrativo”. Gornick ha empezado a auscultar la ciudad a partir del coro de mujeres que puebla ese edificio y su necesidad de historias ya no podrá parar. Los hombres quedan en un segundo plano, quizás solo para aludir a ese mundo masculino que pone las reglas, que nos condiciona, que en su dominación ha relegado a las mujeres a vivir en la parte de atrás. Nueva York vuelve a ser el universo en La mujer singular y la ciudad, pero ahora Gornick nos lleva a lo que considera su verdadera capital: Manhattan. Paseamos juntas y ella comparte sus intercambios con su madre, con su amigo Leonard, con una trotskista nonagenaria o con cualquiera que el azar pone a su paso. En la plática percibimos de nuevo esa preocupación por la “patológica insatisfacción” que le impide vivir la vida plenamente, quizás porque nada le salió como esperaba. Por eso se aferra a una ciudad que es capaz de curar cuando la escritora comunica con ella. Va recogiendo los retazos de otras historias pasadas donde las calles sanaron la depresión crónica, aliviaron la soledad o provocaron la felicidad. Gornick amplifica las voces de las viandantes, como la de una viejita que le cuenta a su amiga que el papa –el de la iglesia de Roma- ha hecho un llamamiento al capitalismo para que sea amable con los pobres del mundo y la otra le pregunta: “¿Y qué ha contestado el capitalismo”, a lo que la primera responde, “Por ahora nada”. Porque es en ese conjunto de voces, en esa mezcla de intereses, donde llega a la conclusión de que la mayoría de la gente que habita Nueva York lo hace porque necesita muestras de expresividad humana a diario: “En muchas ciudades del mundo, la población está asentada sobre siglos de cajones adoquinados, iglesias en ruinas, reliquias arquitectónicas (…). Si has crecido en Nueva York, tu vida es una arqueología no de estructuras, sino de voces, que también se apilan unas sobre otras, y que tampoco se reemplazan unas a otras”. Seguimos a la escucha de su prosa en Mirarse de frente, donde califica al talante como el principal secreto que acompaña a una buena conversación. Engarzamos mente y espíritu al ritmo de sus palabras, convirtiendo la experiencia de leer en un acto que va más allá: en un anhelo de entender el pulso de la vida. Ya sin ninguna duda del placer que Gornick siente hacia la escritura hablada, es la coherencia más que la contradicción la que la lleva a referirse a la naturaleza superior de escribir cartas: “Cada vez que las ganas de escribir una carta mueren nonatas en mí, estoy haciendo el mundo contra el que despotrico. Dejo en la estacada al impulso narrativo. Dejo que prevalezca el ruido”. Uno de los regalos que nos hace en Mirarse de frente es compartir su reflexión sobre lo que significa para ella el feminismo, recreándose en una idea que ya hemos escuchado en los dos libros anteriores: la contradicción irresoluble entre tomar conciencia del daño que nos hace el amor romántico y el miedo que nos da renunciar para siempre al mismo. “Tanto en política como en el amor, sigue siendo uno de los grandes misterios de la vida: la disposición, ese momento en que los elementos se alean en la medida justa para materializarse en un cambio interior”. Concluye reconociendo que es cuando resiste al romance, “cuando miro sin parpadear toda la cruda verdad que puedo asimilar”, cuando tiene más de sí misma, cuando “el feminismo vive en mí”. Para cerrar Mirarse de frente vuelve a las calles de Nueva York. Ella ha recogido esa gran performance que produce la suma de cada persona en su actuación diaria en el espacio público. La escuchamos a la par que la leemos y no deja de sorprendernos su habilidad para la anticipación: “Las calles dan fe del poder del impulso narrativo: su capacidad infinita de adaptación en los tiempos más inhóspitos. ¿Que la civilización se parte en dos? ¿Que la ciudad ha perdido la cabeza? ¿Que este siglo es surrealista? Muévete más rápido. Corre para encontrar cuanto antes la trama.” &#160; * Esta reseña se refiere a tres títulos de Vivian Gornick publicados recientemente por Sexto Piso y traducidos por Daniel Ramos Sánchez (Fierce Attachments: A Memoir como Apegos feroces); Raquel Vicedo (The Odd Woman and the City: A Memoir como La mujer singular y la ciudad) y Julia Osuna Aguilar (Approaching Eye Level como Mirarse de frente). &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En estos tiempos de distancias, de conversaciones mediatizadas por una variable creciente de aplicaciones en línea, <strong>resulta placentero dejar que alguien supla desde las páginas de un libro esa ausencia de conversaciones cercanas, incluso íntimas</strong>. Eso es lo que me ha pasado con tres libros de la escritora neoyorquina Vivian Gornick: una los lee pero es como si los escuchara.</p>
<p style="text-align: justify"><strong><em>Apegos feroces</em></strong>, editado por Sexto Piso y premiado como Mejor Libro del 2017 por el Gremio de Libreros (as) de Madrid entre otros, es sin duda el plato fuerte. Hay una lista abundante, no me atrevería a decir qué tan larga, de novelas que narran distintos aspectos en torno al vínculo maternofilial: baste citar aquí el desgarrador relato de Simone de Beauvoir en <em>Una muerte muy dulce</em> o la mirada muy poco dulcificada de la maternidad que describe Brenda Navarro en <em>Casas vacías</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Pero si en algo me ha parecido singular <em>Apegos feroces</em> es por <strong>la honestidad con que la escritora se presenta al explorar la complicada relación con su madre</strong>, aunque sea consciente de que sus inhibiciones “son sorprendentemente similares”, “unidas en virtud de haber vivido una dentro de la esfera de la otra” casi la totalidad de sus vidas.</p>
<p style="text-align: justify">Descendiente de una familia de emigrantes judía llegada a Nueva York procedente de Rusia, el Bronx se convierte en ese espacio que concentra el universo infantil de Gornick; es allí donde se manifiestan los primeros embates de ese apego. La familia dispone de un apartamento que da a la calle pero la escritora <strong>no puede dejar de recordarlo como si hubieran habitado en “la parte de atrás”</strong>. Desde sus paredes, la madre escucha lo que acontece en el callejón y lo traduce al espacio íntimo del hogar, lo que provoca la fascinación de su hija.</p>
<p style="text-align: justify">Gornick evoca a sus vecinas: mujeres que nunca hablan como si supiesen quiénes son y tampoco como si comprendieran el trato que han hecho con su vida. La niña las escucha, se impregna, crece a imagen y semejanza de esas mujeres. Una de sus vecinas, la señora Kerner,<strong> se expresa como si cada retazo de experiencia solo estuviera esperando “que se le dé forma y sentido a través del milagro del discurso narrativo”.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Gornick ha empezado a auscultar la ciudad a partir del coro de mujeres que puebla ese edificio y su necesidad de historias ya no podrá parar. Los hombres quedan en un segundo plano, quizás solo para aludir a ese mundo masculino que pone las reglas, que nos condiciona, que en su dominación ha relegado a las mujeres a vivir en la parte de atrás.</p>
<p style="text-align: justify">Nueva York vuelve a ser el universo en <strong><em>La mujer singular y la ciudad</em></strong>, pero ahora Gornick nos lleva a lo que considera su verdadera capital: Manhattan. Paseamos juntas y ella comparte sus intercambios con su madre, con su amigo Leonard, con una trotskista nonagenaria o con cualquiera que el azar pone a su paso. En la plática percibimos de nuevo <strong>esa preocupación por la “patológica insatisfacción” que le impide vivir la vida plenamente</strong>, quizás porque nada le salió como esperaba. Por eso se aferra a una ciudad que es capaz de curar cuando la escritora comunica con ella. Va recogiendo los retazos de otras historias pasadas donde las calles sanaron la depresión crónica, aliviaron la soledad o provocaron la felicidad.</p>
<p style="text-align: justify">Gornick amplifica las voces de las viandantes, como la de una viejita que le cuenta a su amiga que el papa –el de la iglesia de Roma- ha hecho un llamamiento al capitalismo para que sea amable con los pobres del mundo y la otra le pregunta: “¿Y qué ha contestado el capitalismo”, a lo que la primera responde, “Por ahora nada”. Porque es en ese conjunto de voces, en esa mezcla de intereses, donde llega a la conclusión de que <strong>la mayoría de la gente que habita Nueva York lo hace porque necesita muestras de expresividad humana a diario</strong>:</p>
<p style="padding-left: 60px">“En muchas ciudades del mundo, la población está asentada sobre siglos de cajones adoquinados, iglesias en ruinas, reliquias arquitectónicas (…). Si has crecido en Nueva York, tu vida es una arqueología no de estructuras, sino de voces, que también se apilan unas sobre otras, y que tampoco se reemplazan unas a otras”.</p>
<p style="text-align: justify">Seguimos a la escucha de su prosa en <strong><em>Mirarse de frente</em></strong>, donde califica al <em>talante</em> como el principal secreto que acompaña a una buena conversación. Engarzamos mente y espíritu al ritmo de sus palabras, convirtiendo la experiencia de leer en un acto que va más allá: en un anhelo de entender el pulso de la vida. Ya sin ninguna duda del placer que Gornick siente hacia la escritura hablada, es la coherencia más que la contradicción la que la lleva a referirse a la naturaleza superior de escribir cartas:</p>
<p style="padding-left: 60px">“Cada vez que las ganas de escribir una carta mueren nonatas en mí, estoy haciendo el mundo contra el que despotrico. Dejo en la estacada al impulso narrativo. Dejo que prevalezca el ruido”.</p>
<p style="text-align: justify">Uno de los regalos que nos hace en <em>Mirarse de frente</em> es compartir su reflexión sobre lo que significa para ella el feminismo, recreándose en una idea que ya hemos escuchado en los dos libros anteriores: <strong>la contradicción irresoluble entre tomar conciencia del daño que nos hace el amor romántico y el miedo que nos da renunciar para siempre al mismo</strong>.</p>
<p style="padding-left: 60px">“Tanto en política como en el amor, sigue siendo uno de los grandes misterios de la vida: la disposición, ese momento en que los elementos se alean en la medida justa para materializarse en un cambio interior”.</p>
<p>Concluye reconociendo que es cuando resiste al romance, “cuando miro sin parpadear toda la cruda verdad que puedo asimilar”, cuando tiene más de sí misma, cuando “el feminismo vive en mí”.</p>
<p style="text-align: justify">Para cerrar <em>Mirarse de frente</em> vuelve a las calles de Nueva York. Ella ha recogido esa gran <em>performance</em> que produce la suma de cada persona en su actuación diaria en el espacio público. La escuchamos a la par que la leemos y <strong>no deja de sorprendernos su habilidad para la anticipación</strong>:</p>
<p style="text-align: left;padding-left: 90px">“Las calles dan fe del poder del impulso narrativo: su capacidad infinita de adaptación en los tiempos más inhóspitos. ¿Que la civilización se parte en dos? ¿Que la ciudad ha perdido la cabeza? ¿Que este siglo es surrealista? Muévete más rápido. Corre para encontrar cuanto antes la trama.”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>* Esta reseña se refiere a tres títulos de Vivian Gornick publicados recientemente por Sexto Piso y traducidos por Daniel Ramos Sánchez (<em>Fierce Attachments: A Memoir</em> como <em>Apegos feroces</em>); Raquel Vicedo (<em>The Odd Woman and the City: A Memoir</em> como <em>La mujer singular y la ciudad</em>) y Julia Osuna Aguilar (<em>Approaching Eye Level</em> como <em>Mirarse de frente</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los huecos de la memoria</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2018 06:44:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Raquel Martínez-Gómez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Celia del Palacio compartió este texto en la presentación de Los huecos de la memoria, en el marco de la FILU de Xalapa (Veracruz, México). Los huecos de la memoria, de Raquel Martínez-Gómez, es una narración de dos vidas paralelas en dos diferentes tiempos. Dos mujeres que por ventura se encuentran a través de la literatura a pesar de que dos o tres décadas separen sus vidas. Vidas, que como se dice en la novela, “se repiten en un círculo interminable y a la vez, cada una es excepcional y por ello vale la pena recuperarla del olvido, para rescatar las ruinas del presente”. La lectura de este libro despierta muchas emociones gracias al uso preciso del lenguaje, a las imágenes oníricas y a la sobriedad para narrar la historia de amor, el dolor lacerante y la esperanza. No voy a narrarles la historia, pero sí delinearé un par de pinceladas alrededor del argumento. Una de las mujeres es una escritora que vivió el franquismo y fue censurada. El régimen le arrancó mucho más que las palabras. De algún modo, le arrancó el corazón. La otra es una joven mujer que sobrevive en un trabajo mediocre: destruyendo libros en una editorial, y decide averiguar qué ocurrió, qué misterios se esconden en la vida de la escritora que ha descubierto en una de las listas de los autores condenados al olvido. Este hecho pone en marcha la novela. La autora nos guía por los laberintos de la vieja casa de la escritora en Madrid y, a través de ellos, volvemos a la vida de Manuela, a sus pasiones, a sus secretos que se irán develando lentamente. La novela puede dividirse en dos partes: la primera es un constante ir y venir, del presente a los años 50, 60, 70: un suave movimiento de olas, un mar no siempre calmo. Prevalecen en ella los elementos femeninos: el agua, los sueños, las voces  de las mujeres, Manuela, Fabiola, Amaya, Candela… En esta parte la autora nos trasmite el ambiente opresivo (tanto en el presente como en el pasado) y muestra las pequeñas miserias en las vidas de las mujeres que no han cambiado tanto a pesar de las diferencias obvias: Fabiola se siente prisionera del tiempo, de las obligaciones, de su vida gris donde hay un único destello: su hija. En la segunda parte, conocemos (por lo menos parcialmente) la otra cara de la historia: la versión de Eloy, de su amigo Shane; aunque nunca escuchamos (o por lo menos no por mucho tiempo) las versiones de Cecilio y Pablo (marido e hijo de Manuela). En esta parte se respira otro aire: la libertad, el mar abierto, los jardines antiguos y la campiña inglesa. ¿Por qué Fabiola busca con tal interés los detalles de la vida íntima de Manuela? ¿Qué nos incita, a través suyo, a asomarnos a esos abismos? La autora nos da algunas pistas:  “Ubuntú”, nos cuenta, significa “que somos gente a través de otra”. Fabiola busca a Manuela para encontrarse a sí misma. Y sin embargo su búsqueda le devuelve imágenes fragmentadas, descompuestas, como los espejos de la casa de la escritora. Los personajes parecen dividirse en dos categorías: los que viven por sí mismos, los que logran encontrar una fuerza interior que los sostiene a través de la adversidad y el dolor (podríamos llamarlos “faros”, esa imagen emblemática que aparece repetidamente en la novela), y los más débiles, quienes se limitan a ser un reflejo de los primeros, vivir a su sombra, alimentarse de su luz (los “espejos”). Algunos, los más afortunados, logran encontrar la grieta en la pared y escapar al mundo, más allá del reflejo, más allá de la sombra del amo, más allá de su embrujo; sin embargo hay otros que se contentarán, sin amargura, a jugar un papel secundario, sintiéndose afortunados de la cercanía con la estrella mayor. La novela muestra tanto el ambiente opresivo del Madrid franquista, como el Madrid de hoy, opresivo por otras razones: el consumismo, los trabajos sin futuro, la falta de equidad de género por más que se pregone lo contrario, las rémoras de un pasado que no acaba de irse… Y sobre todo, la preocupación por el tiempo: la fragilidad del instante, la imposibilidad de detener, acelerar, controlar a ese verdugo implacable. Paradójicamente, los personajes que quieren encontrar la redención, la libertad, a través de la literatura, sea como escritores o como lectores ávidos de entender, de penetrar en el mundo mágico que ésta parece mostrar como un hechizo, no lo logran: la libertad, parece decir la autora, se encuentra en las pequeñas cosas, en el disfrute del instante, en los lazos que se tejen con personajes en apariencia mediocres; la libertad está en los huecos (del día, del pasado, de la memoria) que no tienen por qué llenarse siempre. En un mundo donde hemos aprendido a acumular, a no dejar un solo espacio vacío, esa puede ser una tarea titánica que nos tome el resto de la vida. Agradezco a Raquel Martínez-Gómez por recordárnoslo.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Celia del Palacio compartió este texto en </em><em>la presentación de Los huecos de la memoria, en el marco de la FILU de Xalapa (Veracruz, México).</em></p>
<p style="text-align: left"><em>Los huecos de la memoria, d</em>e Raquel Martínez-Gómez, es una narración de dos vidas paralelas en dos diferentes tiempos. Dos mujeres que por ventura se encuentran a través de la literatura a pesar de que dos o tres décadas separen sus vidas. Vidas, que como se dice en la novela, “se repiten en un círculo interminable y a la vez, cada una es excepcional y por ello vale la pena recuperarla del olvido, para rescatar las ruinas del presente”.</p>
<p style="text-align: left">La lectura de este libro despierta muchas emociones gracias al uso preciso del lenguaje, a las imágenes oníricas y a la sobriedad para narrar la historia de amor, el dolor lacerante y la esperanza.</p>
<p style="text-align: left">No voy a narrarles la historia, pero sí delinearé un par de pinceladas alrededor del argumento. Una de las mujeres es una escritora que vivió el franquismo y fue censurada. El régimen le arrancó mucho más que las palabras. De algún modo, le arrancó el corazón. La otra es una joven mujer que sobrevive en un trabajo mediocre: destruyendo libros en una editorial, y decide averiguar qué ocurrió, qué misterios se esconden en la vida de la escritora que ha descubierto en una de las listas de los autores condenados al olvido. Este hecho pone en marcha la novela.</p>
<p style="text-align: left">La autora nos guía por los laberintos de la vieja casa de la escritora en Madrid y, a través de ellos, volvemos a la vida de Manuela, a sus pasiones, a sus secretos que se irán develando lentamente.</p>
<p style="text-align: left">La novela puede dividirse en dos partes: la primera es un constante ir y venir, del presente a los años 50, 60, 70: un suave movimiento de olas, un mar no siempre calmo. Prevalecen en ella los elementos femeninos: el agua, los sueños, las voces  de las mujeres, Manuela, Fabiola, Amaya, Candela… En esta parte la autora nos trasmite el ambiente opresivo (tanto en el presente como en el pasado) y muestra las pequeñas miserias en las vidas de las mujeres que no han cambiado tanto a pesar de las diferencias obvias: Fabiola se siente prisionera del tiempo, de las obligaciones, de su vida gris donde hay un único destello: su hija.</p>
<p style="text-align: left">En la segunda parte, conocemos (por lo menos parcialmente) la otra cara de la historia: la versión de Eloy, de su amigo Shane; aunque nunca escuchamos (o por lo menos no por mucho tiempo) las versiones de Cecilio y Pablo (marido e hijo de Manuela). En esta parte se respira otro aire: la libertad, el mar abierto, los jardines antiguos y la campiña inglesa.</p>
<p style="text-align: left">¿Por qué Fabiola busca con tal interés los detalles de la vida íntima de Manuela? ¿Qué nos incita, a través suyo, a asomarnos a esos abismos? La autora nos da algunas pistas:  “Ubuntú”, nos cuenta, significa “que somos gente a través de otra”. Fabiola busca a Manuela para encontrarse a sí misma. Y sin embargo su búsqueda le devuelve imágenes fragmentadas, descompuestas, como los espejos de la casa de la escritora.</p>
<p style="text-align: left">Los personajes parecen dividirse en dos categorías: los que viven por sí mismos, los que logran encontrar una fuerza interior que los sostiene a través de la adversidad y el dolor (podríamos llamarlos “faros”, esa imagen emblemática que aparece repetidamente en la novela), y los más débiles, quienes se limitan a ser un reflejo de los primeros, vivir a su sombra, alimentarse de su luz (los “espejos”). Algunos, los más afortunados, logran encontrar la grieta en la pared y escapar al mundo, más allá del reflejo, más allá de la sombra del amo, más allá de su embrujo; sin embargo hay otros que se contentarán, sin amargura, a jugar un papel secundario, sintiéndose afortunados de la cercanía con la estrella mayor.</p>
<p style="text-align: left">La novela muestra tanto el ambiente opresivo del Madrid franquista, como el Madrid de hoy, opresivo por otras razones: el consumismo, los trabajos sin futuro, la falta de equidad de género por más que se pregone lo contrario, las rémoras de un pasado que no acaba de irse… Y sobre todo, la preocupación por el tiempo: la fragilidad del instante, la imposibilidad de detener, acelerar, controlar a ese verdugo implacable.</p>
<p style="text-align: left">Paradójicamente, los personajes que quieren encontrar la redención, la libertad, a través de la literatura, sea como escritores o como lectores ávidos de entender, de penetrar en el mundo mágico que ésta parece mostrar como un hechizo, no lo logran: la libertad, parece decir la autora, se encuentra en las pequeñas cosas, en el disfrute del instante, en los lazos que se tejen con personajes en apariencia mediocres; la libertad está en los huecos (del día, del pasado, de la memoria) que no tienen por qué llenarse siempre. En un mundo donde hemos aprendido a acumular, a no dejar un solo espacio vacío, esa puede ser una tarea titánica que nos tome el resto de la vida. Agradezco a Raquel Martínez-Gómez por recordárnoslo.</p>
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		<title>El Estado democrático de Derecho será sin Leyes Mordaza o no será</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2016/03/03/el-estado-democratico-de-derecho-sera-sin-leyes-mordaza-o-no-sera/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2016 11:17:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Autor invitado: Carlos Escaño]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>

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		<description><![CDATA[A día de hoy pocas personas ponen en cuestión que las Leyes Mordaza vienen a ser una compilación de restricciones al ejercicio de los derechos humanos, si bien hay cuestiones muy relevantes que están pasando desapercibidas y que no pueden dejarse de lado. Si pretendemos volver a una senda más respetuosa con el Estado social y democrático de derecho, el nuevo Gobierno debería derogarlas. Para situarnos, cuando hablamos de Leyes Mordaza nos referimos a la aprobación conjunta del 30 de marzo de 2015 de la Ley Orgánica 1/2015, por la que se reformó el Código Penal, la Ley Orgánica 2/2015, por la que se modificó el Código Penal en materia de delitos de terrorismo, y la Ley Orgánica 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana. Un conjunto de Leyes Mordaza Una de las claves por la que estas reformas han de analizarse de forma conjunta la dio el Consejo General de la Abogacía Española en su comunicado del día siguiente a la aprobación de estas reformas: “El BOE publica la Ley de Seguridad Ciudadana y la reforma del Código Penal con el rechazo de la Abogacía”. En él hacía ver que con estas reformas muchos pequeños delitos han pasado a ser considerados infracciones administrativas en la Ley de Seguridad Ciudadana, implicando esto sanciones mucho más elevadas y del mismo importe con independencia de la capacidad adquisitiva de la personas sancionada. Además, ahora la policía hace de juez, perdiendo la presunción de inocencia que prevalece en el orden penal. En la Ley de Seguridad Ciudadana “prevalece la presunción de veracidad de los atestados administrativos, de modo que el ciudadano ha perdido garantías a la hora de defenderse”. Ya antes de la aprobación de estas reformas, el Grupo de Estudios de Política Criminal, asociación integrada por cerca de 200 personas del ámbito académico y la judicatura, mostró su rechazo a la reforma del Código Penal, haciendo público el manifiesto “No hay derecho. Por un Código Penal para todos”. En él se señalaba que “la reforma penal, en sintonía con la reforma de la ley de seguridad ciudadana, criminaliza la protesta ciudadana con el fin de disuadir a los muchos colectivos ciudadanos indignados en expresar públicamente su rebeldía contra una política que destruye los cimientos del Estado del Bienestar”. Y también hacía referencia a la Ley 2/2015, resultante del Pacto antiterrorista PP-PSOE, manifestando que “además de innecesaria, se difumina el concepto de terrorismo, se criminaliza la libertad de pensamiento, se crean delitos de simple sospecha y se recurre a conductas indeterminadas inaceptables en un Estado de Derecho”. En realidad, entre los pioneros a la hora de hacer una crítica contundente de forma conjunta a las dos reformas del Código Penal y a la de la Ley de Seguridad Ciudadana, o simplificando, a las Leyes Mordaza, fueron nada menos que cuatro Relatores Especiales de la ONU. Se trató de un comunicado conjunto del 23 de febrero de 2015 de la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU, que destacaba que en la redacción de la reforma del Código Penal “tal como están definidos los delitos, podría criminalizar quienes convoquen a manifestaciones pacíficas”. Asimismo denunciaba que “la definición de los delitos de terrorismo y las disposiciones relativas a la criminalización de los actos de ‘incitación y enaltecimiento’ o ‘justificación’ del terrorismo’ son excesivamente amplias e imprecisas”. Tal como está redactado, la ley anti-terrorista podría criminalizar conductas que no constituirían terrorismo y podría resultar entre otros en restricciones desproporcionadas al ejercicio de la libertad de expresión”. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con casos como el de los titiriteros. Contra colectivos en situación de exclusión social El segundo aspecto, también ignorado por este pacto, es que la Ley de Seguridad Ciudadana deteriora de forma grave otros muchos derechos, por ejemplo los de colectivos en situación de exclusión social. Ya los señaló la Plataforma del Tercer Sector que aglutina 29.000 entidades en todo el país y entre las que se encuentran Cruz Roja y Cáritas, quedenunciaron al PP de “criminalizar la pobreza” con la ley mordaza.  En su comunicado, mostraron su indignación por las “sanciones económicas, que pueden llegar a los 30.000 euros, especialmente a las personas por su situación de vulnerabilidad, como sucede con el ejercicio de la prostitución, el consumo de drogas en la calle y la situación de las personas sin hogar.” Preceptos como el que permite multar a personas sin hogar hasta con 600 euros por dormir en la calle al considerarlo como “deslucimiento” han quedado fuera de la modificación artículos que plantea el pacto entre el PSOE y Ciudadanos. No es sólo el contenido, sino la forma El tercer argumento que conduce a la necesidad de la derogación de las Leyes Mordaza en su conjunto alude, no solo a su terrible contenido para los derechos humanos, sino también a las formas autoritarias empleadas para su aprobación, ignorando a toda la oposición en el Congreso, a la sociedad civil -con más de un 80% de la población en contra-, a los expertos de la ONU, organizaciones de derechos humanos, asociaciones de abogacía, juristas y catedráticos de derecho penal. Es indudable que la tramitación de estas reformas han ido de la mano de una fortísima oposición de todo tipo de actores sociales y de instituciones, si bien no podríamos dejar de destacar el rol fundamental que ha tenido la Plataforma ciudadana No Somos Delito, que recientemente hizo pública una Carta abierta al Congreso de los Diputados. Esta plataforma viene promoviendo una enorme cantidad de actos, jornadas y movilizaciones contra estas reformas, contribuyendo de forma muy activa a que se hicieran eco medios de comunicación de todo el mundo. Ejemplo de ello fue el editorial del periódico The New York Times, que denunció que la conocida como Gag Law es más acorde a los tiempos de la dictadura. Estamos a tiempo de derogarlas El actual compromiso de retirar tan solo algunos artículos de la actual Ley de Seguridad Ciudadana, plasmado en el pacto entre el PSOE y Ciudadanos, aparte de contradecir el compromiso electoral de derogar esta reforma por parte de la primera de estas dos fuerzas políticas, ignora cómo atentan contra los derechos humanos las reformas del código penal. Si queremos retomar una senda más democrática en el Estado español es preciso dar un mensaje contundente derogando las Leyes Mordaza de forma inmediata. Las nuevas leyes deberán de impulsarse desde una participación activa y protagonista de la sociedad civil. Será desde el ejercicio de una democracia más directa desde donde la construcción de las nuevas leyes podrán ser más garantistas con los derechos y libertades. Porque esta cuestión es de enorme gravedad, interesa no marear más la perdiz. Deroguemos de una vez esta imposición de reformas antidemocráticas y pongámonos a trabajar entre todos y todas un nuevo marco normativo que nos permita avanzar en el ejercicio de nuestros derechos y libertades. Más sobre Leyes Mordaza en el post ¨Hable sin miedo¨]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A día de hoy pocas personas ponen en cuestión que las Leyes Mordaza vienen a ser una compilación de restricciones al ejercicio de los derechos humanos, si bien hay cuestiones muy relevantes que están pasando desapercibidas y que no pueden dejarse de lado. Si pretendemos volver a una senda más respetuosa con el Estado social y democrático de derecho, el nuevo Gobierno debería derogarlas.</p>
<p>Para situarnos, cuando hablamos de Leyes Mordaza nos referimos a la aprobación conjunta del 30 de marzo de 2015 de la Ley Orgánica 1/2015, por la que se reformó el Código Penal, la Ley Orgánica 2/2015, por la que se modificó el Código Penal en materia de delitos de terrorismo, y la Ley Orgánica 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana.</p>
<p><strong>Un conjunto de Leyes Mordaza</strong></p>
<p>Una de las claves por la que estas reformas han de analizarse de forma conjunta la dio el Consejo General de la Abogacía Española en su comunicado del día siguiente a la aprobación de estas reformas: “<a href="http://www.abogacia.es/2015/03/31/el-boe-publica-la-ley-de-seguridad-ciudadana-y-la-reforma-del-codigo-penal-con-el-rechazo-de-la-abogacia/">El BOE publica la Ley de Seguridad Ciudadana y la reforma del Código Penal con el rechazo de la Abogacía</a>”. En él hacía ver que con estas reformas muchos pequeños delitos han pasado a ser considerados infracciones administrativas en la Ley de Seguridad Ciudadana, implicando esto sanciones mucho más elevadas y del mismo importe con independencia de la capacidad adquisitiva de la personas sancionada. Además, ahora la policía hace de juez, perdiendo la presunción de inocencia que prevalece en el orden penal. En la Ley de Seguridad Ciudadana “prevalece la presunción de veracidad de los atestados administrativos, de modo que el ciudadano ha perdido garantías a la hora de defenderse”.</p>
<p>Ya antes de la aprobación de estas reformas, el Grupo de Estudios de Política Criminal, asociación integrada por cerca de 200 personas del ámbito académico y la judicatura, mostró su rechazo a la reforma del Código Penal, haciendo público el manifiesto “<a href="http://s01.s3c.es/imag/doc/2015-03-05/XX.Manifiesto_CodigoPenal.pdf">No hay derecho. Por un Código Penal para todos</a>”. En él se señalaba que “la reforma penal, en sintonía con la reforma de la ley de seguridad ciudadana, criminaliza la protesta ciudadana con el fin de disuadir a los muchos colectivos ciudadanos indignados en expresar públicamente su rebeldía contra una política que destruye los cimientos del Estado del Bienestar”. Y también hacía referencia a la Ley 2/2015, resultante del Pacto antiterrorista PP-PSOE, manifestando que “además de innecesaria, se difumina el concepto de terrorismo, se criminaliza la libertad de pensamiento, se crean delitos de simple sospecha y se recurre a conductas indeterminadas inaceptables en un Estado de Derecho”.</p>
<p>En realidad, entre los pioneros a la hora de hacer una crítica contundente de forma conjunta a las dos reformas del Código Penal y a la de la Ley de Seguridad Ciudadana, o simplificando, a las Leyes Mordaza, fueron nada menos que cuatro Relatores Especiales de la ONU. Se trató de un <a href="http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=15597&amp;LangID=S">comunicado conjunto del 23 de febrero de 2015 de la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU</a>, que destacaba que en la redacción de la reforma del Código Penal “tal como están definidos los delitos, podría criminalizar quienes convoquen a manifestaciones pacíficas”. Asimismo denunciaba que “la definición de los delitos de terrorismo y las disposiciones relativas a la criminalización de los actos de ‘incitación y enaltecimiento’ o ‘justificación’ del terrorismo’ son excesivamente amplias e imprecisas”. Tal como está redactado, la ley anti-terrorista podría criminalizar conductas que no constituirían terrorismo y podría resultar entre otros en restricciones desproporcionadas al ejercicio de la libertad de expresión”. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con casos como el de los titiriteros.</p>
<p><strong>Contra colectivos en situación de exclusión social</strong></p>
<p>El segundo aspecto, también ignorado por este pacto, es que la Ley de Seguridad Ciudadana deteriora de forma grave otros muchos derechos, por ejemplo los de colectivos en situación de exclusión social. Ya los señaló la Plataforma del Tercer Sector que aglutina 29.000 entidades en todo el país y entre las que se encuentran Cruz Roja y Cáritas, que<a href="http://www.plataformatercersector.es/es/noticias/la-plataforma-del-tercer-sector-muestra-su-preocupaci%C3%B3n-y-rechazo-ante-la-aprobaci%C3%B3n-en-e-0">denunciaron al PP de “criminalizar la pobreza” con la ley mordaza</a>.  En su comunicado, mostraron su indignación por las “sanciones económicas, que pueden llegar a los 30.000 euros, especialmente a las personas por su situación de vulnerabilidad, como sucede con el ejercicio de la prostitución, el consumo de drogas en la calle y la situación de las personas sin hogar.” Preceptos como el que permite multar a personas sin hogar hasta con 600 euros por dormir en la calle al considerarlo como “deslucimiento” han quedado fuera de la modificación artículos que plantea el pacto entre el PSOE y Ciudadanos.</p>
<p><strong>No es sólo el contenido, sino la forma</strong></p>
<p>El tercer argumento que conduce a la necesidad de la derogación de las Leyes Mordaza en su conjunto alude, no solo a su terrible contenido para los derechos humanos, sino también a las formas autoritarias empleadas para su aprobación, ignorando a toda la oposición en el Congreso, a la sociedad civil -con <a href="http://politica.elpais.com/politica/2014/12/09/actualidad/1418160532_843669.html">más de un 80% de la población en contra</a>-, a los expertos de la ONU, organizaciones de derechos humanos, asociaciones de abogacía, juristas y catedráticos de derecho penal.</p>
<p>Es indudable que la tramitación de estas reformas han ido de la mano de una fortísima oposición de todo tipo de actores sociales y de instituciones, si bien no podríamos dejar de destacar el rol fundamental que ha tenido la Plataforma ciudadana No Somos Delito, que recientemente hizo pública una <a href="http://www.nosomosdelito.net/sites/default/files/public_files/documentos/no_puede_ser_progresista_un_gobierno_que_no_derogue_leyes_mordaza.pdf">Carta abierta al Congreso de los Diputados</a>. Esta plataforma viene promoviendo una enorme cantidad de actos, jornadas y movilizaciones contra estas reformas, contribuyendo de forma muy activa a que se hicieran eco medios de comunicación de todo el mundo. Ejemplo de ello fue el editorial del periódico <a href="http://www.nytimes.com/2015/04/23/opinion/spains-ominous-gag-law.html?_r=1">The New York Times</a>, que denunció que la conocida como <em>Gag Law</em> es más acorde a los tiempos de la dictadura.</p>
<p><strong>Estamos a tiempo de derogarlas</strong></p>
<p>El actual compromiso de retirar tan solo algunos artículos de la actual Ley de Seguridad Ciudadana, plasmado en el pacto entre el PSOE y Ciudadanos, aparte de contradecir el compromiso electoral de derogar esta reforma por parte de la primera de estas dos fuerzas políticas, ignora cómo atentan contra los derechos humanos las reformas del código penal.</p>
<p>Si queremos retomar una senda más democrática en el Estado español es preciso dar un mensaje contundente derogando las Leyes Mordaza de forma inmediata. Las nuevas leyes deberán de impulsarse desde una participación activa y protagonista de la sociedad civil. Será desde el ejercicio de una democracia más directa desde donde la construcción de las nuevas leyes podrán ser más garantistas con los derechos y libertades.</p>
<p>Porque esta cuestión es de enorme gravedad, interesa no marear más la perdiz. Deroguemos de una vez esta imposición de reformas antidemocráticas y pongámonos a trabajar entre todos y todas un nuevo marco normativo que nos permita avanzar en el ejercicio de nuestros derechos y libertades.</p>
<p><a href="http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2015/06/18/hable-sin-miedo/" target="_blank">Más sobre Leyes Mordaza en el post ¨Hable sin miedo¨</a></p>
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		<title>Premios Enfoque, una mirada (ciudadana) crítica sobre el periodismo</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2016/02/29/premios-enfoque-una-mirada-ciudadana-critica-sobre-el-periodismo/</link>
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		<pubDate>Mon, 29 Feb 2016 10:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Autora invitada: Yolanda Polo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>

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		<description><![CDATA[Y si un día salimos a la calle de manera masiva y reivindicamos nuestro derecho a la información. ¿Se imaginan? Pancartas reclamando la responsabilidad periodística; exigiendo coberturas rigurosas sobre las realidades que nos afectan como humanidad; demandando análisis que contrarresten discursos dominantes que justifican lo injustificable. ¿Se imaginan? No es algo tan extraño, ya lo hizo #YoSoy132 en México contra la poderosísima Televisa. Si algo tenía claro este movimiento ciudadano es que sin salud informativa no hay democracia posible. La información es un derecho humano reconocido como tal en la Declaración de Derechos Humanos. A pesar de este reconocimiento, no existe una conciencia colectiva que nos lleve a exigir que sea plenamente garantizado -tal y como hacemos con otros derechos como la salud o la educación. De hecho, son escasas las iniciativas que fomentan y canalizan el deber ciudadano de vigilar el quehacer periodístico. Un reconocimiento ciudadano Hace tres años nacieron los Premios Enfoque, unos galardones que reconocen prácticas “enfocadas” o “desenfocadas” de medios de comunicación, programas o espacios, y periodistas. La particularidad de estos Premios es que no hay un jurado al uso, sino que es la ciudadanía la que decide quién los merece. En una primera etapa, profesionales de la comunicación y el periodismo sugieren nombres; quienes más votos reciben pasan a la segunda etapa en la que una votación ciudadana abierta arroja los resultados finales. En la tercera edición, recién celebrada, participaron 9.000 personas de todo el Estado español; una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la corta trayectoria de la iniciativa. Hay quienes cuestionan la necesidad de una categoría “desenfocada” por considerar que no es necesario ensañarse con ciertas prácticas. En realidad, no se trata tanto de un castigo como de recordarles que audiencia está alerta ante su trabajo, que deben mejorarlo para conseguir una labor periodística más enfocada y que tienen una responsabilidad social que deben asumir con rigor y profesionalidad. Otra de las características de estos Premios es que por cada una de las categorías hay tres ganadores o ganadoras. Esto es así para reconocer distintas prácticas y no caer en la competitividad entre unos y otros. No pretendemos hacer rankings sino generar debate y promover la fiscalización ciudadana sobre el ejercicio periodismo. Las graves consecuencias de la manipulación informativa Vivimos tiempos de gravísimos ataques a la libertad de expresión y al derecho a la información. Asistimos a flagrantes manipulaciones de informaciones que justifican violaciones de los derechos humanos. Esto es intolerable. El caso de la crisis de refugiados está arrojando titulares que deberían avergonzarnos profundamente como humanidad. Ciertas coberturas informativas sobre la violencia de género o sobre la persecución policial y judicial a la libertad de expresión deberían pasar a la historia de la infamia. Desde hace tiempo, profesionales de los medios públicos vienen denunciando la censura que sufren en el día a día por parte de las direcciones. Algunos editoriales de la llamada prensa seria deberían ser objeto de estudio en las facultades de periodismo como ejemplos de manipulación informativa y complicidad con los poderes económicos y políticos. Qué más tiene que pasar para que, como el movimiento #YoSoy132, salgamos a la calle y digamos ¡basta! Impertinencia periodística y ciudadana Decía Kapuscinski que el periodismo debe ser indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia. Debe vigilar los poderes y hacerse las preguntas que no quieren que nos hagamos; debe facilitarnos respuestas a interrogantes que como humanidad debemos hacernos. Exige una alta dosis de empatía y humanidad, y exige permitir que las personas anónimas narren su propia historia. En la última gala de los Premios Enfoque (celebrada el 24 de febrero), varias personas dedicaron sus premios a “los y las nadie” que sufren a diario las consecuencias de los recortes sociales, la violencia de género, el cierre de fronteras o las políticas internacionales criminales que esquilman recursos y condenan a la miseria a millones de personas en el mundo. Personas que construyen alternativas y que van haciendo historia. Esas, y no otras, deben ser las protagonistas de las noticias. El periodismo debe ser impertinente; como también debe serlo la ciudadanía con respecto a los medios de comunicación. “Que exista un grupo social vigilando nuestro trabajo es bueno para el periodismo”, afirmó Iñaki Gabilondo, reconocido en la Categoría de Periodista Enfocado en la III Edición de los Premios. El día en el que, como sociedad, seamos conscientes de nuestro deber en la defensa del derecho a la información, ese día, conseguiremos enormes cambios. Confiamos en que, con estos Premios hayamos contribuido, así sea un poco, a fomentar esa conciencia global. Confiamos también en que nuestro trabajo pueda ir más allá de una gala. ¿Se imaginan un observatorio que fomente la educación en medios y la fiscalización constante sobre la labor periodísticas? ¿Se imaginan que aumentan las demandas ciudadanas sobre los medios de comunicación, que se llevan a los tribunales las legislaciones que atentan contra el derecho a la información? ¿Se imaginan que un día salimos a la calle y…? Premios Enfoque, una mirada crítica sobre el periodismo. Esta iniciativa sale adelante gracias al trabajo voluntario de profesionales, profesores y estudiantes de la comunicación y el periodismo. Cuenta con el apoyo de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España, la Universidad Jaume I de Castellón y la Universidad Complutense.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Y si un día salimos a la calle de manera masiva y reivindicamos nuestro derecho a la información. ¿Se imaginan? Pancartas reclamando la responsabilidad periodística; exigiendo coberturas rigurosas sobre las realidades que nos afectan como humanidad; demandando análisis que contrarresten discursos dominantes que justifican lo injustificable. ¿Se imaginan?</p>
<p>No es algo tan extraño, ya lo hizo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_YoSoy132">#YoSoy132</a> en México contra la poderosísima Televisa. Si algo tenía claro este movimiento ciudadano es que sin salud informativa no hay democracia posible.</p>
<p>La información es un derecho humano reconocido como tal en la Declaración de Derechos Humanos. A pesar de este reconocimiento, no existe una conciencia colectiva que nos lleve a exigir que sea plenamente garantizado -tal y como hacemos con otros derechos como la salud o la educación. De hecho, son escasas las iniciativas que fomentan y canalizan el deber ciudadano de vigilar el quehacer periodístico.</p>
<p><strong>Un reconocimiento ciudadano</strong></p>
<p>Hace tres años nacieron los <a href="premiosenfoque.com">Premios Enfoque</a>, unos galardones que reconocen prácticas “enfocadas” o “desenfocadas” de medios de comunicación, programas o espacios, y periodistas. La particularidad de estos Premios es que no hay un jurado al uso, sino que es la ciudadanía la que decide quién los merece. En una primera etapa, profesionales de la comunicación y el periodismo sugieren nombres; quienes más votos reciben pasan a la segunda etapa en la que una votación ciudadana abierta arroja los resultados finales. En la tercera edición, recién celebrada, participaron 9.000 personas de todo el Estado español; una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la corta trayectoria de la iniciativa.</p>
<p>Hay quienes cuestionan la necesidad de una categoría “desenfocada” por considerar que no es necesario ensañarse con ciertas prácticas. En realidad, no se trata tanto de un castigo como de recordarles que audiencia está alerta ante su trabajo, que deben mejorarlo para conseguir una labor periodística más enfocada y que tienen una responsabilidad social que deben asumir con rigor y profesionalidad.</p>
<p>Otra de las características de estos Premios es que por cada una de las categorías hay tres ganadores o ganadoras. Esto es así para reconocer distintas prácticas y no caer en la competitividad entre unos y otros. No pretendemos hacer rankings sino generar debate y promover la fiscalización ciudadana sobre el ejercicio periodismo.</p>
<p><strong>Las graves consecuencias de la manipulación informativa</strong></p>
<p>Vivimos tiempos de gravísimos ataques a la libertad de expresión y al derecho a la información. Asistimos a flagrantes manipulaciones de informaciones que justifican violaciones de los derechos humanos. Esto es intolerable. El caso de la crisis de refugiados está arrojando titulares que deberían avergonzarnos profundamente como humanidad. Ciertas coberturas informativas sobre la violencia de género o sobre la persecución policial y judicial a la libertad de expresión deberían pasar a la historia de la infamia. Desde hace tiempo, profesionales de los medios públicos vienen denunciando la censura que sufren en el día a día por parte de las direcciones. Algunos editoriales de la llamada prensa seria deberían ser objeto de estudio en las facultades de periodismo como ejemplos de manipulación informativa y complicidad con los poderes económicos y políticos. Qué más tiene que pasar para que, como el movimiento #YoSoy132, salgamos a la calle y digamos ¡basta!</p>
<p><strong>Impertinencia periodística y ciudadana</strong></p>
<p>Decía Kapuscinski que el periodismo debe ser indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia. Debe vigilar los poderes y hacerse las preguntas que no quieren que nos hagamos; debe facilitarnos respuestas a interrogantes que como humanidad debemos hacernos. Exige una alta dosis de empatía y humanidad, y exige permitir que las personas anónimas narren su propia historia.</p>
<p>En la última gala de los Premios Enfoque (celebrada el 24 de febrero), varias personas dedicaron sus premios a “los y las nadie” que sufren a diario las consecuencias de los recortes sociales, la violencia de género, el cierre de fronteras o las políticas internacionales criminales que esquilman recursos y condenan a la miseria a millones de personas en el mundo. Personas que construyen alternativas y que van haciendo historia. Esas, y no otras, deben ser las protagonistas de las noticias.</p>
<p>El periodismo debe ser impertinente; como también debe serlo la ciudadanía con respecto a los medios de comunicación. “Que exista un grupo social vigilando nuestro trabajo es bueno para el periodismo”, afirmó Iñaki Gabilondo, reconocido en la Categoría de Periodista Enfocado en la III Edición de los Premios. El día en el que, como sociedad, seamos conscientes de nuestro deber en la defensa del derecho a la información, ese día, conseguiremos enormes cambios. Confiamos en que, con estos Premios hayamos contribuido, así sea un poco, a fomentar esa conciencia global.</p>
<p>Confiamos también en que nuestro trabajo pueda ir más allá de una gala. ¿Se imaginan un observatorio que fomente la educación en medios y la fiscalización constante sobre la labor periodísticas? ¿Se imaginan que aumentan las demandas ciudadanas sobre los medios de comunicación, que se llevan a los tribunales las legislaciones que atentan contra el derecho a la información? ¿Se imaginan que un día salimos a la calle y…?</p>
<p><a href="premiosenfoque.com">Premios Enfoque, una mirada crítica sobre el periodismo</a>. Esta iniciativa sale adelante gracias al trabajo voluntario de profesionales, profesores y estudiantes de la comunicación y el periodismo. Cuenta con el apoyo de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España, la Universidad Jaume I de Castellón y la Universidad Complutense.</p>
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		<title>¿Un sueño, una pesadilla o todo lo contrario?</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2015/12/16/un-sueno-una-pesadilla-o-todo-lo-contrario/</link>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2015 04:09:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Silvia Chocarro Marcesse]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Te despiertas una mañana, te preparas un café y enciendes la radio para escuchar las noticias. Silencio. No se oye nada. Enciendes la televisión. Pantalla en negro. No hay señal. Te conectas a internet. Aparece un mensaje que dice: “Este servicio ya no existe”. Sales a la calle a comprarte el periódico y cuando llegas al quiosco está “cerrado hasta nuevo aviso”. Te preguntas cómo te vas a enterar de quién ganó el debate electoral. Por no hablar del reportaje de investigación que anunciaron sobre la corrupción del gobierno municipal. Esto sí que te da rabia, ahora que por fin los habían pillado. Además, querías leer el análisis sobre la cumbre del cambio climático para entender qué es lo que está en juego. Y te vas a perder la entrevista que le hacían hoy a tu escritora favorita. Claro, y la tertulia de la tres. Por cierto ¿quién habrá ganado el partido de ayer? Te despiertas a la mañana siguiente. No hay radio, ni tele, ni periódicos ni internet. Y entonces te planteas si deberías salir a la calle a protestar, ahora que ya no lo puedes hacer por las redes sociales. Te preguntas si tendrías que haber dicho algo cuando empezaron a censurar contenidos en internet porque atentaban contra la “seguridad nacional”. Tal vez tendríamos que habernos manifestado cuando aprobaron aquella ley que llamaron “mordaza”. O cuando convirtieron en propaganda la información de la televisión pública. Te acuerdas de que no fuiste a la concentración de apoyo a la radio comunitaria de tu barrio. La cerraron. Te despiertas. Silencio. Recuerdas, entonces, una conversación que tuviste entre un grupo de amigos sobre la importancia de la información en nuestras vidas. Acababan de publicar una encuesta en la que los periodistas no salían muy bien parados. Y nos hizo gracia la pregunta de “¿qué profesión recomendaría a su hijo/a en primer lugar?”.  Y “periodista” aparecía la penúltima de la lista (CIS, 2013). Ya no nos hace tanta gracia. Nos hemos quedado sin periodistas y sin información.Ahora es cuando te empiezas acordar del rollo ese de que los medios de comunicación cumplen un papel fundamental en nuestras sociedades. Y de que la libertad de expresión y el acceso a la información son un preciado derecho humano. Te despiertas. Todo era un sueño. ¿O una pesadilla? &#160; (Este texto fue publicado en la web de Premios Enfoque de periodismo). &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Te despiertas una mañana, te preparas un café y enciendes la radio para escuchar las noticias. Silencio. No se oye nada. Enciendes la televisión. Pantalla en negro. No hay señal. Te conectas a internet. Aparece un mensaje que dice: “Este servicio ya no existe”. Sales a la calle a comprarte el periódico y cuando llegas al quiosco está “cerrado hasta nuevo aviso”.</p>
<p>Te preguntas cómo te vas a enterar de quién ganó el debate electoral. Por no hablar del reportaje de investigación que anunciaron sobre la corrupción del gobierno municipal. Esto sí que te da rabia, ahora que por fin los habían pillado. Además, querías leer el análisis sobre la cumbre del cambio climático para entender qué es lo que está en juego. Y te vas a perder la entrevista que le hacían hoy a tu escritora favorita. Claro, y la tertulia de la tres. Por cierto ¿quién habrá ganado el partido de ayer?</p>
<p>Te despiertas a la mañana siguiente. No hay radio, ni tele, ni periódicos ni internet.</p>
<p>Y entonces te planteas si deberías salir a la calle a protestar, ahora que ya no lo puedes hacer por las redes sociales. Te preguntas si tendrías que haber dicho algo cuando empezaron a censurar contenidos en internet porque atentaban contra la “seguridad nacional”. Tal vez tendríamos que habernos manifestado cuando aprobaron aquella ley que llamaron “mordaza”. O cuando convirtieron en propaganda la información de la televisión pública. Te acuerdas de que no fuiste a la concentración de apoyo a la radio comunitaria de tu barrio. La cerraron.</p>
<p>Te despiertas. Silencio.</p>
<p>Recuerdas, entonces, una conversación que tuviste entre un grupo de amigos sobre la importancia de la información en nuestras vidas. Acababan de publicar una encuesta en la que los periodistas no salían muy bien parados. Y nos hizo gracia la pregunta de “¿qué profesión recomendaría a su hijo/a en primer lugar?”.  Y “periodista” aparecía la penúltima de la lista (CIS, 2013). Ya no nos hace tanta gracia. Nos hemos quedado sin periodistas y sin información.Ahora es cuando te empiezas acordar del rollo ese de que los medios de comunicación cumplen un papel fundamental en nuestras sociedades. Y de que la libertad de expresión y el acceso a la información son un preciado derecho humano.</p>
<p>Te despiertas. Todo era un sueño. ¿O una pesadilla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este texto fue publicado en la web de <a href="http://premiosenfoque.com/2015/12/15/un-sueno-una-pesadilla-o-todo-lo-contrario/" target="_blank">Premios Enfoque de periodismo</a>).</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Un Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas?</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2015/11/01/dia-internacional-para-acabar-con-la-impunidad-de-los-crimenes-contra-periodistas/</link>
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		<pubDate>Sun, 01 Nov 2015 18:45:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Silvia Chocarro Marcesse]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Políticas Públicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Como cada mañana, Flor se preparó para ir a su trabajo en la emisora La preferida estéreo en Pitalito, una ciudad al suroeste de Colombia; pero ese día, cuando llegó a los estudios de la radio, un hombre se acercó a ella, sacó un revólver y le disparó un tiro en la cabeza. Flor Alba Núñez Vargas es la última víctima de una lista de 67 periodistas asesinados en el año 2015. Con ella, suman más de setecientos en los últimos diez años, según datos de la UNESCO. Como en la mayoría de los casos, Flor era una periodista local cubriendo noticias de su ciudad y no una corresponsal de guerra. Y es que la gran mayoría de estos crímenes se producen en contextos donde informar sobre corrupción, crimen organizado, derechos humanos o medio ambiente, entre otros temas, te puede costar la vida. En el asesinato de Flor Alba Núñez Vargas ya está detenido el presunto autor, así que con un poco de suerte su asesinato formará parte de la escueta lista de casos que sí se resuelven, a pesar de que Colombia está entre los diez países que aparecen cada año en el Índice de impunidad que elabora el Comité para la protección de periodistas. Lo acompañan Afganistán, Filipinas, India, Irak, México, Pakistán, Rusia, Somalia y Sri Lanka. Lo cierto es que más del 90 por ciento de los asesinatos quedan impunes, una cifra que aumenta si se considera que no siempre se da con el autor intelectual, sólo con el material. La impunidad se convierte así en uno de los mayores retos para acabar con la violencia hacia quienes ejercen el periodismo. Pero no es el único. También lo es la falta de voluntad política (a veces, la falta de recursos y capacidades), que ha quedado reflejada en los informes bienales sobre La seguridad de los periodistas y el riesgo de la impunidad que realiza la UNESCO desde el año 2006. Para su elaboración, solicita a los gobiernos información sobre el estado de las investigaciones judiciales de crímenes contra periodistas. Los resultados son desoladores. Hasta la fecha, de los 593 casos sobre los que ha pedido información, sólo ha recibido datos de 211 y de ellos, sólo 39 se han resuelto. Ante esta realidad y tras años de campaña por parte de organizaciones de la sociedad civil, como por ejemplo las que integran la red IFEX, la Asamblea General de Naciones Unidas (NU) aprobó en diciembre de 2013 la Resolución 68/163, la primera de su historia sobre este tema. En ella declaró el 2 de noviembre como el Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas. Pero esta resolución dice mucho más. Pide a los Estados que promuevan un entorno seguro para ejercer un periodismo independiente y que prevengan la violencia contra quienes ejercen el periodismo. Y lo que es importante, pide al Secretario General que informe sobre su aplicación. Pero aquí no acaba todo. En el año 2014, la Asamblea General volvió a aprobar otra resolución similar (A/RES/69/185), en la que también pide a Ban Ki-moon que informe sobre su implementación. De nuevo, los resultados son desoladores. Cuando se pidió a los Gobiernos que enviaran información para elaborar los informes del Secretario General, en ambos casos no respondieron ni 25 de los 193 Estados que conforman NU. La cosa no queda aquí. También el Consejo de Derechos Humanos aprobó una resolución sobre el tema en 2012 y lo volvió a hacer en 2014 (A/HRC/27/5), detallando una propuesta de medidas que los gobiernos pueden poner en marcha para acabar con la violencia contra periodistas y comunicadores. Incluso publicó un informe de buenas prácticas, pero de nuevo no contribuyeron más de 25 países. Aún hay más. El Consejo de Seguridad acaba de aprobar la Resolución 2222 que pide a los Estados que investiguen los casos en los que los periodistas han sido blanco deliberado de ataque, incumpliendo lo que establece la ley internacional humanitaria. También, una vez más, se le pide al Secretario General que informe regularmente sobre ello. Y para terminar. Desde el año 2012 la UNESCO coordina la implementación de la primera y única estrategia de NU para la seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad, a cuya ejecución, por cierto, se pueden unir medios de comunicación, organizaciones profesionales, ONGs, etc. Así que volviendo al principio: ¿Por qué nos debe importar el Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas? Porque es un buen día para para empezar a supervisar lo que hacen (o no hacen) los gobiernos con estas resoluciones y si cumplen (o no) con sus compromisos. Si no informamos, si nos puede el escepticismo, un día será demasiado tarde. No estaremos aquí para contarlo. &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Como cada mañana, Flor se preparó para ir a su trabajo en la emisora <em>La preferida estéreo</em> en Pitalito, una ciudad al suroeste de Colombia; pero ese día, cuando llegó a los estudios de la radio, un hombre se acercó a ella, sacó un revólver y le disparó un tiro en la cabeza. Flor Alba Núñez Vargas es la última víctima de una lista de 67 periodistas asesinados en el año 2015. Con ella, suman más de setecientos en los últimos diez años, según datos de la UNESCO.</p>
<p>Como en la mayoría de los casos, Flor era una periodista local cubriendo noticias de su ciudad y no una corresponsal de guerra. Y es que la gran mayoría de estos crímenes se producen en contextos donde informar sobre corrupción, crimen organizado, derechos humanos o medio ambiente, entre otros temas, te puede costar la vida.</p>
<p>En el asesinato de Flor Alba Núñez Vargas ya está detenido el presunto autor, así que con un poco de suerte su asesinato formará parte de la escueta lista de casos que sí se resuelven, a pesar de que Colombia está entre los diez países que aparecen cada año en el <a href="https://cpj.org/reports/2014/10/the-road-to-justice-killing-journalists-impunity.php" target="_blank">Índice de impunidad</a> que elabora el <a href="https://cpj.org" target="_blank">Comité para la protección de periodistas</a>. Lo acompañan Afganistán, Filipinas, India, Irak, México, Pakistán, Rusia, Somalia y Sri Lanka.</p>
<p>Lo cierto es que más del 90 por ciento de los asesinatos quedan impunes, una cifra que aumenta si se considera que no siempre se da con el autor intelectual, sólo con el material. La impunidad se convierte así en uno de los mayores retos para acabar con la violencia hacia quienes ejercen el periodismo. Pero no es el único. También lo es la falta de voluntad política (a veces, la falta de recursos y capacidades), que ha quedado reflejada en los informes bienales sobre <a href="http://www.unesco.org/new/en/communication-and-information/freedom-of-expression/safety-of-journalists/unescos-director-general-report/" target="_blank">La seguridad de los periodistas y el riesgo de la impunidad</a> que realiza la UNESCO desde el año 2006. Para su elaboración, solicita a los gobiernos información sobre el estado de las investigaciones judiciales de crímenes contra periodistas. Los resultados son desoladores. Hasta la fecha, de los 593 casos sobre los que ha pedido información, sólo ha recibido datos de 211 y de ellos, sólo 39 se han resuelto.</p>
<p>Ante esta realidad y tras años de campaña por parte de organizaciones de la sociedad civil, como por ejemplo las que integran la red <a href="https://ifex.org" target="_blank">IFEX</a>, la Asamblea General de Naciones Unidas (NU) aprobó en diciembre de 2013 la <a href="http://undocs.org/A/RES/68/163" target="_blank">Resolución 68/163</a>, la primera de su historia sobre este tema. En ella declaró el 2 de noviembre como el <a href="http://on.unesco.org/1GJKsc1" target="_blank">Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas</a>. Pero esta resolución dice mucho más. Pide a los Estados que promuevan un entorno seguro para ejercer un periodismo independiente y que prevengan la violencia contra quienes ejercen el periodismo. Y lo que es importante, pide al Secretario General que informe sobre su aplicación. Pero aquí no acaba todo. En el año 2014, la Asamblea General volvió a aprobar otra resolución similar (<a href="http://undocs.org/A/RES/69/185" target="_blank">A/RES/69/185</a>), en la que también pide a Ban Ki-moon que informe sobre su implementación. De nuevo, los resultados son desoladores. Cuando se pidió a los Gobiernos que enviaran información para elaborar los informes del Secretario General, en ambos casos no respondieron ni 25 de los 193 Estados que conforman NU.</p>
<p>La cosa no queda aquí. También el Consejo de Derechos Humanos aprobó una <a href="http://ap.ohchr.org/documents/dpage_e.aspx?si=A/HRC/RES/21/12" target="_blank">resolución</a> sobre el tema en 2012 y lo volvió a hacer en 2014 (<a href="http://ap.ohchr.org/documents/dpage_e.aspx?si=A/HRC/RES/27/5" target="_blank">A/HRC/27/5</a>), detallando una propuesta de medidas que los gobiernos pueden poner en marcha para acabar con la violencia contra periodistas y comunicadores. Incluso publicó un <a href="http://ap.ohchr.org/documents/dpage_e.aspx?si=A/HRC/24/23" target="_blank">informe de buenas prácticas</a>, pero de nuevo no contribuyeron más de 25 países.</p>
<p>Aún hay más. El Consejo de Seguridad acaba de aprobar la <a href="http://undocs.org/S/RES/2222(2015)" target="_blank">Resolución 2222</a> que pide a los Estados que investiguen los casos en los que los periodistas han sido blanco deliberado de ataque, incumpliendo lo que establece la ley internacional humanitaria. También, una vez más, se le pide al Secretario General que informe regularmente sobre ello.</p>
<p>Y para terminar. Desde el año 2012 la UNESCO coordina la implementación de la primera y única <a href="http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CI/CI/pdf/official_documents/UN-Plan-on-Safety-Journalists_ES_UN-Logo.pdf" target="_blank">estrategia de NU para la seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad</a>, a cuya ejecución, por cierto, se pueden unir medios de comunicación, organizaciones profesionales, ONGs, etc.</p>
<p>Así que volviendo al principio: ¿Por qué nos debe importar el Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas?</p>
<p>Porque es un buen día para para empezar a supervisar lo que hacen (o no hacen) los gobiernos con estas resoluciones y si cumplen (o no) con sus compromisos. Si no informamos, si nos puede el escepticismo, un día será demasiado tarde. No estaremos aquí para contarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Y qué hay de la comunicación en los Objetivos de Desarrollo Sostenible?</title>
		<link>http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/2015/10/20/y-que-hay-de-la-comunicacion-en-los-objetivos-de-desarrollo-sostenible/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2015 19:12:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Silvia Chocarro Marcesse]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cambio Social]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Desarrollo]]></category>

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		<description><![CDATA[Vayamos a la página web de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por Naciones Unidas (NU) y busquemos la palabra “comunicación” entre los 17 objetivos y sus 169 metas. ¿Qué papel juega en esta nueva agenda global de desarrollo de aquí al 2030? La comunicación no está en los ODS; aunque se mencionan las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Tampoco hay rastro del derecho a la libertad de expresión. Hay, sin embargo, una buena noticia. Los ODS reconocen el acceso público a la información como factor fundamental para el desarrollo de sociedades democráticas y participativas. La comunicación como instrumento y no como derecho No es nuevo en el ámbito del desarrollo que la comunicación se presente desde una perspectiva instrumental, ligada al acceso a las TIC como medio para alcanzar otros fines. Por desgracia, lo novedoso hubiese sido incluir en los ODS la comunicación como un derecho humano. Además, al margen de la innegable importancia de las TIC en nuestra sociedad, su inclusión en los ODS no deja de ser muy limitada. El compromiso de fortalecer el acceso y uso de las TIC se orienta hacia los llamados países menos desarrollados. Y sólo es objetivo de ámbito global en el caso de la promoción del empoderamiento de las mujeres. Estoy segura de que a cualquier persona le parecería obvio que la comunicación ocupe un lugar relevante en una lista de buenas intenciones para construir una mejor sociedad para el siglo XXI, pero parece que no lo es cuando los debates implican compromisos y garantías por parte de los gobiernos. En este contexto, el reconocimiento del derecho a la libertad de opinión, o de expresión, o el derecho de acceso a la información, por ejemplo, se convierten en una amenaza, a pesar de que el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humano afirma que “toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Luces y sombras de la comunicación en el proceso de los ODS Cuando comenzó el proceso de elaboración de los ODS, más de doscientas organizaciones de la sociedad civil, aglutinadas en la red Global Forum for Media Development y la ONG Artículo 19 elaboraron una estrategia para promover la inclusión en los ODS de los derechos a la libertad de expresión y de acceso público a la información. En un principio, hubo cierto optimismo. Cuando en junio de 2014 el grupo de treinta países encargado de elaborar una propuesta de ODS, el llamado Grupo de Trabajo Abierto (OWG, en sus siglas en ingles), presentó un primer borrador reconocieron la necesidad de promover estos derechos. La meta 16.14 se comprometía a “mejorar el acceso público a la información y a datos gubernamentales” y la meta 16.17 reconocía “la promoción de la libertad de expresión”. Ambas se insertaban en el marco del objetivo 16 sobre la consecución de “sociedades pacíficas e inclusivas, el estado de derecho e instituciones capaces y efectivas”. Poco tiempo después, en diciembre de 2014, el secretario general de NU Ban Ki-moon presentó su propia propuesta sintetizando las aportaciones de dos años de debate. Su informe “El camino hacia la dignidad para 2030: acabar con la pobreza y transformar vidas protegiendo el planeta” reconocía que la libertad de expresión y el acceso a la información “son elementos facilitadores del desarrollo sostenible”. Fue otro signo para el optimismo. Sin embargo, el derecho a la libertad de expresión no sobrevivió. El acceso a la información, sí. Y no es baladí. La inclusión de estas siete palabras: “garantizar el acceso público a la información” son el resultado de días, semanas y meses de trabajo y de sensibilización por parte de la sociedad civil, en buena parte del GFMD y Artículo 19. Finalmente, en la versión definitiva de los ODS aprobada el pasado mes de septiembre por la Asamblea General de NU, la meta 16.10 dice lo siguiente: “garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de conformidad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales”. Cabe preguntarse, no obstante, ¿a qué libertades fundamentales se refiere? o ¿cómo se define el acceso público a la información? Y es aquí donde aún queda trabajo por hacer. ¿Aún hay tiempo para unos mejores ODS? Naciones Unidas debate ahora los indicadores que medirán los ODS. Y estos indicadores definirán su verdadera esencia. La segunda reunión del comité de especialistas en estadística de los Estados Miembro conocido como “Grupo Interinstitucional y de Expertos” (IAEG, en sus siglas en inglés) es a finales de octubre y presentarán una propuesta de indicadores en febrero. Decidirán cómo se mide el grado de acceso público a la información. Y no será lo mismo, por ejemplo, medirlo en base a la existencia de una ley de acceso, que en base no sólo a su existencia sino a su aplicación efectiva. ¿Y cómo se medirá la protección de las libertades fundamentales? Estos indicadores serán, en definitiva, los que definan a qué libertades fundamentales se refieren los ODS. Existen al menos dos propuestas sobre la mesa para responder a estas preguntas. El GFMD, por ejemplo, sugiere medir el acceso a la información mediante “la adopción y aplicación de mecanismos y garantías jurídicas que garanticen el acceso público a la información, incluyendo, aunque no sólo, la información relativa  a todos y cada uno de los ODS». Por otra parte, existe una propuesta relativa a la meta sobre libertades fundamentales que dice así: «número de casos verificados de homicidios (‘killings’ en inglés), secuestros, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y tortura de periodistas, personal asociado de los medios de comunicación, sindicalistas y defensores de derechos humanos en los doce meses previos”. Esta segunda propuesta viene de la UNESCO, la Oficina del Alto Comisionado de NU para los Derechos Humanos (OACDH) y la Organización Internacional de Trabajo (OIT). Estemos alerta, pues. Los ODS ya se han aprobado, pero la definición de sus indicadores pueden hacer de ellos unos objetivos transcendentales o todo lo contrario. Después, nos tocará vigilar su cumplimiento minuciosamente. El trabajo aún no ha terminado.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Vayamos a la <a href="https://sustainabledevelopment.un.org/topics">página web</a> de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por Naciones Unidas (NU) y busquemos la palabra “comunicación” entre los 17 objetivos y sus 169 metas. ¿Qué papel juega en esta nueva agenda global de desarrollo de aquí al 2030? La comunicación no está en los ODS; aunque se mencionan las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Tampoco hay rastro del derecho a la libertad de expresión. Hay, sin embargo, una buena noticia. Los ODS reconocen el acceso público a la información como factor fundamental para el desarrollo de sociedades democráticas y participativas.</p>
<p><strong>La comunicación como instrumento y no como derecho</strong></p>
<p>No es nuevo en el ámbito del desarrollo que la comunicación se presente desde una perspectiva instrumental, ligada al acceso a las TIC como medio para alcanzar otros fines. Por desgracia, lo novedoso hubiese sido incluir en los ODS la comunicación como un derecho humano. Además, al margen de la innegable importancia de las TIC en nuestra sociedad, su inclusión en los ODS no deja de ser muy limitada. El compromiso de fortalecer el acceso y uso de las TIC se orienta hacia los llamados <a href="http://www.un.org/en/development/desa/policy/cdp/ldc_info.shtml">países menos desarrollados</a>. Y sólo es objetivo de ámbito global en el caso de la promoción del empoderamiento de las mujeres.</p>
<p>Estoy segura de que a cualquier persona le parecería obvio que la comunicación ocupe un lugar relevante en una lista de buenas intenciones para construir una mejor sociedad para el siglo XXI, pero parece que no lo es cuando los debates implican compromisos y garantías por parte de los gobiernos. En este contexto, el reconocimiento del derecho a la libertad de opinión, o de expresión, o el derecho de acceso a la información, por ejemplo, se convierten en una amenaza, a pesar de que el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humano afirma que “toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.</p>
<p><strong>Luces y sombras de la comunicación en el proceso de los ODS</strong></p>
<p>Cuando comenzó el proceso de elaboración de los ODS, más de doscientas organizaciones de la sociedad civil, aglutinadas en la red <em><a href="http://gfmd.info/">Global Forum for Media Development</a></em> y la <a href="https://www.article19.org/">ONG Artículo 19</a> elaboraron una estrategia para promover la inclusión en los ODS de los derechos a la libertad de expresión y de acceso público a la información. En un principio, hubo cierto optimismo. Cuando en junio de 2014 el grupo de treinta países encargado de elaborar una propuesta de ODS, el llamado <a href="https://sustainabledevelopment.un.org/owg.html">Grupo de Trabajo Abierto</a> (OWG, en sus siglas en ingles), presentó un primer borrador reconocieron la necesidad de promover estos derechos. La meta 16.14 se comprometía a “mejorar el acceso público a la información y a datos gubernamentales” y la meta 16.17 reconocía “la promoción de la libertad de expresión”. Ambas se insertaban en el marco del objetivo 16 sobre la consecución de “sociedades pacíficas e inclusivas, el estado de derecho e instituciones capaces y efectivas”.</p>
<p>Poco tiempo después, en diciembre de 2014, el secretario general de NU Ban Ki-moon presentó su propia propuesta sintetizando las aportaciones de dos años de debate. Su informe “<a href="undocs.org/A/69/700">El camino hacia la dignidad para 2030: acabar con la pobreza y transformar vidas protegiendo el planeta</a>” reconocía que la libertad de expresión y el acceso a la información “son elementos facilitadores del desarrollo sostenible”. Fue otro signo para el optimismo.</p>
<p>Sin embargo, el derecho a la libertad de expresión no sobrevivió. El acceso a la información, sí. Y no es baladí. La inclusión de estas siete palabras: “garantizar el acceso público a la información” son el resultado de días, semanas y meses de trabajo y de sensibilización por parte de la sociedad civil, en buena parte del GFMD y Artículo 19. Finalmente, en la versión definitiva de los ODS aprobada el pasado mes de septiembre por la Asamblea General de NU, la meta 16.10 dice lo siguiente: “garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de conformidad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales”. Cabe preguntarse, no obstante, ¿a qué libertades fundamentales se refiere? o ¿cómo se define el acceso público a la información? Y es aquí donde aún queda trabajo por hacer.</p>
<p><strong>¿Aún hay tiempo para unos mejores ODS?</strong></p>
<p>Naciones Unidas debate ahora los indicadores que medirán los ODS. Y estos indicadores definirán su verdadera esencia. La <a href="http://unstats.un.org/sdgs/meetings/iaeg-sdgs-meeting-02">segunda reunión</a> del comité de especialistas en estadística de los Estados Miembro conocido como “Grupo Interinstitucional y de Expertos” (IAEG, en sus siglas en inglés) es a finales de octubre y presentarán una propuesta de indicadores en febrero. Decidirán cómo se mide el grado de acceso público a la información. Y no será lo mismo, por ejemplo, medirlo en base a la existencia de una ley de acceso, que en base no sólo a su existencia sino a su aplicación efectiva. ¿Y cómo se medirá la protección de las libertades fundamentales? Estos indicadores serán, en definitiva, los que definan a qué libertades fundamentales se refieren los ODS.</p>
<p>Existen al menos dos propuestas sobre la mesa para responder a estas preguntas. El GFMD, por ejemplo, sugiere medir el acceso a la información mediante “la adopción y aplicación de mecanismos y garantías jurídicas que garanticen el acceso público a la información, incluyendo, aunque no sólo, la información relativa  a todos y cada uno de los ODS». Por otra parte, existe una propuesta relativa a la meta sobre libertades fundamentales que dice así: «número de casos verificados de homicidios (‘killings’ en inglés), secuestros, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y tortura de periodistas, personal asociado de los medios de comunicación, sindicalistas y defensores de derechos humanos en los doce meses previos”. Esta segunda propuesta viene de la UNESCO, la Oficina del Alto Comisionado de NU para los Derechos Humanos (OACDH) y la Organización Internacional de Trabajo (OIT).</p>
<p>Estemos alerta, pues. Los ODS ya se han aprobado, pero la definición de sus indicadores pueden hacer de ellos unos objetivos transcendentales o todo lo contrario. Después, nos tocará vigilar su cumplimiento minuciosamente. El trabajo aún no ha terminado.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Desmontando el País de las Maravillas</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 14:18:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Teresa Sancho Ortega]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Soberanía alimentaria]]></category>

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		<description><![CDATA[Hagamos un experimento. Preguntemos a cualquier persona por cuál es la idea que le viene a la mente al mencionar la segunda palabra más pronunciada del planeta por detrás de OK, Coca-Cola. La respuesta probablemente no será ERE, pro-militar, acaparamiento de recursos, violación de derechos, machismo, exceso de azúcar o uso de sustancias nocivas. Seguramente la mayoría asociemos Coca-Cola a la idea de felicidad. Todo obra y gracia de su gran aclamada propaganda. A pesar de que 3 de cada 4 personas afirme que no se cree lo que dice la publicidad, estudios de marketing confirman que entre el 70 y 80 % de las decisiones de compra que tomamos son inconscientes. La media que nuestro cerebro dedica a tomar una determinación de este tipo es de 2,5 segundos, y lo que influye en ese minitiempo es fundamentalmente la imagen que tengamos de la marca. Es decir, que lo queramos o no, elegimos en función de la publicidad rica variada existente, desde el típico anuncio de la tele, hasta el formato y etiquetado del producto, pasando por el product-placement, o los estudios pseudocientíficos convenientemente financiados por las empresas. Así, en el año 2013, solamente en anuncios televisivos, se emitieron más de 125 horas de publicidad… ¡al día! Por tanto, nos vemos en un continuo bombardeo de imágenes y mensajes que nos hacen asociar marcas como Coca-Cola, McDonald’s o Danone, a un mundo de ilusión y de color digno de el País de las Maravillas antes de aparecer sombrereros locos y reinas corta-cabezas. Nuestras mentes se nublan y pasamos por alto los “pequeños” deslices que estas industrias comenten habitualmente. Hace unos días me topé con un anuncio antiguo de tabaco “de acuerdo con un estudio nacional, la mayoría de doctores fuman Camel”. Nada más y nada menos. Allí en el cartel aparecía el doctor sosteniendo su humeante cigarrillo, amigable y profesional a la par. Me quedé tan ojiplática que no pude evitar seguir indagando y sí, la cosa podía ir a peor: fuma y así mantendrás tu figura; échale humo en la cara y caerá en tus brazos, galán; si es un pitillo rubio viene fenomenal para las cuerdas vocales; o, cómo no, si es Marlboro a tu bebé no le molestará el humo. Podríamos pensar que esos anuncios se diseñaron antes de conocerse los peligros de esta droga, y por tanto, no se hacían con mala intención. Pero lo cierto es que ya a mediados de los años 50 existía pleno consenso por parte de la comunidad científica en que había una correlación directa entre el tabaco y toda una serie de problemas de salud. Sin embargo, mediante toda una propaganda organizada, la industria tabacalera eludió esta correlación hasta finales de los ochenta. Fue entonces, cuando ya no había forma de negar la realidad, en la que se cambió de estrategia. Si, el tabaco mata, y si te mueres, es tu responsabilidad ¡viva la libertad individual! No fue hasta el año 2005 que el estado español decidió que la salud pública era más importante que los intereses de esta industria y decidió prohibir la promoción, patrocinio y publicidad del tabaco. La OMS alerta de que el 59% de las muertes en el mundo están directamente relacionadas con la mala alimentación y de hecho, existen más casos en el planeta de gente que sufre estas consecuencias por exceso que por defecto. Básicamente podemos poner el foco en los azúcares añadidos, las grasas hidrogenadas y los aditivos. Este cóctel mortal se da fundamentalmente en la comida procesada que nos vende la industria alimentaria. Por ejemplo, el 75% de los azúcares añadidos que tomamos lo hacemos indirectamente, a través de productos como los refrescos y zumos, lácteos, salsas, etc. Lo curioso del asunto es que la salud está de moda. Las últimas encuestas así lo confirman, siendo ésta una de las principales preocupaciones a la hora de seleccionar nuestras marcas favoritas. La industria ha tomando nota y eso nos vende. Todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza descubriendo el fraude de Volkswagen. Pues bien, la industria alimentaria no se queda atrás. Un ejemplo de esto son los llamados alimentos funcionales, aquellos que podemos definir como alimentos que proporcionan un beneficio para la salud más allá del que es previsible obtener a partir de su composición nutricional original. Hasta el año 2006 no existió regulación alguna en la UE sobre cuáles podían considerarse como tal. De los 44.000 que se presentaron en ese momento a examen, sólo consiguieron aprobar 521, alrededor de un 1% del total. El conocido Actimel, sin ir más lejos, fue uno de los suspendidos. Resulta que el L.Casei añadido no mejora nuestras defensas más de lo que puede hacerlo cualquier yogur tres veces más barato. No sólo eso, cada vez que tomamos un botecito de esos para revitalizar cuerpo y mente, nos estamos metiendo entre pecho y espalda dos sobres de azúcar. Sólo con un par de botes al día superamos la cantidad de azúcares diaria recomendada por la OMS, y el efecto se agrava teniendo en cuenta que están dirigidos al público infantil. Esto sucede porque, aunque actualmente hay regulación que prohíbe afirmar que un producto tiene propiedades que no tiene, todavía no existe normativa sobre si ese producto tiene en su conjunto un perfil nutricional adecuado. Tampoco hay ninguna restricción a que cualquiera que añada un 15% más con respecto al original de la vitamina o mineral que toque, alardee de sus increíbles ventajas. Así, el hecho de que un ramillete de perejil contenga más hierro que un vaso de leche de Puleva Max, no quita para que se atribuyan sus méritos y los exageren hasta, no se sabe muy bien cómo, afirmar tan ricamente en su anuncio que “favorece el desarrollo intelectual de tus hijos”. ¿Y qué pasa cuando ni siquiera te molestas en añadir “extras” al producto? Muy sencillo, pones a Shakira bailando el Waka-waka con una tripita sonriente estupenda de la muerte y ya tú llega a tus propias conclusiones ‘querida’ sobre si ese yogur adelgaza o no. Hace unos meses, la organización VSF, denunció a la marca Bimbo por saltarse su código de autorregulación publicitaria (código PAOS) con el producto Kekos, unos bollitos altamente insalubres por su alto contenido en grasas, azúcares y aditivos que son anunciados como “divertidamente saludables” por estar enriquecidos con hierro y calcio. No se saltaban la norma por eso, dónde vamos a parar, esto está totalmente permitido. Se lo saltaban porque usaban dibujos animados para su promoción y por tanto, manipulaban las mentes infantiles. La empresa reconoció que sí, que incumplían sus propias normas. ¿Y qué pasó? Absolutamente nada. Es lo que suele ocurrir cuando dejas la regulación en manos privadas. Por otra parte, el argumento de nuestras queridas instituciones públicas es el del rey Salomón, deben repartir justicia a partes iguales. En un lado del ring, la gente y su salud, en el otro, los intereses de la industria alimentaria. Difícil decantarse por una u otra. La cuestión es que en materia de publicidad sobre alimentación insalubre, tenemos la misma protección ante el bombardeo publicitario que tenía la sociedad de los años 50 con respecto al tabaco. Si vamos en la misma línea, nos quedan sesenta añitos de espera hasta que la cosa cambie. Y ya, el pensar en una publicidad que no obvie la constante vulneración de derechos, el machismo o la destrucción medioambiental por parte de las empresas anunciadas es prácticamente un sueño inalcanzable. A no ser claro, que exista la suficiente concienciación, clamor popular más bien, como para que las administraciones tomen cartas en el asunto. A no ser que nos organicemos y conjuntamente destronemos a la reina de corazones.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-size: medium">Hagamos un experimento. Preguntemos a cualquier persona </span><span style="font-size: medium">por cu</span><span style="font-size: medium">á</span><span style="font-size: medium">l es la idea que </span><span style="font-size: medium">le</span><span style="font-size: medium"> viene a la mente al mencionar<strong> la segunda palabra más pronunciada del planeta por detrás de OK, <a href="http://www.letra.org/spip/spip.php?article1214">Coca-Cola</a>.</strong> La respuesta probablemente no será ERE, pro-militar, acaparamiento de recursos, violación de derechos, machismo, exceso de azúcar o uso de sustancias nocivas. Seguramente la mayoría asociemos Coca-Cola a la idea de felicidad. Todo obra y gracia de su gran aclamada <a href="http://www.especieenpeligro.net/index.php/consumismo/2129-la-publicidad-comercial-como-propaganda-de-la-ideologia-consumista-capitalista-primera-parte">propaganda.</a> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">A pesar de que 3 de cada 4 personas afirme que no se cree lo que dice la publicidad, estudios de marketing confirman que entre el 70 y 80 % de las <a href="http://vsf.org.es/sites/default/files/docs/informe_mentira_podrida_breve_repaso_a_la_ailmentacion_charlatana.pdf">decisiones de compra</a> que tomamos son inconscientes. La media que nuestro cerebro dedica a tomar una determinación de este tipo es de 2,5 segundos, y lo que influye en ese minitiempo es fundamentalmente la imagen que tengamos de la marca. Es decir, que lo queramos o no, elegimos e</span><span style="font-size: medium">n función de la publicidad rica variada existente, </span><span style="font-size: medium">desde el típico anuncio de la tele, hasta el formato y etiquetado del producto, pasando por el product-placement, o los estudios pseudocientíficos convenientemente financiados por las empresas. Así, en el año 2013, solamente en anuncios televisivos, </span><span style="font-size: medium">se emitieron más de 125 horas de publicidad… ¡al día!</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">Por tanto, nos vemos en un <strong>continuo bombardeo de imágenes y mensajes</strong> que nos hacen asociar marcas como Coca-Cola, McDonald’s o Danone, a un mundo de ilusión y de color digno de el País de las Maravillas antes de aparecer sombrereros locos y reinas corta-cabezas. Nuestras mentes se nublan y pasamos por alto los “pequeños” deslices que estas industrias comenten habitualmente. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">Hace unos días me topé con un anuncio antiguo de tabaco “de acuerdo con un estudio nacional, la mayoría de doctores fuman Camel”. Nada más y nada menos. Allí en el cartel aparecía el doctor sosteniendo su humeante cigarrillo, amigable y profesional a la par. Me quedé tan ojiplática que no pude evitar seguir indagando</span><span style="font-size: medium"> y s</span><span style="font-size: medium">í</span><span style="font-size: medium">, <a href="http://www.blogodisea.com/publicidad-tabaco-antigua.html">la cosa podía ir a peor</a>: fuma y así mantendrás tu figura; échale humo en la cara y caerá en tus brazos, galán; si es un pitillo rubio viene fenomenal para las cuerdas vocales; o, c</span><span style="font-size: medium">ó</span><span style="font-size: medium">mo </span><span style="font-size: medium">no, si es Marlboro a tu bebé no le molestará el humo.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">Podríamos pensar que esos anuncios se diseñaron antes de conocerse los peligros de esta droga, y por tanto, no se hacían con mala intención. Pero lo cierto es que ya a mediados de los años 50 existía pleno consenso por parte de la comunidad científica en que había una correlación directa entre el tabaco y toda una serie de problemas de salud. Sin embargo, mediante toda una propaganda organizada, la industria tabacalera eludió esta correlación hasta finales de los ochenta. Fue entonces, cuando ya no había forma de negar la realidad, en la que se cambió de estrategia. Si, el tabaco mata, y si te mueres, es tu responsabilidad ¡viva la libertad individual! No fue hasta el año 2005 que el estado español decidió que la salud pública era más importante que los intereses de esta industria y decidió <a href="http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2013/who_ban_tobacco/es">prohibir</a> la promoción, patrocinio y publicidad del tabaco.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium"><strong>La OMS alerta de que el <a href="http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2003/pr32/es">59% de las muertes</a> en el mundo están directamente relacionadas con la mala alimentación</strong> y de hecho, existen más casos en el planeta de gente que sufre estas consecuencias por exceso que por defecto. Básicamente podemos poner el foco en los azúcares añadidos, las grasas hidrogenadas y los aditivos. Este cóctel mortal se da fundamentalmente en la comida procesada que nos vende la industria alimentaria. Por ejemplo, el 75% de lo</span><span style="font-size: medium">s az</span><span style="font-size: medium">ú</span><span style="font-size: medium">cares añadidos</span><span style="font-size: medium"> que tomamos lo hacemos <a href="http://vsf.org.es/25-gramos/salud#top">indirectamente</a>, a través de productos como los refrescos y zumos, lácteos, salsas, etc.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">Lo curioso del asunto es que la salud está de moda. Las últimas encuestas así lo confirman, siendo ésta una de las principales preocupaciones a la hora de seleccionar nuestras marcas favoritas. La industria ha tomando nota y eso nos vende. Todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza descubriendo el <strong>fraude de <a href="http://www.lamarea.com/2015/09/24/volkswagen-y-el-orgullo-aleman">Volkswagen</a></strong>. Pues bien, la industria alimentaria no se queda atrás. Un ejemplo de esto son los llamados alimentos funcionales, aquellos que podemos definir como alimentos que proporcionan un beneficio para la salud más allá del que es previsible obtener a partir de su composición nutricional original. Hasta el año 2006 no existió regulación alguna en la UE sobre cuáles podían considerarse como tal. De los 44.000 que se presentaron en ese momento a examen, sólo consiguieron aprobar 521, alrededor de un 1% del total. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">El conocido <a href="http://regeneracion.mx/sociedad/alimentacion-salud-publica/activia-y-actimel-un-fraude-para-la-salud">Actimel</a>, sin ir más lejos, fue uno de los suspendidos. Resulta que el L.Casei añadido no mejora nuestras defensas más de lo que puede hacerlo cualquier yogur tres veces más barato. No sólo eso, cada vez que tomamos un botecito de esos para revitalizar cuerpo y mente, nos estamos metiendo entre pecho y espalda dos sobres de azúcar. Sólo con un par de botes al día <a href="http://vsf.org.es/25-gramos">superamos</a> la cantidad de azúcares diaria recomendada por la OMS, y el efecto se agrava teniendo en cuenta que están dirigidos al público infantil. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">Esto sucede porque, aunque actualmente hay regulación que prohíbe afirmar que un producto tiene propiedades que no tiene, todavía no existe normativa sobre si ese producto tiene en su conjunto un perfil nutricional adecuado. Tampoco hay ninguna restricción a que cualquiera que añada un 15% más con respecto al original de la vitamina o mineral que toque, alardee de sus increíbles ventajas. Así, el hecho de que un ramillete de perejil contenga más hierro que un vaso de leche de <a href="http://scientiablog.com/2015/01/04/puleva-max-y-el-desarrollo-intelectual-de-los-ninos/">Puleva Max</a>, no quita para que se atribuyan sus méritos y los exageren hasta, no se sabe muy bien cómo, afirmar tan ricamente en su anuncio que “favorece el desarrollo intelectual de tus hijos”. ¿Y qué pasa cuando ni siquiera te molestas en añadir “extras” al producto? Muy sencillo, pones a Shakira bailando el Waka-waka con una tripita sonriente estupenda de la muerte y ya tú llega a tus propias conclusiones ‘querida’ sobre si ese yogur adelgaza o no. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">Hace unos meses, la <a href="https://vsf.org.es/">organización VSF</a>, denunció a la marca Bimbo por saltarse su código de autorregulación publicitaria (código PAOS) con el producto Kekos, unos bollitos altamente insalubres por su alto contenido en grasas, azúcares y aditivos que son anunciados como “</span><span style="font-size: medium"><i>divertidamente saludables</i></span><span style="font-size: medium">” por estar enriquecidos con hierro y calcio. No se saltaban la norma por eso, </span><span style="font-size: medium">d</span><span style="font-size: medium">ó</span><span style="font-size: medium">nde va</span><span style="font-size: medium">mos a parar, esto está totalmente permitido. Se lo saltaban porque usaban dibujos animados para su promoción y por tanto, manipulaban las mentes infantiles. La empresa reconoció que sí, que incumplían sus propias normas. ¿Y qué pasó? <a href="http://vsf.org.es/actualidad/bimbo-confirma-que-la-autorregulacion-de-la-publicidad-infantil-es-papel-mojado">Absolutamente nada</a>. <strong>Es lo que suele ocurrir cuando dejas la regulación en manos privadas</strong>. Por otra parte, el argumento de nuestras queridas instituciones públicas es el del rey Salomón, deben repartir justicia a partes iguales. En un lado del ring, la gente y su salud, en el otro, los intereses de la industria alimentaria. Difícil decantarse por una u otra.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size: medium">La cuestión es que <strong>en materia de publicidad sobre alimentación insalubre, tenemos la misma protección ante el bombardeo publicitario que tenía la sociedad de los años 50 con respecto al tabaco</strong>. Si vamos en la misma línea, nos quedan sesenta añitos de espera hasta que la cosa cambie. Y ya, el pensar en una publicidad que no obvie la constante vulneración de derechos, el machismo o la destrucción medioambiental por parte de las empresas anunciadas es prácticamente un sueño inalcanzable. A no ser claro, que exista la suficiente <a href="http://www.elsalmoncontracorriente.es/?10-libros-para-entender-la">concienciación</a>, clamor popular más bien, como para que las administraciones tomen cartas en el asunto. A no ser que nos organicemos y conjuntamente destronemos a la reina de corazones.</span></p>
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		<title>#DemocratizaLasOndas, la lucha invisible de las emisoras comunitarias</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2015 10:14:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Autor invitado: Javier García]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>

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		<description><![CDATA[El espectro radioeléctrico es un patrimonio de la humanidad, un bien público de uso común que debido a su escasez ha pasado a ser administrado por el Estado. Un bien común que no se ve pero tiene un valor: hizo posible la radio, la TV, la telefonía móvil y ahora el Internet móvil. Pero ¿cómo se reparte este recurso? ¿qué papel tiene la sociedad en este proceso? Lamentablemente cada vez es mayor la mercantilización de este bien y la exclusión de la sociedad civil tanto de las decisiones sobre su uso como de ser promotor de sus propias iniciativas de (tele)comunicaciones. Esta es la alerta que lanzan en España desde la campaña #DemocratizaLasOndas que reivindica un espacio en el dial para radios y televisiones al servicio de la ciudadanía. Digitalización de la TV y el dividendo digital, el caso español La radio y la televisión han sido quienes han acaparado una gran parte del dial. Pero ahora también pugnan por ese espacio las empresas de telecomunicaciones que cada vez requieren de más ancho de banda para ofrecer nuevos servicios y mayor consumo de datos. Desde 2011 el Gobierno español ha procedido a adjudicar el espectro destinado a operadores de telefonía mediante subastas, ampliando en un 70% el espacio destinado a telecomunicaciones gracias al espacio liberado tras el cese de las emisiones analógicas de TV y su digitalización. Un proceso que se ha denominado como “dividendo digital”. El proceso se completó en los últimos meses: a finales de 2014 el Gobierno, tras algunos accidentes judiciales, aprobó el “definitivo” reparto del espectro entre TV y telecomunicaciones. El nuevo plan técnico de televisión recortó los canales destinados a TV pública y excluyó a las TV comunitarias. Los últimos seis canales disponibles para TV están en estos momentos en proceso de adjudicación, prevista para el mes de octubre, al que optan: Atresmedia (Antena3 y La Sexta), Mediaset (Telecinco y Cuatro), 13TV, Net TV (Vocento), Real Madrid TV, PRISA, 13TV, Secuoya, Kiss FM y El Corte Inglés. Considerando que estamos en un año clave electoralmente con elecciones nacionales y en Cataluña: ¿influye el proceso de reparto en la labor informativa de las empresas que se postulan al concurso? Evidentemente sí. Quizá en eso tenga que ver algunos hechos ocurridos en los últimos meses  como el repentino cese del periodista Jesús Cintora de «Las Mañanas de Cuatro» o los cambios en la programación de La Sexta durante los meses de verano retirando programas como «El Intermedio», «Salvados» o «La Sexta Columna» Las emisoras comunitarias: el espectro radioeléctrico como un bien común El reparto del espectro realizado para TV y para telefonía, a pesar de su importancia política, estratégica y económica, no parece haber sido un tema dentro de la agenda de los movimientos sociales, que en todo caso han centrado sus alarmas respecto del deterioro de las televisiones públicas. Quienes sí han seguido todo este proceso desde el principio han sido las radios libres y las televisiones comunitarias. Se trata de emisoras independientes cuya gestión y programación se elabora de forma colectiva, promovidas por un colectivo de personas o por una asociación sin ánimo de lucro. Las emisoras comunitarias surgen a principios de los años 80 y ante la falta de reconocimiento legal tomaron las ondas abriendo espacios de comunicación para la ciudadanía. Más de treinta años después estas emisoras siguen enfrentando las mismas dificultades que en sus inicios, emitiendo sin licencia, peleando por hacerse un hueco en el dial con el constante riesgo de multas y cierres. En 2010 la Ley Audiovisual reconoció el derecho de estas emisoras a un espacio en el dial, pero los distintos gobiernos continúan bloqueando su acceso a frecuencias, condenándolas a la marginalidad. Durante 2015 la Red de Medios Comunitarios (ReMC), Radiotelevisió Cardedeu y TeleK pusieron en marcha la campaña #DemocratizaLasOndas para denunciar el incumpliendo de la Ley Audiovisual y llamar la atención sobre una nueva vuelta de tuerca en la mercantilización del espectro radioeléctrico. Uno de los hitos de la campaña ha sido impugnar ante el Tribunal Supremo el reparto del espectro realizado por el Gobierno para TV y telefonía 4G. Para eso ha sido necesario embarcarse en un complejo y costoso proceso judicial para el cual se abrió una campaña de recogida de donativos. Por el momento los resultados son muy modestos. La campaña de crowdfunding para recabar cinco mil euros apenas ha recogido mil, una cifra insuficiente para hacer frente económicamente al reto planteado. Puede que durante 2016 asistamos a una sentencia histórica y a la ruina económica de los promotores. Los resultados de la campaña quizá son una muestra más de las dificultades que enfrentan las emisoras comunitarias para visibilizar sus aportes y sus reivindicaciones. ¿Por qué es tan desconocida la labor de los medios comunitarios? Creo que por una parte tiene que ver con la situación de gran precariedad de estos medios y las dificultades que enfrentan para su sostenibilidad. En su ámbito más cercano estas experiencias son muy valoradas pero en la red de redes sus aportes y logros son poco conocidos. También puede deberse a que desde los movimientos sociales se ha prestado poca atención a estas iniciativas y a la importancia de la lucha por el espectro radioeléctrico. Muchas organizaciones y activistas perciben a estas emisoras como instrumentos del pasado que han sido superadas por las nuevas herramientas que ofrece Internet. Sin embargo la irrupción de internet no ha supuesto la desaparición de la emisoras comunitarias, incluso ha promovido su desarrollo convirtiéndolas en medios híbridos, un puente entre lo nuevo y lo viejo, un laboratorio para aprovechar la experiencia acumulada en la comunicación comunitaria. ¿Por qué se ha prestado tan poca atención por parte de los movimientos sociales al proceso de mercantilización del espectro radioeléctrico? La irrupción de Internet y sus nuevas posibilidades de comunicación, difusión de audio y vídeo propiciaron una visión tecno-utópica en que la lucha por el espectro parecía algo anacrónico, del pasado. Pero con el 3G, el wifi y los smartphones, Internet es un servicio de telecomunicaciones que depende del espectro radioeléctrico para operar. En la última década se ha realizado un importante reparto de espectro destinado a telefonía, primero con las concesiones de 3G y después con la subasta de las frecuencias para 4G. Los movimientos sociales han sabido sacar rendimiento a estas nuevas herramientas de comunicación pero deslumbrados por los nuevos avances tecnológico ha pasado desapercibido el proceso de privatización del espectro. Las emisoras comunitarias, que siempre entendieron el espectro radioeléctrico como un bien común, se han abierto a internet pero sin abandonar la lucha por el dial. En esa línea van también iniciativas más novedosas como guifi.net y otras cooperativas de telecomunicaciones. Ahora con Internet propagándose por las ondas el debate sobre cómo y quien administra el espectro radioeléctrico está más vigente que nunca, si no queremos conformarnos con ser meros consumidores y usuarios de redes privatizadas. Por eso recomiendo prestar atención a la pelea que están dando las emisoras comunitarias con el reparto del espectro y animo a apoyar la campaña de crowdfunding #DemocratizaLasOndas. Los logros en estas luchas serán claves en el proceso de privatización del espectro y en su reivindicación como un bien común.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.migranodearena.org/es/reto/5979/democratiza-las-ondas/" target="_blank"><img class="alignnone wp-image-51" src="http://www.otromundoestaenmarcha.org/hable-sin-miedo/wp-content/uploads/sites/9/2015/08/Banner-explicativo_v4HAZ-CLICK-2.jpg" alt="Banner explicativo_v4HAZ CLICK (2)" width="1070" height="137" /></a></p>
<p>El espectro radioeléctrico es un patrimonio de la humanidad, un bien público de uso común que debido a su escasez ha pasado a ser administrado por el Estado. Un bien común que no se ve pero tiene un valor: hizo posible la radio, la TV, la telefonía móvil y ahora el Internet móvil. Pero ¿cómo se reparte este recurso? ¿qué papel tiene la sociedad en este proceso?</p>
<p>Lamentablemente cada vez es mayor la mercantilización de este bien y la exclusión de la sociedad civil tanto de las decisiones sobre su uso como de ser promotor de sus propias iniciativas de (tele)comunicaciones. Esta es la alerta que lanzan en España desde la campaña #DemocratizaLasOndas que reivindica un espacio en el dial para radios y televisiones al servicio de la ciudadanía.</p>
<h2><strong>Digitalización de la TV y el dividendo digital, el caso español</strong></h2>
<p>La radio y la televisión han sido quienes han acaparado una gran parte del dial. Pero ahora también pugnan por ese espacio las empresas de telecomunicaciones que cada vez requieren de más ancho de banda para ofrecer nuevos servicios y mayor consumo de datos.</p>
<p>Desde 2011 el Gobierno español ha procedido a adjudicar el espectro destinado a operadores de telefonía <a href="http://www.minetur.gob.es/es-ES/GabinetePrensa/NotasPrensa/2011/Paginas/npsubastaespectro.aspx">mediante subastas</a>, ampliando en un 70% el espacio destinado a telecomunicaciones gracias al espacio liberado tras el cese de las emisiones analógicas de TV y su digitalización. Un proceso que se ha denominado como “dividendo digital”.</p>
<p>El proceso se completó en los últimos meses: a finales de 2014 el Gobierno, tras algunos accidentes judiciales, aprobó el “definitivo” reparto del espectro entre TV y telecomunicaciones.</p>
<p>El nuevo plan técnico de televisión recortó los canales destinados a TV pública y excluyó a las TV comunitarias. Los últimos seis canales disponibles para TV están en estos momentos en <a href="http://economia.elpais.com/economia/2015/06/16/actualidad/1434464427_200871.html">proceso de adjudicación</a>, prevista para el mes de octubre, al que optan: Atresmedia (Antena3 y La Sexta), Mediaset (Telecinco y Cuatro), 13TV, Net TV (Vocento), Real Madrid TV, PRISA, 13TV, Secuoya, Kiss FM y El Corte Inglés.</p>
<p>Considerando que estamos en un año clave electoralmente con elecciones nacionales y en Cataluña: ¿influye el proceso de reparto en la labor informativa de las empresas que se postulan al concurso?</p>
<p>Evidentemente sí. Quizá en eso tenga que ver algunos hechos ocurridos en los últimos meses  como el repentino <a href="http://www.lavanguardia.com/television/programas/20150327/54428502592/jesus-cintora-las-mananas-de-cuatro-despedido.html">cese del periodista Jesús Cintora</a> de «Las Mañanas de Cuatro» o los <a href="http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/66348-batacazo-de-la-sexta-su-audiencia-se-hunde-tras-retirar-sus-programas-mas-molestos">cambios en la programación de La Sexta</a> durante los meses de verano retirando programas como «El Intermedio», «Salvados» o «La Sexta Columna»</p>
<h2><strong>Las emisoras comunitarias: el espectro radioeléctrico como un bien común</strong></h2>
<p>El reparto del espectro realizado para TV y para telefonía, a pesar de su importancia política, estratégica y económica, no parece haber sido un tema dentro de la agenda de los movimientos sociales, que en todo caso han centrado sus alarmas respecto del deterioro de las televisiones públicas.</p>
<p>Quienes sí han seguido todo este proceso desde el principio han sido las radios libres y las televisiones comunitarias. Se trata de emisoras independientes cuya gestión y programación se elabora de forma colectiva, promovidas por un colectivo de personas o por una asociación sin ánimo de lucro. Las emisoras comunitarias surgen a principios de los años 80 y ante la falta de reconocimiento legal tomaron las ondas abriendo espacios de comunicación para la ciudadanía. Más de treinta años después estas emisoras siguen enfrentando las mismas dificultades que en sus inicios, emitiendo sin licencia, peleando por hacerse un hueco en el dial con el constante riesgo de multas y cierres. En 2010 la Ley Audiovisual reconoció el derecho de estas emisoras a un espacio en el dial, pero los distintos gobiernos continúan bloqueando su acceso a frecuencias, condenándolas a la marginalidad.</p>
<p>Durante 2015 la Red de Medios Comunitarios (ReMC), Radiotelevisió Cardedeu y TeleK pusieron en marcha la campaña #DemocratizaLasOndas para denunciar el incumpliendo de la Ley Audiovisual y llamar la atención sobre una nueva vuelta de tuerca en la mercantilización del espectro radioeléctrico.</p>
<p>Uno de los hitos de la campaña ha sido impugnar ante el Tribunal Supremo el reparto del espectro realizado por el Gobierno para TV y telefonía 4G. Para eso ha sido necesario embarcarse en un complejo y costoso proceso judicial para el cual se abrió una campaña de recogida de donativos. Por el momento los resultados son muy modestos. La campaña de <em>crowdfunding </em>para recabar cinco mil euros apenas ha recogido mil, una cifra insuficiente para hacer frente económicamente al reto planteado. Puede que durante 2016 asistamos a una sentencia histórica y a la ruina económica de los promotores.</p>
<p>Los resultados de la campaña quizá son una muestra más de las dificultades que enfrentan las emisoras comunitarias para visibilizar sus aportes y sus reivindicaciones.</p>
<h2><strong>¿Por qué es tan desconocida la labor de los medios comunitarios?</strong></h2>
<p>Creo que por una parte tiene que ver con la situación de gran precariedad de estos medios y las dificultades que enfrentan para su sostenibilidad. En su ámbito más cercano estas experiencias son muy valoradas pero en la red de redes sus aportes y logros son poco conocidos.</p>
<p>También puede deberse a que desde los movimientos sociales se ha prestado poca atención a estas iniciativas y a la importancia de la lucha por el espectro radioeléctrico. Muchas organizaciones y activistas perciben a estas emisoras como instrumentos del pasado que han sido superadas por las nuevas herramientas que ofrece Internet.</p>
<p>Sin embargo la irrupción de internet no ha supuesto la desaparición de la emisoras comunitarias, incluso ha promovido su desarrollo convirtiéndolas en medios híbridos, un puente entre lo nuevo y lo viejo, un laboratorio para aprovechar la experiencia acumulada en la comunicación comunitaria.</p>
<h2><strong>¿Por qué se ha prestado tan poca atención por parte de los movimientos sociales al proceso de mercantilización del espectro radioeléctrico?</strong></h2>
<p>La irrupción de Internet y sus nuevas posibilidades de comunicación, difusión de audio y vídeo propiciaron una visión tecno-utópica en que la lucha por el espectro parecía algo anacrónico, del pasado. Pero con el 3G, el wifi y los smartphones, Internet es un servicio de telecomunicaciones que depende del espectro radioeléctrico para operar. En la última década se ha realizado un importante reparto de espectro destinado a telefonía, primero con las concesiones de 3G y después con la subasta de las frecuencias para 4G. Los movimientos sociales han sabido sacar rendimiento a estas nuevas herramientas de comunicación pero deslumbrados por los nuevos avances tecnológico ha pasado desapercibido el proceso de privatización del espectro.</p>
<p>Las emisoras comunitarias, que siempre entendieron el espectro radioeléctrico como un bien común, se han abierto a internet pero sin abandonar la lucha por el dial. En esa línea van también iniciativas más novedosas como guifi.net y otras cooperativas de telecomunicaciones. Ahora con Internet propagándose por las ondas el debate sobre cómo y quien administra el espectro radioeléctrico está más vigente que nunca, si no queremos conformarnos con ser meros consumidores y usuarios de redes privatizadas.</p>
<p>Por eso recomiendo prestar atención a la pelea que están dando las emisoras comunitarias con el reparto del espectro y animo a apoyar la <a href="http://www.migranodearena.org/es/reto/5979/democratiza-las-ondas/">campaña de crowdfunding #DemocratizaLasOndas</a>. Los logros en estas luchas serán claves en el proceso de privatización del espectro y en su reivindicación como un bien común.</p>
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